La próxima gran amenza: Obama afronta la crisis de las tarjetas de crédito

 

AINHOA GIMÉNEZ, BOLSÁGORA | 0:12 – 24/04/2009

 

Aunque parece que por fin los bancos empiezan a salir del agujero, ayudados por la relajación de las normas contables, la crisis financiera dista mucho de haber llegado a su fin. De hecho, nuevas amenazas se ciernen en el horizonte sobre el sector, y la más importante de ellas es la de las tarjetas de crédito. Un problema que ya están atacando en EEUU y que acabará llegando aquí, aunque, como siempre, nadie habla de ello todavía.

 

La cosa es tan grave que el mismísimo presidente Obama tomó ayer cartas en el asunto. Su plan es que el Congreso apruebe una ley que proteja más a los consumidores, que han visto como los bancos subían notablemente los intereses de las tarjetas, a pesar de haber recibido grandes sumas de dinero público. Ahora bien, Obama tampoco quiere que esa legislación haga inviable el negocio de las tarjetas o que provoque un cierre del crédito al consumo.

Los principios de esta legislación serán la prohibición de tipos, comisiones y penalizaciones abusivos, una mayor transparencia, unos contratos simples que faciliten las comparaciones y una mayor supervisión del sistema por parte de las autoridades. Algo que no ha caído nada bien en la industria, que cree que estas reglas cortarán el grifo del crédito y subirán los costes globalmente. Además, cree que las normas ya aprobadas por la Fed, que entrarán en vigor en 2010, son suficientes para controlar al sector.

Pero muchos políticos creen que hay que actuar antes de esa fecha a la vista del hundimiento del consumo en EEUU. Incluso algunos senadores han pedido una congelación de emergencia de los tipos de interés de las tarjetas para los saldos actuales. Estos senadores acusan a la banca de subir de forma abusiva los tipos ahora que todavía es legal (las normas de 2010 la prohíben).

Aparte de estas peticiones, el Congreso ya está trabajando en unas reglas más duras que también entrarán en vigor en julio de 2010, y que serán votadas definitivamente la próxima semana.

La clave, la morosidad

Detrás de todo este revuelo, se encuentra el mismo problema que carcome a las entidades financieras españolas: la morosidad. El fuerte aumento del paro ha disparado el impago de las deudas contraídas a través de las tarjetas en el cuarto trimestre hasta una tasa del 4,52%. Esta tasa no es muy superior a la media histórica del 4,47%, pero dado que la destrucción de empleo va a continuar durante varios trimestres más, la cifra puede alcanzar niveles muy superiores a estos.

El problema estriba en conciliar la legítima protección de las entidades contra esta morosidad -restringir la concesión de crédito y encarecer su coste- con la necesidad de que el crédito vuelva a fluir hacia las familias y que estás puedan volver a consumir para que la economía salga de la recesión. Un equilibrio muy difícil que va a poner a prueba la habilidad de Obama y que en España no pinta demasiado bien a la vista de lo poco obtenido hasta ahora en crédito empresarial e hipotecario.

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