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Conversaciones de Paz

In AMERICA LATINA, COLOMBIA, CONFLICTOS ARMADOS, DEMOCRACIA, DERECHOS HUMANOS on Agosto 21, 2007 at 12:11 am

Agosto 20 de 2007

Nueva ronda de conversaciones comenzaron Eln y Gobierno de Colombia en La Habana

Este lunes comenzó la reunión, que tiene lugar un mes después de que finalizara, también en la capital cubana, la sexta ronda de la “cita exploratoria” con vistas a abrir un proceso formal de paz.

Así lo señaló una fuente a Efe, que solicitó el anonimato. Dijo que las delegaciones de las dos partes están integradas por los mismos representantes que participaron en la sexta ronda.

El alto comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, encabeza la representación del gobierno colombiano y Pablo Beltrán, miembro del Comando Central del Eln, está al frente de la delegación guerrillera.

La fuente indicó que las partes tienen previsto prolongar este encuentro hasta el próximo viernes y que el tema fundamental que abordarán es un posible acuerdo del cese del fuego y de las hostilidades, uno de los elementos del denominado “acuerdo base” con el que las partes concluirían esta etapa del diálogo.

Afirmó que la reunión busca dar “continuidad al seguimiento de las propuestas” presentadas por ambas partes en la sexta ronda y que “lo principal es la viabilidad del cese del fuego”.

La propuesta de un cese del fuego y de las hostilidades “experimental y transitorio” bilateral fue uno de los puntos sobre los que giró la anterior ronda, pero, a pesar de los tres meses que duraron las conversaciones, Gobierno y Eln no lograron consensuar una solución.

El presidente de Colombia, Álvaro Uribe, manifestó este domingo su deseo de que en esta reunión se pueda alcanzar un acuerdo sobre este punto.

“Ojalá esta semana nos den la buena noticia de un cese de hostilidades”, expresó Uribe en declaraciones a una emisora colombiana.

Ambas partes han manifestado su voluntad de alcanzar un cese del fuego y de las hostilidades, que incluye la suspensión de los secuestros por parte de la guerrilla y la liberación de los secuestrados que tiene en su poder, aunque no están de acuerdo en la forma de ejecución.

El Gobierno considera que el Eln debe concentrarse en un área de forma que se pueda verificar el cese y “para demostrar que el diálogo sí es conducente a la paz y que es de buena fe”, fórmula que rechaza de plano la segunda guerrilla colombiana al estimar que supondría “un suicidio” militar.

En esta reunión participarán, además, representantes del Consejo Nacional de Paz, entre ellos, miembros de las comisiones de Paz del Senado y la Cámara de Representantes, las federaciones de alcaldes, gobernadores y concejales y de la Iglesia Católica.

La Habana
Con EFE

 

Lamado a la acción

In COLOMBIA, CONFLICTOS ARMADOS, DEMOCRACIA, DERECHOS HUMANOS, Hispanoamerica, POLITICA on Agosto 7, 2007 at 9:32 pm

CAMBALACHE

Colombia se conmueve mucho, pero se mueve poco

Daniel Samper Pizano. Columnista de EL TIEMPO.

 

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Es mejor un frío protectorado internacional que espectáculos emotivos pero inútiles.

La caminata del profesor Gustavo Moncayo conmovió al país; también resultó conmovedor el apoyo brindado para que instalara cambuche permanente en la Plaza de Bolívar, y no fue menos conmovedora la actitud del presidente Álvaro Uribe cuando se presentó en la Plaza dispuesto a controvertir a Moncayo y enfrentar un público hostil.

Desde hace rato Colombia vive un carrusel de conmociones. Tanto conmovió al país la foto de Tirofijo con un enviado de Andrés Pastrana, que en 1998 eligió gobernante al segundo y cogobernante al primero. Luego conmovieron tan hondamente las prédicas del candidato Uribe contra las FARC, que el pueblo lo llevó al Palacio de Nariño. Masivas y conmovedoras, las manifestaciones contra el secuestro organizadas por Pacho Santos le agenciaron la vicepresidencia.

Vamos de conmoción en conmoción. Nada más conmovedor que la campaña francesa para rescatar a Íngrid Betancur o la emotiva ola de correos de internet que exige la libertad de Emanuel, hijo silvestre de una periodista y un guerrillero. También produjeron conmoción la fugas de Fernando Araujo -coronada con la conmovedora decisión de nombrarlo canciller¿y del policía John Frank Pinchao. La infame matanza de los diputados conmovió calles y plazas con enormes multitudes, y también las declaraciones de la viuda de Diego Mejía Isaza, muerto en un intento de rescate. No provocaron menos conmoción las confesiones de los jefes paramilitares sobre algunos de sus crímenes, ni las mentiras burlonas sobre otros. Las palabras vehementes del presidente Uribe -donde iguala a guerrilleros y ex guerrilleros o a violentos y sindicalistas y pide a sus generales que bombardeen los ignotos campamentos rebeldes¿suelen conmover al país tanto como sus líricas invocaciones a la Patria (ver “Esquirlas”) o ciertos gestos inesperados: soltar porque sí un centenar de guerrilleros presos, liberar a un pez gordo de las FARC por sugerencia de Francia o nombrar una ministra para agradar a unos congresistas gringos.

Sí: Colombia no cesa de conmoverse. Lo lamentable es que aquí todo conmueve, pero nada se mueve. Las emotivas explosiones no han servido para que las FARC entreguen a sus secuestrados, ni para que Uribe acepte el acuerdo humanitario, ni para que las autodefensas ejerzan a fondo y sin engaños el proceso de reinserción social. Ni siquiera la prolongada conmoción de la caminata de Moncayo sirvió para que el gobierno se mueva del sitio en que tercamente está clavado.

Resulta mucho más fácil conmover que mover, y por eso Colombia no resolverá solo con emociones el conflicto violento que la asedia. En algunos procesos atascados ocurre a veces que un gesto espectacular destraba el embrollo, como sucedió en 1977 con la paz de Anwar Sadat, Menahem Begin y Jimmy Carter en el Medio Oriente. Pero en Colombia hay más espectáculo que proceso; por eso vivimos un permanente “reality” que no conduce a ninguna parte porque conmueve mucho pero no mueve nada.
Los hombres providenciales y la inteligencia emocional han rendido poco fruto; las emociones ofrecen mejor bolo electoral que las ideas, pero sus resultados indigestan.

Por eso no saldremos del pantano sin una fuerte tutoría extranjera administrada de manera cerebral, pragmática, realista. Pueden hacer más por nosotros unos fríos y hábiles diplomáticos de las Naciones Unidas, como ocurre con el “tribunal híbrido” ONU-Camboya, que esporádicas y conmovedoras explosiones callejeras o gestos hermosos y bien intencionados como el del profesor Moncayo, a quien ya proponen como candidato a la Presidencia. Lo cual no deja de ser tan conmovedor como absurdo.

ESQUIRLAS¿ Recientes consejos de Uribe en Nueva York a un ciudadano que le pregunta qué puede hacer por el país: “Primero, amar a Colombia; segundo, amar más y más a Colombia; tercero: amar a Colombia más, más amar a Colombia, amar a Colombia intensamente”. Estremecedor. E inútil. A estas cosas me refiero.

cambalache@mail.ddnet.es

function toggle(id) { if (document.getElementById(id).style.display == ‘block’) { document.getElementById(id).style.display = ‘none’ } else { document.getElementById(id).style.display = ‘block’ } }Daniel Samper Pizano

Noticias Políticas de Colombia

In COLOMBIA, CONFLICTOS ARMADOS, Hispanoamerica, PRENSA COLOMBIANA on Agosto 6, 2007 at 4:41 am

Agosto 5 de 2007

 Presidente Hugo Chávez se declara dispuesto a contribuir para lograr acuerdo humanitario en Colombia

“Me comprometo a hacer lo que pueda, aunque en Colombia utilicen estas expresiones para atacarnos. Si pudiera hacer algo para un acuerdo humanitario, ojalá, Dios mío”, dijo.
Y agregó: “¿Qué puede impedirlo?, no sé, el gobierno (de Álvaro Uribe) tendrá sus razones”. Así respondió a un pedido de la senadora colombiana Piedad Córdoba en su programa dominical ‘Aló Presidente’, que batió hoy el record de más de siete horas.
El mandatario se quejó de los obstáculos a su participación en el espinoso tema: “No le abren a uno el camino para ayudar”.
Reveló que ha tratado el tema con el líder cubano Fidel Castro y el ex presidente colombiano Andrés Pastrana (1998-2002): “Con Fidel hemos hablado de ello, una vez coincidimos con Pastrana, los tres”, para tratar el tema del conflicto colombiano.
Chávez dio instrucciones al canciller venezolano, Nicolás Maduro, “sobre los problemas específicos” y pidió que tomara nota de su oferta.
“No faltarán las voces que digan que Chávez se mete con una chequera”, dijo el jefe de estado, que goza de una bonanza en sus ingresos petroleros.
“Si pudiéramos hacer algo sin que nadie se vaya a molestar, con un acueducto, como una colaboración a los pueblos afro-descendientes. Senadora, haremos lo que se pueda por la paz”, dijo Chávez.
El jefe de Estado planteó que un grupo de países podría mediar en el asunto: “Pero es un tema que nunca se discute porque no se quiere discutir, hay una hipersensibilidad sobre el tema”, se lamentó.
Chávez reveló que el ex presidente de Francia Jacques Chirac le planteó hacer algo para lograr la liberación de la ex candidata presidencial franco-colombiana Ingrid Betancourt, quien está entre los secuestrados.
Aseguró que a Estados Unidos “le conviene la guerra en Colombia” y criticó a quienes “opinan y creen que ellos pueden acabar militarmente a la guerrilla”.
Córdiba pidió mediación y becas
Las afirmaciones del mandatario venezolano se produjeron tras la solicitud de la congresista colombiana: “Yo sé que usted habla con Uribe. Le pido que hable con él y le diga que necesitamos el acuerdo humanitario”, le había dicho Córdoba a Chávez.
La senadora colombiana dijo que es perentorio que “cese el horror de la guerra” y que se sienten las bases para una reconciliación en Colombia. “Queremos que usted sea el mensajero de nosotros en América Latina”, expresó la senadora al presidente de Venezuela.
Por otra parte, la senadora Córdoba pidió a Chávez que ayude al empobrecido departamento de Chocó concediendo becas a 50 personas oriundas de esa región para que estudien en Venezuela.
La legisladora también solicitó ayuda para construir un acueducto que lleve agua a la ciudad de Quibdó, la capital de Chocó.
Chávez explicó que la susceptibilidad que existe en Colombia frente al gobierno venezolano dificulta la concesión de esas ayudas.
Planteó, sin embargo, que podría estudiarse la posibilidad de que esa obra pudiera realizarse a través de una empresa venezolana de polímeros, instalada en Barranquilla, como una forma de cooperación social.

PARA UN PRESIDENTE que hizo famoso el lema de “trabajar, trabajar y trabajar”, parecía apenas justo un descanso de unos pocos días. Así lo hizo saber la oficina de prensa de la Casa de Nariño a finales de julio cuando informó que Álvaro Uribe tenía la intención de alejarse del mundanal ruido en su finca “El Ubérrimo”, en el departamento de Córdoba. Por tal motivo, todas las actividades oficiales fueron canceladas y el mandatario desapareció de pantallas de televisión y titulares durante buena parte de la semana pasada.
Pero el propósito de descanso absoluto no pudo ser cumplido. La llegada del profesor Gustavo Moncayo a la Plaza de Bolívar en Bogotá, tras recorrer casi un millar de kilómetros por las carreteras del país desde su salida de Sandoná en Nariño, obligó al mandatario a cambiar los zamarros y el hierro de marcar ganado por el vestido entero y la corbata. Así, en la mañana del jueves y a pesar de los consejos en contra de sus asesores, Uribe llegó a la carpa de Moncayo, lo esperó pacientemente durante cerca de una hora y después tomó el micrófono, habló en tono veintejuliero, enfrentó a sus contradictores y volvió a dejar entre los colombianos la imagen de que le pone la cara a todo tipo de desafíos.
Ese estilo al que sigue siendo fiel al cabo de cinco años que se cumplen este 7 de agosto, continúa atrayendo a la opinión. Según un sondeo telefónico hecho para CAMBIO por Datexco/Opinómetro entre 700 adultos en 13 ciudades del país, 55% de los entrevistados afirmó que la imagen que tiene de Uribe se mantiene igual, mientras que ha mejorado para 22% y empeorado para 19%. Debido a ello no resulta sorprendente que la proporción de quienes dicen estar de acuerdo con la reelección presidencial, duplica a los opositores de la misma: 61,5% contra 30,8%.
Aunque ha sufrido un ligero desgaste en la opinión, es indudable que el presidente Álvaro Uribe tiene todavía un respaldo mayoritario que contrasta no solo con la tradición colombiana, sino que hace su caso excepcional en América Latina y en el mundo entero. Quien lo dude no tiene sino que mirar el inmenso descrédito de George W. Bush al cabo de seis años en la Casa Blanca, por cuenta de una guerra impopular y sin salida.
Dicho lo anterior, también es innegable que el teflón que protegía al Presidente ha comenzado a mostrar algunos rayones por cuenta de temas controversiales. En la encuesta de Datexco/Opinómetro sus peores calificaciones son en materia económica, pues cerca del 60% de los interrogados lo raja en el manejo de la inflación y desempleo, pero también hay un rechazo mayoritario tanto al manejo de la parapolítica (51%), como al proceso con los paramilitares (55%), que Uribe defiende con tanto ahínco.
Ese es un campanazo de alerta que merece ser escuchado con cuidado. Si en materia económica el gobierno puede exhibir las tasas de crecimiento más altas desde finales de la década de los 70, en lo político no ocurre lo mismo. Para comenzar, otros sondeos muestran un creciente desprestigio del Congreso y otras instituciones, así como un rechazo cada vez más contundente a la estela de sangre y barbarie que dejaron las autodefensas. De tal manera, propuestas como la de excarcelación de combatientes y la posible liberación de los parlamentarios presos fueron abandonadas en su momento debido al rechazo cerrado de la opinión. Y en una nota más actual, tampoco son alentadores los mensajes que ha recibido la Casa de Nariño en su página de Internet, en reacción a la propuesta de darle calificación política a algunos de los crímenes de los paramilitares.En otras áreas, es evidente que Álvaro Uribe ya no tiene el mismo margen de maniobra de antes. Quizás en ningún campo eso es tan evidente como en el internacional, en donde el mandatario ha sido sometido a un trato humillante por la mayoría demócrata en el Congreso de los Estados Unidos. En el ámbito político, también ha sido frustrante la difícil relación con senadores y representantes, pertenecientes por una amplia mayoría a la coalición uribista. Pero en este como en otros temas, el Jefe del Estado ha vivido en carne propia ese refrán que afirma que no hay cuña que más apriete que la del mismo palo.

¿Seguirá la fortaleza de Álvaro Uribe ahora que comienza su sexto año en el llamado solio de Bolívar?  La respuesta dependerá de dos factores. El primero es su capacidad de iniciativa y de pasar a la ofensiva en términos de propuestas constructivas. Durante buena parte del año la impresión entre los analistas fue que Uribe había perdido algunas de las cualidades de su primer mandato, pero episodios como el de Moncayo demuestran que todavía es capaz de sacar ases debajo de la manga. El segundo elemento es el tema de paramilitares y parapolítica, en el cual son evidentes las grietas frente a la opinión que a veces no ve que las cosas tengan la claridad y transparencia adecuadas.
Pero esas luces amarillas no permiten afirmar que Uribe esté disminuido ni que haya perdido su poder de convocatoria. A pesar del desgaste lógico del poder, el presidente de los colombianos sigue gobernando con la misma intensidad de siempre, preocupándose por los mínimos detalles de la administración y convenciendo a la opinión de que sigue teniendo la sartén por el mango.

Lea la opinión de los senadores Juan Fernando Cristo y Martha Lucía Ramírez sobre el balance de la reelección.

Francia extraditará mañana a tres etarras que atentaron en Valencia en 1995

In CONFLICTOS ARMADOS, Comunidad Valenciana, DERECHOS HUMANOS, ESPAÑA, ETA, Nacionalismo, POLITICA, PRENSA ESPAÑOLA, Politica Nacional, SAGUNTO, SOBRE EL NACIONALISMO, Terrorismo, Valencia on Agosto 3, 2007 at 2:16 am

Francia extraditará mañana a tres etarras que atentaron en Valencia en 1995

Francia extraditará mañana a tres etarras que atentaron en Valencia en 1995

EFE |

MADRID

Las autoridades francesas entregarán mañana a España a tres etarras que reclama el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón por la colocación de tres artefactos explosivos en Sagunto y en la autovía Valencia-Zaragoza en el verano de 1995, que no causaron víctimas.

El titular del Juzgado Central de Instrucción número uno de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, que sustituye durante las vacaciones a Garzón hasta su regreso el próximo lunes, ordenará mañana a la Interpol que ingrese en prisión a Ignacio Telletxea Goñi, Francisco Javier Irastorza Dorronsoro y Marcos Sagarzazu Oyarzabal, que el lunes pasarán a disposición judicial.

Los tres integrantes de ETA, que llegarán mañana sobre las 14.00 horas a Madrid, fueron detenidos el pasado 13 de marzo en Hendaya (País Vasco francés) en aplicación de una orden internacional dictada por el juez Baltasar Garzón, que les acusa de los delitos de estragos terroristas e integración en banda armada.

Integrantes del ‘Comando Ibarla’

El magistrado les imputa la colocación de tres artefactos durante el verano de 1995 en Valencia, el primero de los cuales hizo explosión el 13 de julio en la autovía del Mediterráneo (A-7), a su paso por la localidad de Sagunto.

El segundo artefacto que les atribuye explotó al día siguiente en la playa del puerto de Sagunto, mientras que el tercer explosivo fue activado el 15 de agosto a la altura del kilómetro 103,5 de la autovía Valencia-Zaragoza, que causó daños en instalaciones de RENFE.

Los servicios de la lucha antiterrorista les considera ex miembros legales (no fichados por la Policía) del Comando Ibarla de ETA, creado en 1994 y que fue desarticulado por la guardia civil el 30 de marzo de 2001.

A este comando se le responsabiliza de una veintena de atentados en la década pasada, en los que murieron tres personas. Las víctimas fueron Josefina Corresa Huerta (atentado contra el Corte Inglés de Valencia, en 1995), el policía Eduardo López Moreno (ataque contra un cuartel abandonado en la localidad navarra de Endarlaza, en 1994) y el ertzaina Ramón Doral Trabadelo (explosión de una bomba-lapa en Irún, en marzo de 1996).

http://www.abc.es/20070802/nacional-nacional/francia-extraditara-manana-tres_200708021926.html

Un Goebbels austríaco y un Zhdánof español

In CONFLICTOS ARMADOS, ESPAÑA, PRENSA ESPAÑOLA, Politica Internacional, SOBRE EL NACIONALISMO, Terrorismo on Julio 31, 2007 at 1:26 am

Réplica a Espinosa

No podrá extrañar que el individuo haya pedido la prohibición de mis libros en el antiguo programa de Gabilondo, sin que el periodista, espejo de demócratas, protestase, por supuesto. Con ello quedaron bien retratados ambos.

Pío Moa
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Entre los desaguisados de Santos Juliá se encuentra la coordinación de unos panfletos de propaganda de diversos historiadores a la lisenka, titulados en conjunto Víctimas de la guerra, con la pretensión de hacerlos pasar por la palabra definitiva en torno a las represiones de la guerra civil. Posteriormente, Juliá, más razonable, escribió sobre la masiva manipulación en curso, que empieza su letanía con la pretensión de que la transición se había basado en el olvido de las fechorías franquistas. Como sabe cualquiera que simplemente haya tenido los ojos abiertos, desde la transición se han publicado cientos de libros y artículos sobre el terror de los dos bandos, con absoluto predominio de los dedicados a condenar el del franquismo. Esto es simplemente una evidencia. Pero la historiografía lisenkiana se basa, precisamente, en negar las evidencias, y ha salido Francisco Espinosa en la revista Hispania Nova criticando duramente a Juliá por señalar una verdad que no tiene vuelta de hoja.

Este Espinosa, conviene recordarlo, enfoca sus historias al modo estalinista, lo que él y los suyos llaman óptica “social”, que en realidad es de “lucha de clases”, pura propaganda. Tal enfoque lleva consigo, de modo automático y casi inconsciente, la exigencia inquisitorial, o más propiamente chequista, de la censura contra las interpretaciones divergentes; pues por algo van contra los intereses “del pueblo”, del “progreso” y demás maravillas que ellos defienden. No podrá extrañar que el individuo haya pedido la prohibición de mis libros en el antiguo programa de Gabilondo, sin que el periodista, espejo de demócratas, protestase, por supuesto. Con ello quedaron bien retratados ambos. Pero nos hemos acostumbrado durante demasiado tiempo a que personajes de este género vengan dispensando títulos de democracia y a callar ante sus arrogancias y amenazas, y eso no debe continuar, por el bien de la salud intelectual del país. Opino que hay que salirles al paso en todo momento, aclarando sus enredos, pues solo así iremos saliendo del marasmo en que han sumido el panorama cultural español, entre su vocerío y el silencio de los corderos.

Espinosa, pues, mantiene que la Transición se asentó en el “olvido”, y si hubo lo contrario fueron “los fascículos de Ricardo de la Cierva”. Y he aquí cómo fundamenta su exigencia de memoria, contra el por una vez razonable Juliá: “El artículo (de Juliá) concluía: ‘A estas alturas no es la memoria lo que hay que recuperar; es la verdad lo que hay que conocer.’ Le contestó de manera contundente el cineasta austríaco Günther Schwaiger, coordinador del ciclo Imágenes contra el olvido, quien le planteó varias preguntas: ‘¿Qué es lo que pasa a algunos historiadores españoles para que tengan tanto miedo a la memoria de la gente? ¿De cuándo la memoria no sirve para testimoniar la verdad? ¿O acaso en los juicios ya no hacen falta testigos para condenar a alguien? ¿Ya no vale el testimonio de un hijo que ha visto fusilar a su padre para testimoniar el horror del fascismo? ¿Hemos llegado a tal arrogancia académica que las víctimas tengan que pedir permiso a los historiadores para saber si su sufrimiento fue verdad o simplemente un espejismo?’Y concluía: ‘Está por ver si el señor Juliá hubiese formulado semejante ataque al valor de los testimonios sobre el Holocausto en países como Alemania, Austria, EEUU o Israel.’”

¡Gran autoridad el cineasta austríaco, perfecto ignorante de la historia de España como revela, entre otras cosas, su alusión al Holocausto, al que de hecho insulta con su equiparación! Pero a un estalinista le viene de perlas (se ve que volvemos a la época feliz del pacto germano-soviético) porque la “argumentación” del austríaco respira a pleno pulmón aquel estilo tan del gusto de los nazis. Obviamente, ¿ya no vale el testimonio de un hijo que ha visto fusilar a su padre para testimoniar el horror del comunismo, o del anarquismo, o del separatismo catalán, o de la izquierda republicana, pongamos por caso? Porque casos parejos los hubo en abundancia. ¿Y qué decir de los parientes de izquierdistas fusilados o torturados por otros izquierdistas? ¿Van a ser despreciados? Nadie tiene miedo a esos testimonios (salvo los Zhdánof de turno). Lo que pasa es que no puede construirse una historia veraz sobre ellos exclusivamente. El autorizado (por Espinosa) cineasta austríaco pretende, al estilo goebbelsiano, exacerbar la sentimentalidad del público para dirigirla fácilmente contra lo que llama, por pura ignorancia una vez más, “el fascismo”.

La cuestión clave de la guerra civil no es en absoluto la competencia de atrocidades de un lado y del otro, como pretenden estos recuperadores de la propaganda y del odio. Las atrocidades se debieron al derrumbe de la legalidad republicana, en gran parte democrática. Pues la ley es el instrumento que mantiene la convivencia social. ¿Y quiénes destruyeron esa legalidad? He aquí la verdadera cuestión clave. Creo haber demostrado documentalmente y con pruebas de sobra que fueron las izquierdas y los separatistas quienes primero desbordaron, luego asaltaron y finalmente arruinaron la república. La guerra no destruyó la democracia, sino que la previa destrucción de la democracia por las izquierdas trajo la guerra. Una democracia que hoy están socavando de nuevo los Zhdánof y los Goebbels con sus manipulaciones.

http://www.libertaddigital.com/opiniones/opinion_38638.html

Acuerdos de paz

In COLOMBIA, CONFLICTOS ARMADOS, DERECHOS HUMANOS on Julio 27, 2007 at 12:16 am

Julio 26 de 2007

Incluir expertos europeos en comisión forense que investigue muerte de diputados pide Gobierno a OEA

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Así lo anunció el Alto Comisionado para la Paz en un comunicado emitido en respuesta a las Farc, que solicitó que los países facilitadores, Francia, España y Suiza, hagan parte de esa comisión.

El comisionado, Luis Carlos Restrepo, también reiteró su confianza en el Comité Internacional de la Cruz Roja, como “organismo encargado de recuperar los cadáveres de los diputados asesinados” y manifestó que las labores de busqueda continuarán de manera discreta.

Esta mañana, las Farc reiteraron su disposición a entregar los cuerpos de los diputados, pero pidieron a sus familiares delegar a dos de ellos para acompañar al CICR en el acto de entrega.

También solicitaron la presencia del ex candidato presidencial Álvaro Leyva en ese momento.

Hace una semana, el número dos del grupo rebelde, Raúl Reyes, había rechazado la participación de la OEA en la entrega de los cadáveres, asegurando que ese organismo “carece de autoridad y de confianza entre la inmensa mayoría de los colombianos”.

Julio 26 de 2007

Farc aceptan propuesta para que comisión internacional de forenses examine cadáveres de diputados

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En un comunicado divulgado hoy solicitaron a las familias nombrar dos delegados para que se integren al Comité Internacional de la Cruz Roja que trabaja en la recuperación.

El comunicado fue publicado por el Canal Capital (canal local de televisión de Bogotá), y en él las Farc solicitan al ex ministro Álvaro Leyva “su acompañamiento humanitario en esta tarea”.

El comunicado, firmado por el Comando Conjunto Occidente de las Farc, advierte que una vez juntos los familiares delegados, Álvaro Leyva y el Comité Internacional de la Cruz Roja, “todos juntos tendrán una visión más integral de esas circunstancias”.

El comunicado, fechado el 18 de julio, indica que ”pueden contactar a cualquiera de las unidades ubicadas en el occidente para proceder inmediatamente con la ubicación”.

Las Farc dicen que aceptan “el ofrecimiento presidencial para que una comisión internacional de forenses de la cual hagan parte los tres países facilitadores se encargue de los análisis correspondientes”.

La propuesta había sido formulada por el presidente Álvaro Uribe en junio pasado cuando se conoció que 10 de los 11 diputados secuestrados hace cinco años por la guerrilla de las Farc habían muerto en cautiverio el 18 de junio.

Las Farc dijeron que su fallecimiento ocurrió en medio de un combate de “un grupo militar no identificado”, y hasta ahora no se habían pronunciado sobre el tema. El Gobierno -por su parte- ha negado desde entonces que las Fuerzas militares hubiesen desarrollado algún operativo para intentar liberar a los secuestrados.

Texto completo del comunicadoEl Comando Conjunto de las Farc-ep le solicita a los familiares de los diputados delegar a dos de ellos la tarea de acompañar al Comité Internacional de la Cruz Roja al lugar donde se hallen los despojos mortales de los diputados.También le solicitamos al doctor Álvaro Leyva su acompañamiento humanitario en esta tarea.

Todos juntos tendrán una visión más integral de esas circunstancias.

Los cuatro pueden contactar a cualquiera de las unidades ubicadas en el occidente para proceder inmediatamente con la ubicación.

Aceptamos el ofrecimiento presidencial para que una comisión internacional de forenses de la cual hagan parte los tres países facilitadores se enargue de los análisis correspondientes.

Comando Conjunto de Occidente Farc- ep
Montañas del occidente, 18 de julio del 2007

Julio 26 de 2007 – 12:34 pm

“Esperamos que no se prolongue más la espera para reclamar los cadávares de los diputados”, dice Fabiola Perdomo (La W)

http://www.eltiempo.com/images/imgaudiogenerico.jpg

La W

ACUERDOS DE PAZ

In COLOMBIA, CONFLICTOS ARMADOS, Hispanoamerica, PACIFISMO, PRENSA COLOMBIANA, Politica Internacional, UNIÓN HISPANO AMERICANA on Julio 21, 2007 at 11:36 pm

Julio 21 de 2007

Guerrilla del Eln pide al Congreso ayudar a definir agenda de paz con Gobierno colombiano

Según la presidenta del Senado, Nancy Patricia Gutiérrez, los insurgentes quieren que el legislativo haga aportes al consenso que las partes buscan en la reunión que mantienen en La Habana.

“Todavía no se puede hablar de cómo sería el mecanismo” que permita la participación del Congreso en el diálogo, aclaró la legisladora a la cadena Caracol Radio. Agregó que se propone entrevistarse con el alto comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, interlocutor único del Ejecutivo en procesos con los grupos armados ilegales.

La senadora explicó que es necesario conocer de manera detallada “en qué va ese diálogo y cómo podría entonces el Congreso incorporarse para apoyar lo que tiene que ver con la definición de la agenda”.

Las comisiones de Paz del Senado y la Cámara de Representantes serán informadas del mensaje del Eln, agregó Gutiérrez, liberal que ayer fue designada presidenta del Congreso en la legislatura que irá hasta junio de 2008.

Una vez realizadas estas gestiones se podrá “tener un planteamiento puntual” sobre la vinculación del Legislativo, agregó la senadora.

El gobierno del presidente Álvaro Uribe y el Eln avanzan en la capital cubana en la sexta ronda de un diálogo preliminar que emprendieron en diciembre de 2005.

En la actual ronda, abierta el pasado 17 de abril, ambas partes tratan de alcanzar un “acuerdo base”, que deberá tener como eje la declaración de un alto el fuego bilateral, aunque en principio experimental y temporal.

BOGOTÁ
Agencia Efe

Presentación en Madrid de El Terror rojo en España

In CONFLICTOS ARMADOS, DEBATES, DEMOCRACIA, DERECHOS HUMANOS, ESPAÑA, GUERRA CIVIL, HISTORIA, IDEOLOGIAS, Nacionalismo, PACIFISMO, POLITICA, PRENSA ESPAÑOLA, Videos on Julio 8, 2007 at 5:03 pm

 Un libro que está siendo unánimemente elogiado

Presentación en Madrid de El Terror rojo en España
  

 

A las pocas semanas de su salida al mercado, El Terror rojo en España (ed. Áltera), la narración de José Javier Esparza sobre la represión republicana durante la guerra civil, ha cosechado comentarios y críticas unánimemente elogiosos. Este libro, que Stanley Payne define como “la narración más completa sobre la represión republicana”, abarca por primera vez en una sola obra todo el fenómeno de Terror rojo en toda la España del Frente Popular y en todas sus manifestaciones. En ese sentido, constituye un manual definitivo sobre la represión ejecutada por las fuerzas frentepopulistas. Ahora El Terror rojo en España se presenta en Madrid: el jueves 28 de junio, a las siete de la tarde, en el Centro Cultural Moncloa, Pza, de la Moncloa, 1. Recuperamos aquí el vídeo de la entrevista que periodistadigital.com realizó al autor.

 elmanifiesto.com

Las FARC exigen la disminución de las acciones militares antes de entregar cadáveres

In AMERICA LATINA, CONFLICTOS ARMADOS, DEBATES, DERECHOS HUMANOS, ENLACES DE POLITICA, Hispanoamerica, PACIFISMO, PRENSA ESPAÑOLA, Politica Internacional, Terrorismo on Junio 30, 2007 at 3:55 am

ADVERTENCIA A TRAVÉS DE UNA CARTA

Las FARC exigen la disminución de las acciones militares antes de entregar cadáveres

  • La guerrilla fija condiciones para devolver los cuerpos de los 11 legisladores muertos

Recuerdo en Bogotá a los diputados fallecidos. (Foto: AFP)

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Recuerdo en Bogotá a los diputados fallecidos. (Foto: AFP)

Actualizado viernes 29/06/2007 20:47 (CET)

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EFE

BOGOTÁ.- Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) supeditan la entrega de los cadáveres de los 11 diputados muertos que estaban en su poder a la disminución de las acciones militares en la zona, según ha asegurado el responsable internacional de la guerrilla, Raúl Reyes.

El líder insurgente hizo la advertencia en una carta a Fabiola Perdomo, portavoz de los familiares de los legisladores regionales, secuestrados en Cali en abril de 2002. El mismo mensaje fue remitido a Álvaro Leiva, ex ministro que los rebeldes han aceptado en el pasado como interlocutor en gestiones de paz y uno de los mayores promotores del acuerdo humanitario al que las FARC han condicionado la puesta en libertad de sus rehenes.

Tras “certificar” la veracidad de la información sobre la muerte de los diputados, que los rebeldes publicaron el jueves por Internet, Reyes aseguró que “haremos los esfuerzos pertinentes para coordinar con el Comando Conjunto de Occidente (de las FARC) la pronta entrega” de los cuerpos.

Pero su “concreción dependerá de la disminución de la confrontación militar en la zona donde sucedieron los hechos, que por estrictas razones de seguridad nos abstenemos de mencionar por ahora”, agregó el jefe guerrillero.

“Uribe prefiere obstinarse en las aventuras de su eterna guerra, antes que pensar en salvar vidas”

Raúl Reyes, responsable internacional de las FARC

 



Según Reyes, que es miembro del Secretariado (mando central) y también jefe de llamada Comisión Internacional de las FARC, la de los diputados de Cali fue una “trágica muerte” y se constituyó en una “infausta pérdida” para las familias.

El jefe insurgente no entró en detalles sobre el caso, que según el mando regional del grupo en el suroeste del país se derivó de un “fuego cruzado” con “un grupo militar sin identificar”.

Este mismo mando sostuvo en el comunicado del jueves, que tiene fecha del 23 de junio pasado, que los hechos se presentaron el día 18 y que en ellos se salvó uno de los políticos, por hallarse en otro campamento.

Intercambio

Las víctimas formaban parte del grupo de 56 secuestrados que las FARC quieren intercambiar por más de medio millar de rebeldes presos -entre ellos dos jefes rebeldes que han sido extraditados a EEUU-, mediante una negociación en una zona desmilitarizada, condición ésta que el presidente colombiano, Álvaro Uribe, no acepta.

Uribe responsabilizó el jueves a la guerrilla de las FARC del asesinato de los 11 diputados que tenía secuestrados y negó que el Ejército hubiese mantenido combates en la zona.

La colombiano-francesa Íngrid Betancourt y tres estadounidenses destacan entre los rehenes, 34 de los cuales son efectivos de la Fuerza Pública, algunos de los cuales están secuestrados desde hace casi diez años.

“Uribe prefiere obstinarse en las aventuras de su eterna guerra, antes que pensar en salvar vidas”, consideró Reyes, quien sostuvo que las FARC, a pesar de lo sucedido y con independencia de la “soberbia” del presidente, “insistimos como ustedes en la exigencia del despeje (desmilitarización)”.

La retirada de tropas, subrayó Reyes, es “pre requisito indispensable para dar inicio al encuentro de los voceros -portavoces- de las dos partes, en el propósito de evitar nuevas fatalidades originadas en la política de los rescates a sangre y fuego ordenados por el presidente”.

http://www.elmundo.es/elmundo/2007/06/29/internacional/1183141137.html?a=FUJ2025dca637360883e93633ce8f540105&t=1183175566

atentado en el Líbano Declaraciones de José Antonio Alonso

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Mueren seis militares españoles en el Líbano

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Cárdenas del Río Lázaro (1895-1970) PDF Imprimir E-Mail
cardenas

Hijo de don Dámaso Cárdenas Pinedo, de ocupación tendero, y de doña Felícitas del Río Amezcua, nació el 21 de mayo de 1895 en la calle de San Francisco, en el barrio de la Puentecita de Jiquilpan de Juárez, Michoacán. En su tierra natal cursó hasta el cuarto año de educación primaria, únicos estudios formales que realizó hasta los once años. En 1909 ingresó como “meritorio” en la mesa segunda de la Oficina de Rentas de Jiquilpan, donde empezó a desarrollar una caligrafía impecable. En 1911, con la muerte de su padre, asumió la responsabilidad de ser el jefe de su familia. Ese mismo año trabajó en la Secretaría de la Prefactura y después, laboró como tipógrafo en la imprenta “La Económica”, de don Donaciano Carreón, cuyas ideas liberales y revolucionarias influyeron en su formación política. Al estallar la revolución, Don Donaciano vendió a los trabajadores la imprenta, entre ellos al mismo Cárdenas, y se unió a los rebeldes.

En 1913, el joven Lázaro fue delatado a los federales huertistas por haber impreso un manifiesto revolucionario y ante la posibilidad de ser aprehendido, se enlistó en las fuerzas revolucionarias como capitán segundo encargado de la correspondencia (fundamentalmente gracias a su caligrafía) bajo las órdenes del general Guillermo García Aragón, que operaba en Michoacán. A partir de entonces desarrolló una intensa vida militar: con las fuerzas obregonistas presenció en Teoloyucan la rendición del Ejército Federal y combatió al zapatismo en 1914, mismo año en que luchó al lado de Lucio Blanco.

Después, se incorporó a las fuerzas del general José María Maytorena en Sonora, pero al llegar a Cananea y darse cuenta de que Maytorena se había unido a Villa, marchó a Agua Prieta para integrarse a las tropas del general Calles. Ambos iniciaron una entrañable amistad en la que Calles era maestro y líder político del joven Cárdenas. Calles llamaba a Cárdenas con el mote de “Chamaco”. Bajo su mando, Cárdenas actuó contra los indios yaquis sublevados; combatió en Nayarit, Jalisco y Michoacán a los rebeldes villistas de Inés Chávez García. Al triunfo de la revolución constitucionalista regresó a Michoacán, donde persiguió a bandidos que operaban en la región.

Durante el gobierno constitucional de Carranza, Cárdenas fue encargado de pacificar la Huasteca veracruzana, en la que las “guardias blancas”, al servicio de las compañías extranjeras petroleras, asolaban la región. En 1918, alcanzó el grado de coronel.

En 1920, desde la Huasteca, se adhirió al Plan de Agua Prieta, encabezado por los sonorenses Obregón, De la Huerta y Calles, en contra del presidente Carranza, quien pretendía imponer a Bonilla como su sucesor. Tras el asesinato de Carranza en Tlaxcalaltongo, Cárdenas hizo detener y enviar preso a México a Rodolfo Herrero, presunto responsable directo del crimen.

Al triunfo del movimiento de Agua Prieta, el presidente interino, Adolfo de la Huerta, ascendió a Cárdenas al grado de general brigadier. Comisionado en Michoacán, recibió el gobierno interino de su estado natal de manos de Pascual Ortiz Rubio, cargo que desempeñó algunos meses para entregarlo al general Francisco J. Mújica, que había resultado triunfador en las elecciones de septiembre de 1920. Después fue designado jefe militar en el Istmo de Tehuantepec.

En 1923, durante la revolución “de la huertista”, Cárdenas fue herido y hecho prisionero en el combate de Palo Verde. Al ver la gravedad de sus heridas, sus enemigos, los generales sublevados Rafael Buelna y Enrique Estrada (a quien salvaría Cárdenas la vida poco después), generosamente lo enviaron a Guadalajara para que fuera atendido y después liberado. De igual modo, se cuenta que en ese mismo año, Cárdenas dejó escapar al general Francisco J. Múgica, en lugar de asesinarlo como le había ordenado Obregón.

Después fue comandante de la zona militar de las Huastecas. En 1924 fue ascendido a general de brigada y al año siguiente, intervino en el arreglo de diversos problemas surgidos entre los sindicatos y las empresas petroleras extranjeras. Ahí constató los abusos de las compañías extranjeras contra los trabajadores mexicanos y el saqueo irresponsable que realizaban de los recursos petroleros nacionales. Cuando con motivo de la ley petrolera esas empresas acusaron al presidente Calles de “bolchevique” y coludidas con el embajador de Estados Unidos James R.Sheffield, lo amenazaron con una invasión norteamericana a México, Cárdenas recibió órdenes presidenciales de incendiar los pozos petroleros si cumplían sus amenazas.

El 1º de abril de 1928 fue nombrado general de división. Ese mismo año fue postulado como candidato al gobierno del estado de Michoacán y emprendió una intensa campaña pueblo por pueblo y rancho por rancho, a pesar de que era aspirante único al cargo. Ejerció el gobierno entre septiembre de 1928 y septiembre de 1932, con algunos periodos de licencia para desempeñar temporalmente otros cargos políticos.

Como gobernador, a cambio de dejar las armas, ofreció amnistía a los cristeros sublevados por la iglesia católica que pretendía impedir la aplicación de los artículos 3º, 27 y 123 de la Constitución, lo que debilitó la rebelión cristera en Michoacán.

Para obtener apoyo popular activo para las reformas sociales que se proponía realizar, se dedicó a escuchar al pueblo, en especial a los grupos más pobres; estimuló la formación de agrupaciones obreras y campesinas; unificó y reorganizó a las fuerzas políticas, e impulsó la creación de la Confederación Regional Michoacana, que agrupó a la mayoría de campesinos y obreros de la entidad; también promovió la organización de los maestros para que se convirtieran en los agentes de la transformación social.

Así inició el reparto agrario, a pesar de la resistencia del presidente Calles, de los hacendados y aun de los propios peones acasillados que temían romper su dependencia del patrón. Además, agilizó los trámites legales de dotación de tierras y estableció créditos agrarios de refacción; pugnó por la jornada laboral de ocho horas, el salario mínimo y la asistencia médica; estableció la obligación de crear escuelas en las haciendas y combatió el fanatismo religioso y el alcoholismo. Por estas acciones revolucionarias a favor de los de abajo, “su prestigio pasó de boca en boca, como un corrido popular”.

En 1929 estalló la rebelión “escobarista” y Cárdenas pidió permiso al Congreso local para incorporarse al ejército; se le dio el mando de una columna y cooperó en la pronta derrota de los sublevados. Recibió un millón de pesos para los gastos de la campaña y al término de ésta, reintegró setecientos mil pesos no utilizados y regresó a su cargo de gobernador.

El 15 de octubre de 1930, dejó la gubernatura de su estado para asumir la presidencia del Partido Nacional Revolucionario (PNR), y dirigir la campaña presidencial del ingeniero PascuaI Ortiz Rubio, quien al año siguiente, lo nombró secretario de Gobernación por poco más de un mes. En octubre de 1931 reanudó sus labores como gobernador de su estado hasta concluir su mandato.

El 25 de septiembre de 1932 contrajo matrimonio con Amalia Solórzano, pese a la plena desaprobación de los padres de la novia.

En enero del siguiente año, fue nombrado secretario de Guerra y Marina en el gobierno de Abelardo L. Rodríguez.

A finales de 1933, el PNR elaboró “un plan de gobierno que constituya un solemne compromiso ante la nación de desarrollar una política social, económica y administrativa, capaz de traducir en hechos los postulados que se proclamaron en los años de la lucha armada…”. El 6 de diciembre de ese año, el Plan Sexenal fue aprobado por la asamblea del PNR y Cárdenas rindió protesta como candidato presidencial del mismo partido.

El 8 de diciembre de 1933 inició en Querétaro una exhaustiva campaña que llegó a los lugares más apartados, nunca antes visitados por un candidato a la presidencia: “Yo soy quien debe ir a ellos, ya que ellos no pueden venir a mí”. Casi sin dormir recorrió miles de kilómetros escuchando a la gente para entender sus problemas y obtener apoyo para las reformas que se proponía realizar, ahora en el país.

Al celebrarse las elecciones el 4 de julio de 1934, Cárdenas emitió su voto personal a favor de Tomás Garrido Canabal. Los resultados electorales fueron de 2,225,000 votos para Cárdenas del PNR (98.19%); y para Antonio I. Villarreal de la Confederación Revolucionaria de Partidos Independientes, sólo el 1.07% de la votación. Cifras aun menores correspondieron a Adalberto Tejeda del Partido Socialista de las Izquierdas (0.70%) y a Hernán Laborde del Partido Comunista Mexicano (0.03%).

El gobierno de Cárdenas se inició en un ambiente internacional marcado por la depresión económica y la posibilidad de una nueva conflagración mundial. La depresión provocó, a nivel mundial, la intervención económica y social del Estado a favor del bienestar social de las masas empobrecidas por la crisis de 1929, intervención que coincidió con la ideología de la Revolución Mexicana de que el Estado debía ser un instrumento de progreso y de justicia social, con lo cual disminuyó la sospecha de que en México dominaba el “bolcheviquismo”; además, la contracción de los mercados internacionales, obligó a los países exportadores como el nuestro, a basar más su crecimiento económico en la expansión de su mercado interno. En segundo lugar, la inminencia de una nueva guerra mundial permitió mayor libertad de maniobra a los gobiernos nacionalistas que pretendían recuperar sus recursos naturales para sus naciones, pues alejaba la posibilidad de una respuesta armada de parte de las potencias afectadas, las cuales, en ese momento, estaban más ocupadas en prepararse para un esfuerzo bélico de dimensiones mundiales.  .

El 1° de diciembre de 1934, Cárdenas, vestido sencillamente (sin jacquet ni sombrero de copa, como era costumbre), asumió el cargo de presidente de la República, en su mensaje inicial señaló: “La revolución Mexicana ha seguido, desde su origen y a través de su historia, un anhelo de justicia social…Tengo presentes de una manera indeleble las impresiones que durante mi campaña electoral pude recoger: profundas desigualdades e inicuas injusticias a que están sometidas grandes masas de trabajadores y muy particularmente los núcleos indígenas…Nada puede justificar con más elocuencia la larga lucha de la Revolución Mexicana, como la existencia de regiones enteras en las que los hombres de México viven ajenos a toda civilización material y espiritual, hundidos en la ignorancia y la pobreza más absoluta, sometidos a una alimentación, a una indumentaria y a un alojamiento inferiores impropios de un país que, como el nuestro, tiene los recursos materiales suficientes para asegurar una civilización justa..

En lugar de vivir en el castillo de Chapultepec (que convirtió en museo), acondicionó el antiguo rancho de La Hormiga para convertirlo en la residencia presidencial de los “Los Pinos”. Abrió las puertas del Palacio Nacional a campesinos y obreros, e instaló un telégrafo para que cualquier ciudadano pudiera comunicarse con el presidente. Recorrió varias veces el país (más de 80 mil kilómetros): “Las jiras de gobierno tienden a despertar el espíritu cívico de las masas y crear la acción conjunta entre los núcleos sociales, autoridades municipales, locales y la Federación para satisfacer las necesidades seculares”. Usó la radio para informar de sus acciones; fue el primer presidente que leyó de pié y completo su informe de gobierno ante el Congreso de la Unión y el primero también que dio el “Grito” en Dolores, Guanajuato, el 15 de septiembre de 1940.

Al asumir Cárdenas la presidencia, el general Calles se había erigido en el “jefe máximo de la revolución”, tras el asesinato de Obregón y la creación del PNR; Calles contaba, además, con el apoyo del ejército, lo que le permitía ejercer gran influencia en la vida nacional, formar parte de los gabinetes presidenciales y ocupar cargos públicos a su antojo. Por consiguiente, Cárdenas tuvo que incluir en su primer gabinete a muchos personajes por “recomendación” de Calles.

Para poder contrarrestar esta influencia y poner en práctica el Plan Sexenal, se dedicó a fortalecer a las organizaciones de masas que podían respaldar las acciones nacionalistas y revolucionarias gubernamentales, como la Confederación General de Obreros y Campesinos de México, la Federación de Trabajadores del DDF, y los sindicatos de ferrocarrileros, petroleros, tranviarios, taxistas, alijadores, electricistas, mineros, choferes y similares. Su política sindical se dirigió a promover la organización de una central obrera única e impedir la formación de sindicatos blancos, a reafirmar el papel del Estado como árbitro regulador de la economía nacional y protector del proletariado, y a limitar los conflictos obrero-patronales a la capacidad económica de las empresas. “Estoy convencido (…) por mi experiencia como gobernador de Michoacán, que no basta la buena intención del mandatario (…) es indispensable el factor colectivo que representan los trabajadores”.

El apoyo que Cárdenas brindaba a los trabajadores permitió que se efectuaran múltiples paros y estallaran numerosas huelgas, lo cual no fue del agrado de los grupos empresariales que amenazaron con parar sus negocios, a lo que Cárdenas contestó que si estaban “fatigados de la lucha social” entregaran sus empresas al Gobierno o a los trabajadores.

También las huelgas alarmaron a Calles, quien el 11 de junio de 1935 declaró a la prensa: “hace seis meses que la Nación está sacudida por huelgas constantes, muchas de ellas enteramente injustificadas…vamos para atrás, para atrás, retrocediendo siempre…¿Y qué obtienen de estas ominosas agitaciones? Meses de holganza pagados, desaliento del capital, el daño grave de la comunidad”. A lo cual el presidente Cárdenas contestó: “El Ejecutivo Federal está dispuesto a obrar con toda decisión para que se cumpla el programa de la Revolución y las leyes que regulan el equilibrio de la producción, y decidido, asimismo, a llevar adelante el cumplimiento del Plan Sexenal, sin que le importe la alarma de los representantes del sector capitalista”. A continuación, solicitó y obtuvo la renuncia de todos los altos funcionarios de filiación callista. Ya antes, al prohibir los juegos de azar y clausurar las casas de juego existentes, como el Casino de la Selva en Cuernavaca y el Foreign Club en las afueras de la ciudad de México, había afectado los intereses de prominentes políticos callistas, pues esos establecimientos eran negocios de su propiedad.

En reacción a las medidas tomadas, Calles anunció su retiro de la política y viajó a los Estados Unidos, pero regresó inesperadamente al país. El conflicto creció: corrieron rumores de una conspiración callista contra Cárdenas; diputados y senadores callistas fueron desaforados para enfrentar cargos de rebeldía y sedición; gobernadores y jefes militares callistas fueron sustituidos; hubieron en las plazas de las principales ciudades multitudinarias manifestaciones anticallistas; el PNR expulsó de sus filas a Calles y a sus partidarios.

Al siguiente año, en febrero de 1936, se integró la Confederación de Trabajadores de México, CTM, como una central sindical única, “un frente nacional dentro de la lucha de clases, al servicio del proletariado mexicano”. Ante el avance de los sindicatos, en marzo siguiente, las Cámaras de Comercio criticaron que en el gobierno “no existe norma fija, ley en vigor, orientación definida y clara”, se quejaron de que se escuchaba más a los sindicatos que a los empresarios, y pidieron que este “estado de anormalidad y perturbación permanentes” fuera substituido por un “programa y una legislación de netos lineamientos”. El Presidente Cárdenas contestó: El concepto moderno de la función del Estado y la naturaleza misma de la legislación del trabajo, en amplitud universal requieren que los casos de duda sean resueltos en interés de la parte más débil. Otorgar tratamiento igual a dos partes desiguales, no es impartir justicia ni obrar con equidad. La legislación sobre el trabajo, como es sabido, tiene en todos los países un carácter tutelar respecto de los trabajadores, porque tiende a reforzar la debilidad de éstos frente a la fuerza de la clase patronal, para acercarse lo más posible a soluciones de justicia efectiva.

Finalmente, el 10 de abril de 1936, Cárdenas expulsó a Calles del país “por imperativo de salud pública”. Terminó así su maximato.

Para promover la reconciliación nacional, el 5 de febrero de 1937, Cárdenas promulgó una Ley de indulto para todos aquellos que tomaron parte en movimientos de rebelión contra el Gobierno, cancelándose por lo tanto, todos los procesos pendientes, lo que permitió el regreso de importantes militares y políticos exiliados.

Mediante un Manifiesto a la Nación, el 18 de diciembre de 1937, Cárdenas convocó a la formación del Partido Nacional de los Trabajadores y Soldados, que con hegemonía de las agrupaciones sociales, integraría al Ejército en un solo frente, permitiría que los distintos gremios y el sector femenino tuvieran acceso a los cargos de representación popular y de dirigencia del partido, y liberaría a la burocracia de su membresía y de sus cuotas obligatorias. El 30 de marzo de 1938, se creó el Partido de la Revolución Mexicana, PRM, para “llegar por la vía pacífica a la democracia social”, al cual se integraron un amplio espectro de reformistas y progresistas, así como comunistas, socialistas y liberales radicales.

Cárdenas promovió la unificación de todas las organizaciones campesinas: “Necesitamos que haya conciencia de clase en los elementos campesinos y ésta solo podrán demostrarla con su unificación. El gobierno desea facilitar esta organización para que pueda llevarse a cabo el programa que se ha trazado en beneficio de los campesinos del país y de la producción agrícola de la República”. La tarea le fue encomendada al PRM y el 28 de agosto de 1938 quedó constituida la Confederación Nacional Campesina, CNC, que integró ejidatarios, comuneros, solicitantes de tierra, asalariados y productores agrícolas.

Con la CNC y la CTM, el PRM pudo quedar organizado en los sectores campesino, obrero, militar y popular, que le dieron su carácter corporativo. La intención era vincular a las masas de trabajadores con el gobierno para que le sirvieran de respaldo y contrapeso frente a otros grupos nacionales y extranjeros.

La expulsión de Calles, la organización de campesinos y obreros, y la creación del PRM como partido único, permitieron a Cárdenas establecer un régimen político revolucionario caracterizado por un Estado fuerte y activo en todas las esferas políticas, económicas, sociales y culturales; una presidencia de la República como la institución predominante sobre grupos, caudillos y caciques, y que como “fiel de la balanza” decidía su sucesor; y un partido capaz de regular interna y pacíficamente la lucha por los puestos de elección y de movilizar pasivamente el apoyo popular a las medidas gubernamentales. Este régimen sustentaria la estabilidad política de México hasta el fin del siglo XX.

Así, Cárdenas pudo promulgar nuevas leyes y acciones para llevar a la práctica el contenido nacionalista y popular de la Constitución de 1917, representado en los artículos 3ª, 27 y 123.

Respecto a la educación, los diputados y senadores del PNR, en cumplimiento de los acuerdos de su convención, iniciaron la reforma al Artículo 3º Constitucional para implantar la educación socialista cuando ocupaba la presidencia de la República Abelardo L. Rodríguez. Cárdenas como presidente electo manifestó: “El mismo hecho de que el clero y sus aliados muestren inquietud y hagan oposición a la idea de la escuela socialista, es la mejor prueba de que satisface un ideal de la Revolución y de que debemos apoyarla vigorosamente”. Y así lo hizo para combatir el fanatismo, ya como presidente en funciones, a pesar de la oposición del clero que estimuló a los campesinos a agredir a los maestros, desorejándolos e inclusive matándolos como sucedió en San Felipe, Guanajuato. Además, fundó el Instituto Politécnico Nacional, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Escuela Nacional de Educación Física, el Consejo Técnico de Educación Agrícola, el Departamento de Asuntos Indígenas, y celebró el Primer Congreso Indigenista Interamericano.

En materia agraria, Cárdenas decretó un Código Agrario que facilitó la expropiación de latifundios y convirtió a los peones acasillados de las haciendas en sujetos de derechos agrarios, lo que restó fuerza a los latifundistas y al clero. Intensificó el reparto de tierras hasta llegar a una cifra de 18 millones de hectáreas entregadas a un millón de campesinos, a los que dotó de apoyos mediante la creación del Banco Nacional de Crédito Ejidal y el Banco Nacional de Crédito Rural. Hizo llegar la reforma agraria hasta zonas de alta productividad como la henequenera en Yucatán o la Laguna en Durango y Coahuila. “Por el hecho de solicitar ejidos, el campesino rompe su liga económica con el patrón, y en estas condiciones, el papel del ejido no es el de producir el complemento económico de un salario (…) sino que el ejido, por su extensión, calidad y sistema de explotación debe bastar para la liberación económica absoluta del trabajador, creando un nuevo sistema económico-agrícola, en un todo diferente al régimen anterior (…) para sustituir al régimen de los asalariados del campo y liquidar el capitalismo agrario de la República”. Así, prácticamente dio fin al latifundismo porfirista e hizo del ejido la principal unidad del desarrollo rural.

En el campo laboral, Cárdenas apoyó las causas de los trabajadores, en junio de 1937 nacionalizó los ferrocarriles y los puso bajo una administración obrera; además, muchas industrias se convirtieron en cooperativas. Luego de un largo conflicto obrero-patronal, ante la negativa de las compañías petroleras de acatar un laudo de la Suprema Corte de Justicia que favorecía a los trabajadores, decretó la expropiación de la industria petrolera –mayoritariamente en manos de empresas norteamericanas e inglesas- el 18 de marzo de 1938, “y para evitar en lo posible que México se pueda ver en el fututo con problemas provocados por intereses particulares extraños a las necesidades interiores del país, se pondrá en la consideración de vuestra soberanía que no vuelvan a darse concesiones del subsuelo en lo que se refiere al petróleo y que sea el Estado el que tenga el control absoluto de la explotación petrolífera”. Se recuperó así para la nación uno de sus recursos naturales más importantes, lo cual contó con un amplio respaldo popular y sustentaría el futuro desarrollo industrial del país.

Dos meses después de la expropiación petrolera el general Saturnino Cedillo se levantó en armas, pero combatido hasta con aviones, fue derrotado y muerto. Este fue el último levantamiento militar del siglo XX.

Por otra parte, Cárdenas promulgó el Estatuto Jurídico de los Trabajadores al Servicio del Estado, para atender la “necesidad de poner a salvo a los servidores del Estado de las contingencias electorales asegurándoles la estabilidad de sus cargos y sus ascensos, a base de eficiencia y honorabilidad”.
 
En materia internacional, su política fue progresista y democrática: en 1936 autorizó la venta de armas al gobierno de la República Española y a su derrota en 1939 por el franquismo apoyado por Hitler y Mussolini, recibió a miles de refugiados republicanos españoles; condenó ante la Liga de las Naciones la agresión fascista italiana a Etiopia; dio asilo a León Trotsky y a otros perseguidos políticos; reanudó relaciones con China y las inició con Rumania; y condenó la agresión soviética a Finlandia. Asimismo, el 2 de julio de 1937 fundó el Banco de Comercio Exterior.

En el campo de la cultura, el gobierno de Cárdenas promovió que el contenido nacionalista e indigenista permeara todas las expresiones artísticas, desde la novela y el muralismo, hasta el cine y la música.

En 1939, cuando el general Manuel Ávila Camacho fue nominado por la CTM (febrero 22) y por la CNC (24 de febrero) como precandidato a la presidencia de la República, comenzaron a surgir voces opuestas al PRM y al gobierno de Cárdenas: el general Francisco Coss convocó a formar un Partido Nacional de Salvación Pública, pues “el PRM surgido de un acuerdo presidencial, hace ineficaz y nula toda campaña electoral independiente”; la Unión Nacional de Ciudadanos Independientes planteó la supresión del PRM por antidemocrático; Joaquín Amaro condenó los rasgos comunistas y fascistas del gobierno, la falsa política obrerista, el despilfarro en las obras públicas, la dependencia del Poder Judicial y los líderes obreros demagogos; y el general Rafael Sánchez Tapia, aspirante independiente a la presidencia, acusó al PRM de resucitar los procedimientos podridos del PNR.

A mediados de ese año, el general Múgica, retiró su candidatura presidencial porque el PRM hacía imposible proseguir en la lucha y únicamente agotaría sus esfuerzos con resultados nulos.

En este contexto, el 1º de septiembre de 1939, Cárdenas señaló: Mi gobierno, al iniciar su administración, se encontró dentro de los términos contradictorios de un dilema ineludible constituyendo uno de sus extremos la subordinación de todo programa de mejoramiento social a la conservación de la riqueza organizada, solución preferida por las clases conservadoras que cerrando los ojos a la miseria y a las necesidades el pueblo han perseguido un interés lucrativo individualista. El otro extremo, exigiendo el cumplimiento del programa impuesto por la Revolución, consiste en dirigir la economía del país en el sentido de los intereses del mayor número de sus habitantes, reconociendo, para lograrlo, que se hacía necesario recurrir al auxilio de la técnica profesional y a a la organización solidaria de los trabajadores a fin de aprovechar debidamente nuestras riquezas intensificándolas en ventaja del país entero”.

Pocos días después, del 14 al 17 de septiembre de ese mismo año, en el Frontón México, se creó el Partido Acción Nacional, PAN, para enfrentar lo que los derechistas consideraron los excesos socializantes y colectivistas del gobierno de Cárdenas.

Pero las fuerzas de la oposición encontraron su mejor candidato en el general Juan Andrew Almazán del Partido Revolucionario de Unificación Nacional Independiente, quien declaró: la decisión es “si el futuro gobernante de México debe ser producto de vicios seculares o el resultado de una verdadera elección”. Además de su doctrina cristiana conservadora, Almazán ofreció protección estatal a los trabajadores, pero sin complicidad o encubrimiento de sus líderes; huelga, pero no como instrumento político; reglamentación de la cláusula de exclusión y desaparición del ejido; asimismo, demandó acceso a la radio para los candidatos de la oposición y alto al acarreo y al derroche en la campaña del PRM.

Las elecciones fueron violentas y muy controvertidas, pero se impuso Ávila Camacho con una mayoría aplastante de votos de más del 93%.

Al término de su periodo, Cárdenas declaró: “Me esforcé por servir a mi país y con mayor empeño al pueblo necesitado. Cancelé muchos privilegios y distribuí una buena parte de la riqueza que estaba en pocas manos”.

A partir de entonces dejó de participar en la política partidista: “Me negué y me he negado a participar en la política, pues en nuestro país debe liquidarse el continuismo; los expresidentes tenemos una responsabilidad simbólica; los expresidentes no tenemos derecho a organizarnos políticamente”.

Tras el ataque japonés a Pearl Harbor, Cárdenas fue nombrado comandante de la zona de defensa especial en el Pacífico mexicano. Al entrar México como contendiente en la Segunda Guerra Mundial, el 22 de mayo de 1942, el presidente Ávila Camacho lo nombró secretario de la Defensa Nacional, cargo que desempeñó hasta el 27 de agosto de 1945, una vez terminada la conflagración.

Después ocupó otros cargos públicos: vocal ejecutivo de la Comisión de la Cuenca del Tepalcatepec entre 1947 y 1960. En la década de los sesenta participó con diversas fuerzas de izquierda en la fundación de la Central Campesina Independiente CCI, y en el Movimiento de Liberación Nacional que defendía la autodeterminación de los pueblos frente al imperialismo norteamericano y apoyaba a la revolución cubana; este apoyó se manifestó por su asistencia a la celebración de uno de sus aniversarios en la Habana y en su intención de viajar a Cuba durante la invasión de Bahía de Cochinos, lo que le impidió un “error” de una compañía de aviación, aunque se rumoreó que fue el gobierno de López Mateos el que lo detuvo. También visitó a los presos políticos en la penitenciaria del Distrito Federal. No obstante apoyó la candidatura a la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz.

Asimismo, formó parte del Tribunal Internacional organizado por Bertrand Russel contra la intervención norteamericana en Vietnam. Al mismo tiempo, fue vocal ejecutivo de la Comisión del Río Balsas entre 1961 y 1970, cuando impulsó la creación de la gigantesca Siderúrgica Las Truchas en Michoacán, que hoy lleva su nombre, y de la cual fue presidente de su consejo de administración.

Su interés en la defensa de los campesinos siempre incomodó al Partido Acción Nacional y en general a la derecha mexicana, los que tildaban de hipócrita y acusaban de agitador al expresidente Cárdenas, quien respondía condenando que los ricos mandaran sus millones al extranjero, pues “con esos millones nuestro país resolvería sus problemas económicos y evitaría los créditos”…También reclamaba a los panistas su carácter de políticos empresarios, porque “no se puede ser dos cosas: servidor público y empresario, porque ello es especular con el pueblo”.

Enfermo de cáncer, murió en la ciudad de México el 19 de octubre de 1970. Poco antes de su muerte escribió un mensaje a los revolucionarios de México, con motivo del aniversario del inicio de la Revolución Mexicana: “Es necesario, a mi juicio, completar la no reelección en los cargos de elección popular con la efectividad del sufragio, pues la ausencia relativa de este postulado mina los saludables efectos del otro; además, debilita en su base el proceso democrático, propicia continuismos de grupo, engendra privilegios, desmoraliza a la ciudadanía y anquilosa la vida de los partidos”.

Sus restos descansan en el Monumento a la Revolución, mismo que mandó construir sobre la vieja estructura erigida durante el porfiriato para edificar el Palacio Legislativo.

Su pensamiento político político-social se sintetizó en diez puntos:

I.- La miseria, la ignorancia, las enfermedades y los vicios esclavizan a los pueblos.

II.- A cada quien en relación a su trabajo; a todos según sus necesidades de pan, casa vestido, salud, cultura y dignidades.

III.- Obtener la máxima eficiencia, con el mínimo de esfuerzo y la más equitativa distribución de la riqueza.

IV.- Sin gran producción no hay amplio consumo, ni gran industria, ni economía poderosa, ni bienestar colectivo, ni nación soberana.

V.- Todo Estado moderno exige una técnica dirigida hacia la abundancia de bienes esenciales y de equipos eficientes de cultivo, de transformación, de comunicaciones, de cambio y de cultura.

VI.- Suprimir lo superfluo para que nadie carezca de lo necesario y se evite que los ricos se hagan más ricos y los pobres más pobres.

VII.- Contra la patria, nadie. Por la patria, todos.

VIII.- Todos somos servidores de las causas de la libertad, la democracia y el progreso.

IX.- Las reformas avanzadas son victorias de las fuerzas del bien sobre el mal en sus luchas por la redención de los oprimidos.

X.- Sólo la justicia social garantiza la paz y la felicidad humana.

Para muchos mexicanos Cárdenas fue el mejor presidente del siglo XX, pero también fue el fundador de una dinastía política que a partir de 1928, ha podido ocupar, entre diversos cargos de elección popular, el gobierno del estado de Michoacán en cuatro ocasiones, mediante sus miembros de tres generaciones.
Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride: Nacimiento 21 de mayo de 1895. Muerte 19 de octubre de 1970.

In AMERICA LATINA, CONFLICTOS ARMADOS, ENLACES DE POLITICA, NORTE AMERICA, PERSONAJES, Politica Internacional, Politica Nacional, UNIÓN HISPANO AMERICANA on Abril 15, 2007 at 4:23 pm
Cárdenas del Río Lázaro (1895-1970) PDF Imprimir E-Mail
cardenas

Hijo de don Dámaso Cárdenas Pinedo, de ocupación tendero, y de doña Felícitas del Río Amezcua, nació el 21 de mayo de 1895 en la calle de San Francisco, en el barrio de la Puentecita de Jiquilpan de Juárez, Michoacán. En su tierra natal cursó hasta el cuarto año de educación primaria, únicos estudios formales que realizó hasta los once años. En 1909 ingresó como “meritorio” en la mesa segunda de la Oficina de Rentas de Jiquilpan, donde empezó a desarrollar una caligrafía impecable. En 1911, con la muerte de su padre, asumió la responsabilidad de ser el jefe de su familia. Ese mismo año trabajó en la Secretaría de la Prefactura y después, laboró como tipógrafo en la imprenta “La Económica”, de don Donaciano Carreón, cuyas ideas liberales y revolucionarias influyeron en su formación política. Al estallar la revolución, Don Donaciano vendió a los trabajadores la imprenta, entre ellos al mismo Cárdenas, y se unió a los rebeldes.

En 1913, el joven Lázaro fue delatado a los federales huertistas por haber impreso un manifiesto revolucionario y ante la posibilidad de ser aprehendido, se enlistó en las fuerzas revolucionarias como capitán segundo encargado de la correspondencia (fundamentalmente gracias a su caligrafía) bajo las órdenes del general Guillermo García Aragón, que operaba en Michoacán. A partir de entonces desarrolló una intensa vida militar: con las fuerzas obregonistas presenció en Teoloyucan la rendición del Ejército Federal y combatió al zapatismo en 1914, mismo año en que luchó al lado de Lucio Blanco.

Después, se incorporó a las fuerzas del general José María Maytorena en Sonora, pero al llegar a Cananea y darse cuenta de que Maytorena se había unido a Villa, marchó a Agua Prieta para integrarse a las tropas del general Calles. Ambos iniciaron una entrañable amistad en la que Calles era maestro y líder político del joven Cárdenas. Calles llamaba a Cárdenas con el mote de “Chamaco”. Bajo su mando, Cárdenas actuó contra los indios yaquis sublevados; combatió en Nayarit, Jalisco y Michoacán a los rebeldes villistas de Inés Chávez García. Al triunfo de la revolución constitucionalista regresó a Michoacán, donde persiguió a bandidos que operaban en la región.

Durante el gobierno constitucional de Carranza, Cárdenas fue encargado de pacificar la Huasteca veracruzana, en la que las “guardias blancas”, al servicio de las compañías extranjeras petroleras, asolaban la región. En 1918, alcanzó el grado de coronel.

En 1920, desde la Huasteca, se adhirió al Plan de Agua Prieta, encabezado por los sonorenses Obregón, De la Huerta y Calles, en contra del presidente Carranza, quien pretendía imponer a Bonilla como su sucesor. Tras el asesinato de Carranza en Tlaxcalaltongo, Cárdenas hizo detener y enviar preso a México a Rodolfo Herrero, presunto responsable directo del crimen.

Al triunfo del movimiento de Agua Prieta, el presidente interino, Adolfo de la Huerta, ascendió a Cárdenas al grado de general brigadier. Comisionado en Michoacán, recibió el gobierno interino de su estado natal de manos de Pascual Ortiz Rubio, cargo que desempeñó algunos meses para entregarlo al general Francisco J. Mújica, que había resultado triunfador en las elecciones de septiembre de 1920. Después fue designado jefe militar en el Istmo de Tehuantepec.

En 1923, durante la revolución “de la huertista”, Cárdenas fue herido y hecho prisionero en el combate de Palo Verde. Al ver la gravedad de sus heridas, sus enemigos, los generales sublevados Rafael Buelna y Enrique Estrada (a quien salvaría Cárdenas la vida poco después), generosamente lo enviaron a Guadalajara para que fuera atendido y después liberado. De igual modo, se cuenta que en ese mismo año, Cárdenas dejó escapar al general Francisco J. Múgica, en lugar de asesinarlo como le había ordenado Obregón.

Después fue comandante de la zona militar de las Huastecas. En 1924 fue ascendido a general de brigada y al año siguiente, intervino en el arreglo de diversos problemas surgidos entre los sindicatos y las empresas petroleras extranjeras. Ahí constató los abusos de las compañías extranjeras contra los trabajadores mexicanos y el saqueo irresponsable que realizaban de los recursos petroleros nacionales. Cuando con motivo de la ley petrolera esas empresas acusaron al presidente Calles de “bolchevique” y coludidas con el embajador de Estados Unidos James R.Sheffield, lo amenazaron con una invasión norteamericana a México, Cárdenas recibió órdenes presidenciales de incendiar los pozos petroleros si cumplían sus amenazas.

El 1º de abril de 1928 fue nombrado general de división. Ese mismo año fue postulado como candidato al gobierno del estado de Michoacán y emprendió una intensa campaña pueblo por pueblo y rancho por rancho, a pesar de que era aspirante único al cargo. Ejerció el gobierno entre septiembre de 1928 y septiembre de 1932, con algunos periodos de licencia para desempeñar temporalmente otros cargos políticos.

Como gobernador, a cambio de dejar las armas, ofreció amnistía a los cristeros sublevados por la iglesia católica que pretendía impedir la aplicación de los artículos 3º, 27 y 123 de la Constitución, lo que debilitó la rebelión cristera en Michoacán.

Para obtener apoyo popular activo para las reformas sociales que se proponía realizar, se dedicó a escuchar al pueblo, en especial a los grupos más pobres; estimuló la formación de agrupaciones obreras y campesinas; unificó y reorganizó a las fuerzas políticas, e impulsó la creación de la Confederación Regional Michoacana, que agrupó a la mayoría de campesinos y obreros de la entidad; también promovió la organización de los maestros para que se convirtieran en los agentes de la transformación social.

Así inició el reparto agrario, a pesar de la resistencia del presidente Calles, de los hacendados y aun de los propios peones acasillados que temían romper su dependencia del patrón. Además, agilizó los trámites legales de dotación de tierras y estableció créditos agrarios de refacción; pugnó por la jornada laboral de ocho horas, el salario mínimo y la asistencia médica; estableció la obligación de crear escuelas en las haciendas y combatió el fanatismo religioso y el alcoholismo. Por estas acciones revolucionarias a favor de los de abajo, “su prestigio pasó de boca en boca, como un corrido popular”.

En 1929 estalló la rebelión “escobarista” y Cárdenas pidió permiso al Congreso local para incorporarse al ejército; se le dio el mando de una columna y cooperó en la pronta derrota de los sublevados. Recibió un millón de pesos para los gastos de la campaña y al término de ésta, reintegró setecientos mil pesos no utilizados y regresó a su cargo de gobernador.

El 15 de octubre de 1930, dejó la gubernatura de su estado para asumir la presidencia del Partido Nacional Revolucionario (PNR), y dirigir la campaña presidencial del ingeniero PascuaI Ortiz Rubio, quien al año siguiente, lo nombró secretario de Gobernación por poco más de un mes. En octubre de 1931 reanudó sus labores como gobernador de su estado hasta concluir su mandato.

El 25 de septiembre de 1932 contrajo matrimonio con Amalia Solórzano, pese a la plena desaprobación de los padres de la novia.

En enero del siguiente año, fue nombrado secretario de Guerra y Marina en el gobierno de Abelardo L. Rodríguez.

A finales de 1933, el PNR elaboró “un plan de gobierno que constituya un solemne compromiso ante la nación de desarrollar una política social, económica y administrativa, capaz de traducir en hechos los postulados que se proclamaron en los años de la lucha armada…”. El 6 de diciembre de ese año, el Plan Sexenal fue aprobado por la asamblea del PNR y Cárdenas rindió protesta como candidato presidencial del mismo partido.

El 8 de diciembre de 1933 inició en Querétaro una exhaustiva campaña que llegó a los lugares más apartados, nunca antes visitados por un candidato a la presidencia: “Yo soy quien debe ir a ellos, ya que ellos no pueden venir a mí”. Casi sin dormir recorrió miles de kilómetros escuchando a la gente para entender sus problemas y obtener apoyo para las reformas que se proponía realizar, ahora en el país.

Al celebrarse las elecciones el 4 de julio de 1934, Cárdenas emitió su voto personal a favor de Tomás Garrido Canabal. Los resultados electorales fueron de 2,225,000 votos para Cárdenas del PNR (98.19%); y para Antonio I. Villarreal de la Confederación Revolucionaria de Partidos Independientes, sólo el 1.07% de la votación. Cifras aun menores correspondieron a Adalberto Tejeda del Partido Socialista de las Izquierdas (0.70%) y a Hernán Laborde del Partido Comunista Mexicano (0.03%).

El gobierno de Cárdenas se inició en un ambiente internacional marcado por la depresión económica y la posibilidad de una nueva conflagración mundial. La depresión provocó, a nivel mundial, la intervención económica y social del Estado a favor del bienestar social de las masas empobrecidas por la crisis de 1929, intervención que coincidió con la ideología de la Revolución Mexicana de que el Estado debía ser un instrumento de progreso y de justicia social, con lo cual disminuyó la sospecha de que en México dominaba el “bolcheviquismo”; además, la contracción de los mercados internacionales, obligó a los países exportadores como el nuestro, a basar más su crecimiento económico en la expansión de su mercado interno. En segundo lugar, la inminencia de una nueva guerra mundial permitió mayor libertad de maniobra a los gobiernos nacionalistas que pretendían recuperar sus recursos naturales para sus naciones, pues alejaba la posibilidad de una respuesta armada de parte de las potencias afectadas, las cuales, en ese momento, estaban más ocupadas en prepararse para un esfuerzo bélico de dimensiones mundiales.  .

El 1° de diciembre de 1934, Cárdenas, vestido sencillamente (sin jacquet ni sombrero de copa, como era costumbre), asumió el cargo de presidente de la República, en su mensaje inicial señaló: “La revolución Mexicana ha seguido, desde su origen y a través de su historia, un anhelo de justicia social…Tengo presentes de una manera indeleble las impresiones que durante mi campaña electoral pude recoger: profundas desigualdades e inicuas injusticias a que están sometidas grandes masas de trabajadores y muy particularmente los núcleos indígenas…Nada puede justificar con más elocuencia la larga lucha de la Revolución Mexicana, como la existencia de regiones enteras en las que los hombres de México viven ajenos a toda civilización material y espiritual, hundidos en la ignorancia y la pobreza más absoluta, sometidos a una alimentación, a una indumentaria y a un alojamiento inferiores impropios de un país que, como el nuestro, tiene los recursos materiales suficientes para asegurar una civilización justa..

En lugar de vivir en el castillo de Chapultepec (que convirtió en museo), acondicionó el antiguo rancho de La Hormiga para convertirlo en la residencia presidencial de los “Los Pinos”. Abrió las puertas del Palacio Nacional a campesinos y obreros, e instaló un telégrafo para que cualquier ciudadano pudiera comunicarse con el presidente. Recorrió varias veces el país (más de 80 mil kilómetros): “Las jiras de gobierno tienden a despertar el espíritu cívico de las masas y crear la acción conjunta entre los núcleos sociales, autoridades municipales, locales y la Federación para satisfacer las necesidades seculares”. Usó la radio para informar de sus acciones; fue el primer presidente que leyó de pié y completo su informe de gobierno ante el Congreso de la Unión y el primero también que dio el “Grito” en Dolores, Guanajuato, el 15 de septiembre de 1940.

Al asumir Cárdenas la presidencia, el general Calles se había erigido en el “jefe máximo de la revolución”, tras el asesinato de Obregón y la creación del PNR; Calles contaba, además, con el apoyo del ejército, lo que le permitía ejercer gran influencia en la vida nacional, formar parte de los gabinetes presidenciales y ocupar cargos públicos a su antojo. Por consiguiente, Cárdenas tuvo que incluir en su primer gabinete a muchos personajes por “recomendación” de Calles.

Para poder contrarrestar esta influencia y poner en práctica el Plan Sexenal, se dedicó a fortalecer a las organizaciones de masas que podían respaldar las acciones nacionalistas y revolucionarias gubernamentales, como la Confederación General de Obreros y Campesinos de México, la Federación de Trabajadores del DDF, y los sindicatos de ferrocarrileros, petroleros, tranviarios, taxistas, alijadores, electricistas, mineros, choferes y similares. Su política sindical se dirigió a promover la organización de una central obrera única e impedir la formación de sindicatos blancos, a reafirmar el papel del Estado como árbitro regulador de la economía nacional y protector del proletariado, y a limitar los conflictos obrero-patronales a la capacidad económica de las empresas. “Estoy convencido (…) por mi experiencia como gobernador de Michoacán, que no basta la buena intención del mandatario (…) es indispensable el factor colectivo que representan los trabajadores”.

El apoyo que Cárdenas brindaba a los trabajadores permitió que se efectuaran múltiples paros y estallaran numerosas huelgas, lo cual no fue del agrado de los grupos empresariales que amenazaron con parar sus negocios, a lo que Cárdenas contestó que si estaban “fatigados de la lucha social” entregaran sus empresas al Gobierno o a los trabajadores.

También las huelgas alarmaron a Calles, quien el 11 de junio de 1935 declaró a la prensa: “hace seis meses que la Nación está sacudida por huelgas constantes, muchas de ellas enteramente injustificadas…vamos para atrás, para atrás, retrocediendo siempre…¿Y qué obtienen de estas ominosas agitaciones? Meses de holganza pagados, desaliento del capital, el daño grave de la comunidad”. A lo cual el presidente Cárdenas contestó: “El Ejecutivo Federal está dispuesto a obrar con toda decisión para que se cumpla el programa de la Revolución y las leyes que regulan el equilibrio de la producción, y decidido, asimismo, a llevar adelante el cumplimiento del Plan Sexenal, sin que le importe la alarma de los representantes del sector capitalista”. A continuación, solicitó y obtuvo la renuncia de todos los altos funcionarios de filiación callista. Ya antes, al prohibir los juegos de azar y clausurar las casas de juego existentes, como el Casino de la Selva en Cuernavaca y el Foreign Club en las afueras de la ciudad de México, había afectado los intereses de prominentes políticos callistas, pues esos establecimientos eran negocios de su propiedad.

En reacción a las medidas tomadas, Calles anunció su retiro de la política y viajó a los Estados Unidos, pero regresó inesperadamente al país. El conflicto creció: corrieron rumores de una conspiración callista contra Cárdenas; diputados y senadores callistas fueron desaforados para enfrentar cargos de rebeldía y sedición; gobernadores y jefes militares callistas fueron sustituidos; hubieron en las plazas de las principales ciudades multitudinarias manifestaciones anticallistas; el PNR expulsó de sus filas a Calles y a sus partidarios.

Al siguiente año, en febrero de 1936, se integró la Confederación de Trabajadores de México, CTM, como una central sindical única, “un frente nacional dentro de la lucha de clases, al servicio del proletariado mexicano”. Ante el avance de los sindicatos, en marzo siguiente, las Cámaras de Comercio criticaron que en el gobierno “no existe norma fija, ley en vigor, orientación definida y clara”, se quejaron de que se escuchaba más a los sindicatos que a los empresarios, y pidieron que este “estado de anormalidad y perturbación permanentes” fuera substituido por un “programa y una legislación de netos lineamientos”. El Presidente Cárdenas contestó: El concepto moderno de la función del Estado y la naturaleza misma de la legislación del trabajo, en amplitud universal requieren que los casos de duda sean resueltos en interés de la parte más débil. Otorgar tratamiento igual a dos partes desiguales, no es impartir justicia ni obrar con equidad. La legislación sobre el trabajo, como es sabido, tiene en todos los países un carácter tutelar respecto de los trabajadores, porque tiende a reforzar la debilidad de éstos frente a la fuerza de la clase patronal, para acercarse lo más posible a soluciones de justicia efectiva.

Finalmente, el 10 de abril de 1936, Cárdenas expulsó a Calles del país “por imperativo de salud pública”. Terminó así su maximato.

Para promover la reconciliación nacional, el 5 de febrero de 1937, Cárdenas promulgó una Ley de indulto para todos aquellos que tomaron parte en movimientos de rebelión contra el Gobierno, cancelándose por lo tanto, todos los procesos pendientes, lo que permitió el regreso de importantes militares y políticos exiliados.

Mediante un Manifiesto a la Nación, el 18 de diciembre de 1937, Cárdenas convocó a la formación del Partido Nacional de los Trabajadores y Soldados, que con hegemonía de las agrupaciones sociales, integraría al Ejército en un solo frente, permitiría que los distintos gremios y el sector femenino tuvieran acceso a los cargos de representación popular y de dirigencia del partido, y liberaría a la burocracia de su membresía y de sus cuotas obligatorias. El 30 de marzo de 1938, se creó el Partido de la Revolución Mexicana, PRM, para “llegar por la vía pacífica a la democracia social”, al cual se integraron un amplio espectro de reformistas y progresistas, así como comunistas, socialistas y liberales radicales.

Cárdenas promovió la unificación de todas las organizaciones campesinas: “Necesitamos que haya conciencia de clase en los elementos campesinos y ésta solo podrán demostrarla con su unificación. El gobierno desea facilitar esta organización para que pueda llevarse a cabo el programa que se ha trazado en beneficio de los campesinos del país y de la producción agrícola de la República”. La tarea le fue encomendada al PRM y el 28 de agosto de 1938 quedó constituida la Confederación Nacional Campesina, CNC, que integró ejidatarios, comuneros, solicitantes de tierra, asalariados y productores agrícolas.

Con la CNC y la CTM, el PRM pudo quedar organizado en los sectores campesino, obrero, militar y popular, que le dieron su carácter corporativo. La intención era vincular a las masas de trabajadores con el gobierno para que le sirvieran de respaldo y contrapeso frente a otros grupos nacionales y extranjeros.

La expulsión de Calles, la organización de campesinos y obreros, y la creación del PRM como partido único, permitieron a Cárdenas establecer un régimen político revolucionario caracterizado por un Estado fuerte y activo en todas las esferas políticas, económicas, sociales y culturales; una presidencia de la República como la institución predominante sobre grupos, caudillos y caciques, y que como “fiel de la balanza” decidía su sucesor; y un partido capaz de regular interna y pacíficamente la lucha por los puestos de elección y de movilizar pasivamente el apoyo popular a las medidas gubernamentales. Este régimen sustentaria la estabilidad política de México hasta el fin del siglo XX.

Así, Cárdenas pudo promulgar nuevas leyes y acciones para llevar a la práctica el contenido nacionalista y popular de la Constitución de 1917, representado en los artículos 3ª, 27 y 123.

Respecto a la educación, los diputados y senadores del PNR, en cumplimiento de los acuerdos de su convención, iniciaron la reforma al Artículo 3º Constitucional para implantar la educación socialista cuando ocupaba la presidencia de la República Abelardo L. Rodríguez. Cárdenas como presidente electo manifestó: “El mismo hecho de que el clero y sus aliados muestren inquietud y hagan oposición a la idea de la escuela socialista, es la mejor prueba de que satisface un ideal de la Revolución y de que debemos apoyarla vigorosamente”. Y así lo hizo para combatir el fanatismo, ya como presidente en funciones, a pesar de la oposición del clero que estimuló a los campesinos a agredir a los maestros, desorejándolos e inclusive matándolos como sucedió en San Felipe, Guanajuato. Además, fundó el Instituto Politécnico Nacional, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Escuela Nacional de Educación Física, el Consejo Técnico de Educación Agrícola, el Departamento de Asuntos Indígenas, y celebró el Primer Congreso Indigenista Interamericano.

En materia agraria, Cárdenas decretó un Código Agrario que facilitó la expropiación de latifundios y convirtió a los peones acasillados de las haciendas en sujetos de derechos agrarios, lo que restó fuerza a los latifundistas y al clero. Intensificó el reparto de tierras hasta llegar a una cifra de 18 millones de hectáreas entregadas a un millón de campesinos, a los que dotó de apoyos mediante la creación del Banco Nacional de Crédito Ejidal y el Banco Nacional de Crédito Rural. Hizo llegar la reforma agraria hasta zonas de alta productividad como la henequenera en Yucatán o la Laguna en Durango y Coahuila. “Por el hecho de solicitar ejidos, el campesino rompe su liga económica con el patrón, y en estas condiciones, el papel del ejido no es el de producir el complemento económico de un salario (…) sino que el ejido, por su extensión, calidad y sistema de explotación debe bastar para la liberación económica absoluta del trabajador, creando un nuevo sistema económico-agrícola, en un todo diferente al régimen anterior (…) para sustituir al régimen de los asalariados del campo y liquidar el capitalismo agrario de la República”. Así, prácticamente dio fin al latifundismo porfirista e hizo del ejido la principal unidad del desarrollo rural.

En el campo laboral, Cárdenas apoyó las causas de los trabajadores, en junio de 1937 nacionalizó los ferrocarriles y los puso bajo una administración obrera; además, muchas industrias se convirtieron en cooperativas. Luego de un largo conflicto obrero-patronal, ante la negativa de las compañías petroleras de acatar un laudo de la Suprema Corte de Justicia que favorecía a los trabajadores, decretó la expropiación de la industria petrolera –mayoritariamente en manos de empresas norteamericanas e inglesas- el 18 de marzo de 1938, “y para evitar en lo posible que México se pueda ver en el fututo con problemas provocados por intereses particulares extraños a las necesidades interiores del país, se pondrá en la consideración de vuestra soberanía que no vuelvan a darse concesiones del subsuelo en lo que se refiere al petróleo y que sea el Estado el que tenga el control absoluto de la explotación petrolífera”. Se recuperó así para la nación uno de sus recursos naturales más importantes, lo cual contó con un amplio respaldo popular y sustentaría el futuro desarrollo industrial del país.

Dos meses después de la expropiación petrolera el general Saturnino Cedillo se levantó en armas, pero combatido hasta con aviones, fue derrotado y muerto. Este fue el último levantamiento militar del siglo XX.

Por otra parte, Cárdenas promulgó el Estatuto Jurídico de los Trabajadores al Servicio del Estado, para atender la “necesidad de poner a salvo a los servidores del Estado de las contingencias electorales asegurándoles la estabilidad de sus cargos y sus ascensos, a base de eficiencia y honorabilidad”.
 
En materia internacional, su política fue progresista y democrática: en 1936 autorizó la venta de armas al gobierno de la República Española y a su derrota en 1939 por el franquismo apoyado por Hitler y Mussolini, recibió a miles de refugiados republicanos españoles; condenó ante la Liga de las Naciones la agresión fascista italiana a Etiopia; dio asilo a León Trotsky y a otros perseguidos políticos; reanudó relaciones con China y las inició con Rumania; y condenó la agresión soviética a Finlandia. Asimismo, el 2 de julio de 1937 fundó el Banco de Comercio Exterior.

En el campo de la cultura, el gobierno de Cárdenas promovió que el contenido nacionalista e indigenista permeara todas las expresiones artísticas, desde la novela y el muralismo, hasta el cine y la música.

En 1939, cuando el general Manuel Ávila Camacho fue nominado por la CTM (febrero 22) y por la CNC (24 de febrero) como precandidato a la presidencia de la República, comenzaron a surgir voces opuestas al PRM y al gobierno de Cárdenas: el general Francisco Coss convocó a formar un Partido Nacional de Salvación Pública, pues “el PRM surgido de un acuerdo presidencial, hace ineficaz y nula toda campaña electoral independiente”; la Unión Nacional de Ciudadanos Independientes planteó la supresión del PRM por antidemocrático; Joaquín Amaro condenó los rasgos comunistas y fascistas del gobierno, la falsa política obrerista, el despilfarro en las obras públicas, la dependencia del Poder Judicial y los líderes obreros demagogos; y el general Rafael Sánchez Tapia, aspirante independiente a la presidencia, acusó al PRM de resucitar los procedimientos podridos del PNR.

A mediados de ese año, el general Múgica, retiró su candidatura presidencial porque el PRM hacía imposible proseguir en la lucha y únicamente agotaría sus esfuerzos con resultados nulos.

En este contexto, el 1º de septiembre de 1939, Cárdenas señaló: Mi gobierno, al iniciar su administración, se encontró dentro de los términos contradictorios de un dilema ineludible constituyendo uno de sus extremos la subordinación de todo programa de mejoramiento social a la conservación de la riqueza organizada, solución preferida por las clases conservadoras que cerrando los ojos a la miseria y a las necesidades el pueblo han perseguido un interés lucrativo individualista. El otro extremo, exigiendo el cumplimiento del programa impuesto por la Revolución, consiste en dirigir la economía del país en el sentido de los intereses del mayor número de sus habitantes, reconociendo, para lograrlo, que se hacía necesario recurrir al auxilio de la técnica profesional y a a la organización solidaria de los trabajadores a fin de aprovechar debidamente nuestras riquezas intensificándolas en ventaja del país entero”.

Pocos días después, del 14 al 17 de septiembre de ese mismo año, en el Frontón México, se creó el Partido Acción Nacional, PAN, para enfrentar lo que los derechistas consideraron los excesos socializantes y colectivistas del gobierno de Cárdenas.

Pero las fuerzas de la oposición encontraron su mejor candidato en el general Juan Andrew Almazán del Partido Revolucionario de Unificación Nacional Independiente, quien declaró: la decisión es “si el futuro gobernante de México debe ser producto de vicios seculares o el resultado de una verdadera elección”. Además de su doctrina cristiana conservadora, Almazán ofreció protección estatal a los trabajadores, pero sin complicidad o encubrimiento de sus líderes; huelga, pero no como instrumento político; reglamentación de la cláusula de exclusión y desaparición del ejido; asimismo, demandó acceso a la radio para los candidatos de la oposición y alto al acarreo y al derroche en la campaña del PRM.

Las elecciones fueron violentas y muy controvertidas, pero se impuso Ávila Camacho con una mayoría aplastante de votos de más del 93%.

Al término de su periodo, Cárdenas declaró: “Me esforcé por servir a mi país y con mayor empeño al pueblo necesitado. Cancelé muchos privilegios y distribuí una buena parte de la riqueza que estaba en pocas manos”.

A partir de entonces dejó de participar en la política partidista: “Me negué y me he negado a participar en la política, pues en nuestro país debe liquidarse el continuismo; los expresidentes tenemos una responsabilidad simbólica; los expresidentes no tenemos derecho a organizarnos políticamente”.

Tras el ataque japonés a Pearl Harbor, Cárdenas fue nombrado comandante de la zona de defensa especial en el Pacífico mexicano. Al entrar México como contendiente en la Segunda Guerra Mundial, el 22 de mayo de 1942, el presidente Ávila Camacho lo nombró secretario de la Defensa Nacional, cargo que desempeñó hasta el 27 de agosto de 1945, una vez terminada la conflagración.

Después ocupó otros cargos públicos: vocal ejecutivo de la Comisión de la Cuenca del Tepalcatepec entre 1947 y 1960. En la década de los sesenta participó con diversas fuerzas de izquierda en la fundación de la Central Campesina Independiente CCI, y en el Movimiento de Liberación Nacional que defendía la autodeterminación de los pueblos frente al imperialismo norteamericano y apoyaba a la revolución cubana; este apoyó se manifestó por su asistencia a la celebración de uno de sus aniversarios en la Habana y en su intención de viajar a Cuba durante la invasión de Bahía de Cochinos, lo que le impidió un “error” de una compañía de aviación, aunque se rumoreó que fue el gobierno de López Mateos el que lo detuvo. También visitó a los presos políticos en la penitenciaria del Distrito Federal. No obstante apoyó la candidatura a la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz.

Asimismo, formó parte del Tribunal Internacional organizado por Bertrand Russel contra la intervención norteamericana en Vietnam. Al mismo tiempo, fue vocal ejecutivo de la Comisión del Río Balsas entre 1961 y 1970, cuando impulsó la creación de la gigantesca Siderúrgica Las Truchas en Michoacán, que hoy lleva su nombre, y de la cual fue presidente de su consejo de administración.

Su interés en la defensa de los campesinos siempre incomodó al Partido Acción Nacional y en general a la derecha mexicana, los que tildaban de hipócrita y acusaban de agitador al expresidente Cárdenas, quien respondía condenando que los ricos mandaran sus millones al extranjero, pues “con esos millones nuestro país resolvería sus problemas económicos y evitaría los créditos”…También reclamaba a los panistas su carácter de políticos empresarios, porque “no se puede ser dos cosas: servidor público y empresario, porque ello es especular con el pueblo”.

Enfermo de cáncer, murió en la ciudad de México el 19 de octubre de 1970. Poco antes de su muerte escribió un mensaje a los revolucionarios de México, con motivo del aniversario del inicio de la Revolución Mexicana: “Es necesario, a mi juicio, completar la no reelección en los cargos de elección popular con la efectividad del sufragio, pues la ausencia relativa de este postulado mina los saludables efectos del otro; además, debilita en su base el proceso democrático, propicia continuismos de grupo, engendra privilegios, desmoraliza a la ciudadanía y anquilosa la vida de los partidos”.

Sus restos descansan en el Monumento a la Revolución, mismo que mandó construir sobre la vieja estructura erigida durante el porfiriato para edificar el Palacio Legislativo.

Su pensamiento político político-social se sintetizó en diez puntos:

I.- La miseria, la ignorancia, las enfermedades y los vicios esclavizan a los pueblos.

II.- A cada quien en relación a su trabajo; a todos según sus necesidades de pan, casa vestido, salud, cultura y dignidades.

III.- Obtener la máxima eficiencia, con el mínimo de esfuerzo y la más equitativa distribución de la riqueza.

IV.- Sin gran producción no hay amplio consumo, ni gran industria, ni economía poderosa, ni bienestar colectivo, ni nación soberana.

V.- Todo Estado moderno exige una técnica dirigida hacia la abundancia de bienes esenciales y de equipos eficientes de cultivo, de transformación, de comunicaciones, de cambio y de cultura.

VI.- Suprimir lo superfluo para que nadie carezca de lo necesario y se evite que los ricos se hagan más ricos y los pobres más pobres.

VII.- Contra la patria, nadie. Por la patria, todos.

VIII.- Todos somos servidores de las causas de la libertad, la democracia y el progreso.

IX.- Las reformas avanzadas son victorias de las fuerzas del bien sobre el mal en sus luchas por la redención de los oprimidos.

X.- Sólo la justicia social garantiza la paz y la felicidad humana.

Para muchos mexicanos Cárdenas fue el mejor presidente del siglo XX, pero también fue el fundador de una dinastía política que a partir de 1928, ha podido ocupar, entre diversos cargos de elección popular, el gobierno del estado de Michoacán en cuatro ocasiones, mediante sus miembros de tres generaciones.
Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride: Nacimiento 21 de mayo de 1895. Muerte 19 de octubre de 1970.

In AMERICA LATINA, CONFLICTOS ARMADOS, ENLACES DE POLITICA, NORTE AMERICA, PERSONAJES, Politica Internacional, Politica Nacional, UNIÓN HISPANO AMERICANA on Abril 15, 2007 at 4:23 pm
Cárdenas del Río Lázaro (1895-1970) PDF Imprimir E-Mail
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Hijo de don Dámaso Cárdenas Pinedo, de ocupación tendero, y de doña Felícitas del Río Amezcua, nació el 21 de mayo de 1895 en la calle de San Francisco, en el barrio de la Puentecita de Jiquilpan de Juárez, Michoacán. En su tierra natal cursó hasta el cuarto año de educación primaria, únicos estudios formales que realizó hasta los once años. En 1909 ingresó como “meritorio” en la mesa segunda de la Oficina de Rentas de Jiquilpan, donde empezó a desarrollar una caligrafía impecable. En 1911, con la muerte de su padre, asumió la responsabilidad de ser el jefe de su familia. Ese mismo año trabajó en la Secretaría de la Prefactura y después, laboró como tipógrafo en la imprenta “La Económica”, de don Donaciano Carreón, cuyas ideas liberales y revolucionarias influyeron en su formación política. Al estallar la revolución, Don Donaciano vendió a los trabajadores la imprenta, entre ellos al mismo Cárdenas, y se unió a los rebeldes.

En 1913, el joven Lázaro fue delatado a los federales huertistas por haber impreso un manifiesto revolucionario y ante la posibilidad de ser aprehendido, se enlistó en las fuerzas revolucionarias como capitán segundo encargado de la correspondencia (fundamentalmente gracias a su caligrafía) bajo las órdenes del general Guillermo García Aragón, que operaba en Michoacán. A partir de entonces desarrolló una intensa vida militar: con las fuerzas obregonistas presenció en Teoloyucan la rendición del Ejército Federal y combatió al zapatismo en 1914, mismo año en que luchó al lado de Lucio Blanco.

Después, se incorporó a las fuerzas del general José María Maytorena en Sonora, pero al llegar a Cananea y darse cuenta de que Maytorena se había unido a Villa, marchó a Agua Prieta para integrarse a las tropas del general Calles. Ambos iniciaron una entrañable amistad en la que Calles era maestro y líder político del joven Cárdenas. Calles llamaba a Cárdenas con el mote de “Chamaco”. Bajo su mando, Cárdenas actuó contra los indios yaquis sublevados; combatió en Nayarit, Jalisco y Michoacán a los rebeldes villistas de Inés Chávez García. Al triunfo de la revolución constitucionalista regresó a Michoacán, donde persiguió a bandidos que operaban en la región.

Durante el gobierno constitucional de Carranza, Cárdenas fue encargado de pacificar la Huasteca veracruzana, en la que las “guardias blancas”, al servicio de las compañías extranjeras petroleras, asolaban la región. En 1918, alcanzó el grado de coronel.

En 1920, desde la Huasteca, se adhirió al Plan de Agua Prieta, encabezado por los sonorenses Obregón, De la Huerta y Calles, en contra del presidente Carranza, quien pretendía imponer a Bonilla como su sucesor. Tras el asesinato de Carranza en Tlaxcalaltongo, Cárdenas hizo detener y enviar preso a México a Rodolfo Herrero, presunto responsable directo del crimen.

Al triunfo del movimiento de Agua Prieta, el presidente interino, Adolfo de la Huerta, ascendió a Cárdenas al grado de general brigadier. Comisionado en Michoacán, recibió el gobierno interino de su estado natal de manos de Pascual Ortiz Rubio, cargo que desempeñó algunos meses para entregarlo al general Francisco J. Mújica, que había resultado triunfador en las elecciones de septiembre de 1920. Después fue designado jefe militar en el Istmo de Tehuantepec.

En 1923, durante la revolución “de la huertista”, Cárdenas fue herido y hecho prisionero en el combate de Palo Verde. Al ver la gravedad de sus heridas, sus enemigos, los generales sublevados Rafael Buelna y Enrique Estrada (a quien salvaría Cárdenas la vida poco después), generosamente lo enviaron a Guadalajara para que fuera atendido y después liberado. De igual modo, se cuenta que en ese mismo año, Cárdenas dejó escapar al general Francisco J. Múgica, en lugar de asesinarlo como le había ordenado Obregón.

Después fue comandante de la zona militar de las Huastecas. En 1924 fue ascendido a general de brigada y al año siguiente, intervino en el arreglo de diversos problemas surgidos entre los sindicatos y las empresas petroleras extranjeras. Ahí constató los abusos de las compañías extranjeras contra los trabajadores mexicanos y el saqueo irresponsable que realizaban de los recursos petroleros nacionales. Cuando con motivo de la ley petrolera esas empresas acusaron al presidente Calles de “bolchevique” y coludidas con el embajador de Estados Unidos James R.Sheffield, lo amenazaron con una invasión norteamericana a México, Cárdenas recibió órdenes presidenciales de incendiar los pozos petroleros si cumplían sus amenazas.

El 1º de abril de 1928 fue nombrado general de división. Ese mismo año fue postulado como candidato al gobierno del estado de Michoacán y emprendió una intensa campaña pueblo por pueblo y rancho por rancho, a pesar de que era aspirante único al cargo. Ejerció el gobierno entre septiembre de 1928 y septiembre de 1932, con algunos periodos de licencia para desempeñar temporalmente otros cargos políticos.

Como gobernador, a cambio de dejar las armas, ofreció amnistía a los cristeros sublevados por la iglesia católica que pretendía impedir la aplicación de los artículos 3º, 27 y 123 de la Constitución, lo que debilitó la rebelión cristera en Michoacán.

Para obtener apoyo popular activo para las reformas sociales que se proponía realizar, se dedicó a escuchar al pueblo, en especial a los grupos más pobres; estimuló la formación de agrupaciones obreras y campesinas; unificó y reorganizó a las fuerzas políticas, e impulsó la creación de la Confederación Regional Michoacana, que agrupó a la mayoría de campesinos y obreros de la entidad; también promovió la organización de los maestros para que se convirtieran en los agentes de la transformación social.

Así inició el reparto agrario, a pesar de la resistencia del presidente Calles, de los hacendados y aun de los propios peones acasillados que temían romper su dependencia del patrón. Además, agilizó los trámites legales de dotación de tierras y estableció créditos agrarios de refacción; pugnó por la jornada laboral de ocho horas, el salario mínimo y la asistencia médica; estableció la obligación de crear escuelas en las haciendas y combatió el fanatismo religioso y el alcoholismo. Por estas acciones revolucionarias a favor de los de abajo, “su prestigio pasó de boca en boca, como un corrido popular”.

En 1929 estalló la rebelión “escobarista” y Cárdenas pidió permiso al Congreso local para incorporarse al ejército; se le dio el mando de una columna y cooperó en la pronta derrota de los sublevados. Recibió un millón de pesos para los gastos de la campaña y al término de ésta, reintegró setecientos mil pesos no utilizados y regresó a su cargo de gobernador.

El 15 de octubre de 1930, dejó la gubernatura de su estado para asumir la presidencia del Partido Nacional Revolucionario (PNR), y dirigir la campaña presidencial del ingeniero PascuaI Ortiz Rubio, quien al año siguiente, lo nombró secretario de Gobernación por poco más de un mes. En octubre de 1931 reanudó sus labores como gobernador de su estado hasta concluir su mandato.

El 25 de septiembre de 1932 contrajo matrimonio con Amalia Solórzano, pese a la plena desaprobación de los padres de la novia.

En enero del siguiente año, fue nombrado secretario de Guerra y Marina en el gobierno de Abelardo L. Rodríguez.

A finales de 1933, el PNR elaboró “un plan de gobierno que constituya un solemne compromiso ante la nación de desarrollar una política social, económica y administrativa, capaz de traducir en hechos los postulados que se proclamaron en los años de la lucha armada…”. El 6 de diciembre de ese año, el Plan Sexenal fue aprobado por la asamblea del PNR y Cárdenas rindió protesta como candidato presidencial del mismo partido.

El 8 de diciembre de 1933 inició en Querétaro una exhaustiva campaña que llegó a los lugares más apartados, nunca antes visitados por un candidato a la presidencia: “Yo soy quien debe ir a ellos, ya que ellos no pueden venir a mí”. Casi sin dormir recorrió miles de kilómetros escuchando a la gente para entender sus problemas y obtener apoyo para las reformas que se proponía realizar, ahora en el país.

Al celebrarse las elecciones el 4 de julio de 1934, Cárdenas emitió su voto personal a favor de Tomás Garrido Canabal. Los resultados electorales fueron de 2,225,000 votos para Cárdenas del PNR (98.19%); y para Antonio I. Villarreal de la Confederación Revolucionaria de Partidos Independientes, sólo el 1.07% de la votación. Cifras aun menores correspondieron a Adalberto Tejeda del Partido Socialista de las Izquierdas (0.70%) y a Hernán Laborde del Partido Comunista Mexicano (0.03%).

El gobierno de Cárdenas se inició en un ambiente internacional marcado por la depresión económica y la posibilidad de una nueva conflagración mundial. La depresión provocó, a nivel mundial, la intervención económica y social del Estado a favor del bienestar social de las masas empobrecidas por la crisis de 1929, intervención que coincidió con la ideología de la Revolución Mexicana de que el Estado debía ser un instrumento de progreso y de justicia social, con lo cual disminuyó la sospecha de que en México dominaba el “bolcheviquismo”; además, la contracción de los mercados internacionales, obligó a los países exportadores como el nuestro, a basar más su crecimiento económico en la expansión de su mercado interno. En segundo lugar, la inminencia de una nueva guerra mundial permitió mayor libertad de maniobra a los gobiernos nacionalistas que pretendían recuperar sus recursos naturales para sus naciones, pues alejaba la posibilidad de una respuesta armada de parte de las potencias afectadas, las cuales, en ese momento, estaban más ocupadas en prepararse para un esfuerzo bélico de dimensiones mundiales.  .

El 1° de diciembre de 1934, Cárdenas, vestido sencillamente (sin jacquet ni sombrero de copa, como era costumbre), asumió el cargo de presidente de la República, en su mensaje inicial señaló: “La revolución Mexicana ha seguido, desde su origen y a través de su historia, un anhelo de justicia social…Tengo presentes de una manera indeleble las impresiones que durante mi campaña electoral pude recoger: profundas desigualdades e inicuas injusticias a que están sometidas grandes masas de trabajadores y muy particularmente los núcleos indígenas…Nada puede justificar con más elocuencia la larga lucha de la Revolución Mexicana, como la existencia de regiones enteras en las que los hombres de México viven ajenos a toda civilización material y espiritual, hundidos en la ignorancia y la pobreza más absoluta, sometidos a una alimentación, a una indumentaria y a un alojamiento inferiores impropios de un país que, como el nuestro, tiene los recursos materiales suficientes para asegurar una civilización justa..

En lugar de vivir en el castillo de Chapultepec (que convirtió en museo), acondicionó el antiguo rancho de La Hormiga para convertirlo en la residencia presidencial de los “Los Pinos”. Abrió las puertas del Palacio Nacional a campesinos y obreros, e instaló un telégrafo para que cualquier ciudadano pudiera comunicarse con el presidente. Recorrió varias veces el país (más de 80 mil kilómetros): “Las jiras de gobierno tienden a despertar el espíritu cívico de las masas y crear la acción conjunta entre los núcleos sociales, autoridades municipales, locales y la Federación para satisfacer las necesidades seculares”. Usó la radio para informar de sus acciones; fue el primer presidente que leyó de pié y completo su informe de gobierno ante el Congreso de la Unión y el primero también que dio el “Grito” en Dolores, Guanajuato, el 15 de septiembre de 1940.

Al asumir Cárdenas la presidencia, el general Calles se había erigido en el “jefe máximo de la revolución”, tras el asesinato de Obregón y la creación del PNR; Calles contaba, además, con el apoyo del ejército, lo que le permitía ejercer gran influencia en la vida nacional, formar parte de los gabinetes presidenciales y ocupar cargos públicos a su antojo. Por consiguiente, Cárdenas tuvo que incluir en su primer gabinete a muchos personajes por “recomendación” de Calles.

Para poder contrarrestar esta influencia y poner en práctica el Plan Sexenal, se dedicó a fortalecer a las organizaciones de masas que podían respaldar las acciones nacionalistas y revolucionarias gubernamentales, como la Confederación General de Obreros y Campesinos de México, la Federación de Trabajadores del DDF, y los sindicatos de ferrocarrileros, petroleros, tranviarios, taxistas, alijadores, electricistas, mineros, choferes y similares. Su política sindical se dirigió a promover la organización de una central obrera única e impedir la formación de sindicatos blancos, a reafirmar el papel del Estado como árbitro regulador de la economía nacional y protector del proletariado, y a limitar los conflictos obrero-patronales a la capacidad económica de las empresas. “Estoy convencido (…) por mi experiencia como gobernador de Michoacán, que no basta la buena intención del mandatario (…) es indispensable el factor colectivo que representan los trabajadores”.

El apoyo que Cárdenas brindaba a los trabajadores permitió que se efectuaran múltiples paros y estallaran numerosas huelgas, lo cual no fue del agrado de los grupos empresariales que amenazaron con parar sus negocios, a lo que Cárdenas contestó que si estaban “fatigados de la lucha social” entregaran sus empresas al Gobierno o a los trabajadores.

También las huelgas alarmaron a Calles, quien el 11 de junio de 1935 declaró a la prensa: “hace seis meses que la Nación está sacudida por huelgas constantes, muchas de ellas enteramente injustificadas…vamos para atrás, para atrás, retrocediendo siempre…¿Y qué obtienen de estas ominosas agitaciones? Meses de holganza pagados, desaliento del capital, el daño grave de la comunidad”. A lo cual el presidente Cárdenas contestó: “El Ejecutivo Federal está dispuesto a obrar con toda decisión para que se cumpla el programa de la Revolución y las leyes que regulan el equilibrio de la producción, y decidido, asimismo, a llevar adelante el cumplimiento del Plan Sexenal, sin que le importe la alarma de los representantes del sector capitalista”. A continuación, solicitó y obtuvo la renuncia de todos los altos funcionarios de filiación callista. Ya antes, al prohibir los juegos de azar y clausurar las casas de juego existentes, como el Casino de la Selva en Cuernavaca y el Foreign Club en las afueras de la ciudad de México, había afectado los intereses de prominentes políticos callistas, pues esos establecimientos eran negocios de su propiedad.

En reacción a las medidas tomadas, Calles anunció su retiro de la política y viajó a los Estados Unidos, pero regresó inesperadamente al país. El conflicto creció: corrieron rumores de una conspiración callista contra Cárdenas; diputados y senadores callistas fueron desaforados para enfrentar cargos de rebeldía y sedición; gobernadores y jefes militares callistas fueron sustituidos; hubieron en las plazas de las principales ciudades multitudinarias manifestaciones anticallistas; el PNR expulsó de sus filas a Calles y a sus partidarios.

Al siguiente año, en febrero de 1936, se integró la Confederación de Trabajadores de México, CTM, como una central sindical única, “un frente nacional dentro de la lucha de clases, al servicio del proletariado mexicano”. Ante el avance de los sindicatos, en marzo siguiente, las Cámaras de Comercio criticaron que en el gobierno “no existe norma fija, ley en vigor, orientación definida y clara”, se quejaron de que se escuchaba más a los sindicatos que a los empresarios, y pidieron que este “estado de anormalidad y perturbación permanentes” fuera substituido por un “programa y una legislación de netos lineamientos”. El Presidente Cárdenas contestó: El concepto moderno de la función del Estado y la naturaleza misma de la legislación del trabajo, en amplitud universal requieren que los casos de duda sean resueltos en interés de la parte más débil. Otorgar tratamiento igual a dos partes desiguales, no es impartir justicia ni obrar con equidad. La legislación sobre el trabajo, como es sabido, tiene en todos los países un carácter tutelar respecto de los trabajadores, porque tiende a reforzar la debilidad de éstos frente a la fuerza de la clase patronal, para acercarse lo más posible a soluciones de justicia efectiva.

Finalmente, el 10 de abril de 1936, Cárdenas expulsó a Calles del país “por imperativo de salud pública”. Terminó así su maximato.

Para promover la reconciliación nacional, el 5 de febrero de 1937, Cárdenas promulgó una Ley de indulto para todos aquellos que tomaron parte en movimientos de rebelión contra el Gobierno, cancelándose por lo tanto, todos los procesos pendientes, lo que permitió el regreso de importantes militares y políticos exiliados.

Mediante un Manifiesto a la Nación, el 18 de diciembre de 1937, Cárdenas convocó a la formación del Partido Nacional de los Trabajadores y Soldados, que con hegemonía de las agrupaciones sociales, integraría al Ejército en un solo frente, permitiría que los distintos gremios y el sector femenino tuvieran acceso a los cargos de representación popular y de dirigencia del partido, y liberaría a la burocracia de su membresía y de sus cuotas obligatorias. El 30 de marzo de 1938, se creó el Partido de la Revolución Mexicana, PRM, para “llegar por la vía pacífica a la democracia social”, al cual se integraron un amplio espectro de reformistas y progresistas, así como comunistas, socialistas y liberales radicales.

Cárdenas promovió la unificación de todas las organizaciones campesinas: “Necesitamos que haya conciencia de clase en los elementos campesinos y ésta solo podrán demostrarla con su unificación. El gobierno desea facilitar esta organización para que pueda llevarse a cabo el programa que se ha trazado en beneficio de los campesinos del país y de la producción agrícola de la República”. La tarea le fue encomendada al PRM y el 28 de agosto de 1938 quedó constituida la Confederación Nacional Campesina, CNC, que integró ejidatarios, comuneros, solicitantes de tierra, asalariados y productores agrícolas.

Con la CNC y la CTM, el PRM pudo quedar organizado en los sectores campesino, obrero, militar y popular, que le dieron su carácter corporativo. La intención era vincular a las masas de trabajadores con el gobierno para que le sirvieran de respaldo y contrapeso frente a otros grupos nacionales y extranjeros.

La expulsión de Calles, la organización de campesinos y obreros, y la creación del PRM como partido único, permitieron a Cárdenas establecer un régimen político revolucionario caracterizado por un Estado fuerte y activo en todas las esferas políticas, económicas, sociales y culturales; una presidencia de la República como la institución predominante sobre grupos, caudillos y caciques, y que como “fiel de la balanza” decidía su sucesor; y un partido capaz de regular interna y pacíficamente la lucha por los puestos de elección y de movilizar pasivamente el apoyo popular a las medidas gubernamentales. Este régimen sustentaria la estabilidad política de México hasta el fin del siglo XX.

Así, Cárdenas pudo promulgar nuevas leyes y acciones para llevar a la práctica el contenido nacionalista y popular de la Constitución de 1917, representado en los artículos 3ª, 27 y 123.

Respecto a la educación, los diputados y senadores del PNR, en cumplimiento de los acuerdos de su convención, iniciaron la reforma al Artículo 3º Constitucional para implantar la educación socialista cuando ocupaba la presidencia de la República Abelardo L. Rodríguez. Cárdenas como presidente electo manifestó: “El mismo hecho de que el clero y sus aliados muestren inquietud y hagan oposición a la idea de la escuela socialista, es la mejor prueba de que satisface un ideal de la Revolución y de que debemos apoyarla vigorosamente”. Y así lo hizo para combatir el fanatismo, ya como presidente en funciones, a pesar de la oposición del clero que estimuló a los campesinos a agredir a los maestros, desorejándolos e inclusive matándolos como sucedió en San Felipe, Guanajuato. Además, fundó el Instituto Politécnico Nacional, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Escuela Nacional de Educación Física, el Consejo Técnico de Educación Agrícola, el Departamento de Asuntos Indígenas, y celebró el Primer Congreso Indigenista Interamericano.

En materia agraria, Cárdenas decretó un Código Agrario que facilitó la expropiación de latifundios y convirtió a los peones acasillados de las haciendas en sujetos de derechos agrarios, lo que restó fuerza a los latifundistas y al clero. Intensificó el reparto de tierras hasta llegar a una cifra de 18 millones de hectáreas entregadas a un millón de campesinos, a los que dotó de apoyos mediante la creación del Banco Nacional de Crédito Ejidal y el Banco Nacional de Crédito Rural. Hizo llegar la reforma agraria hasta zonas de alta productividad como la henequenera en Yucatán o la Laguna en Durango y Coahuila. “Por el hecho de solicitar ejidos, el campesino rompe su liga económica con el patrón, y en estas condiciones, el papel del ejido no es el de producir el complemento económico de un salario (…) sino que el ejido, por su extensión, calidad y sistema de explotación debe bastar para la liberación económica absoluta del trabajador, creando un nuevo sistema económico-agrícola, en un todo diferente al régimen anterior (…) para sustituir al régimen de los asalariados del campo y liquidar el capitalismo agrario de la República”. Así, prácticamente dio fin al latifundismo porfirista e hizo del ejido la principal unidad del desarrollo rural.

En el campo laboral, Cárdenas apoyó las causas de los trabajadores, en junio de 1937 nacionalizó los ferrocarriles y los puso bajo una administración obrera; además, muchas industrias se convirtieron en cooperativas. Luego de un largo conflicto obrero-patronal, ante la negativa de las compañías petroleras de acatar un laudo de la Suprema Corte de Justicia que favorecía a los trabajadores, decretó la expropiación de la industria petrolera –mayoritariamente en manos de empresas norteamericanas e inglesas- el 18 de marzo de 1938, “y para evitar en lo posible que México se pueda ver en el fututo con problemas provocados por intereses particulares extraños a las necesidades interiores del país, se pondrá en la consideración de vuestra soberanía que no vuelvan a darse concesiones del subsuelo en lo que se refiere al petróleo y que sea el Estado el que tenga el control absoluto de la explotación petrolífera”. Se recuperó así para la nación uno de sus recursos naturales más importantes, lo cual contó con un amplio respaldo popular y sustentaría el futuro desarrollo industrial del país.

Dos meses después de la expropiación petrolera el general Saturnino Cedillo se levantó en armas, pero combatido hasta con aviones, fue derrotado y muerto. Este fue el último levantamiento militar del siglo XX.

Por otra parte, Cárdenas promulgó el Estatuto Jurídico de los Trabajadores al Servicio del Estado, para atender la “necesidad de poner a salvo a los servidores del Estado de las contingencias electorales asegurándoles la estabilidad de sus cargos y sus ascensos, a base de eficiencia y honorabilidad”.
 
En materia internacional, su política fue progresista y democrática: en 1936 autorizó la venta de armas al gobierno de la República Española y a su derrota en 1939 por el franquismo apoyado por Hitler y Mussolini, recibió a miles de refugiados republicanos españoles; condenó ante la Liga de las Naciones la agresión fascista italiana a Etiopia; dio asilo a León Trotsky y a otros perseguidos políticos; reanudó relaciones con China y las inició con Rumania; y condenó la agresión soviética a Finlandia. Asimismo, el 2 de julio de 1937 fundó el Banco de Comercio Exterior.

En el campo de la cultura, el gobierno de Cárdenas promovió que el contenido nacionalista e indigenista permeara todas las expresiones artísticas, desde la novela y el muralismo, hasta el cine y la música.

En 1939, cuando el general Manuel Ávila Camacho fue nominado por la CTM (febrero 22) y por la CNC (24 de febrero) como precandidato a la presidencia de la República, comenzaron a surgir voces opuestas al PRM y al gobierno de Cárdenas: el general Francisco Coss convocó a formar un Partido Nacional de Salvación Pública, pues “el PRM surgido de un acuerdo presidencial, hace ineficaz y nula toda campaña electoral independiente”; la Unión Nacional de Ciudadanos Independientes planteó la supresión del PRM por antidemocrático; Joaquín Amaro condenó los rasgos comunistas y fascistas del gobierno, la falsa política obrerista, el despilfarro en las obras públicas, la dependencia del Poder Judicial y los líderes obreros demagogos; y el general Rafael Sánchez Tapia, aspirante independiente a la presidencia, acusó al PRM de resucitar los procedimientos podridos del PNR.

A mediados de ese año, el general Múgica, retiró su candidatura presidencial porque el PRM hacía imposible proseguir en la lucha y únicamente agotaría sus esfuerzos con resultados nulos.

En este contexto, el 1º de septiembre de 1939, Cárdenas señaló: Mi gobierno, al iniciar su administración, se encontró dentro de los términos contradictorios de un dilema ineludible constituyendo uno de sus extremos la subordinación de todo programa de mejoramiento social a la conservación de la riqueza organizada, solución preferida por las clases conservadoras que cerrando los ojos a la miseria y a las necesidades el pueblo han perseguido un interés lucrativo individualista. El otro extremo, exigiendo el cumplimiento del programa impuesto por la Revolución, consiste en dirigir la economía del país en el sentido de los intereses del mayor número de sus habitantes, reconociendo, para lograrlo, que se hacía necesario recurrir al auxilio de la técnica profesional y a a la organización solidaria de los trabajadores a fin de aprovechar debidamente nuestras riquezas intensificándolas en ventaja del país entero”.

Pocos días después, del 14 al 17 de septiembre de ese mismo año, en el Frontón México, se creó el Partido Acción Nacional, PAN, para enfrentar lo que los derechistas consideraron los excesos socializantes y colectivistas del gobierno de Cárdenas.

Pero las fuerzas de la oposición encontraron su mejor candidato en el general Juan Andrew Almazán del Partido Revolucionario de Unificación Nacional Independiente, quien declaró: la decisión es “si el futuro gobernante de México debe ser producto de vicios seculares o el resultado de una verdadera elección”. Además de su doctrina cristiana conservadora, Almazán ofreció protección estatal a los trabajadores, pero sin complicidad o encubrimiento de sus líderes; huelga, pero no como instrumento político; reglamentación de la cláusula de exclusión y desaparición del ejido; asimismo, demandó acceso a la radio para los candidatos de la oposición y alto al acarreo y al derroche en la campaña del PRM.

Las elecciones fueron violentas y muy controvertidas, pero se impuso Ávila Camacho con una mayoría aplastante de votos de más del 93%.

Al término de su periodo, Cárdenas declaró: “Me esforcé por servir a mi país y con mayor empeño al pueblo necesitado. Cancelé muchos privilegios y distribuí una buena parte de la riqueza que estaba en pocas manos”.

A partir de entonces dejó de participar en la política partidista: “Me negué y me he negado a participar en la política, pues en nuestro país debe liquidarse el continuismo; los expresidentes tenemos una responsabilidad simbólica; los expresidentes no tenemos derecho a organizarnos políticamente”.

Tras el ataque japonés a Pearl Harbor, Cárdenas fue nombrado comandante de la zona de defensa especial en el Pacífico mexicano. Al entrar México como contendiente en la Segunda Guerra Mundial, el 22 de mayo de 1942, el presidente Ávila Camacho lo nombró secretario de la Defensa Nacional, cargo que desempeñó hasta el 27 de agosto de 1945, una vez terminada la conflagración.

Después ocupó otros cargos públicos: vocal ejecutivo de la Comisión de la Cuenca del Tepalcatepec entre 1947 y 1960. En la década de los sesenta participó con diversas fuerzas de izquierda en la fundación de la Central Campesina Independiente CCI, y en el Movimiento de Liberación Nacional que defendía la autodeterminación de los pueblos frente al imperialismo norteamericano y apoyaba a la revolución cubana; este apoyó se manifestó por su asistencia a la celebración de uno de sus aniversarios en la Habana y en su intención de viajar a Cuba durante la invasión de Bahía de Cochinos, lo que le impidió un “error” de una compañía de aviación, aunque se rumoreó que fue el gobierno de López Mateos el que lo detuvo. También visitó a los presos políticos en la penitenciaria del Distrito Federal. No obstante apoyó la candidatura a la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz.

Asimismo, formó parte del Tribunal Internacional organizado por Bertrand Russel contra la intervención norteamericana en Vietnam. Al mismo tiempo, fue vocal ejecutivo de la Comisión del Río Balsas entre 1961 y 1970, cuando impulsó la creación de la gigantesca Siderúrgica Las Truchas en Michoacán, que hoy lleva su nombre, y de la cual fue presidente de su consejo de administración.

Su interés en la defensa de los campesinos siempre incomodó al Partido Acción Nacional y en general a la derecha mexicana, los que tildaban de hipócrita y acusaban de agitador al expresidente Cárdenas, quien respondía condenando que los ricos mandaran sus millones al extranjero, pues “con esos millones nuestro país resolvería sus problemas económicos y evitaría los créditos”…También reclamaba a los panistas su carácter de políticos empresarios, porque “no se puede ser dos cosas: servidor público y empresario, porque ello es especular con el pueblo”.

Enfermo de cáncer, murió en la ciudad de México el 19 de octubre de 1970. Poco antes de su muerte escribió un mensaje a los revolucionarios de México, con motivo del aniversario del inicio de la Revolución Mexicana: “Es necesario, a mi juicio, completar la no reelección en los cargos de elección popular con la efectividad del sufragio, pues la ausencia relativa de este postulado mina los saludables efectos del otro; además, debilita en su base el proceso democrático, propicia continuismos de grupo, engendra privilegios, desmoraliza a la ciudadanía y anquilosa la vida de los partidos”.

Sus restos descansan en el Monumento a la Revolución, mismo que mandó construir sobre la vieja estructura erigida durante el porfiriato para edificar el Palacio Legislativo.

Su pensamiento político político-social se sintetizó en diez puntos:

I.- La miseria, la ignorancia, las enfermedades y los vicios esclavizan a los pueblos.

II.- A cada quien en relación a su trabajo; a todos según sus necesidades de pan, casa vestido, salud, cultura y dignidades.

III.- Obtener la máxima eficiencia, con el mínimo de esfuerzo y la más equitativa distribución de la riqueza.

IV.- Sin gran producción no hay amplio consumo, ni gran industria, ni economía poderosa, ni bienestar colectivo, ni nación soberana.

V.- Todo Estado moderno exige una técnica dirigida hacia la abundancia de bienes esenciales y de equipos eficientes de cultivo, de transformación, de comunicaciones, de cambio y de cultura.

VI.- Suprimir lo superfluo para que nadie carezca de lo necesario y se evite que los ricos se hagan más ricos y los pobres más pobres.

VII.- Contra la patria, nadie. Por la patria, todos.

VIII.- Todos somos servidores de las causas de la libertad, la democracia y el progreso.

IX.- Las reformas avanzadas son victorias de las fuerzas del bien sobre el mal en sus luchas por la redención de los oprimidos.

X.- Sólo la justicia social garantiza la paz y la felicidad humana.

Para muchos mexicanos Cárdenas fue el mejor presidente del siglo XX, pero también fue el fundador de una dinastía política que a partir de 1928, ha podido ocupar, entre diversos cargos de elección popular, el gobierno del estado de Michoacán en cuatro ocasiones, mediante sus miembros de tres generaciones.
Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride: Nacimiento 21 de mayo de 1895. Muerte 19 de octubre de 1970.

In AMERICA LATINA, CONFLICTOS ARMADOS, ENLACES DE POLITICA, NORTE AMERICA, PERSONAJES, Politica Internacional, Politica Nacional, UNIÓN HISPANO AMERICANA on Abril 15, 2007 at 4:23 pm
Cárdenas del Río Lázaro (1895-1970) PDF Imprimir E-Mail
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Hijo de don Dámaso Cárdenas Pinedo, de ocupación tendero, y de doña Felícitas del Río Amezcua, nació el 21 de mayo de 1895 en la calle de San Francisco, en el barrio de la Puentecita de Jiquilpan de Juárez, Michoacán. En su tierra natal cursó hasta el cuarto año de educación primaria, únicos estudios formales que realizó hasta los once años. En 1909 ingresó como “meritorio” en la mesa segunda de la Oficina de Rentas de Jiquilpan, donde empezó a desarrollar una caligrafía impecable. En 1911, con la muerte de su padre, asumió la responsabilidad de ser el jefe de su familia. Ese mismo año trabajó en la Secretaría de la Prefactura y después, laboró como tipógrafo en la imprenta “La Económica”, de don Donaciano Carreón, cuyas ideas liberales y revolucionarias influyeron en su formación política. Al estallar la revolución, Don Donaciano vendió a los trabajadores la imprenta, entre ellos al mismo Cárdenas, y se unió a los rebeldes.

En 1913, el joven Lázaro fue delatado a los federales huertistas por haber impreso un manifiesto revolucionario y ante la posibilidad de ser aprehendido, se enlistó en las fuerzas revolucionarias como capitán segundo encargado de la correspondencia (fundamentalmente gracias a su caligrafía) bajo las órdenes del general Guillermo García Aragón, que operaba en Michoacán. A partir de entonces desarrolló una intensa vida militar: con las fuerzas obregonistas presenció en Teoloyucan la rendición del Ejército Federal y combatió al zapatismo en 1914, mismo año en que luchó al lado de Lucio Blanco.

Después, se incorporó a las fuerzas del general José María Maytorena en Sonora, pero al llegar a Cananea y darse cuenta de que Maytorena se había unido a Villa, marchó a Agua Prieta para integrarse a las tropas del general Calles. Ambos iniciaron una entrañable amistad en la que Calles era maestro y líder político del joven Cárdenas. Calles llamaba a Cárdenas con el mote de “Chamaco”. Bajo su mando, Cárdenas actuó contra los indios yaquis sublevados; combatió en Nayarit, Jalisco y Michoacán a los rebeldes villistas de Inés Chávez García. Al triunfo de la revolución constitucionalista regresó a Michoacán, donde persiguió a bandidos que operaban en la región.

Durante el gobierno constitucional de Carranza, Cárdenas fue encargado de pacificar la Huasteca veracruzana, en la que las “guardias blancas”, al servicio de las compañías extranjeras petroleras, asolaban la región. En 1918, alcanzó el grado de coronel.

En 1920, desde la Huasteca, se adhirió al Plan de Agua Prieta, encabezado por los sonorenses Obregón, De la Huerta y Calles, en contra del presidente Carranza, quien pretendía imponer a Bonilla como su sucesor. Tras el asesinato de Carranza en Tlaxcalaltongo, Cárdenas hizo detener y enviar preso a México a Rodolfo Herrero, presunto responsable directo del crimen.

Al triunfo del movimiento de Agua Prieta, el presidente interino, Adolfo de la Huerta, ascendió a Cárdenas al grado de general brigadier. Comisionado en Michoacán, recibió el gobierno interino de su estado natal de manos de Pascual Ortiz Rubio, cargo que desempeñó algunos meses para entregarlo al general Francisco J. Mújica, que había resultado triunfador en las elecciones de septiembre de 1920. Después fue designado jefe militar en el Istmo de Tehuantepec.

En 1923, durante la revolución “de la huertista”, Cárdenas fue herido y hecho prisionero en el combate de Palo Verde. Al ver la gravedad de sus heridas, sus enemigos, los generales sublevados Rafael Buelna y Enrique Estrada (a quien salvaría Cárdenas la vida poco después), generosamente lo enviaron a Guadalajara para que fuera atendido y después liberado. De igual modo, se cuenta que en ese mismo año, Cárdenas dejó escapar al general Francisco J. Múgica, en lugar de asesinarlo como le había ordenado Obregón.

Después fue comandante de la zona militar de las Huastecas. En 1924 fue ascendido a general de brigada y al año siguiente, intervino en el arreglo de diversos problemas surgidos entre los sindicatos y las empresas petroleras extranjeras. Ahí constató los abusos de las compañías extranjeras contra los trabajadores mexicanos y el saqueo irresponsable que realizaban de los recursos petroleros nacionales. Cuando con motivo de la ley petrolera esas empresas acusaron al presidente Calles de “bolchevique” y coludidas con el embajador de Estados Unidos James R.Sheffield, lo amenazaron con una invasión norteamericana a México, Cárdenas recibió órdenes presidenciales de incendiar los pozos petroleros si cumplían sus amenazas.

El 1º de abril de 1928 fue nombrado general de división. Ese mismo año fue postulado como candidato al gobierno del estado de Michoacán y emprendió una intensa campaña pueblo por pueblo y rancho por rancho, a pesar de que era aspirante único al cargo. Ejerció el gobierno entre septiembre de 1928 y septiembre de 1932, con algunos periodos de licencia para desempeñar temporalmente otros cargos políticos.

Como gobernador, a cambio de dejar las armas, ofreció amnistía a los cristeros sublevados por la iglesia católica que pretendía impedir la aplicación de los artículos 3º, 27 y 123 de la Constitución, lo que debilitó la rebelión cristera en Michoacán.

Para obtener apoyo popular activo para las reformas sociales que se proponía realizar, se dedicó a escuchar al pueblo, en especial a los grupos más pobres; estimuló la formación de agrupaciones obreras y campesinas; unificó y reorganizó a las fuerzas políticas, e impulsó la creación de la Confederación Regional Michoacana, que agrupó a la mayoría de campesinos y obreros de la entidad; también promovió la organización de los maestros para que se convirtieran en los agentes de la transformación social.

Así inició el reparto agrario, a pesar de la resistencia del presidente Calles, de los hacendados y aun de los propios peones acasillados que temían romper su dependencia del patrón. Además, agilizó los trámites legales de dotación de tierras y estableció créditos agrarios de refacción; pugnó por la jornada laboral de ocho horas, el salario mínimo y la asistencia médica; estableció la obligación de crear escuelas en las haciendas y combatió el fanatismo religioso y el alcoholismo. Por estas acciones revolucionarias a favor de los de abajo, “su prestigio pasó de boca en boca, como un corrido popular”.

En 1929 estalló la rebelión “escobarista” y Cárdenas pidió permiso al Congreso local para incorporarse al ejército; se le dio el mando de una columna y cooperó en la pronta derrota de los sublevados. Recibió un millón de pesos para los gastos de la campaña y al término de ésta, reintegró setecientos mil pesos no utilizados y regresó a su cargo de gobernador.

El 15 de octubre de 1930, dejó la gubernatura de su estado para asumir la presidencia del Partido Nacional Revolucionario (PNR), y dirigir la campaña presidencial del ingeniero PascuaI Ortiz Rubio, quien al año siguiente, lo nombró secretario de Gobernación por poco más de un mes. En octubre de 1931 reanudó sus labores como gobernador de su estado hasta concluir su mandato.

El 25 de septiembre de 1932 contrajo matrimonio con Amalia Solórzano, pese a la plena desaprobación de los padres de la novia.

En enero del siguiente año, fue nombrado secretario de Guerra y Marina en el gobierno de Abelardo L. Rodríguez.

A finales de 1933, el PNR elaboró “un plan de gobierno que constituya un solemne compromiso ante la nación de desarrollar una política social, económica y administrativa, capaz de traducir en hechos los postulados que se proclamaron en los años de la lucha armada…”. El 6 de diciembre de ese año, el Plan Sexenal fue aprobado por la asamblea del PNR y Cárdenas rindió protesta como candidato presidencial del mismo partido.

El 8 de diciembre de 1933 inició en Querétaro una exhaustiva campaña que llegó a los lugares más apartados, nunca antes visitados por un candidato a la presidencia: “Yo soy quien debe ir a ellos, ya que ellos no pueden venir a mí”. Casi sin dormir recorrió miles de kilómetros escuchando a la gente para entender sus problemas y obtener apoyo para las reformas que se proponía realizar, ahora en el país.

Al celebrarse las elecciones el 4 de julio de 1934, Cárdenas emitió su voto personal a favor de Tomás Garrido Canabal. Los resultados electorales fueron de 2,225,000 votos para Cárdenas del PNR (98.19%); y para Antonio I. Villarreal de la Confederación Revolucionaria de Partidos Independientes, sólo el 1.07% de la votación. Cifras aun menores correspondieron a Adalberto Tejeda del Partido Socialista de las Izquierdas (0.70%) y a Hernán Laborde del Partido Comunista Mexicano (0.03%).

El gobierno de Cárdenas se inició en un ambiente internacional marcado por la depresión económica y la posibilidad de una nueva conflagración mundial. La depresión provocó, a nivel mundial, la intervención económica y social del Estado a favor del bienestar social de las masas empobrecidas por la crisis de 1929, intervención que coincidió con la ideología de la Revolución Mexicana de que el Estado debía ser un instrumento de progreso y de justicia social, con lo cual disminuyó la sospecha de que en México dominaba el “bolcheviquismo”; además, la contracción de los mercados internacionales, obligó a los países exportadores como el nuestro, a basar más su crecimiento económico en la expansión de su mercado interno. En segundo lugar, la inminencia de una nueva guerra mundial permitió mayor libertad de maniobra a los gobiernos nacionalistas que pretendían recuperar sus recursos naturales para sus naciones, pues alejaba la posibilidad de una respuesta armada de parte de las potencias afectadas, las cuales, en ese momento, estaban más ocupadas en prepararse para un esfuerzo bélico de dimensiones mundiales.  .

El 1° de diciembre de 1934, Cárdenas, vestido sencillamente (sin jacquet ni sombrero de copa, como era costumbre), asumió el cargo de presidente de la República, en su mensaje inicial señaló: “La revolución Mexicana ha seguido, desde su origen y a través de su historia, un anhelo de justicia social…Tengo presentes de una manera indeleble las impresiones que durante mi campaña electoral pude recoger: profundas desigualdades e inicuas injusticias a que están sometidas grandes masas de trabajadores y muy particularmente los núcleos indígenas…Nada puede justificar con más elocuencia la larga lucha de la Revolución Mexicana, como la existencia de regiones enteras en las que los hombres de México viven ajenos a toda civilización material y espiritual, hundidos en la ignorancia y la pobreza más absoluta, sometidos a una alimentación, a una indumentaria y a un alojamiento inferiores impropios de un país que, como el nuestro, tiene los recursos materiales suficientes para asegurar una civilización justa..

En lugar de vivir en el castillo de Chapultepec (que convirtió en museo), acondicionó el antiguo rancho de La Hormiga para convertirlo en la residencia presidencial de los “Los Pinos”. Abrió las puertas del Palacio Nacional a campesinos y obreros, e instaló un telégrafo para que cualquier ciudadano pudiera comunicarse con el presidente. Recorrió varias veces el país (más de 80 mil kilómetros): “Las jiras de gobierno tienden a despertar el espíritu cívico de las masas y crear la acción conjunta entre los núcleos sociales, autoridades municipales, locales y la Federación para satisfacer las necesidades seculares”. Usó la radio para informar de sus acciones; fue el primer presidente que leyó de pié y completo su informe de gobierno ante el Congreso de la Unión y el primero también que dio el “Grito” en Dolores, Guanajuato, el 15 de septiembre de 1940.

Al asumir Cárdenas la presidencia, el general Calles se había erigido en el “jefe máximo de la revolución”, tras el asesinato de Obregón y la creación del PNR; Calles contaba, además, con el apoyo del ejército, lo que le permitía ejercer gran influencia en la vida nacional, formar parte de los gabinetes presidenciales y ocupar cargos públicos a su antojo. Por consiguiente, Cárdenas tuvo que incluir en su primer gabinete a muchos personajes por “recomendación” de Calles.

Para poder contrarrestar esta influencia y poner en práctica el Plan Sexenal, se dedicó a fortalecer a las organizaciones de masas que podían respaldar las acciones nacionalistas y revolucionarias gubernamentales, como la Confederación General de Obreros y Campesinos de México, la Federación de Trabajadores del DDF, y los sindicatos de ferrocarrileros, petroleros, tranviarios, taxistas, alijadores, electricistas, mineros, choferes y similares. Su política sindical se dirigió a promover la organización de una central obrera única e impedir la formación de sindicatos blancos, a reafirmar el papel del Estado como árbitro regulador de la economía nacional y protector del proletariado, y a limitar los conflictos obrero-patronales a la capacidad económica de las empresas. “Estoy convencido (…) por mi experiencia como gobernador de Michoacán, que no basta la buena intención del mandatario (…) es indispensable el factor colectivo que representan los trabajadores”.

El apoyo que Cárdenas brindaba a los trabajadores permitió que se efectuaran múltiples paros y estallaran numerosas huelgas, lo cual no fue del agrado de los grupos empresariales que amenazaron con parar sus negocios, a lo que Cárdenas contestó que si estaban “fatigados de la lucha social” entregaran sus empresas al Gobierno o a los trabajadores.

También las huelgas alarmaron a Calles, quien el 11 de junio de 1935 declaró a la prensa: “hace seis meses que la Nación está sacudida por huelgas constantes, muchas de ellas enteramente injustificadas…vamos para atrás, para atrás, retrocediendo siempre…¿Y qué obtienen de estas ominosas agitaciones? Meses de holganza pagados, desaliento del capital, el daño grave de la comunidad”. A lo cual el presidente Cárdenas contestó: “El Ejecutivo Federal está dispuesto a obrar con toda decisión para que se cumpla el programa de la Revolución y las leyes que regulan el equilibrio de la producción, y decidido, asimismo, a llevar adelante el cumplimiento del Plan Sexenal, sin que le importe la alarma de los representantes del sector capitalista”. A continuación, solicitó y obtuvo la renuncia de todos los altos funcionarios de filiación callista. Ya antes, al prohibir los juegos de azar y clausurar las casas de juego existentes, como el Casino de la Selva en Cuernavaca y el Foreign Club en las afueras de la ciudad de México, había afectado los intereses de prominentes políticos callistas, pues esos establecimientos eran negocios de su propiedad.

En reacción a las medidas tomadas, Calles anunció su retiro de la política y viajó a los Estados Unidos, pero regresó inesperadamente al país. El conflicto creció: corrieron rumores de una conspiración callista contra Cárdenas; diputados y senadores callistas fueron desaforados para enfrentar cargos de rebeldía y sedición; gobernadores y jefes militares callistas fueron sustituidos; hubieron en las plazas de las principales ciudades multitudinarias manifestaciones anticallistas; el PNR expulsó de sus filas a Calles y a sus partidarios.

Al siguiente año, en febrero de 1936, se integró la Confederación de Trabajadores de México, CTM, como una central sindical única, “un frente nacional dentro de la lucha de clases, al servicio del proletariado mexicano”. Ante el avance de los sindicatos, en marzo siguiente, las Cámaras de Comercio criticaron que en el gobierno “no existe norma fija, ley en vigor, orientación definida y clara”, se quejaron de que se escuchaba más a los sindicatos que a los empresarios, y pidieron que este “estado de anormalidad y perturbación permanentes” fuera substituido por un “programa y una legislación de netos lineamientos”. El Presidente Cárdenas contestó: El concepto moderno de la función del Estado y la naturaleza misma de la legislación del trabajo, en amplitud universal requieren que los casos de duda sean resueltos en interés de la parte más débil. Otorgar tratamiento igual a dos partes desiguales, no es impartir justicia ni obrar con equidad. La legislación sobre el trabajo, como es sabido, tiene en todos los países un carácter tutelar respecto de los trabajadores, porque tiende a reforzar la debilidad de éstos frente a la fuerza de la clase patronal, para acercarse lo más posible a soluciones de justicia efectiva.

Finalmente, el 10 de abril de 1936, Cárdenas expulsó a Calles del país “por imperativo de salud pública”. Terminó así su maximato.

Para promover la reconciliación nacional, el 5 de febrero de 1937, Cárdenas promulgó una Ley de indulto para todos aquellos que tomaron parte en movimientos de rebelión contra el Gobierno, cancelándose por lo tanto, todos los procesos pendientes, lo que permitió el regreso de importantes militares y políticos exiliados.

Mediante un Manifiesto a la Nación, el 18 de diciembre de 1937, Cárdenas convocó a la formación del Partido Nacional de los Trabajadores y Soldados, que con hegemonía de las agrupaciones sociales, integraría al Ejército en un solo frente, permitiría que los distintos gremios y el sector femenino tuvieran acceso a los cargos de representación popular y de dirigencia del partido, y liberaría a la burocracia de su membresía y de sus cuotas obligatorias. El 30 de marzo de 1938, se creó el Partido de la Revolución Mexicana, PRM, para “llegar por la vía pacífica a la democracia social”, al cual se integraron un amplio espectro de reformistas y progresistas, así como comunistas, socialistas y liberales radicales.

Cárdenas promovió la unificación de todas las organizaciones campesinas: “Necesitamos que haya conciencia de clase en los elementos campesinos y ésta solo podrán demostrarla con su unificación. El gobierno desea facilitar esta organización para que pueda llevarse a cabo el programa que se ha trazado en beneficio de los campesinos del país y de la producción agrícola de la República”. La tarea le fue encomendada al PRM y el 28 de agosto de 1938 quedó constituida la Confederación Nacional Campesina, CNC, que integró ejidatarios, comuneros, solicitantes de tierra, asalariados y productores agrícolas.

Con la CNC y la CTM, el PRM pudo quedar organizado en los sectores campesino, obrero, militar y popular, que le dieron su carácter corporativo. La intención era vincular a las masas de trabajadores con el gobierno para que le sirvieran de respaldo y contrapeso frente a otros grupos nacionales y extranjeros.

La expulsión de Calles, la organización de campesinos y obreros, y la creación del PRM como partido único, permitieron a Cárdenas establecer un régimen político revolucionario caracterizado por un Estado fuerte y activo en todas las esferas políticas, económicas, sociales y culturales; una presidencia de la República como la institución predominante sobre grupos, caudillos y caciques, y que como “fiel de la balanza” decidía su sucesor; y un partido capaz de regular interna y pacíficamente la lucha por los puestos de elección y de movilizar pasivamente el apoyo popular a las medidas gubernamentales. Este régimen sustentaria la estabilidad política de México hasta el fin del siglo XX.

Así, Cárdenas pudo promulgar nuevas leyes y acciones para llevar a la práctica el contenido nacionalista y popular de la Constitución de 1917, representado en los artículos 3ª, 27 y 123.

Respecto a la educación, los diputados y senadores del PNR, en cumplimiento de los acuerdos de su convención, iniciaron la reforma al Artículo 3º Constitucional para implantar la educación socialista cuando ocupaba la presidencia de la República Abelardo L. Rodríguez. Cárdenas como presidente electo manifestó: “El mismo hecho de que el clero y sus aliados muestren inquietud y hagan oposición a la idea de la escuela socialista, es la mejor prueba de que satisface un ideal de la Revolución y de que debemos apoyarla vigorosamente”. Y así lo hizo para combatir el fanatismo, ya como presidente en funciones, a pesar de la oposición del clero que estimuló a los campesinos a agredir a los maestros, desorejándolos e inclusive matándolos como sucedió en San Felipe, Guanajuato. Además, fundó el Instituto Politécnico Nacional, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Escuela Nacional de Educación Física, el Consejo Técnico de Educación Agrícola, el Departamento de Asuntos Indígenas, y celebró el Primer Congreso Indigenista Interamericano.

En materia agraria, Cárdenas decretó un Código Agrario que facilitó la expropiación de latifundios y convirtió a los peones acasillados de las haciendas en sujetos de derechos agrarios, lo que restó fuerza a los latifundistas y al clero. Intensificó el reparto de tierras hasta llegar a una cifra de 18 millones de hectáreas entregadas a un millón de campesinos, a los que dotó de apoyos mediante la creación del Banco Nacional de Crédito Ejidal y el Banco Nacional de Crédito Rural. Hizo llegar la reforma agraria hasta zonas de alta productividad como la henequenera en Yucatán o la Laguna en Durango y Coahuila. “Por el hecho de solicitar ejidos, el campesino rompe su liga económica con el patrón, y en estas condiciones, el papel del ejido no es el de producir el complemento económico de un salario (…) sino que el ejido, por su extensión, calidad y sistema de explotación debe bastar para la liberación económica absoluta del trabajador, creando un nuevo sistema económico-agrícola, en un todo diferente al régimen anterior (…) para sustituir al régimen de los asalariados del campo y liquidar el capitalismo agrario de la República”. Así, prácticamente dio fin al latifundismo porfirista e hizo del ejido la principal unidad del desarrollo rural.

En el campo laboral, Cárdenas apoyó las causas de los trabajadores, en junio de 1937 nacionalizó los ferrocarriles y los puso bajo una administración obrera; además, muchas industrias se convirtieron en cooperativas. Luego de un largo conflicto obrero-patronal, ante la negativa de las compañías petroleras de acatar un laudo de la Suprema Corte de Justicia que favorecía a los trabajadores, decretó la expropiación de la industria petrolera –mayoritariamente en manos de empresas norteamericanas e inglesas- el 18 de marzo de 1938, “y para evitar en lo posible que México se pueda ver en el fututo con problemas provocados por intereses particulares extraños a las necesidades interiores del país, se pondrá en la consideración de vuestra soberanía que no vuelvan a darse concesiones del subsuelo en lo que se refiere al petróleo y que sea el Estado el que tenga el control absoluto de la explotación petrolífera”. Se recuperó así para la nación uno de sus recursos naturales más importantes, lo cual contó con un amplio respaldo popular y sustentaría el futuro desarrollo industrial del país.

Dos meses después de la expropiación petrolera el general Saturnino Cedillo se levantó en armas, pero combatido hasta con aviones, fue derrotado y muerto. Este fue el último levantamiento militar del siglo XX.

Por otra parte, Cárdenas promulgó el Estatuto Jurídico de los Trabajadores al Servicio del Estado, para atender la “necesidad de poner a salvo a los servidores del Estado de las contingencias electorales asegurándoles la estabilidad de sus cargos y sus ascensos, a base de eficiencia y honorabilidad”.
 
En materia internacional, su política fue progresista y democrática: en 1936 autorizó la venta de armas al gobierno de la República Española y a su derrota en 1939 por el franquismo apoyado por Hitler y Mussolini, recibió a miles de refugiados republicanos españoles; condenó ante la Liga de las Naciones la agresión fascista italiana a Etiopia; dio asilo a León Trotsky y a otros perseguidos políticos; reanudó relaciones con China y las inició con Rumania; y condenó la agresión soviética a Finlandia. Asimismo, el 2 de julio de 1937 fundó el Banco de Comercio Exterior.

En el campo de la cultura, el gobierno de Cárdenas promovió que el contenido nacionalista e indigenista permeara todas las expresiones artísticas, desde la novela y el muralismo, hasta el cine y la música.

En 1939, cuando el general Manuel Ávila Camacho fue nominado por la CTM (febrero 22) y por la CNC (24 de febrero) como precandidato a la presidencia de la República, comenzaron a surgir voces opuestas al PRM y al gobierno de Cárdenas: el general Francisco Coss convocó a formar un Partido Nacional de Salvación Pública, pues “el PRM surgido de un acuerdo presidencial, hace ineficaz y nula toda campaña electoral independiente”; la Unión Nacional de Ciudadanos Independientes planteó la supresión del PRM por antidemocrático; Joaquín Amaro condenó los rasgos comunistas y fascistas del gobierno, la falsa política obrerista, el despilfarro en las obras públicas, la dependencia del Poder Judicial y los líderes obreros demagogos; y el general Rafael Sánchez Tapia, aspirante independiente a la presidencia, acusó al PRM de resucitar los procedimientos podridos del PNR.

A mediados de ese año, el general Múgica, retiró su candidatura presidencial porque el PRM hacía imposible proseguir en la lucha y únicamente agotaría sus esfuerzos con resultados nulos.

En este contexto, el 1º de septiembre de 1939, Cárdenas señaló: Mi gobierno, al iniciar su administración, se encontró dentro de los términos contradictorios de un dilema ineludible constituyendo uno de sus extremos la subordinación de todo programa de mejoramiento social a la conservación de la riqueza organizada, solución preferida por las clases conservadoras que cerrando los ojos a la miseria y a las necesidades el pueblo han perseguido un interés lucrativo individualista. El otro extremo, exigiendo el cumplimiento del programa impuesto por la Revolución, consiste en dirigir la economía del país en el sentido de los intereses del mayor número de sus habitantes, reconociendo, para lograrlo, que se hacía necesario recurrir al auxilio de la técnica profesional y a a la organización solidaria de los trabajadores a fin de aprovechar debidamente nuestras riquezas intensificándolas en ventaja del país entero”.

Pocos días después, del 14 al 17 de septiembre de ese mismo año, en el Frontón México, se creó el Partido Acción Nacional, PAN, para enfrentar lo que los derechistas consideraron los excesos socializantes y colectivistas del gobierno de Cárdenas.

Pero las fuerzas de la oposición encontraron su mejor candidato en el general Juan Andrew Almazán del Partido Revolucionario de Unificación Nacional Independiente, quien declaró: la decisión es “si el futuro gobernante de México debe ser producto de vicios seculares o el resultado de una verdadera elección”. Además de su doctrina cristiana conservadora, Almazán ofreció protección estatal a los trabajadores, pero sin complicidad o encubrimiento de sus líderes; huelga, pero no como instrumento político; reglamentación de la cláusula de exclusión y desaparición del ejido; asimismo, demandó acceso a la radio para los candidatos de la oposición y alto al acarreo y al derroche en la campaña del PRM.

Las elecciones fueron violentas y muy controvertidas, pero se impuso Ávila Camacho con una mayoría aplastante de votos de más del 93%.

Al término de su periodo, Cárdenas declaró: “Me esforcé por servir a mi país y con mayor empeño al pueblo necesitado. Cancelé muchos privilegios y distribuí una buena parte de la riqueza que estaba en pocas manos”.

A partir de entonces dejó de participar en la política partidista: “Me negué y me he negado a participar en la política, pues en nuestro país debe liquidarse el continuismo; los expresidentes tenemos una responsabilidad simbólica; los expresidentes no tenemos derecho a organizarnos políticamente”.

Tras el ataque japonés a Pearl Harbor, Cárdenas fue nombrado comandante de la zona de defensa especial en el Pacífico mexicano. Al entrar México como contendiente en la Segunda Guerra Mundial, el 22 de mayo de 1942, el presidente Ávila Camacho lo nombró secretario de la Defensa Nacional, cargo que desempeñó hasta el 27 de agosto de 1945, una vez terminada la conflagración.

Después ocupó otros cargos públicos: vocal ejecutivo de la Comisión de la Cuenca del Tepalcatepec entre 1947 y 1960. En la década de los sesenta participó con diversas fuerzas de izquierda en la fundación de la Central Campesina Independiente CCI, y en el Movimiento de Liberación Nacional que defendía la autodeterminación de los pueblos frente al imperialismo norteamericano y apoyaba a la revolución cubana; este apoyó se manifestó por su asistencia a la celebración de uno de sus aniversarios en la Habana y en su intención de viajar a Cuba durante la invasión de Bahía de Cochinos, lo que le impidió un “error” de una compañía de aviación, aunque se rumoreó que fue el gobierno de López Mateos el que lo detuvo. También visitó a los presos políticos en la penitenciaria del Distrito Federal. No obstante apoyó la candidatura a la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz.

Asimismo, formó parte del Tribunal Internacional organizado por Bertrand Russel contra la intervención norteamericana en Vietnam. Al mismo tiempo, fue vocal ejecutivo de la Comisión del Río Balsas entre 1961 y 1970, cuando impulsó la creación de la gigantesca Siderúrgica Las Truchas en Michoacán, que hoy lleva su nombre, y de la cual fue presidente de su consejo de administración.

Su interés en la defensa de los campesinos siempre incomodó al Partido Acción Nacional y en general a la derecha mexicana, los que tildaban de hipócrita y acusaban de agitador al expresidente Cárdenas, quien respondía condenando que los ricos mandaran sus millones al extranjero, pues “con esos millones nuestro país resolvería sus problemas económicos y evitaría los créditos”…También reclamaba a los panistas su carácter de políticos empresarios, porque “no se puede ser dos cosas: servidor público y empresario, porque ello es especular con el pueblo”.

Enfermo de cáncer, murió en la ciudad de México el 19 de octubre de 1970. Poco antes de su muerte escribió un mensaje a los revolucionarios de México, con motivo del aniversario del inicio de la Revolución Mexicana: “Es necesario, a mi juicio, completar la no reelección en los cargos de elección popular con la efectividad del sufragio, pues la ausencia relativa de este postulado mina los saludables efectos del otro; además, debilita en su base el proceso democrático, propicia continuismos de grupo, engendra privilegios, desmoraliza a la ciudadanía y anquilosa la vida de los partidos”.

Sus restos descansan en el Monumento a la Revolución, mismo que mandó construir sobre la vieja estructura erigida durante el porfiriato para edificar el Palacio Legislativo.

Su pensamiento político político-social se sintetizó en diez puntos:

I.- La miseria, la ignorancia, las enfermedades y los vicios esclavizan a los pueblos.

II.- A cada quien en relación a su trabajo; a todos según sus necesidades de pan, casa vestido, salud, cultura y dignidades.

III.- Obtener la máxima eficiencia, con el mínimo de esfuerzo y la más equitativa distribución de la riqueza.

IV.- Sin gran producción no hay amplio consumo, ni gran industria, ni economía poderosa, ni bienestar colectivo, ni nación soberana.

V.- Todo Estado moderno exige una técnica dirigida hacia la abundancia de bienes esenciales y de equipos eficientes de cultivo, de transformación, de comunicaciones, de cambio y de cultura.

VI.- Suprimir lo superfluo para que nadie carezca de lo necesario y se evite que los ricos se hagan más ricos y los pobres más pobres.

VII.- Contra la patria, nadie. Por la patria, todos.

VIII.- Todos somos servidores de las causas de la libertad, la democracia y el progreso.

IX.- Las reformas avanzadas son victorias de las fuerzas del bien sobre el mal en sus luchas por la redención de los oprimidos.

X.- Sólo la justicia social garantiza la paz y la felicidad humana.

Para muchos mexicanos Cárdenas fue el mejor presidente del siglo XX, pero también fue el fundador de una dinastía política que a partir de 1928, ha podido ocupar, entre diversos cargos de elección popular, el gobierno del estado de Michoacán en cuatro ocasiones, mediante sus miembros de tres generaciones.
Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride: Nacimiento 21 de mayo de 1895. Muerte 19 de octubre de 1970.

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Cárdenas del Río Lázaro (1895-1970) PDF Imprimir E-Mail
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Hijo de don Dámaso Cárdenas Pinedo, de ocupación tendero, y de doña Felícitas del Río Amezcua, nació el 21 de mayo de 1895 en la calle de San Francisco, en el barrio de la Puentecita de Jiquilpan de Juárez, Michoacán. En su tierra natal cursó hasta el cuarto año de educación primaria, únicos estudios formales que realizó hasta los once años. En 1909 ingresó como “meritorio” en la mesa segunda de la Oficina de Rentas de Jiquilpan, donde empezó a desarrollar una caligrafía impecable. En 1911, con la muerte de su padre, asumió la responsabilidad de ser el jefe de su familia. Ese mismo año trabajó en la Secretaría de la Prefactura y después, laboró como tipógrafo en la imprenta “La Económica”, de don Donaciano Carreón, cuyas ideas liberales y revolucionarias influyeron en su formación política. Al estallar la revolución, Don Donaciano vendió a los trabajadores la imprenta, entre ellos al mismo Cárdenas, y se unió a los rebeldes.

En 1913, el joven Lázaro fue delatado a los federales huertistas por haber impreso un manifiesto revolucionario y ante la posibilidad de ser aprehendido, se enlistó en las fuerzas revolucionarias como capitán segundo encargado de la correspondencia (fundamentalmente gracias a su caligrafía) bajo las órdenes del general Guillermo García Aragón, que operaba en Michoacán. A partir de entonces desarrolló una intensa vida militar: con las fuerzas obregonistas presenció en Teoloyucan la rendición del Ejército Federal y combatió al zapatismo en 1914, mismo año en que luchó al lado de Lucio Blanco.

Después, se incorporó a las fuerzas del general José María Maytorena en Sonora, pero al llegar a Cananea y darse cuenta de que Maytorena se había unido a Villa, marchó a Agua Prieta para integrarse a las tropas del general Calles. Ambos iniciaron una entrañable amistad en la que Calles era maestro y líder político del joven Cárdenas. Calles llamaba a Cárdenas con el mote de “Chamaco”. Bajo su mando, Cárdenas actuó contra los indios yaquis sublevados; combatió en Nayarit, Jalisco y Michoacán a los rebeldes villistas de Inés Chávez García. Al triunfo de la revolución constitucionalista regresó a Michoacán, donde persiguió a bandidos que operaban en la región.

Durante el gobierno constitucional de Carranza, Cárdenas fue encargado de pacificar la Huasteca veracruzana, en la que las “guardias blancas”, al servicio de las compañías extranjeras petroleras, asolaban la región. En 1918, alcanzó el grado de coronel.

En 1920, desde la Huasteca, se adhirió al Plan de Agua Prieta, encabezado por los sonorenses Obregón, De la Huerta y Calles, en contra del presidente Carranza, quien pretendía imponer a Bonilla como su sucesor. Tras el asesinato de Carranza en Tlaxcalaltongo, Cárdenas hizo detener y enviar preso a México a Rodolfo Herrero, presunto responsable directo del crimen.

Al triunfo del movimiento de Agua Prieta, el presidente interino, Adolfo de la Huerta, ascendió a Cárdenas al grado de general brigadier. Comisionado en Michoacán, recibió el gobierno interino de su estado natal de manos de Pascual Ortiz Rubio, cargo que desempeñó algunos meses para entregarlo al general Francisco J. Mújica, que había resultado triunfador en las elecciones de septiembre de 1920. Después fue designado jefe militar en el Istmo de Tehuantepec.

En 1923, durante la revolución “de la huertista”, Cárdenas fue herido y hecho prisionero en el combate de Palo Verde. Al ver la gravedad de sus heridas, sus enemigos, los generales sublevados Rafael Buelna y Enrique Estrada (a quien salvaría Cárdenas la vida poco después), generosamente lo enviaron a Guadalajara para que fuera atendido y después liberado. De igual modo, se cuenta que en ese mismo año, Cárdenas dejó escapar al general Francisco J. Múgica, en lugar de asesinarlo como le había ordenado Obregón.

Después fue comandante de la zona militar de las Huastecas. En 1924 fue ascendido a general de brigada y al año siguiente, intervino en el arreglo de diversos problemas surgidos entre los sindicatos y las empresas petroleras extranjeras. Ahí constató los abusos de las compañías extranjeras contra los trabajadores mexicanos y el saqueo irresponsable que realizaban de los recursos petroleros nacionales. Cuando con motivo de la ley petrolera esas empresas acusaron al presidente Calles de “bolchevique” y coludidas con el embajador de Estados Unidos James R.Sheffield, lo amenazaron con una invasión norteamericana a México, Cárdenas recibió órdenes presidenciales de incendiar los pozos petroleros si cumplían sus amenazas.

El 1º de abril de 1928 fue nombrado general de división. Ese mismo año fue postulado como candidato al gobierno del estado de Michoacán y emprendió una intensa campaña pueblo por pueblo y rancho por rancho, a pesar de que era aspirante único al cargo. Ejerció el gobierno entre septiembre de 1928 y septiembre de 1932, con algunos periodos de licencia para desempeñar temporalmente otros cargos políticos.

Como gobernador, a cambio de dejar las armas, ofreció amnistía a los cristeros sublevados por la iglesia católica que pretendía impedir la aplicación de los artículos 3º, 27 y 123 de la Constitución, lo que debilitó la rebelión cristera en Michoacán.

Para obtener apoyo popular activo para las reformas sociales que se proponía realizar, se dedicó a escuchar al pueblo, en especial a los grupos más pobres; estimuló la formación de agrupaciones obreras y campesinas; unificó y reorganizó a las fuerzas políticas, e impulsó la creación de la Confederación Regional Michoacana, que agrupó a la mayoría de campesinos y obreros de la entidad; también promovió la organización de los maestros para que se convirtieran en los agentes de la transformación social.

Así inició el reparto agrario, a pesar de la resistencia del presidente Calles, de los hacendados y aun de los propios peones acasillados que temían romper su dependencia del patrón. Además, agilizó los trámites legales de dotación de tierras y estableció créditos agrarios de refacción; pugnó por la jornada laboral de ocho horas, el salario mínimo y la asistencia médica; estableció la obligación de crear escuelas en las haciendas y combatió el fanatismo religioso y el alcoholismo. Por estas acciones revolucionarias a favor de los de abajo, “su prestigio pasó de boca en boca, como un corrido popular”.

En 1929 estalló la rebelión “escobarista” y Cárdenas pidió permiso al Congreso local para incorporarse al ejército; se le dio el mando de una columna y cooperó en la pronta derrota de los sublevados. Recibió un millón de pesos para los gastos de la campaña y al término de ésta, reintegró setecientos mil pesos no utilizados y regresó a su cargo de gobernador.

El 15 de octubre de 1930, dejó la gubernatura de su estado para asumir la presidencia del Partido Nacional Revolucionario (PNR), y dirigir la campaña presidencial del ingeniero PascuaI Ortiz Rubio, quien al año siguiente, lo nombró secretario de Gobernación por poco más de un mes. En octubre de 1931 reanudó sus labores como gobernador de su estado hasta concluir su mandato.

El 25 de septiembre de 1932 contrajo matrimonio con Amalia Solórzano, pese a la plena desaprobación de los padres de la novia.

En enero del siguiente año, fue nombrado secretario de Guerra y Marina en el gobierno de Abelardo L. Rodríguez.

A finales de 1933, el PNR elaboró “un plan de gobierno que constituya un solemne compromiso ante la nación de desarrollar una política social, económica y administrativa, capaz de traducir en hechos los postulados que se proclamaron en los años de la lucha armada…”. El 6 de diciembre de ese año, el Plan Sexenal fue aprobado por la asamblea del PNR y Cárdenas rindió protesta como candidato presidencial del mismo partido.

El 8 de diciembre de 1933 inició en Querétaro una exhaustiva campaña que llegó a los lugares más apartados, nunca antes visitados por un candidato a la presidencia: “Yo soy quien debe ir a ellos, ya que ellos no pueden venir a mí”. Casi sin dormir recorrió miles de kilómetros escuchando a la gente para entender sus problemas y obtener apoyo para las reformas que se proponía realizar, ahora en el país.

Al celebrarse las elecciones el 4 de julio de 1934, Cárdenas emitió su voto personal a favor de Tomás Garrido Canabal. Los resultados electorales fueron de 2,225,000 votos para Cárdenas del PNR (98.19%); y para Antonio I. Villarreal de la Confederación Revolucionaria de Partidos Independientes, sólo el 1.07% de la votación. Cifras aun menores correspondieron a Adalberto Tejeda del Partido Socialista de las Izquierdas (0.70%) y a Hernán Laborde del Partido Comunista Mexicano (0.03%).

El gobierno de Cárdenas se inició en un ambiente internacional marcado por la depresión económica y la posibilidad de una nueva conflagración mundial. La depresión provocó, a nivel mundial, la intervención económica y social del Estado a favor del bienestar social de las masas empobrecidas por la crisis de 1929, intervención que coincidió con la ideología de la Revolución Mexicana de que el Estado debía ser un instrumento de progreso y de justicia social, con lo cual disminuyó la sospecha de que en México dominaba el “bolcheviquismo”; además, la contracción de los mercados internacionales, obligó a los países exportadores como el nuestro, a basar más su crecimiento económico en la expansión de su mercado interno. En segundo lugar, la inminencia de una nueva guerra mundial permitió mayor libertad de maniobra a los gobiernos nacionalistas que pretendían recuperar sus recursos naturales para sus naciones, pues alejaba la posibilidad de una respuesta armada de parte de las potencias afectadas, las cuales, en ese momento, estaban más ocupadas en prepararse para un esfuerzo bélico de dimensiones mundiales.  .

El 1° de diciembre de 1934, Cárdenas, vestido sencillamente (sin jacquet ni sombrero de copa, como era costumbre), asumió el cargo de presidente de la República, en su mensaje inicial señaló: “La revolución Mexicana ha seguido, desde su origen y a través de su historia, un anhelo de justicia social…Tengo presentes de una manera indeleble las impresiones que durante mi campaña electoral pude recoger: profundas desigualdades e inicuas injusticias a que están sometidas grandes masas de trabajadores y muy particularmente los núcleos indígenas…Nada puede justificar con más elocuencia la larga lucha de la Revolución Mexicana, como la existencia de regiones enteras en las que los hombres de México viven ajenos a toda civilización material y espiritual, hundidos en la ignorancia y la pobreza más absoluta, sometidos a una alimentación, a una indumentaria y a un alojamiento inferiores impropios de un país que, como el nuestro, tiene los recursos materiales suficientes para asegurar una civilización justa..

En lugar de vivir en el castillo de Chapultepec (que convirtió en museo), acondicionó el antiguo rancho de La Hormiga para convertirlo en la residencia presidencial de los “Los Pinos”. Abrió las puertas del Palacio Nacional a campesinos y obreros, e instaló un telégrafo para que cualquier ciudadano pudiera comunicarse con el presidente. Recorrió varias veces el país (más de 80 mil kilómetros): “Las jiras de gobierno tienden a despertar el espíritu cívico de las masas y crear la acción conjunta entre los núcleos sociales, autoridades municipales, locales y la Federación para satisfacer las necesidades seculares”. Usó la radio para informar de sus acciones; fue el primer presidente que leyó de pié y completo su informe de gobierno ante el Congreso de la Unión y el primero también que dio el “Grito” en Dolores, Guanajuato, el 15 de septiembre de 1940.

Al asumir Cárdenas la presidencia, el general Calles se había erigido en el “jefe máximo de la revolución”, tras el asesinato de Obregón y la creación del PNR; Calles contaba, además, con el apoyo del ejército, lo que le permitía ejercer gran influencia en la vida nacional, formar parte de los gabinetes presidenciales y ocupar cargos públicos a su antojo. Por consiguiente, Cárdenas tuvo que incluir en su primer gabinete a muchos personajes por “recomendación” de Calles.

Para poder contrarrestar esta influencia y poner en práctica el Plan Sexenal, se dedicó a fortalecer a las organizaciones de masas que podían respaldar las acciones nacionalistas y revolucionarias gubernamentales, como la Confederación General de Obreros y Campesinos de México, la Federación de Trabajadores del DDF, y los sindicatos de ferrocarrileros, petroleros, tranviarios, taxistas, alijadores, electricistas, mineros, choferes y similares. Su política sindical se dirigió a promover la organización de una central obrera única e impedir la formación de sindicatos blancos, a reafirmar el papel del Estado como árbitro regulador de la economía nacional y protector del proletariado, y a limitar los conflictos obrero-patronales a la capacidad económica de las empresas. “Estoy convencido (…) por mi experiencia como gobernador de Michoacán, que no basta la buena intención del mandatario (…) es indispensable el factor colectivo que representan los trabajadores”.

El apoyo que Cárdenas brindaba a los trabajadores permitió que se efectuaran múltiples paros y estallaran numerosas huelgas, lo cual no fue del agrado de los grupos empresariales que amenazaron con parar sus negocios, a lo que Cárdenas contestó que si estaban “fatigados de la lucha social” entregaran sus empresas al Gobierno o a los trabajadores.

También las huelgas alarmaron a Calles, quien el 11 de junio de 1935 declaró a la prensa: “hace seis meses que la Nación está sacudida por huelgas constantes, muchas de ellas enteramente injustificadas…vamos para atrás, para atrás, retrocediendo siempre…¿Y qué obtienen de estas ominosas agitaciones? Meses de holganza pagados, desaliento del capital, el daño grave de la comunidad”. A lo cual el presidente Cárdenas contestó: “El Ejecutivo Federal está dispuesto a obrar con toda decisión para que se cumpla el programa de la Revolución y las leyes que regulan el equilibrio de la producción, y decidido, asimismo, a llevar adelante el cumplimiento del Plan Sexenal, sin que le importe la alarma de los representantes del sector capitalista”. A continuación, solicitó y obtuvo la renuncia de todos los altos funcionarios de filiación callista. Ya antes, al prohibir los juegos de azar y clausurar las casas de juego existentes, como el Casino de la Selva en Cuernavaca y el Foreign Club en las afueras de la ciudad de México, había afectado los intereses de prominentes políticos callistas, pues esos establecimientos eran negocios de su propiedad.

En reacción a las medidas tomadas, Calles anunció su retiro de la política y viajó a los Estados Unidos, pero regresó inesperadamente al país. El conflicto creció: corrieron rumores de una conspiración callista contra Cárdenas; diputados y senadores callistas fueron desaforados para enfrentar cargos de rebeldía y sedición; gobernadores y jefes militares callistas fueron sustituidos; hubieron en las plazas de las principales ciudades multitudinarias manifestaciones anticallistas; el PNR expulsó de sus filas a Calles y a sus partidarios.

Al siguiente año, en febrero de 1936, se integró la Confederación de Trabajadores de México, CTM, como una central sindical única, “un frente nacional dentro de la lucha de clases, al servicio del proletariado mexicano”. Ante el avance de los sindicatos, en marzo siguiente, las Cámaras de Comercio criticaron que en el gobierno “no existe norma fija, ley en vigor, orientación definida y clara”, se quejaron de que se escuchaba más a los sindicatos que a los empresarios, y pidieron que este “estado de anormalidad y perturbación permanentes” fuera substituido por un “programa y una legislación de netos lineamientos”. El Presidente Cárdenas contestó: El concepto moderno de la función del Estado y la naturaleza misma de la legislación del trabajo, en amplitud universal requieren que los casos de duda sean resueltos en interés de la parte más débil. Otorgar tratamiento igual a dos partes desiguales, no es impartir justicia ni obrar con equidad. La legislación sobre el trabajo, como es sabido, tiene en todos los países un carácter tutelar respecto de los trabajadores, porque tiende a reforzar la debilidad de éstos frente a la fuerza de la clase patronal, para acercarse lo más posible a soluciones de justicia efectiva.

Finalmente, el 10 de abril de 1936, Cárdenas expulsó a Calles del país “por imperativo de salud pública”. Terminó así su maximato.

Para promover la reconciliación nacional, el 5 de febrero de 1937, Cárdenas promulgó una Ley de indulto para todos aquellos que tomaron parte en movimientos de rebelión contra el Gobierno, cancelándose por lo tanto, todos los procesos pendientes, lo que permitió el regreso de importantes militares y políticos exiliados.

Mediante un Manifiesto a la Nación, el 18 de diciembre de 1937, Cárdenas convocó a la formación del Partido Nacional de los Trabajadores y Soldados, que con hegemonía de las agrupaciones sociales, integraría al Ejército en un solo frente, permitiría que los distintos gremios y el sector femenino tuvieran acceso a los cargos de representación popular y de dirigencia del partido, y liberaría a la burocracia de su membresía y de sus cuotas obligatorias. El 30 de marzo de 1938, se creó el Partido de la Revolución Mexicana, PRM, para “llegar por la vía pacífica a la democracia social”, al cual se integraron un amplio espectro de reformistas y progresistas, así como comunistas, socialistas y liberales radicales.

Cárdenas promovió la unificación de todas las organizaciones campesinas: “Necesitamos que haya conciencia de clase en los elementos campesinos y ésta solo podrán demostrarla con su unificación. El gobierno desea facilitar esta organización para que pueda llevarse a cabo el programa que se ha trazado en beneficio de los campesinos del país y de la producción agrícola de la República”. La tarea le fue encomendada al PRM y el 28 de agosto de 1938 quedó constituida la Confederación Nacional Campesina, CNC, que integró ejidatarios, comuneros, solicitantes de tierra, asalariados y productores agrícolas.

Con la CNC y la CTM, el PRM pudo quedar organizado en los sectores campesino, obrero, militar y popular, que le dieron su carácter corporativo. La intención era vincular a las masas de trabajadores con el gobierno para que le sirvieran de respaldo y contrapeso frente a otros grupos nacionales y extranjeros.

La expulsión de Calles, la organización de campesinos y obreros, y la creación del PRM como partido único, permitieron a Cárdenas establecer un régimen político revolucionario caracterizado por un Estado fuerte y activo en todas las esferas políticas, económicas, sociales y culturales; una presidencia de la República como la institución predominante sobre grupos, caudillos y caciques, y que como “fiel de la balanza” decidía su sucesor; y un partido capaz de regular interna y pacíficamente la lucha por los puestos de elección y de movilizar pasivamente el apoyo popular a las medidas gubernamentales. Este régimen sustentaria la estabilidad política de México hasta el fin del siglo XX.

Así, Cárdenas pudo promulgar nuevas leyes y acciones para llevar a la práctica el contenido nacionalista y popular de la Constitución de 1917, representado en los artículos 3ª, 27 y 123.

Respecto a la educación, los diputados y senadores del PNR, en cumplimiento de los acuerdos de su convención, iniciaron la reforma al Artículo 3º Constitucional para implantar la educación socialista cuando ocupaba la presidencia de la República Abelardo L. Rodríguez. Cárdenas como presidente electo manifestó: “El mismo hecho de que el clero y sus aliados muestren inquietud y hagan oposición a la idea de la escuela socialista, es la mejor prueba de que satisface un ideal de la Revolución y de que debemos apoyarla vigorosamente”. Y así lo hizo para combatir el fanatismo, ya como presidente en funciones, a pesar de la oposición del clero que estimuló a los campesinos a agredir a los maestros, desorejándolos e inclusive matándolos como sucedió en San Felipe, Guanajuato. Además, fundó el Instituto Politécnico Nacional, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Escuela Nacional de Educación Física, el Consejo Técnico de Educación Agrícola, el Departamento de Asuntos Indígenas, y celebró el Primer Congreso Indigenista Interamericano.

En materia agraria, Cárdenas decretó un Código Agrario que facilitó la expropiación de latifundios y convirtió a los peones acasillados de las haciendas en sujetos de derechos agrarios, lo que restó fuerza a los latifundistas y al clero. Intensificó el reparto de tierras hasta llegar a una cifra de 18 millones de hectáreas entregadas a un millón de campesinos, a los que dotó de apoyos mediante la creación del Banco Nacional de Crédito Ejidal y el Banco Nacional de Crédito Rural. Hizo llegar la reforma agraria hasta zonas de alta productividad como la henequenera en Yucatán o la Laguna en Durango y Coahuila. “Por el hecho de solicitar ejidos, el campesino rompe su liga económica con el patrón, y en estas condiciones, el papel del ejido no es el de producir el complemento económico de un salario (…) sino que el ejido, por su extensión, calidad y sistema de explotación debe bastar para la liberación económica absoluta del trabajador, creando un nuevo sistema económico-agrícola, en un todo diferente al régimen anterior (…) para sustituir al régimen de los asalariados del campo y liquidar el capitalismo agrario de la República”. Así, prácticamente dio fin al latifundismo porfirista e hizo del ejido la principal unidad del desarrollo rural.

En el campo laboral, Cárdenas apoyó las causas de los trabajadores, en junio de 1937 nacionalizó los ferrocarriles y los puso bajo una administración obrera; además, muchas industrias se convirtieron en cooperativas. Luego de un largo conflicto obrero-patronal, ante la negativa de las compañías petroleras de acatar un laudo de la Suprema Corte de Justicia que favorecía a los trabajadores, decretó la expropiación de la industria petrolera –mayoritariamente en manos de empresas norteamericanas e inglesas- el 18 de marzo de 1938, “y para evitar en lo posible que México se pueda ver en el fututo con problemas provocados por intereses particulares extraños a las necesidades interiores del país, se pondrá en la consideración de vuestra soberanía que no vuelvan a darse concesiones del subsuelo en lo que se refiere al petróleo y que sea el Estado el que tenga el control absoluto de la explotación petrolífera”. Se recuperó así para la nación uno de sus recursos naturales más importantes, lo cual contó con un amplio respaldo popular y sustentaría el futuro desarrollo industrial del país.

Dos meses después de la expropiación petrolera el general Saturnino Cedillo se levantó en armas, pero combatido hasta con aviones, fue derrotado y muerto. Este fue el último levantamiento militar del siglo XX.

Por otra parte, Cárdenas promulgó el Estatuto Jurídico de los Trabajadores al Servicio del Estado, para atender la “necesidad de poner a salvo a los servidores del Estado de las contingencias electorales asegurándoles la estabilidad de sus cargos y sus ascensos, a base de eficiencia y honorabilidad”.
 
En materia internacional, su política fue progresista y democrática: en 1936 autorizó la venta de armas al gobierno de la República Española y a su derrota en 1939 por el franquismo apoyado por Hitler y Mussolini, recibió a miles de refugiados republicanos españoles; condenó ante la Liga de las Naciones la agresión fascista italiana a Etiopia; dio asilo a León Trotsky y a otros perseguidos políticos; reanudó relaciones con China y las inició con Rumania; y condenó la agresión soviética a Finlandia. Asimismo, el 2 de julio de 1937 fundó el Banco de Comercio Exterior.

En el campo de la cultura, el gobierno de Cárdenas promovió que el contenido nacionalista e indigenista permeara todas las expresiones artísticas, desde la novela y el muralismo, hasta el cine y la música.

En 1939, cuando el general Manuel Ávila Camacho fue nominado por la CTM (febrero 22) y por la CNC (24 de febrero) como precandidato a la presidencia de la República, comenzaron a surgir voces opuestas al PRM y al gobierno de Cárdenas: el general Francisco Coss convocó a formar un Partido Nacional de Salvación Pública, pues “el PRM surgido de un acuerdo presidencial, hace ineficaz y nula toda campaña electoral independiente”; la Unión Nacional de Ciudadanos Independientes planteó la supresión del PRM por antidemocrático; Joaquín Amaro condenó los rasgos comunistas y fascistas del gobierno, la falsa política obrerista, el despilfarro en las obras públicas, la dependencia del Poder Judicial y los líderes obreros demagogos; y el general Rafael Sánchez Tapia, aspirante independiente a la presidencia, acusó al PRM de resucitar los procedimientos podridos del PNR.

A mediados de ese año, el general Múgica, retiró su candidatura presidencial porque el PRM hacía imposible proseguir en la lucha y únicamente agotaría sus esfuerzos con resultados nulos.

En este contexto, el 1º de septiembre de 1939, Cárdenas señaló: Mi gobierno, al iniciar su administración, se encontró dentro de los términos contradictorios de un dilema ineludible constituyendo uno de sus extremos la subordinación de todo programa de mejoramiento social a la conservación de la riqueza organizada, solución preferida por las clases conservadoras que cerrando los ojos a la miseria y a las necesidades el pueblo han perseguido un interés lucrativo individualista. El otro extremo, exigiendo el cumplimiento del programa impuesto por la Revolución, consiste en dirigir la economía del país en el sentido de los intereses del mayor número de sus habitantes, reconociendo, para lograrlo, que se hacía necesario recurrir al auxilio de la técnica profesional y a a la organización solidaria de los trabajadores a fin de aprovechar debidamente nuestras riquezas intensificándolas en ventaja del país entero”.

Pocos días después, del 14 al 17 de septiembre de ese mismo año, en el Frontón México, se creó el Partido Acción Nacional, PAN, para enfrentar lo que los derechistas consideraron los excesos socializantes y colectivistas del gobierno de Cárdenas.

Pero las fuerzas de la oposición encontraron su mejor candidato en el general Juan Andrew Almazán del Partido Revolucionario de Unificación Nacional Independiente, quien declaró: la decisión es “si el futuro gobernante de México debe ser producto de vicios seculares o el resultado de una verdadera elección”. Además de su doctrina cristiana conservadora, Almazán ofreció protección estatal a los trabajadores, pero sin complicidad o encubrimiento de sus líderes; huelga, pero no como instrumento político; reglamentación de la cláusula de exclusión y desaparición del ejido; asimismo, demandó acceso a la radio para los candidatos de la oposición y alto al acarreo y al derroche en la campaña del PRM.

Las elecciones fueron violentas y muy controvertidas, pero se impuso Ávila Camacho con una mayoría aplastante de votos de más del 93%.

Al término de su periodo, Cárdenas declaró: “Me esforcé por servir a mi país y con mayor empeño al pueblo necesitado. Cancelé muchos privilegios y distribuí una buena parte de la riqueza que estaba en pocas manos”.

A partir de entonces dejó de participar en la política partidista: “Me negué y me he negado a participar en la política, pues en nuestro país debe liquidarse el continuismo; los expresidentes tenemos una responsabilidad simbólica; los expresidentes no tenemos derecho a organizarnos políticamente”.

Tras el ataque japonés a Pearl Harbor, Cárdenas fue nombrado comandante de la zona de defensa especial en el Pacífico mexicano. Al entrar México como contendiente en la Segunda Guerra Mundial, el 22 de mayo de 1942, el presidente Ávila Camacho lo nombró secretario de la Defensa Nacional, cargo que desempeñó hasta el 27 de agosto de 1945, una vez terminada la conflagración.

Después ocupó otros cargos públicos: vocal ejecutivo de la Comisión de la Cuenca del Tepalcatepec entre 1947 y 1960. En la década de los sesenta participó con diversas fuerzas de izquierda en la fundación de la Central Campesina Independiente CCI, y en el Movimiento de Liberación Nacional que defendía la autodeterminación de los pueblos frente al imperialismo norteamericano y apoyaba a la revolución cubana; este apoyó se manifestó por su asistencia a la celebración de uno de sus aniversarios en la Habana y en su intención de viajar a Cuba durante la invasión de Bahía de Cochinos, lo que le impidió un “error” de una compañía de aviación, aunque se rumoreó que fue el gobierno de López Mateos el que lo detuvo. También visitó a los presos políticos en la penitenciaria del Distrito Federal. No obstante apoyó la candidatura a la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz.

Asimismo, formó parte del Tribunal Internacional organizado por Bertrand Russel contra la intervención norteamericana en Vietnam. Al mismo tiempo, fue vocal ejecutivo de la Comisión del Río Balsas entre 1961 y 1970, cuando impulsó la creación de la gigantesca Siderúrgica Las Truchas en Michoacán, que hoy lleva su nombre, y de la cual fue presidente de su consejo de administración.

Su interés en la defensa de los campesinos siempre incomodó al Partido Acción Nacional y en general a la derecha mexicana, los que tildaban de hipócrita y acusaban de agitador al expresidente Cárdenas, quien respondía condenando que los ricos mandaran sus millones al extranjero, pues “con esos millones nuestro país resolvería sus problemas económicos y evitaría los créditos”…También reclamaba a los panistas su carácter de políticos empresarios, porque “no se puede ser dos cosas: servidor público y empresario, porque ello es especular con el pueblo”.

Enfermo de cáncer, murió en la ciudad de México el 19 de octubre de 1970. Poco antes de su muerte escribió un mensaje a los revolucionarios de México, con motivo del aniversario del inicio de la Revolución Mexicana: “Es necesario, a mi juicio, completar la no reelección en los cargos de elección popular con la efectividad del sufragio, pues la ausencia relativa de este postulado mina los saludables efectos del otro; además, debilita en su base el proceso democrático, propicia continuismos de grupo, engendra privilegios, desmoraliza a la ciudadanía y anquilosa la vida de los partidos”.

Sus restos descansan en el Monumento a la Revolución, mismo que mandó construir sobre la vieja estructura erigida durante el porfiriato para edificar el Palacio Legislativo.

Su pensamiento político político-social se sintetizó en diez puntos:

I.- La miseria, la ignorancia, las enfermedades y los vicios esclavizan a los pueblos.

II.- A cada quien en relación a su trabajo; a todos según sus necesidades de pan, casa vestido, salud, cultura y dignidades.

III.- Obtener la máxima eficiencia, con el mínimo de esfuerzo y la más equitativa distribución de la riqueza.

IV.- Sin gran producción no hay amplio consumo, ni gran industria, ni economía poderosa, ni bienestar colectivo, ni nación soberana.

V.- Todo Estado moderno exige una técnica dirigida hacia la abundancia de bienes esenciales y de equipos eficientes de cultivo, de transformación, de comunicaciones, de cambio y de cultura.

VI.- Suprimir lo superfluo para que nadie carezca de lo necesario y se evite que los ricos se hagan más ricos y los pobres más pobres.

VII.- Contra la patria, nadie. Por la patria, todos.

VIII.- Todos somos servidores de las causas de la libertad, la democracia y el progreso.

IX.- Las reformas avanzadas son victorias de las fuerzas del bien sobre el mal en sus luchas por la redención de los oprimidos.

X.- Sólo la justicia social garantiza la paz y la felicidad humana.

Para muchos mexicanos Cárdenas fue el mejor presidente del siglo XX, pero también fue el fundador de una dinastía política que a partir de 1928, ha podido ocupar, entre diversos cargos de elección popular, el gobierno del estado de Michoacán en cuatro ocasiones, mediante sus miembros de tres generaciones.
Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride: Nacimiento 21 de mayo de 1895. Muerte 19 de octubre de 1970.

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Cárdenas del Río Lázaro (1895-1970) PDF Imprimir E-Mail
cardenas

Hijo de don Dámaso Cárdenas Pinedo, de ocupación tendero, y de doña Felícitas del Río Amezcua, nació el 21 de mayo de 1895 en la calle de San Francisco, en el barrio de la Puentecita de Jiquilpan de Juárez, Michoacán. En su tierra natal cursó hasta el cuarto año de educación primaria, únicos estudios formales que realizó hasta los once años. En 1909 ingresó como “meritorio” en la mesa segunda de la Oficina de Rentas de Jiquilpan, donde empezó a desarrollar una caligrafía impecable. En 1911, con la muerte de su padre, asumió la responsabilidad de ser el jefe de su familia. Ese mismo año trabajó en la Secretaría de la Prefactura y después, laboró como tipógrafo en la imprenta “La Económica”, de don Donaciano Carreón, cuyas ideas liberales y revolucionarias influyeron en su formación política. Al estallar la revolución, Don Donaciano vendió a los trabajadores la imprenta, entre ellos al mismo Cárdenas, y se unió a los rebeldes.

En 1913, el joven Lázaro fue delatado a los federales huertistas por haber impreso un manifiesto revolucionario y ante la posibilidad de ser aprehendido, se enlistó en las fuerzas revolucionarias como capitán segundo encargado de la correspondencia (fundamentalmente gracias a su caligrafía) bajo las órdenes del general Guillermo García Aragón, que operaba en Michoacán. A partir de entonces desarrolló una intensa vida militar: con las fuerzas obregonistas presenció en Teoloyucan la rendición del Ejército Federal y combatió al zapatismo en 1914, mismo año en que luchó al lado de Lucio Blanco.

Después, se incorporó a las fuerzas del general José María Maytorena en Sonora, pero al llegar a Cananea y darse cuenta de que Maytorena se había unido a Villa, marchó a Agua Prieta para integrarse a las tropas del general Calles. Ambos iniciaron una entrañable amistad en la que Calles era maestro y líder político del joven Cárdenas. Calles llamaba a Cárdenas con el mote de “Chamaco”. Bajo su mando, Cárdenas actuó contra los indios yaquis sublevados; combatió en Nayarit, Jalisco y Michoacán a los rebeldes villistas de Inés Chávez García. Al triunfo de la revolución constitucionalista regresó a Michoacán, donde persiguió a bandidos que operaban en la región.

Durante el gobierno constitucional de Carranza, Cárdenas fue encargado de pacificar la Huasteca veracruzana, en la que las “guardias blancas”, al servicio de las compañías extranjeras petroleras, asolaban la región. En 1918, alcanzó el grado de coronel.

En 1920, desde la Huasteca, se adhirió al Plan de Agua Prieta, encabezado por los sonorenses Obregón, De la Huerta y Calles, en contra del presidente Carranza, quien pretendía imponer a Bonilla como su sucesor. Tras el asesinato de Carranza en Tlaxcalaltongo, Cárdenas hizo detener y enviar preso a México a Rodolfo Herrero, presunto responsable directo del crimen.

Al triunfo del movimiento de Agua Prieta, el presidente interino, Adolfo de la Huerta, ascendió a Cárdenas al grado de general brigadier. Comisionado en Michoacán, recibió el gobierno interino de su estado natal de manos de Pascual Ortiz Rubio, cargo que desempeñó algunos meses para entregarlo al general Francisco J. Mújica, que había resultado triunfador en las elecciones de septiembre de 1920. Después fue designado jefe militar en el Istmo de Tehuantepec.

En 1923, durante la revolución “de la huertista”, Cárdenas fue herido y hecho prisionero en el combate de Palo Verde. Al ver la gravedad de sus heridas, sus enemigos, los generales sublevados Rafael Buelna y Enrique Estrada (a quien salvaría Cárdenas la vida poco después), generosamente lo enviaron a Guadalajara para que fuera atendido y después liberado. De igual modo, se cuenta que en ese mismo año, Cárdenas dejó escapar al general Francisco J. Múgica, en lugar de asesinarlo como le había ordenado Obregón.

Después fue comandante de la zona militar de las Huastecas. En 1924 fue ascendido a general de brigada y al año siguiente, intervino en el arreglo de diversos problemas surgidos entre los sindicatos y las empresas petroleras extranjeras. Ahí constató los abusos de las compañías extranjeras contra los trabajadores mexicanos y el saqueo irresponsable que realizaban de los recursos petroleros nacionales. Cuando con motivo de la ley petrolera esas empresas acusaron al presidente Calles de “bolchevique” y coludidas con el embajador de Estados Unidos James R.Sheffield, lo amenazaron con una invasión norteamericana a México, Cárdenas recibió órdenes presidenciales de incendiar los pozos petroleros si cumplían sus amenazas.

El 1º de abril de 1928 fue nombrado general de división. Ese mismo año fue postulado como candidato al gobierno del estado de Michoacán y emprendió una intensa campaña pueblo por pueblo y rancho por rancho, a pesar de que era aspirante único al cargo. Ejerció el gobierno entre septiembre de 1928 y septiembre de 1932, con algunos periodos de licencia para desempeñar temporalmente otros cargos políticos.

Como gobernador, a cambio de dejar las armas, ofreció amnistía a los cristeros sublevados por la iglesia católica que pretendía impedir la aplicación de los artículos 3º, 27 y 123 de la Constitución, lo que debilitó la rebelión cristera en Michoacán.

Para obtener apoyo popular activo para las reformas sociales que se proponía realizar, se dedicó a escuchar al pueblo, en especial a los grupos más pobres; estimuló la formación de agrupaciones obreras y campesinas; unificó y reorganizó a las fuerzas políticas, e impulsó la creación de la Confederación Regional Michoacana, que agrupó a la mayoría de campesinos y obreros de la entidad; también promovió la organización de los maestros para que se convirtieran en los agentes de la transformación social.

Así inició el reparto agrario, a pesar de la resistencia del presidente Calles, de los hacendados y aun de los propios peones acasillados que temían romper su dependencia del patrón. Además, agilizó los trámites legales de dotación de tierras y estableció créditos agrarios de refacción; pugnó por la jornada laboral de ocho horas, el salario mínimo y la asistencia médica; estableció la obligación de crear escuelas en las haciendas y combatió el fanatismo religioso y el alcoholismo. Por estas acciones revolucionarias a favor de los de abajo, “su prestigio pasó de boca en boca, como un corrido popular”.

En 1929 estalló la rebelión “escobarista” y Cárdenas pidió permiso al Congreso local para incorporarse al ejército; se le dio el mando de una columna y cooperó en la pronta derrota de los sublevados. Recibió un millón de pesos para los gastos de la campaña y al término de ésta, reintegró setecientos mil pesos no utilizados y regresó a su cargo de gobernador.

El 15 de octubre de 1930, dejó la gubernatura de su estado para asumir la presidencia del Partido Nacional Revolucionario (PNR), y dirigir la campaña presidencial del ingeniero PascuaI Ortiz Rubio, quien al año siguiente, lo nombró secretario de Gobernación por poco más de un mes. En octubre de 1931 reanudó sus labores como gobernador de su estado hasta concluir su mandato.

El 25 de septiembre de 1932 contrajo matrimonio con Amalia Solórzano, pese a la plena desaprobación de los padres de la novia.

En enero del siguiente año, fue nombrado secretario de Guerra y Marina en el gobierno de Abelardo L. Rodríguez.

A finales de 1933, el PNR elaboró “un plan de gobierno que constituya un solemne compromiso ante la nación de desarrollar una política social, económica y administrativa, capaz de traducir en hechos los postulados que se proclamaron en los años de la lucha armada…”. El 6 de diciembre de ese año, el Plan Sexenal fue aprobado por la asamblea del PNR y Cárdenas rindió protesta como candidato presidencial del mismo partido.

El 8 de diciembre de 1933 inició en Querétaro una exhaustiva campaña que llegó a los lugares más apartados, nunca antes visitados por un candidato a la presidencia: “Yo soy quien debe ir a ellos, ya que ellos no pueden venir a mí”. Casi sin dormir recorrió miles de kilómetros escuchando a la gente para entender sus problemas y obtener apoyo para las reformas que se proponía realizar, ahora en el país.

Al celebrarse las elecciones el 4 de julio de 1934, Cárdenas emitió su voto personal a favor de Tomás Garrido Canabal. Los resultados electorales fueron de 2,225,000 votos para Cárdenas del PNR (98.19%); y para Antonio I. Villarreal de la Confederación Revolucionaria de Partidos Independientes, sólo el 1.07% de la votación. Cifras aun menores correspondieron a Adalberto Tejeda del Partido Socialista de las Izquierdas (0.70%) y a Hernán Laborde del Partido Comunista Mexicano (0.03%).

El gobierno de Cárdenas se inició en un ambiente internacional marcado por la depresión económica y la posibilidad de una nueva conflagración mundial. La depresión provocó, a nivel mundial, la intervención económica y social del Estado a favor del bienestar social de las masas empobrecidas por la crisis de 1929, intervención que coincidió con la ideología de la Revolución Mexicana de que el Estado debía ser un instrumento de progreso y de justicia social, con lo cual disminuyó la sospecha de que en México dominaba el “bolcheviquismo”; además, la contracción de los mercados internacionales, obligó a los países exportadores como el nuestro, a basar más su crecimiento económico en la expansión de su mercado interno. En segundo lugar, la inminencia de una nueva guerra mundial permitió mayor libertad de maniobra a los gobiernos nacionalistas que pretendían recuperar sus recursos naturales para sus naciones, pues alejaba la posibilidad de una respuesta armada de parte de las potencias afectadas, las cuales, en ese momento, estaban más ocupadas en prepararse para un esfuerzo bélico de dimensiones mundiales.  .

El 1° de diciembre de 1934, Cárdenas, vestido sencillamente (sin jacquet ni sombrero de copa, como era costumbre), asumió el cargo de presidente de la República, en su mensaje inicial señaló: “La revolución Mexicana ha seguido, desde su origen y a través de su historia, un anhelo de justicia social…Tengo presentes de una manera indeleble las impresiones que durante mi campaña electoral pude recoger: profundas desigualdades e inicuas injusticias a que están sometidas grandes masas de trabajadores y muy particularmente los núcleos indígenas…Nada puede justificar con más elocuencia la larga lucha de la Revolución Mexicana, como la existencia de regiones enteras en las que los hombres de México viven ajenos a toda civilización material y espiritual, hundidos en la ignorancia y la pobreza más absoluta, sometidos a una alimentación, a una indumentaria y a un alojamiento inferiores impropios de un país que, como el nuestro, tiene los recursos materiales suficientes para asegurar una civilización justa..

En lugar de vivir en el castillo de Chapultepec (que convirtió en museo), acondicionó el antiguo rancho de La Hormiga para convertirlo en la residencia presidencial de los “Los Pinos”. Abrió las puertas del Palacio Nacional a campesinos y obreros, e instaló un telégrafo para que cualquier ciudadano pudiera comunicarse con el presidente. Recorrió varias veces el país (más de 80 mil kilómetros): “Las jiras de gobierno tienden a despertar el espíritu cívico de las masas y crear la acción conjunta entre los núcleos sociales, autoridades municipales, locales y la Federación para satisfacer las necesidades seculares”. Usó la radio para informar de sus acciones; fue el primer presidente que leyó de pié y completo su informe de gobierno ante el Congreso de la Unión y el primero también que dio el “Grito” en Dolores, Guanajuato, el 15 de septiembre de 1940.

Al asumir Cárdenas la presidencia, el general Calles se había erigido en el “jefe máximo de la revolución”, tras el asesinato de Obregón y la creación del PNR; Calles contaba, además, con el apoyo del ejército, lo que le permitía ejercer gran influencia en la vida nacional, formar parte de los gabinetes presidenciales y ocupar cargos públicos a su antojo. Por consiguiente, Cárdenas tuvo que incluir en su primer gabinete a muchos personajes por “recomendación” de Calles.

Para poder contrarrestar esta influencia y poner en práctica el Plan Sexenal, se dedicó a fortalecer a las organizaciones de masas que podían respaldar las acciones nacionalistas y revolucionarias gubernamentales, como la Confederación General de Obreros y Campesinos de México, la Federación de Trabajadores del DDF, y los sindicatos de ferrocarrileros, petroleros, tranviarios, taxistas, alijadores, electricistas, mineros, choferes y similares. Su política sindical se dirigió a promover la organización de una central obrera única e impedir la formación de sindicatos blancos, a reafirmar el papel del Estado como árbitro regulador de la economía nacional y protector del proletariado, y a limitar los conflictos obrero-patronales a la capacidad económica de las empresas. “Estoy convencido (…) por mi experiencia como gobernador de Michoacán, que no basta la buena intención del mandatario (…) es indispensable el factor colectivo que representan los trabajadores”.

El apoyo que Cárdenas brindaba a los trabajadores permitió que se efectuaran múltiples paros y estallaran numerosas huelgas, lo cual no fue del agrado de los grupos empresariales que amenazaron con parar sus negocios, a lo que Cárdenas contestó que si estaban “fatigados de la lucha social” entregaran sus empresas al Gobierno o a los trabajadores.

También las huelgas alarmaron a Calles, quien el 11 de junio de 1935 declaró a la prensa: “hace seis meses que la Nación está sacudida por huelgas constantes, muchas de ellas enteramente injustificadas…vamos para atrás, para atrás, retrocediendo siempre…¿Y qué obtienen de estas ominosas agitaciones? Meses de holganza pagados, desaliento del capital, el daño grave de la comunidad”. A lo cual el presidente Cárdenas contestó: “El Ejecutivo Federal está dispuesto a obrar con toda decisión para que se cumpla el programa de la Revolución y las leyes que regulan el equilibrio de la producción, y decidido, asimismo, a llevar adelante el cumplimiento del Plan Sexenal, sin que le importe la alarma de los representantes del sector capitalista”. A continuación, solicitó y obtuvo la renuncia de todos los altos funcionarios de filiación callista. Ya antes, al prohibir los juegos de azar y clausurar las casas de juego existentes, como el Casino de la Selva en Cuernavaca y el Foreign Club en las afueras de la ciudad de México, había afectado los intereses de prominentes políticos callistas, pues esos establecimientos eran negocios de su propiedad.

En reacción a las medidas tomadas, Calles anunció su retiro de la política y viajó a los Estados Unidos, pero regresó inesperadamente al país. El conflicto creció: corrieron rumores de una conspiración callista contra Cárdenas; diputados y senadores callistas fueron desaforados para enfrentar cargos de rebeldía y sedición; gobernadores y jefes militares callistas fueron sustituidos; hubieron en las plazas de las principales ciudades multitudinarias manifestaciones anticallistas; el PNR expulsó de sus filas a Calles y a sus partidarios.

Al siguiente año, en febrero de 1936, se integró la Confederación de Trabajadores de México, CTM, como una central sindical única, “un frente nacional dentro de la lucha de clases, al servicio del proletariado mexicano”. Ante el avance de los sindicatos, en marzo siguiente, las Cámaras de Comercio criticaron que en el gobierno “no existe norma fija, ley en vigor, orientación definida y clara”, se quejaron de que se escuchaba más a los sindicatos que a los empresarios, y pidieron que este “estado de anormalidad y perturbación permanentes” fuera substituido por un “programa y una legislación de netos lineamientos”. El Presidente Cárdenas contestó: El concepto moderno de la función del Estado y la naturaleza misma de la legislación del trabajo, en amplitud universal requieren que los casos de duda sean resueltos en interés de la parte más débil. Otorgar tratamiento igual a dos partes desiguales, no es impartir justicia ni obrar con equidad. La legislación sobre el trabajo, como es sabido, tiene en todos los países un carácter tutelar respecto de los trabajadores, porque tiende a reforzar la debilidad de éstos frente a la fuerza de la clase patronal, para acercarse lo más posible a soluciones de justicia efectiva.

Finalmente, el 10 de abril de 1936, Cárdenas expulsó a Calles del país “por imperativo de salud pública”. Terminó así su maximato.

Para promover la reconciliación nacional, el 5 de febrero de 1937, Cárdenas promulgó una Ley de indulto para todos aquellos que tomaron parte en movimientos de rebelión contra el Gobierno, cancelándose por lo tanto, todos los procesos pendientes, lo que permitió el regreso de importantes militares y políticos exiliados.

Mediante un Manifiesto a la Nación, el 18 de diciembre de 1937, Cárdenas convocó a la formación del Partido Nacional de los Trabajadores y Soldados, que con hegemonía de las agrupaciones sociales, integraría al Ejército en un solo frente, permitiría que los distintos gremios y el sector femenino tuvieran acceso a los cargos de representación popular y de dirigencia del partido, y liberaría a la burocracia de su membresía y de sus cuotas obligatorias. El 30 de marzo de 1938, se creó el Partido de la Revolución Mexicana, PRM, para “llegar por la vía pacífica a la democracia social”, al cual se integraron un amplio espectro de reformistas y progresistas, así como comunistas, socialistas y liberales radicales.

Cárdenas promovió la unificación de todas las organizaciones campesinas: “Necesitamos que haya conciencia de clase en los elementos campesinos y ésta solo podrán demostrarla con su unificación. El gobierno desea facilitar esta organización para que pueda llevarse a cabo el programa que se ha trazado en beneficio de los campesinos del país y de la producción agrícola de la República”. La tarea le fue encomendada al PRM y el 28 de agosto de 1938 quedó constituida la Confederación Nacional Campesina, CNC, que integró ejidatarios, comuneros, solicitantes de tierra, asalariados y productores agrícolas.

Con la CNC y la CTM, el PRM pudo quedar organizado en los sectores campesino, obrero, militar y popular, que le dieron su carácter corporativo. La intención era vincular a las masas de trabajadores con el gobierno para que le sirvieran de respaldo y contrapeso frente a otros grupos nacionales y extranjeros.

La expulsión de Calles, la organización de campesinos y obreros, y la creación del PRM como partido único, permitieron a Cárdenas establecer un régimen político revolucionario caracterizado por un Estado fuerte y activo en todas las esferas políticas, económicas, sociales y culturales; una presidencia de la República como la institución predominante sobre grupos, caudillos y caciques, y que como “fiel de la balanza” decidía su sucesor; y un partido capaz de regular interna y pacíficamente la lucha por los puestos de elección y de movilizar pasivamente el apoyo popular a las medidas gubernamentales. Este régimen sustentaria la estabilidad política de México hasta el fin del siglo XX.

Así, Cárdenas pudo promulgar nuevas leyes y acciones para llevar a la práctica el contenido nacionalista y popular de la Constitución de 1917, representado en los artículos 3ª, 27 y 123.

Respecto a la educación, los diputados y senadores del PNR, en cumplimiento de los acuerdos de su convención, iniciaron la reforma al Artículo 3º Constitucional para implantar la educación socialista cuando ocupaba la presidencia de la República Abelardo L. Rodríguez. Cárdenas como presidente electo manifestó: “El mismo hecho de que el clero y sus aliados muestren inquietud y hagan oposición a la idea de la escuela socialista, es la mejor prueba de que satisface un ideal de la Revolución y de que debemos apoyarla vigorosamente”. Y así lo hizo para combatir el fanatismo, ya como presidente en funciones, a pesar de la oposición del clero que estimuló a los campesinos a agredir a los maestros, desorejándolos e inclusive matándolos como sucedió en San Felipe, Guanajuato. Además, fundó el Instituto Politécnico Nacional, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Escuela Nacional de Educación Física, el Consejo Técnico de Educación Agrícola, el Departamento de Asuntos Indígenas, y celebró el Primer Congreso Indigenista Interamericano.

En materia agraria, Cárdenas decretó un Código Agrario que facilitó la expropiación de latifundios y convirtió a los peones acasillados de las haciendas en sujetos de derechos agrarios, lo que restó fuerza a los latifundistas y al clero. Intensificó el reparto de tierras hasta llegar a una cifra de 18 millones de hectáreas entregadas a un millón de campesinos, a los que dotó de apoyos mediante la creación del Banco Nacional de Crédito Ejidal y el Banco Nacional de Crédito Rural. Hizo llegar la reforma agraria hasta zonas de alta productividad como la henequenera en Yucatán o la Laguna en Durango y Coahuila. “Por el hecho de solicitar ejidos, el campesino rompe su liga económica con el patrón, y en estas condiciones, el papel del ejido no es el de producir el complemento económico de un salario (…) sino que el ejido, por su extensión, calidad y sistema de explotación debe bastar para la liberación económica absoluta del trabajador, creando un nuevo sistema económico-agrícola, en un todo diferente al régimen anterior (…) para sustituir al régimen de los asalariados del campo y liquidar el capitalismo agrario de la República”. Así, prácticamente dio fin al latifundismo porfirista e hizo del ejido la principal unidad del desarrollo rural.

En el campo laboral, Cárdenas apoyó las causas de los trabajadores, en junio de 1937 nacionalizó los ferrocarriles y los puso bajo una administración obrera; además, muchas industrias se convirtieron en cooperativas. Luego de un largo conflicto obrero-patronal, ante la negativa de las compañías petroleras de acatar un laudo de la Suprema Corte de Justicia que favorecía a los trabajadores, decretó la expropiación de la industria petrolera –mayoritariamente en manos de empresas norteamericanas e inglesas- el 18 de marzo de 1938, “y para evitar en lo posible que México se pueda ver en el fututo con problemas provocados por intereses particulares extraños a las necesidades interiores del país, se pondrá en la consideración de vuestra soberanía que no vuelvan a darse concesiones del subsuelo en lo que se refiere al petróleo y que sea el Estado el que tenga el control absoluto de la explotación petrolífera”. Se recuperó así para la nación uno de sus recursos naturales más importantes, lo cual contó con un amplio respaldo popular y sustentaría el futuro desarrollo industrial del país.

Dos meses después de la expropiación petrolera el general Saturnino Cedillo se levantó en armas, pero combatido hasta con aviones, fue derrotado y muerto. Este fue el último levantamiento militar del siglo XX.

Por otra parte, Cárdenas promulgó el Estatuto Jurídico de los Trabajadores al Servicio del Estado, para atender la “necesidad de poner a salvo a los servidores del Estado de las contingencias electorales asegurándoles la estabilidad de sus cargos y sus ascensos, a base de eficiencia y honorabilidad”.
 
En materia internacional, su política fue progresista y democrática: en 1936 autorizó la venta de armas al gobierno de la República Española y a su derrota en 1939 por el franquismo apoyado por Hitler y Mussolini, recibió a miles de refugiados republicanos españoles; condenó ante la Liga de las Naciones la agresión fascista italiana a Etiopia; dio asilo a León Trotsky y a otros perseguidos políticos; reanudó relaciones con China y las inició con Rumania; y condenó la agresión soviética a Finlandia. Asimismo, el 2 de julio de 1937 fundó el Banco de Comercio Exterior.

En el campo de la cultura, el gobierno de Cárdenas promovió que el contenido nacionalista e indigenista permeara todas las expresiones artísticas, desde la novela y el muralismo, hasta el cine y la música.

En 1939, cuando el general Manuel Ávila Camacho fue nominado por la CTM (febrero 22) y por la CNC (24 de febrero) como precandidato a la presidencia de la República, comenzaron a surgir voces opuestas al PRM y al gobierno de Cárdenas: el general Francisco Coss convocó a formar un Partido Nacional de Salvación Pública, pues “el PRM surgido de un acuerdo presidencial, hace ineficaz y nula toda campaña electoral independiente”; la Unión Nacional de Ciudadanos Independientes planteó la supresión del PRM por antidemocrático; Joaquín Amaro condenó los rasgos comunistas y fascistas del gobierno, la falsa política obrerista, el despilfarro en las obras públicas, la dependencia del Poder Judicial y los líderes obreros demagogos; y el general Rafael Sánchez Tapia, aspirante independiente a la presidencia, acusó al PRM de resucitar los procedimientos podridos del PNR.

A mediados de ese año, el general Múgica, retiró su candidatura presidencial porque el PRM hacía imposible proseguir en la lucha y únicamente agotaría sus esfuerzos con resultados nulos.

En este contexto, el 1º de septiembre de 1939, Cárdenas señaló: Mi gobierno, al iniciar su administración, se encontró dentro de los términos contradictorios de un dilema ineludible constituyendo uno de sus extremos la subordinación de todo programa de mejoramiento social a la conservación de la riqueza organizada, solución preferida por las clases conservadoras que cerrando los ojos a la miseria y a las necesidades el pueblo han perseguido un interés lucrativo individualista. El otro extremo, exigiendo el cumplimiento del programa impuesto por la Revolución, consiste en dirigir la economía del país en el sentido de los intereses del mayor número de sus habitantes, reconociendo, para lograrlo, que se hacía necesario recurrir al auxilio de la técnica profesional y a a la organización solidaria de los trabajadores a fin de aprovechar debidamente nuestras riquezas intensificándolas en ventaja del país entero”.

Pocos días después, del 14 al 17 de septiembre de ese mismo año, en el Frontón México, se creó el Partido Acción Nacional, PAN, para enfrentar lo que los derechistas consideraron los excesos socializantes y colectivistas del gobierno de Cárdenas.

Pero las fuerzas de la oposición encontraron su mejor candidato en el general Juan Andrew Almazán del Partido Revolucionario de Unificación Nacional Independiente, quien declaró: la decisión es “si el futuro gobernante de México debe ser producto de vicios seculares o el resultado de una verdadera elección”. Además de su doctrina cristiana conservadora, Almazán ofreció protección estatal a los trabajadores, pero sin complicidad o encubrimiento de sus líderes; huelga, pero no como instrumento político; reglamentación de la cláusula de exclusión y desaparición del ejido; asimismo, demandó acceso a la radio para los candidatos de la oposición y alto al acarreo y al derroche en la campaña del PRM.

Las elecciones fueron violentas y muy controvertidas, pero se impuso Ávila Camacho con una mayoría aplastante de votos de más del 93%.

Al término de su periodo, Cárdenas declaró: “Me esforcé por servir a mi país y con mayor empeño al pueblo necesitado. Cancelé muchos privilegios y distribuí una buena parte de la riqueza que estaba en pocas manos”.

A partir de entonces dejó de participar en la política partidista: “Me negué y me he negado a participar en la política, pues en nuestro país debe liquidarse el continuismo; los expresidentes tenemos una responsabilidad simbólica; los expresidentes no tenemos derecho a organizarnos políticamente”.

Tras el ataque japonés a Pearl Harbor, Cárdenas fue nombrado comandante de la zona de defensa especial en el Pacífico mexicano. Al entrar México como contendiente en la Segunda Guerra Mundial, el 22 de mayo de 1942, el presidente Ávila Camacho lo nombró secretario de la Defensa Nacional, cargo que desempeñó hasta el 27 de agosto de 1945, una vez terminada la conflagración.

Después ocupó otros cargos públicos: vocal ejecutivo de la Comisión de la Cuenca del Tepalcatepec entre 1947 y 1960. En la década de los sesenta participó con diversas fuerzas de izquierda en la fundación de la Central Campesina Independiente CCI, y en el Movimiento de Liberación Nacional que defendía la autodeterminación de los pueblos frente al imperialismo norteamericano y apoyaba a la revolución cubana; este apoyó se manifestó por su asistencia a la celebración de uno de sus aniversarios en la Habana y en su intención de viajar a Cuba durante la invasión de Bahía de Cochinos, lo que le impidió un “error” de una compañía de aviación, aunque se rumoreó que fue el gobierno de López Mateos el que lo detuvo. También visitó a los presos políticos en la penitenciaria del Distrito Federal. No obstante apoyó la candidatura a la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz.

Asimismo, formó parte del Tribunal Internacional organizado por Bertrand Russel contra la intervención norteamericana en Vietnam. Al mismo tiempo, fue vocal ejecutivo de la Comisión del Río Balsas entre 1961 y 1970, cuando impulsó la creación de la gigantesca Siderúrgica Las Truchas en Michoacán, que hoy lleva su nombre, y de la cual fue presidente de su consejo de administración.

Su interés en la defensa de los campesinos siempre incomodó al Partido Acción Nacional y en general a la derecha mexicana, los que tildaban de hipócrita y acusaban de agitador al expresidente Cárdenas, quien respondía condenando que los ricos mandaran sus millones al extranjero, pues “con esos millones nuestro país resolvería sus problemas económicos y evitaría los créditos”…También reclamaba a los panistas su carácter de políticos empresarios, porque “no se puede ser dos cosas: servidor público y empresario, porque ello es especular con el pueblo”.

Enfermo de cáncer, murió en la ciudad de México el 19 de octubre de 1970. Poco antes de su muerte escribió un mensaje a los revolucionarios de México, con motivo del aniversario del inicio de la Revolución Mexicana: “Es necesario, a mi juicio, completar la no reelección en los cargos de elección popular con la efectividad del sufragio, pues la ausencia relativa de este postulado mina los saludables efectos del otro; además, debilita en su base el proceso democrático, propicia continuismos de grupo, engendra privilegios, desmoraliza a la ciudadanía y anquilosa la vida de los partidos”.

Sus restos descansan en el Monumento a la Revolución, mismo que mandó construir sobre la vieja estructura erigida durante el porfiriato para edificar el Palacio Legislativo.

Su pensamiento político político-social se sintetizó en diez puntos:

I.- La miseria, la ignorancia, las enfermedades y los vicios esclavizan a los pueblos.

II.- A cada quien en relación a su trabajo; a todos según sus necesidades de pan, casa vestido, salud, cultura y dignidades.

III.- Obtener la máxima eficiencia, con el mínimo de esfuerzo y la más equitativa distribución de la riqueza.

IV.- Sin gran producción no hay amplio consumo, ni gran industria, ni economía poderosa, ni bienestar colectivo, ni nación soberana.

V.- Todo Estado moderno exige una técnica dirigida hacia la abundancia de bienes esenciales y de equipos eficientes de cultivo, de transformación, de comunicaciones, de cambio y de cultura.

VI.- Suprimir lo superfluo para que nadie carezca de lo necesario y se evite que los ricos se hagan más ricos y los pobres más pobres.

VII.- Contra la patria, nadie. Por la patria, todos.

VIII.- Todos somos servidores de las causas de la libertad, la democracia y el progreso.

IX.- Las reformas avanzadas son victorias de las fuerzas del bien sobre el mal en sus luchas por la redención de los oprimidos.

X.- Sólo la justicia social garantiza la paz y la felicidad humana.

Para muchos mexicanos Cárdenas fue el mejor presidente del siglo XX, pero también fue el fundador de una dinastía política que a partir de 1928, ha podido ocupar, entre diversos cargos de elección popular, el gobierno del estado de Michoacán en cuatro ocasiones, mediante sus miembros de tres generaciones.
Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride: Nacimiento 21 de mayo de 1895. Muerte 19 de octubre de 1970.

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Cárdenas del Río Lázaro (1895-1970) PDF Imprimir E-Mail
cardenas

Hijo de don Dámaso Cárdenas Pinedo, de ocupación tendero, y de doña Felícitas del Río Amezcua, nació el 21 de mayo de 1895 en la calle de San Francisco, en el barrio de la Puentecita de Jiquilpan de Juárez, Michoacán. En su tierra natal cursó hasta el cuarto año de educación primaria, únicos estudios formales que realizó hasta los once años. En 1909 ingresó como “meritorio” en la mesa segunda de la Oficina de Rentas de Jiquilpan, donde empezó a desarrollar una caligrafía impecable. En 1911, con la muerte de su padre, asumió la responsabilidad de ser el jefe de su familia. Ese mismo año trabajó en la Secretaría de la Prefactura y después, laboró como tipógrafo en la imprenta “La Económica”, de don Donaciano Carreón, cuyas ideas liberales y revolucionarias influyeron en su formación política. Al estallar la revolución, Don Donaciano vendió a los trabajadores la imprenta, entre ellos al mismo Cárdenas, y se unió a los rebeldes.

En 1913, el joven Lázaro fue delatado a los federales huertistas por haber impreso un manifiesto revolucionario y ante la posibilidad de ser aprehendido, se enlistó en las fuerzas revolucionarias como capitán segundo encargado de la correspondencia (fundamentalmente gracias a su caligrafía) bajo las órdenes del general Guillermo García Aragón, que operaba en Michoacán. A partir de entonces desarrolló una intensa vida militar: con las fuerzas obregonistas presenció en Teoloyucan la rendición del Ejército Federal y combatió al zapatismo en 1914, mismo año en que luchó al lado de Lucio Blanco.

Después, se incorporó a las fuerzas del general José María Maytorena en Sonora, pero al llegar a Cananea y darse cuenta de que Maytorena se había unido a Villa, marchó a Agua Prieta para integrarse a las tropas del general Calles. Ambos iniciaron una entrañable amistad en la que Calles era maestro y líder político del joven Cárdenas. Calles llamaba a Cárdenas con el mote de “Chamaco”. Bajo su mando, Cárdenas actuó contra los indios yaquis sublevados; combatió en Nayarit, Jalisco y Michoacán a los rebeldes villistas de Inés Chávez García. Al triunfo de la revolución constitucionalista regresó a Michoacán, donde persiguió a bandidos que operaban en la región.

Durante el gobierno constitucional de Carranza, Cárdenas fue encargado de pacificar la Huasteca veracruzana, en la que las “guardias blancas”, al servicio de las compañías extranjeras petroleras, asolaban la región. En 1918, alcanzó el grado de coronel.

En 1920, desde la Huasteca, se adhirió al Plan de Agua Prieta, encabezado por los sonorenses Obregón, De la Huerta y Calles, en contra del presidente Carranza, quien pretendía imponer a Bonilla como su sucesor. Tras el asesinato de Carranza en Tlaxcalaltongo, Cárdenas hizo detener y enviar preso a México a Rodolfo Herrero, presunto responsable directo del crimen.

Al triunfo del movimiento de Agua Prieta, el presidente interino, Adolfo de la Huerta, ascendió a Cárdenas al grado de general brigadier. Comisionado en Michoacán, recibió el gobierno interino de su estado natal de manos de Pascual Ortiz Rubio, cargo que desempeñó algunos meses para entregarlo al general Francisco J. Mújica, que había resultado triunfador en las elecciones de septiembre de 1920. Después fue designado jefe militar en el Istmo de Tehuantepec.

En 1923, durante la revolución “de la huertista”, Cárdenas fue herido y hecho prisionero en el combate de Palo Verde. Al ver la gravedad de sus heridas, sus enemigos, los generales sublevados Rafael Buelna y Enrique Estrada (a quien salvaría Cárdenas la vida poco después), generosamente lo enviaron a Guadalajara para que fuera atendido y después liberado. De igual modo, se cuenta que en ese mismo año, Cárdenas dejó escapar al general Francisco J. Múgica, en lugar de asesinarlo como le había ordenado Obregón.

Después fue comandante de la zona militar de las Huastecas. En 1924 fue ascendido a general de brigada y al año siguiente, intervino en el arreglo de diversos problemas surgidos entre los sindicatos y las empresas petroleras extranjeras. Ahí constató los abusos de las compañías extranjeras contra los trabajadores mexicanos y el saqueo irresponsable que realizaban de los recursos petroleros nacionales. Cuando con motivo de la ley petrolera esas empresas acusaron al presidente Calles de “bolchevique” y coludidas con el embajador de Estados Unidos James R.Sheffield, lo amenazaron con una invasión norteamericana a México, Cárdenas recibió órdenes presidenciales de incendiar los pozos petroleros si cumplían sus amenazas.

El 1º de abril de 1928 fue nombrado general de división. Ese mismo año fue postulado como candidato al gobierno del estado de Michoacán y emprendió una intensa campaña pueblo por pueblo y rancho por rancho, a pesar de que era aspirante único al cargo. Ejerció el gobierno entre septiembre de 1928 y septiembre de 1932, con algunos periodos de licencia para desempeñar temporalmente otros cargos políticos.

Como gobernador, a cambio de dejar las armas, ofreció amnistía a los cristeros sublevados por la iglesia católica que pretendía impedir la aplicación de los artículos 3º, 27 y 123 de la Constitución, lo que debilitó la rebelión cristera en Michoacán.

Para obtener apoyo popular activo para las reformas sociales que se proponía realizar, se dedicó a escuchar al pueblo, en especial a los grupos más pobres; estimuló la formación de agrupaciones obreras y campesinas; unificó y reorganizó a las fuerzas políticas, e impulsó la creación de la Confederación Regional Michoacana, que agrupó a la mayoría de campesinos y obreros de la entidad; también promovió la organización de los maestros para que se convirtieran en los agentes de la transformación social.

Así inició el reparto agrario, a pesar de la resistencia del presidente Calles, de los hacendados y aun de los propios peones acasillados que temían romper su dependencia del patrón. Además, agilizó los trámites legales de dotación de tierras y estableció créditos agrarios de refacción; pugnó por la jornada laboral de ocho horas, el salario mínimo y la asistencia médica; estableció la obligación de crear escuelas en las haciendas y combatió el fanatismo religioso y el alcoholismo. Por estas acciones revolucionarias a favor de los de abajo, “su prestigio pasó de boca en boca, como un corrido popular”.

En 1929 estalló la rebelión “escobarista” y Cárdenas pidió permiso al Congreso local para incorporarse al ejército; se le dio el mando de una columna y cooperó en la pronta derrota de los sublevados. Recibió un millón de pesos para los gastos de la campaña y al término de ésta, reintegró setecientos mil pesos no utilizados y regresó a su cargo de gobernador.

El 15 de octubre de 1930, dejó la gubernatura de su estado para asumir la presidencia del Partido Nacional Revolucionario (PNR), y dirigir la campaña presidencial del ingeniero PascuaI Ortiz Rubio, quien al año siguiente, lo nombró secretario de Gobernación por poco más de un mes. En octubre de 1931 reanudó sus labores como gobernador de su estado hasta concluir su mandato.

El 25 de septiembre de 1932 contrajo matrimonio con Amalia Solórzano, pese a la plena desaprobación de los padres de la novia.

En enero del siguiente año, fue nombrado secretario de Guerra y Marina en el gobierno de Abelardo L. Rodríguez.

A finales de 1933, el PNR elaboró “un plan de gobierno que constituya un solemne compromiso ante la nación de desarrollar una política social, económica y administrativa, capaz de traducir en hechos los postulados que se proclamaron en los años de la lucha armada…”. El 6 de diciembre de ese año, el Plan Sexenal fue aprobado por la asamblea del PNR y Cárdenas rindió protesta como candidato presidencial del mismo partido.

El 8 de diciembre de 1933 inició en Querétaro una exhaustiva campaña que llegó a los lugares más apartados, nunca antes visitados por un candidato a la presidencia: “Yo soy quien debe ir a ellos, ya que ellos no pueden venir a mí”. Casi sin dormir recorrió miles de kilómetros escuchando a la gente para entender sus problemas y obtener apoyo para las reformas que se proponía realizar, ahora en el país.

Al celebrarse las elecciones el 4 de julio de 1934, Cárdenas emitió su voto personal a favor de Tomás Garrido Canabal. Los resultados electorales fueron de 2,225,000 votos para Cárdenas del PNR (98.19%); y para Antonio I. Villarreal de la Confederación Revolucionaria de Partidos Independientes, sólo el 1.07% de la votación. Cifras aun menores correspondieron a Adalberto Tejeda del Partido Socialista de las Izquierdas (0.70%) y a Hernán Laborde del Partido Comunista Mexicano (0.03%).

El gobierno de Cárdenas se inició en un ambiente internacional marcado por la depresión económica y la posibilidad de una nueva conflagración mundial. La depresión provocó, a nivel mundial, la intervención económica y social del Estado a favor del bienestar social de las masas empobrecidas por la crisis de 1929, intervención que coincidió con la ideología de la Revolución Mexicana de que el Estado debía ser un instrumento de progreso y de justicia social, con lo cual disminuyó la sospecha de que en México dominaba el “bolcheviquismo”; además, la contracción de los mercados internacionales, obligó a los países exportadores como el nuestro, a basar más su crecimiento económico en la expansión de su mercado interno. En segundo lugar, la inminencia de una nueva guerra mundial permitió mayor libertad de maniobra a los gobiernos nacionalistas que pretendían recuperar sus recursos naturales para sus naciones, pues alejaba la posibilidad de una respuesta armada de parte de las potencias afectadas, las cuales, en ese momento, estaban más ocupadas en prepararse para un esfuerzo bélico de dimensiones mundiales.  .

El 1° de diciembre de 1934, Cárdenas, vestido sencillamente (sin jacquet ni sombrero de copa, como era costumbre), asumió el cargo de presidente de la República, en su mensaje inicial señaló: “La revolución Mexicana ha seguido, desde su origen y a través de su historia, un anhelo de justicia social…Tengo presentes de una manera indeleble las impresiones que durante mi campaña electoral pude recoger: profundas desigualdades e inicuas injusticias a que están sometidas grandes masas de trabajadores y muy particularmente los núcleos indígenas…Nada puede justificar con más elocuencia la larga lucha de la Revolución Mexicana, como la existencia de regiones enteras en las que los hombres de México viven ajenos a toda civilización material y espiritual, hundidos en la ignorancia y la pobreza más absoluta, sometidos a una alimentación, a una indumentaria y a un alojamiento inferiores impropios de un país que, como el nuestro, tiene los recursos materiales suficientes para asegurar una civilización justa..

En lugar de vivir en el castillo de Chapultepec (que convirtió en museo), acondicionó el antiguo rancho de La Hormiga para convertirlo en la residencia presidencial de los “Los Pinos”. Abrió las puertas del Palacio Nacional a campesinos y obreros, e instaló un telégrafo para que cualquier ciudadano pudiera comunicarse con el presidente. Recorrió varias veces el país (más de 80 mil kilómetros): “Las jiras de gobierno tienden a despertar el espíritu cívico de las masas y crear la acción conjunta entre los núcleos sociales, autoridades municipales, locales y la Federación para satisfacer las necesidades seculares”. Usó la radio para informar de sus acciones; fue el primer presidente que leyó de pié y completo su informe de gobierno ante el Congreso de la Unión y el primero también que dio el “Grito” en Dolores, Guanajuato, el 15 de septiembre de 1940.

Al asumir Cárdenas la presidencia, el general Calles se había erigido en el “jefe máximo de la revolución”, tras el asesinato de Obregón y la creación del PNR; Calles contaba, además, con el apoyo del ejército, lo que le permitía ejercer gran influencia en la vida nacional, formar parte de los gabinetes presidenciales y ocupar cargos públicos a su antojo. Por consiguiente, Cárdenas tuvo que incluir en su primer gabinete a muchos personajes por “recomendación” de Calles.

Para poder contrarrestar esta influencia y poner en práctica el Plan Sexenal, se dedicó a fortalecer a las organizaciones de masas que podían respaldar las acciones nacionalistas y revolucionarias gubernamentales, como la Confederación General de Obreros y Campesinos de México, la Federación de Trabajadores del DDF, y los sindicatos de ferrocarrileros, petroleros, tranviarios, taxistas, alijadores, electricistas, mineros, choferes y similares. Su política sindical se dirigió a promover la organización de una central obrera única e impedir la formación de sindicatos blancos, a reafirmar el papel del Estado como árbitro regulador de la economía nacional y protector del proletariado, y a limitar los conflictos obrero-patronales a la capacidad económica de las empresas. “Estoy convencido (…) por mi experiencia como gobernador de Michoacán, que no basta la buena intención del mandatario (…) es indispensable el factor colectivo que representan los trabajadores”.

El apoyo que Cárdenas brindaba a los trabajadores permitió que se efectuaran múltiples paros y estallaran numerosas huelgas, lo cual no fue del agrado de los grupos empresariales que amenazaron con parar sus negocios, a lo que Cárdenas contestó que si estaban “fatigados de la lucha social” entregaran sus empresas al Gobierno o a los trabajadores.

También las huelgas alarmaron a Calles, quien el 11 de junio de 1935 declaró a la prensa: “hace seis meses que la Nación está sacudida por huelgas constantes, muchas de ellas enteramente injustificadas…vamos para atrás, para atrás, retrocediendo siempre…¿Y qué obtienen de estas ominosas agitaciones? Meses de holganza pagados, desaliento del capital, el daño grave de la comunidad”. A lo cual el presidente Cárdenas contestó: “El Ejecutivo Federal está dispuesto a obrar con toda decisión para que se cumpla el programa de la Revolución y las leyes que regulan el equilibrio de la producción, y decidido, asimismo, a llevar adelante el cumplimiento del Plan Sexenal, sin que le importe la alarma de los representantes del sector capitalista”. A continuación, solicitó y obtuvo la renuncia de todos los altos funcionarios de filiación callista. Ya antes, al prohibir los juegos de azar y clausurar las casas de juego existentes, como el Casino de la Selva en Cuernavaca y el Foreign Club en las afueras de la ciudad de México, había afectado los intereses de prominentes políticos callistas, pues esos establecimientos eran negocios de su propiedad.

En reacción a las medidas tomadas, Calles anunció su retiro de la política y viajó a los Estados Unidos, pero regresó inesperadamente al país. El conflicto creció: corrieron rumores de una conspiración callista contra Cárdenas; diputados y senadores callistas fueron desaforados para enfrentar cargos de rebeldía y sedición; gobernadores y jefes militares callistas fueron sustituidos; hubieron en las plazas de las principales ciudades multitudinarias manifestaciones anticallistas; el PNR expulsó de sus filas a Calles y a sus partidarios.

Al siguiente año, en febrero de 1936, se integró la Confederación de Trabajadores de México, CTM, como una central sindical única, “un frente nacional dentro de la lucha de clases, al servicio del proletariado mexicano”. Ante el avance de los sindicatos, en marzo siguiente, las Cámaras de Comercio criticaron que en el gobierno “no existe norma fija, ley en vigor, orientación definida y clara”, se quejaron de que se escuchaba más a los sindicatos que a los empresarios, y pidieron que este “estado de anormalidad y perturbación permanentes” fuera substituido por un “programa y una legislación de netos lineamientos”. El Presidente Cárdenas contestó: El concepto moderno de la función del Estado y la naturaleza misma de la legislación del trabajo, en amplitud universal requieren que los casos de duda sean resueltos en interés de la parte más débil. Otorgar tratamiento igual a dos partes desiguales, no es impartir justicia ni obrar con equidad. La legislación sobre el trabajo, como es sabido, tiene en todos los países un carácter tutelar respecto de los trabajadores, porque tiende a reforzar la debilidad de éstos frente a la fuerza de la clase patronal, para acercarse lo más posible a soluciones de justicia efectiva.

Finalmente, el 10 de abril de 1936, Cárdenas expulsó a Calles del país “por imperativo de salud pública”. Terminó así su maximato.

Para promover la reconciliación nacional, el 5 de febrero de 1937, Cárdenas promulgó una Ley de indulto para todos aquellos que tomaron parte en movimientos de rebelión contra el Gobierno, cancelándose por lo tanto, todos los procesos pendientes, lo que permitió el regreso de importantes militares y políticos exiliados.

Mediante un Manifiesto a la Nación, el 18 de diciembre de 1937, Cárdenas convocó a la formación del Partido Nacional de los Trabajadores y Soldados, que con hegemonía de las agrupaciones sociales, integraría al Ejército en un solo frente, permitiría que los distintos gremios y el sector femenino tuvieran acceso a los cargos de representación popular y de dirigencia del partido, y liberaría a la burocracia de su membresía y de sus cuotas obligatorias. El 30 de marzo de 1938, se creó el Partido de la Revolución Mexicana, PRM, para “llegar por la vía pacífica a la democracia social”, al cual se integraron un amplio espectro de reformistas y progresistas, así como comunistas, socialistas y liberales radicales.

Cárdenas promovió la unificación de todas las organizaciones campesinas: “Necesitamos que haya conciencia de clase en los elementos campesinos y ésta solo podrán demostrarla con su unificación. El gobierno desea facilitar esta organización para que pueda llevarse a cabo el programa que se ha trazado en beneficio de los campesinos del país y de la producción agrícola de la República”. La tarea le fue encomendada al PRM y el 28 de agosto de 1938 quedó constituida la Confederación Nacional Campesina, CNC, que integró ejidatarios, comuneros, solicitantes de tierra, asalariados y productores agrícolas.

Con la CNC y la CTM, el PRM pudo quedar organizado en los sectores campesino, obrero, militar y popular, que le dieron su carácter corporativo. La intención era vincular a las masas de trabajadores con el gobierno para que le sirvieran de respaldo y contrapeso frente a otros grupos nacionales y extranjeros.

La expulsión de Calles, la organización de campesinos y obreros, y la creación del PRM como partido único, permitieron a Cárdenas establecer un régimen político revolucionario caracterizado por un Estado fuerte y activo en todas las esferas políticas, económicas, sociales y culturales; una presidencia de la República como la institución predominante sobre grupos, caudillos y caciques, y que como “fiel de la balanza” decidía su sucesor; y un partido capaz de regular interna y pacíficamente la lucha por los puestos de elección y de movilizar pasivamente el apoyo popular a las medidas gubernamentales. Este régimen sustentaria la estabilidad política de México hasta el fin del siglo XX.

Así, Cárdenas pudo promulgar nuevas leyes y acciones para llevar a la práctica el contenido nacionalista y popular de la Constitución de 1917, representado en los artículos 3ª, 27 y 123.

Respecto a la educación, los diputados y senadores del PNR, en cumplimiento de los acuerdos de su convención, iniciaron la reforma al Artículo 3º Constitucional para implantar la educación socialista cuando ocupaba la presidencia de la República Abelardo L. Rodríguez. Cárdenas como presidente electo manifestó: “El mismo hecho de que el clero y sus aliados muestren inquietud y hagan oposición a la idea de la escuela socialista, es la mejor prueba de que satisface un ideal de la Revolución y de que debemos apoyarla vigorosamente”. Y así lo hizo para combatir el fanatismo, ya como presidente en funciones, a pesar de la oposición del clero que estimuló a los campesinos a agredir a los maestros, desorejándolos e inclusive matándolos como sucedió en San Felipe, Guanajuato. Además, fundó el Instituto Politécnico Nacional, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Escuela Nacional de Educación Física, el Consejo Técnico de Educación Agrícola, el Departamento de Asuntos Indígenas, y celebró el Primer Congreso Indigenista Interamericano.

En materia agraria, Cárdenas decretó un Código Agrario que facilitó la expropiación de latifundios y convirtió a los peones acasillados de las haciendas en sujetos de derechos agrarios, lo que restó fuerza a los latifundistas y al clero. Intensificó el reparto de tierras hasta llegar a una cifra de 18 millones de hectáreas entregadas a un millón de campesinos, a los que dotó de apoyos mediante la creación del Banco Nacional de Crédito Ejidal y el Banco Nacional de Crédito Rural. Hizo llegar la reforma agraria hasta zonas de alta productividad como la henequenera en Yucatán o la Laguna en Durango y Coahuila. “Por el hecho de solicitar ejidos, el campesino rompe su liga económica con el patrón, y en estas condiciones, el papel del ejido no es el de producir el complemento económico de un salario (…) sino que el ejido, por su extensión, calidad y sistema de explotación debe bastar para la liberación económica absoluta del trabajador, creando un nuevo sistema económico-agrícola, en un todo diferente al régimen anterior (…) para sustituir al régimen de los asalariados del campo y liquidar el capitalismo agrario de la República”. Así, prácticamente dio fin al latifundismo porfirista e hizo del ejido la principal unidad del desarrollo rural.

En el campo laboral, Cárdenas apoyó las causas de los trabajadores, en junio de 1937 nacionalizó los ferrocarriles y los puso bajo una administración obrera; además, muchas industrias se convirtieron en cooperativas. Luego de un largo conflicto obrero-patronal, ante la negativa de las compañías petroleras de acatar un laudo de la Suprema Corte de Justicia que favorecía a los trabajadores, decretó la expropiación de la industria petrolera –mayoritariamente en manos de empresas norteamericanas e inglesas- el 18 de marzo de 1938, “y para evitar en lo posible que México se pueda ver en el fututo con problemas provocados por intereses particulares extraños a las necesidades interiores del país, se pondrá en la consideración de vuestra soberanía que no vuelvan a darse concesiones del subsuelo en lo que se refiere al petróleo y que sea el Estado el que tenga el control absoluto de la explotación petrolífera”. Se recuperó así para la nación uno de sus recursos naturales más importantes, lo cual contó con un amplio respaldo popular y sustentaría el futuro desarrollo industrial del país.

Dos meses después de la expropiación petrolera el general Saturnino Cedillo se levantó en armas, pero combatido hasta con aviones, fue derrotado y muerto. Este fue el último levantamiento militar del siglo XX.

Por otra parte, Cárdenas promulgó el Estatuto Jurídico de los Trabajadores al Servicio del Estado, para atender la “necesidad de poner a salvo a los servidores del Estado de las contingencias electorales asegurándoles la estabilidad de sus cargos y sus ascensos, a base de eficiencia y honorabilidad”.
 
En materia internacional, su política fue progresista y democrática: en 1936 autorizó la venta de armas al gobierno de la República Española y a su derrota en 1939 por el franquismo apoyado por Hitler y Mussolini, recibió a miles de refugiados republicanos españoles; condenó ante la Liga de las Naciones la agresión fascista italiana a Etiopia; dio asilo a León Trotsky y a otros perseguidos políticos; reanudó relaciones con China y las inició con Rumania; y condenó la agresión soviética a Finlandia. Asimismo, el 2 de julio de 1937 fundó el Banco de Comercio Exterior.

En el campo de la cultura, el gobierno de Cárdenas promovió que el contenido nacionalista e indigenista permeara todas las expresiones artísticas, desde la novela y el muralismo, hasta el cine y la música.

En 1939, cuando el general Manuel Ávila Camacho fue nominado por la CTM (febrero 22) y por la CNC (24 de febrero) como precandidato a la presidencia de la República, comenzaron a surgir voces opuestas al PRM y al gobierno de Cárdenas: el general Francisco Coss convocó a formar un Partido Nacional de Salvación Pública, pues “el PRM surgido de un acuerdo presidencial, hace ineficaz y nula toda campaña electoral independiente”; la Unión Nacional de Ciudadanos Independientes planteó la supresión del PRM por antidemocrático; Joaquín Amaro condenó los rasgos comunistas y fascistas del gobierno, la falsa política obrerista, el despilfarro en las obras públicas, la dependencia del Poder Judicial y los líderes obreros demagogos; y el general Rafael Sánchez Tapia, aspirante independiente a la presidencia, acusó al PRM de resucitar los procedimientos podridos del PNR.

A mediados de ese año, el general Múgica, retiró su candidatura presidencial porque el PRM hacía imposible proseguir en la lucha y únicamente agotaría sus esfuerzos con resultados nulos.

En este contexto, el 1º de septiembre de 1939, Cárdenas señaló: Mi gobierno, al iniciar su administración, se encontró dentro de los términos contradictorios de un dilema ineludible constituyendo uno de sus extremos la subordinación de todo programa de mejoramiento social a la conservación de la riqueza organizada, solución preferida por las clases conservadoras que cerrando los ojos a la miseria y a las necesidades el pueblo han perseguido un interés lucrativo individualista. El otro extremo, exigiendo el cumplimiento del programa impuesto por la Revolución, consiste en dirigir la economía del país en el sentido de los intereses del mayor número de sus habitantes, reconociendo, para lograrlo, que se hacía necesario recurrir al auxilio de la técnica profesional y a a la organización solidaria de los trabajadores a fin de aprovechar debidamente nuestras riquezas intensificándolas en ventaja del país entero”.

Pocos días después, del 14 al 17 de septiembre de ese mismo año, en el Frontón México, se creó el Partido Acción Nacional, PAN, para enfrentar lo que los derechistas consideraron los excesos socializantes y colectivistas del gobierno de Cárdenas.

Pero las fuerzas de la oposición encontraron su mejor candidato en el general Juan Andrew Almazán del Partido Revolucionario de Unificación Nacional Independiente, quien declaró: la decisión es “si el futuro gobernante de México debe ser producto de vicios seculares o el resultado de una verdadera elección”. Además de su doctrina cristiana conservadora, Almazán ofreció protección estatal a los trabajadores, pero sin complicidad o encubrimiento de sus líderes; huelga, pero no como instrumento político; reglamentación de la cláusula de exclusión y desaparición del ejido; asimismo, demandó acceso a la radio para los candidatos de la oposición y alto al acarreo y al derroche en la campaña del PRM.

Las elecciones fueron violentas y muy controvertidas, pero se impuso Ávila Camacho con una mayoría aplastante de votos de más del 93%.

Al término de su periodo, Cárdenas declaró: “Me esforcé por servir a mi país y con mayor empeño al pueblo necesitado. Cancelé muchos privilegios y distribuí una buena parte de la riqueza que estaba en pocas manos”.

A partir de entonces dejó de participar en la política partidista: “Me negué y me he negado a participar en la política, pues en nuestro país debe liquidarse el continuismo; los expresidentes tenemos una responsabilidad simbólica; los expresidentes no tenemos derecho a organizarnos políticamente”.

Tras el ataque japonés a Pearl Harbor, Cárdenas fue nombrado comandante de la zona de defensa especial en el Pacífico mexicano. Al entrar México como contendiente en la Segunda Guerra Mundial, el 22 de mayo de 1942, el presidente Ávila Camacho lo nombró secretario de la Defensa Nacional, cargo que desempeñó hasta el 27 de agosto de 1945, una vez terminada la conflagración.

Después ocupó otros cargos públicos: vocal ejecutivo de la Comisión de la Cuenca del Tepalcatepec entre 1947 y 1960. En la década de los sesenta participó con diversas fuerzas de izquierda en la fundación de la Central Campesina Independiente CCI, y en el Movimiento de Liberación Nacional que defendía la autodeterminación de los pueblos frente al imperialismo norteamericano y apoyaba a la revolución cubana; este apoyó se manifestó por su asistencia a la celebración de uno de sus aniversarios en la Habana y en su intención de viajar a Cuba durante la invasión de Bahía de Cochinos, lo que le impidió un “error” de una compañía de aviación, aunque se rumoreó que fue el gobierno de López Mateos el que lo detuvo. También visitó a los presos políticos en la penitenciaria del Distrito Federal. No obstante apoyó la candidatura a la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz.

Asimismo, formó parte del Tribunal Internacional organizado por Bertrand Russel contra la intervención norteamericana en Vietnam. Al mismo tiempo, fue vocal ejecutivo de la Comisión del Río Balsas entre 1961 y 1970, cuando impulsó la creación de la gigantesca Siderúrgica Las Truchas en Michoacán, que hoy lleva su nombre, y de la cual fue presidente de su consejo de administración.

Su interés en la defensa de los campesinos siempre incomodó al Partido Acción Nacional y en general a la derecha mexicana, los que tildaban de hipócrita y acusaban de agitador al expresidente Cárdenas, quien respondía condenando que los ricos mandaran sus millones al extranjero, pues “con esos millones nuestro país resolvería sus problemas económicos y evitaría los créditos”…También reclamaba a los panistas su carácter de políticos empresarios, porque “no se puede ser dos cosas: servidor público y empresario, porque ello es especular con el pueblo”.

Enfermo de cáncer, murió en la ciudad de México el 19 de octubre de 1970. Poco antes de su muerte escribió un mensaje a los revolucionarios de México, con motivo del aniversario del inicio de la Revolución Mexicana: “Es necesario, a mi juicio, completar la no reelección en los cargos de elección popular con la efectividad del sufragio, pues la ausencia relativa de este postulado mina los saludables efectos del otro; además, debilita en su base el proceso democrático, propicia continuismos de grupo, engendra privilegios, desmoraliza a la ciudadanía y anquilosa la vida de los partidos”.

Sus restos descansan en el Monumento a la Revolución, mismo que mandó construir sobre la vieja estructura erigida durante el porfiriato para edificar el Palacio Legislativo.

Su pensamiento político político-social se sintetizó en diez puntos:

I.- La miseria, la ignorancia, las enfermedades y los vicios esclavizan a los pueblos.

II.- A cada quien en relación a su trabajo; a todos según sus necesidades de pan, casa vestido, salud, cultura y dignidades.

III.- Obtener la máxima eficiencia, con el mínimo de esfuerzo y la más equitativa distribución de la riqueza.

IV.- Sin gran producción no hay amplio consumo, ni gran industria, ni economía poderosa, ni bienestar colectivo, ni nación soberana.

V.- Todo Estado moderno exige una técnica dirigida hacia la abundancia de bienes esenciales y de equipos eficientes de cultivo, de transformación, de comunicaciones, de cambio y de cultura.

VI.- Suprimir lo superfluo para que nadie carezca de lo necesario y se evite que los ricos se hagan más ricos y los pobres más pobres.

VII.- Contra la patria, nadie. Por la patria, todos.

VIII.- Todos somos servidores de las causas de la libertad, la democracia y el progreso.

IX.- Las reformas avanzadas son victorias de las fuerzas del bien sobre el mal en sus luchas por la redención de los oprimidos.

X.- Sólo la justicia social garantiza la paz y la felicidad humana.

Para muchos mexicanos Cárdenas fue el mejor presidente del siglo XX, pero también fue el fundador de una dinastía política que a partir de 1928, ha podido ocupar, entre diversos cargos de elección popular, el gobierno del estado de Michoacán en cuatro ocasiones, mediante sus miembros de tres generaciones.
Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride: Nacimiento 21 de mayo de 1895. Muerte 19 de octubre de 1970.

In AMERICA LATINA, CONFLICTOS ARMADOS, ENLACES DE POLITICA, NORTE AMERICA, PERSONAJES, Politica Internacional, Politica Nacional, UNIÓN HISPANO AMERICANA on Abril 15, 2007 at 4:23 pm
Cárdenas del Río Lázaro (1895-1970) PDF Imprimir E-Mail
cardenas

Hijo de don Dámaso Cárdenas Pinedo, de ocupación tendero, y de doña Felícitas del Río Amezcua, nació el 21 de mayo de 1895 en la calle de San Francisco, en el barrio de la Puentecita de Jiquilpan de Juárez, Michoacán. En su tierra natal cursó hasta el cuarto año de educación primaria, únicos estudios formales que realizó hasta los once años. En 1909 ingresó como “meritorio” en la mesa segunda de la Oficina de Rentas de Jiquilpan, donde empezó a desarrollar una caligrafía impecable. En 1911, con la muerte de su padre, asumió la responsabilidad de ser el jefe de su familia. Ese mismo año trabajó en la Secretaría de la Prefactura y después, laboró como tipógrafo en la imprenta “La Económica”, de don Donaciano Carreón, cuyas ideas liberales y revolucionarias influyeron en su formación política. Al estallar la revolución, Don Donaciano vendió a los trabajadores la imprenta, entre ellos al mismo Cárdenas, y se unió a los rebeldes.

En 1913, el joven Lázaro fue delatado a los federales huertistas por haber impreso un manifiesto revolucionario y ante la posibilidad de ser aprehendido, se enlistó en las fuerzas revolucionarias como capitán segundo encargado de la correspondencia (fundamentalmente gracias a su caligrafía) bajo las órdenes del general Guillermo García Aragón, que operaba en Michoacán. A partir de entonces desarrolló una intensa vida militar: con las fuerzas obregonistas presenció en Teoloyucan la rendición del Ejército Federal y combatió al zapatismo en 1914, mismo año en que luchó al lado de Lucio Blanco.

Después, se incorporó a las fuerzas del general José María Maytorena en Sonora, pero al llegar a Cananea y darse cuenta de que Maytorena se había unido a Villa, marchó a Agua Prieta para integrarse a las tropas del general Calles. Ambos iniciaron una entrañable amistad en la que Calles era maestro y líder político del joven Cárdenas. Calles llamaba a Cárdenas con el mote de “Chamaco”. Bajo su mando, Cárdenas actuó contra los indios yaquis sublevados; combatió en Nayarit, Jalisco y Michoacán a los rebeldes villistas de Inés Chávez García. Al triunfo de la revolución constitucionalista regresó a Michoacán, donde persiguió a bandidos que operaban en la región.

Durante el gobierno constitucional de Carranza, Cárdenas fue encargado de pacificar la Huasteca veracruzana, en la que las “guardias blancas”, al servicio de las compañías extranjeras petroleras, asolaban la región. En 1918, alcanzó el grado de coronel.

En 1920, desde la Huasteca, se adhirió al Plan de Agua Prieta, encabezado por los sonorenses Obregón, De la Huerta y Calles, en contra del presidente Carranza, quien pretendía imponer a Bonilla como su sucesor. Tras el asesinato de Carranza en Tlaxcalaltongo, Cárdenas hizo detener y enviar preso a México a Rodolfo Herrero, presunto responsable directo del crimen.

Al triunfo del movimiento de Agua Prieta, el presidente interino, Adolfo de la Huerta, ascendió a Cárdenas al grado de general brigadier. Comisionado en Michoacán, recibió el gobierno interino de su estado natal de manos de Pascual Ortiz Rubio, cargo que desempeñó algunos meses para entregarlo al general Francisco J. Mújica, que había resultado triunfador en las elecciones de septiembre de 1920. Después fue designado jefe militar en el Istmo de Tehuantepec.

En 1923, durante la revolución “de la huertista”, Cárdenas fue herido y hecho prisionero en el combate de Palo Verde. Al ver la gravedad de sus heridas, sus enemigos, los generales sublevados Rafael Buelna y Enrique Estrada (a quien salvaría Cárdenas la vida poco después), generosamente lo enviaron a Guadalajara para que fuera atendido y después liberado. De igual modo, se cuenta que en ese mismo año, Cárdenas dejó escapar al general Francisco J. Múgica, en lugar de asesinarlo como le había ordenado Obregón.

Después fue comandante de la zona militar de las Huastecas. En 1924 fue ascendido a general de brigada y al año siguiente, intervino en el arreglo de diversos problemas surgidos entre los sindicatos y las empresas petroleras extranjeras. Ahí constató los abusos de las compañías extranjeras contra los trabajadores mexicanos y el saqueo irresponsable que realizaban de los recursos petroleros nacionales. Cuando con motivo de la ley petrolera esas empresas acusaron al presidente Calles de “bolchevique” y coludidas con el embajador de Estados Unidos James R.Sheffield, lo amenazaron con una invasión norteamericana a México, Cárdenas recibió órdenes presidenciales de incendiar los pozos petroleros si cumplían sus amenazas.

El 1º de abril de 1928 fue nombrado general de división. Ese mismo año fue postulado como candidato al gobierno del estado de Michoacán y emprendió una intensa campaña pueblo por pueblo y rancho por rancho, a pesar de que era aspirante único al cargo. Ejerció el gobierno entre septiembre de 1928 y septiembre de 1932, con algunos periodos de licencia para desempeñar temporalmente otros cargos políticos.

Como gobernador, a cambio de dejar las armas, ofreció amnistía a los cristeros sublevados por la iglesia católica que pretendía impedir la aplicación de los artículos 3º, 27 y 123 de la Constitución, lo que debilitó la rebelión cristera en Michoacán.

Para obtener apoyo popular activo para las reformas sociales que se proponía realizar, se dedicó a escuchar al pueblo, en especial a los grupos más pobres; estimuló la formación de agrupaciones obreras y campesinas; unificó y reorganizó a las fuerzas políticas, e impulsó la creación de la Confederación Regional Michoacana, que agrupó a la mayoría de campesinos y obreros de la entidad; también promovió la organización de los maestros para que se convirtieran en los agentes de la transformación social.

Así inició el reparto agrario, a pesar de la resistencia del presidente Calles, de los hacendados y aun de los propios peones acasillados que temían romper su dependencia del patrón. Además, agilizó los trámites legales de dotación de tierras y estableció créditos agrarios de refacción; pugnó por la jornada laboral de ocho horas, el salario mínimo y la asistencia médica; estableció la obligación de crear escuelas en las haciendas y combatió el fanatismo religioso y el alcoholismo. Por estas acciones revolucionarias a favor de los de abajo, “su prestigio pasó de boca en boca, como un corrido popular”.

En 1929 estalló la rebelión “escobarista” y Cárdenas pidió permiso al Congreso local para incorporarse al ejército; se le dio el mando de una columna y cooperó en la pronta derrota de los sublevados. Recibió un millón de pesos para los gastos de la campaña y al término de ésta, reintegró setecientos mil pesos no utilizados y regresó a su cargo de gobernador.

El 15 de octubre de 1930, dejó la gubernatura de su estado para asumir la presidencia del Partido Nacional Revolucionario (PNR), y dirigir la campaña presidencial del ingeniero PascuaI Ortiz Rubio, quien al año siguiente, lo nombró secretario de Gobernación por poco más de un mes. En octubre de 1931 reanudó sus labores como gobernador de su estado hasta concluir su mandato.

El 25 de septiembre de 1932 contrajo matrimonio con Amalia Solórzano, pese a la plena desaprobación de los padres de la novia.

En enero del siguiente año, fue nombrado secretario de Guerra y Marina en el gobierno de Abelardo L. Rodríguez.

A finales de 1933, el PNR elaboró “un plan de gobierno que constituya un solemne compromiso ante la nación de desarrollar una política social, económica y administrativa, capaz de traducir en hechos los postulados que se proclamaron en los años de la lucha armada…”. El 6 de diciembre de ese año, el Plan Sexenal fue aprobado por la asamblea del PNR y Cárdenas rindió protesta como candidato presidencial del mismo partido.

El 8 de diciembre de 1933 inició en Querétaro una exhaustiva campaña que llegó a los lugares más apartados, nunca antes visitados por un candidato a la presidencia: “Yo soy quien debe ir a ellos, ya que ellos no pueden venir a mí”. Casi sin dormir recorrió miles de kilómetros escuchando a la gente para entender sus problemas y obtener apoyo para las reformas que se proponía realizar, ahora en el país.

Al celebrarse las elecciones el 4 de julio de 1934, Cárdenas emitió su voto personal a favor de Tomás Garrido Canabal. Los resultados electorales fueron de 2,225,000 votos para Cárdenas del PNR (98.19%); y para Antonio I. Villarreal de la Confederación Revolucionaria de Partidos Independientes, sólo el 1.07% de la votación. Cifras aun menores correspondieron a Adalberto Tejeda del Partido Socialista de las Izquierdas (0.70%) y a Hernán Laborde del Partido Comunista Mexicano (0.03%).

El gobierno de Cárdenas se inició en un ambiente internacional marcado por la depresión económica y la posibilidad de una nueva conflagración mundial. La depresión provocó, a nivel mundial, la intervención económica y social del Estado a favor del bienestar social de las masas empobrecidas por la crisis de 1929, intervención que coincidió con la ideología de la Revolución Mexicana de que el Estado debía ser un instrumento de progreso y de justicia social, con lo cual disminuyó la sospecha de que en México dominaba el “bolcheviquismo”; además, la contracción de los mercados internacionales, obligó a los países exportadores como el nuestro, a basar más su crecimiento económico en la expansión de su mercado interno. En segundo lugar, la inminencia de una nueva guerra mundial permitió mayor libertad de maniobra a los gobiernos nacionalistas que pretendían recuperar sus recursos naturales para sus naciones, pues alejaba la posibilidad de una respuesta armada de parte de las potencias afectadas, las cuales, en ese momento, estaban más ocupadas en prepararse para un esfuerzo bélico de dimensiones mundiales.  .

El 1° de diciembre de 1934, Cárdenas, vestido sencillamente (sin jacquet ni sombrero de copa, como era costumbre), asumió el cargo de presidente de la República, en su mensaje inicial señaló: “La revolución Mexicana ha seguido, desde su origen y a través de su historia, un anhelo de justicia social…Tengo presentes de una manera indeleble las impresiones que durante mi campaña electoral pude recoger: profundas desigualdades e inicuas injusticias a que están sometidas grandes masas de trabajadores y muy particularmente los núcleos indígenas…Nada puede justificar con más elocuencia la larga lucha de la Revolución Mexicana, como la existencia de regiones enteras en las que los hombres de México viven ajenos a toda civilización material y espiritual, hundidos en la ignorancia y la pobreza más absoluta, sometidos a una alimentación, a una indumentaria y a un alojamiento inferiores impropios de un país que, como el nuestro, tiene los recursos materiales suficientes para asegurar una civilización justa..

En lugar de vivir en el castillo de Chapultepec (que convirtió en museo), acondicionó el antiguo rancho de La Hormiga para convertirlo en la residencia presidencial de los “Los Pinos”. Abrió las puertas del Palacio Nacional a campesinos y obreros, e instaló un telégrafo para que cualquier ciudadano pudiera comunicarse con el presidente. Recorrió varias veces el país (más de 80 mil kilómetros): “Las jiras de gobierno tienden a despertar el espíritu cívico de las masas y crear la acción conjunta entre los núcleos sociales, autoridades municipales, locales y la Federación para satisfacer las necesidades seculares”. Usó la radio para informar de sus acciones; fue el primer presidente que leyó de pié y completo su informe de gobierno ante el Congreso de la Unión y el primero también que dio el “Grito” en Dolores, Guanajuato, el 15 de septiembre de 1940.

Al asumir Cárdenas la presidencia, el general Calles se había erigido en el “jefe máximo de la revolución”, tras el asesinato de Obregón y la creación del PNR; Calles contaba, además, con el apoyo del ejército, lo que le permitía ejercer gran influencia en la vida nacional, formar parte de los gabinetes presidenciales y ocupar cargos públicos a su antojo. Por consiguiente, Cárdenas tuvo que incluir en su primer gabinete a muchos personajes por “recomendación” de Calles.

Para poder contrarrestar esta influencia y poner en práctica el Plan Sexenal, se dedicó a fortalecer a las organizaciones de masas que podían respaldar las acciones nacionalistas y revolucionarias gubernamentales, como la Confederación General de Obreros y Campesinos de México, la Federación de Trabajadores del DDF, y los sindicatos de ferrocarrileros, petroleros, tranviarios, taxistas, alijadores, electricistas, mineros, choferes y similares. Su política sindical se dirigió a promover la organización de una central obrera única e impedir la formación de sindicatos blancos, a reafirmar el papel del Estado como árbitro regulador de la economía nacional y protector del proletariado, y a limitar los conflictos obrero-patronales a la capacidad económica de las empresas. “Estoy convencido (…) por mi experiencia como gobernador de Michoacán, que no basta la buena intención del mandatario (…) es indispensable el factor colectivo que representan los trabajadores”.

El apoyo que Cárdenas brindaba a los trabajadores permitió que se efectuaran múltiples paros y estallaran numerosas huelgas, lo cual no fue del agrado de los grupos empresariales que amenazaron con parar sus negocios, a lo que Cárdenas contestó que si estaban “fatigados de la lucha social” entregaran sus empresas al Gobierno o a los trabajadores.

También las huelgas alarmaron a Calles, quien el 11 de junio de 1935 declaró a la prensa: “hace seis meses que la Nación está sacudida por huelgas constantes, muchas de ellas enteramente injustificadas…vamos para atrás, para atrás, retrocediendo siempre…¿Y qué obtienen de estas ominosas agitaciones? Meses de holganza pagados, desaliento del capital, el daño grave de la comunidad”. A lo cual el presidente Cárdenas contestó: “El Ejecutivo Federal está dispuesto a obrar con toda decisión para que se cumpla el programa de la Revolución y las leyes que regulan el equilibrio de la producción, y decidido, asimismo, a llevar adelante el cumplimiento del Plan Sexenal, sin que le importe la alarma de los representantes del sector capitalista”. A continuación, solicitó y obtuvo la renuncia de todos los altos funcionarios de filiación callista. Ya antes, al prohibir los juegos de azar y clausurar las casas de juego existentes, como el Casino de la Selva en Cuernavaca y el Foreign Club en las afueras de la ciudad de México, había afectado los intereses de prominentes políticos callistas, pues esos establecimientos eran negocios de su propiedad.

En reacción a las medidas tomadas, Calles anunció su retiro de la política y viajó a los Estados Unidos, pero regresó inesperadamente al país. El conflicto creció: corrieron rumores de una conspiración callista contra Cárdenas; diputados y senadores callistas fueron desaforados para enfrentar cargos de rebeldía y sedición; gobernadores y jefes militares callistas fueron sustituidos; hubieron en las plazas de las principales ciudades multitudinarias manifestaciones anticallistas; el PNR expulsó de sus filas a Calles y a sus partidarios.

Al siguiente año, en febrero de 1936, se integró la Confederación de Trabajadores de México, CTM, como una central sindical única, “un frente nacional dentro de la lucha de clases, al servicio del proletariado mexicano”. Ante el avance de los sindicatos, en marzo siguiente, las Cámaras de Comercio criticaron que en el gobierno “no existe norma fija, ley en vigor, orientación definida y clara”, se quejaron de que se escuchaba más a los sindicatos que a los empresarios, y pidieron que este “estado de anormalidad y perturbación permanentes” fuera substituido por un “programa y una legislación de netos lineamientos”. El Presidente Cárdenas contestó: El concepto moderno de la función del Estado y la naturaleza misma de la legislación del trabajo, en amplitud universal requieren que los casos de duda sean resueltos en interés de la parte más débil. Otorgar tratamiento igual a dos partes desiguales, no es impartir justicia ni obrar con equidad. La legislación sobre el trabajo, como es sabido, tiene en todos los países un carácter tutelar respecto de los trabajadores, porque tiende a reforzar la debilidad de éstos frente a la fuerza de la clase patronal, para acercarse lo más posible a soluciones de justicia efectiva.

Finalmente, el 10 de abril de 1936, Cárdenas expulsó a Calles del país “por imperativo de salud pública”. Terminó así su maximato.

Para promover la reconciliación nacional, el 5 de febrero de 1937, Cárdenas promulgó una Ley de indulto para todos aquellos que tomaron parte en movimientos de rebelión contra el Gobierno, cancelándose por lo tanto, todos los procesos pendientes, lo que permitió el regreso de importantes militares y políticos exiliados.

Mediante un Manifiesto a la Nación, el 18 de diciembre de 1937, Cárdenas convocó a la formación del Partido Nacional de los Trabajadores y Soldados, que con hegemonía de las agrupaciones sociales, integraría al Ejército en un solo frente, permitiría que los distintos gremios y el sector femenino tuvieran acceso a los cargos de representación popular y de dirigencia del partido, y liberaría a la burocracia de su membresía y de sus cuotas obligatorias. El 30 de marzo de 1938, se creó el Partido de la Revolución Mexicana, PRM, para “llegar por la vía pacífica a la democracia social”, al cual se integraron un amplio espectro de reformistas y progresistas, así como comunistas, socialistas y liberales radicales.

Cárdenas promovió la unificación de todas las organizaciones campesinas: “Necesitamos que haya conciencia de clase en los elementos campesinos y ésta solo podrán demostrarla con su unificación. El gobierno desea facilitar esta organización para que pueda llevarse a cabo el programa que se ha trazado en beneficio de los campesinos del país y de la producción agrícola de la República”. La tarea le fue encomendada al PRM y el 28 de agosto de 1938 quedó constituida la Confederación Nacional Campesina, CNC, que integró ejidatarios, comuneros, solicitantes de tierra, asalariados y productores agrícolas.

Con la CNC y la CTM, el PRM pudo quedar organizado en los sectores campesino, obrero, militar y popular, que le dieron su carácter corporativo. La intención era vincular a las masas de trabajadores con el gobierno para que le sirvieran de respaldo y contrapeso frente a otros grupos nacionales y extranjeros.

La expulsión de Calles, la organización de campesinos y obreros, y la creación del PRM como partido único, permitieron a Cárdenas establecer un régimen político revolucionario caracterizado por un Estado fuerte y activo en todas las esferas políticas, económicas, sociales y culturales; una presidencia de la República como la institución predominante sobre grupos, caudillos y caciques, y que como “fiel de la balanza” decidía su sucesor; y un partido capaz de regular interna y pacíficamente la lucha por los puestos de elección y de movilizar pasivamente el apoyo popular a las medidas gubernamentales. Este régimen sustentaria la estabilidad política de México hasta el fin del siglo XX.

Así, Cárdenas pudo promulgar nuevas leyes y acciones para llevar a la práctica el contenido nacionalista y popular de la Constitución de 1917, representado en los artículos 3ª, 27 y 123.

Respecto a la educación, los diputados y senadores del PNR, en cumplimiento de los acuerdos de su convención, iniciaron la reforma al Artículo 3º Constitucional para implantar la educación socialista cuando ocupaba la presidencia de la República Abelardo L. Rodríguez. Cárdenas como presidente electo manifestó: “El mismo hecho de que el clero y sus aliados muestren inquietud y hagan oposición a la idea de la escuela socialista, es la mejor prueba de que satisface un ideal de la Revolución y de que debemos apoyarla vigorosamente”. Y así lo hizo para combatir el fanatismo, ya como presidente en funciones, a pesar de la oposición del clero que estimuló a los campesinos a agredir a los maestros, desorejándolos e inclusive matándolos como sucedió en San Felipe, Guanajuato. Además, fundó el Instituto Politécnico Nacional, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Escuela Nacional de Educación Física, el Consejo Técnico de Educación Agrícola, el Departamento de Asuntos Indígenas, y celebró el Primer Congreso Indigenista Interamericano.

En materia agraria, Cárdenas decretó un Código Agrario que facilitó la expropiación de latifundios y convirtió a los peones acasillados de las haciendas en sujetos de derechos agrarios, lo que restó fuerza a los latifundistas y al clero. Intensificó el reparto de tierras hasta llegar a una cifra de 18 millones de hectáreas entregadas a un millón de campesinos, a los que dotó de apoyos mediante la creación del Banco Nacional de Crédito Ejidal y el Banco Nacional de Crédito Rural. Hizo llegar la reforma agraria hasta zonas de alta productividad como la henequenera en Yucatán o la Laguna en Durango y Coahuila. “Por el hecho de solicitar ejidos, el campesino rompe su liga económica con el patrón, y en estas condiciones, el papel del ejido no es el de producir el complemento económico de un salario (…) sino que el ejido, por su extensión, calidad y sistema de explotación debe bastar para la liberación económica absoluta del trabajador, creando un nuevo sistema económico-agrícola, en un todo diferente al régimen anterior (…) para sustituir al régimen de los asalariados del campo y liquidar el capitalismo agrario de la República”. Así, prácticamente dio fin al latifundismo porfirista e hizo del ejido la principal unidad del desarrollo rural.

En el campo laboral, Cárdenas apoyó las causas de los trabajadores, en junio de 1937 nacionalizó los ferrocarriles y los puso bajo una administración obrera; además, muchas industrias se convirtieron en cooperativas. Luego de un largo conflicto obrero-patronal, ante la negativa de las compañías petroleras de acatar un laudo de la Suprema Corte de Justicia que favorecía a los trabajadores, decretó la expropiación de la industria petrolera –mayoritariamente en manos de empresas norteamericanas e inglesas- el 18 de marzo de 1938, “y para evitar en lo posible que México se pueda ver en el fututo con problemas provocados por intereses particulares extraños a las necesidades interiores del país, se pondrá en la consideración de vuestra soberanía que no vuelvan a darse concesiones del subsuelo en lo que se refiere al petróleo y que sea el Estado el que tenga el control absoluto de la explotación petrolífera”. Se recuperó así para la nación uno de sus recursos naturales más importantes, lo cual contó con un amplio respaldo popular y sustentaría el futuro desarrollo industrial del país.

Dos meses después de la expropiación petrolera el general Saturnino Cedillo se levantó en armas, pero combatido hasta con aviones, fue derrotado y muerto. Este fue el último levantamiento militar del siglo XX.

Por otra parte, Cárdenas promulgó el Estatuto Jurídico de los Trabajadores al Servicio del Estado, para atender la “necesidad de poner a salvo a los servidores del Estado de las contingencias electorales asegurándoles la estabilidad de sus cargos y sus ascensos, a base de eficiencia y honorabilidad”.
 
En materia internacional, su política fue progresista y democrática: en 1936 autorizó la venta de armas al gobierno de la República Española y a su derrota en 1939 por el franquismo apoyado por Hitler y Mussolini, recibió a miles de refugiados republicanos españoles; condenó ante la Liga de las Naciones la agresión fascista italiana a Etiopia; dio asilo a León Trotsky y a otros perseguidos políticos; reanudó relaciones con China y las inició con Rumania; y condenó la agresión soviética a Finlandia. Asimismo, el 2 de julio de 1937 fundó el Banco de Comercio Exterior.

En el campo de la cultura, el gobierno de Cárdenas promovió que el contenido nacionalista e indigenista permeara todas las expresiones artísticas, desde la novela y el muralismo, hasta el cine y la música.

En 1939, cuando el general Manuel Ávila Camacho fue nominado por la CTM (febrero 22) y por la CNC (24 de febrero) como precandidato a la presidencia de la República, comenzaron a surgir voces opuestas al PRM y al gobierno de Cárdenas: el general Francisco Coss convocó a formar un Partido Nacional de Salvación Pública, pues “el PRM surgido de un acuerdo presidencial, hace ineficaz y nula toda campaña electoral independiente”; la Unión Nacional de Ciudadanos Independientes planteó la supresión del PRM por antidemocrático; Joaquín Amaro condenó los rasgos comunistas y fascistas del gobierno, la falsa política obrerista, el despilfarro en las obras públicas, la dependencia del Poder Judicial y los líderes obreros demagogos; y el general Rafael Sánchez Tapia, aspirante independiente a la presidencia, acusó al PRM de resucitar los procedimientos podridos del PNR.

A mediados de ese año, el general Múgica, retiró su candidatura presidencial porque el PRM hacía imposible proseguir en la lucha y únicamente agotaría sus esfuerzos con resultados nulos.

En este contexto, el 1º de septiembre de 1939, Cárdenas señaló: Mi gobierno, al iniciar su administración, se encontró dentro de los términos contradictorios de un dilema ineludible constituyendo uno de sus extremos la subordinación de todo programa de mejoramiento social a la conservación de la riqueza organizada, solución preferida por las clases conservadoras que cerrando los ojos a la miseria y a las necesidades el pueblo han perseguido un interés lucrativo individualista. El otro extremo, exigiendo el cumplimiento del programa impuesto por la Revolución, consiste en dirigir la economía del país en el sentido de los intereses del mayor número de sus habitantes, reconociendo, para lograrlo, que se hacía necesario recurrir al auxilio de la técnica profesional y a a la organización solidaria de los trabajadores a fin de aprovechar debidamente nuestras riquezas intensificándolas en ventaja del país entero”.

Pocos días después, del 14 al 17 de septiembre de ese mismo año, en el Frontón México, se creó el Partido Acción Nacional, PAN, para enfrentar lo que los derechistas consideraron los excesos socializantes y colectivistas del gobierno de Cárdenas.

Pero las fuerzas de la oposición encontraron su mejor candidato en el general Juan Andrew Almazán del Partido Revolucionario de Unificación Nacional Independiente, quien declaró: la decisión es “si el futuro gobernante de México debe ser producto de vicios seculares o el resultado de una verdadera elección”. Además de su doctrina cristiana conservadora, Almazán ofreció protección estatal a los trabajadores, pero sin complicidad o encubrimiento de sus líderes; huelga, pero no como instrumento político; reglamentación de la cláusula de exclusión y desaparición del ejido; asimismo, demandó acceso a la radio para los candidatos de la oposición y alto al acarreo y al derroche en la campaña del PRM.

Las elecciones fueron violentas y muy controvertidas, pero se impuso Ávila Camacho con una mayoría aplastante de votos de más del 93%.

Al término de su periodo, Cárdenas declaró: “Me esforcé por servir a mi país y con mayor empeño al pueblo necesitado. Cancelé muchos privilegios y distribuí una buena parte de la riqueza que estaba en pocas manos”.

A partir de entonces dejó de participar en la política partidista: “Me negué y me he negado a participar en la política, pues en nuestro país debe liquidarse el continuismo; los expresidentes tenemos una responsabilidad simbólica; los expresidentes no tenemos derecho a organizarnos políticamente”.

Tras el ataque japonés a Pearl Harbor, Cárdenas fue nombrado comandante de la zona de defensa especial en el Pacífico mexicano. Al entrar México como contendiente en la Segunda Guerra Mundial, el 22 de mayo de 1942, el presidente Ávila Camacho lo nombró secretario de la Defensa Nacional, cargo que desempeñó hasta el 27 de agosto de 1945, una vez terminada la conflagración.

Después ocupó otros cargos públicos: vocal ejecutivo de la Comisión de la Cuenca del Tepalcatepec entre 1947 y 1960. En la década de los sesenta participó con diversas fuerzas de izquierda en la fundación de la Central Campesina Independiente CCI, y en el Movimiento de Liberación Nacional que defendía la autodeterminación de los pueblos frente al imperialismo norteamericano y apoyaba a la revolución cubana; este apoyó se manifestó por su asistencia a la celebración de uno de sus aniversarios en la Habana y en su intención de viajar a Cuba durante la invasión de Bahía de Cochinos, lo que le impidió un “error” de una compañía de aviación, aunque se rumoreó que fue el gobierno de López Mateos el que lo detuvo. También visitó a los presos políticos en la penitenciaria del Distrito Federal. No obstante apoyó la candidatura a la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz.

Asimismo, formó parte del Tribunal Internacional organizado por Bertrand Russel contra la intervención norteamericana en Vietnam. Al mismo tiempo, fue vocal ejecutivo de la Comisión del Río Balsas entre 1961 y 1970, cuando impulsó la creación de la gigantesca Siderúrgica Las Truchas en Michoacán, que hoy lleva su nombre, y de la cual fue presidente de su consejo de administración.

Su interés en la defensa de los campesinos siempre incomodó al Partido Acción Nacional y en general a la derecha mexicana, los que tildaban de hipócrita y acusaban de agitador al expresidente Cárdenas, quien respondía condenando que los ricos mandaran sus millones al extranjero, pues “con esos millones nuestro país resolvería sus problemas económicos y evitaría los créditos”…También reclamaba a los panistas su carácter de políticos empresarios, porque “no se puede ser dos cosas: servidor público y empresario, porque ello es especular con el pueblo”.

Enfermo de cáncer, murió en la ciudad de México el 19 de octubre de 1970. Poco antes de su muerte escribió un mensaje a los revolucionarios de México, con motivo del aniversario del inicio de la Revolución Mexicana: “Es necesario, a mi juicio, completar la no reelección en los cargos de elección popular con la efectividad del sufragio, pues la ausencia relativa de este postulado mina los saludables efectos del otro; además, debilita en su base el proceso democrático, propicia continuismos de grupo, engendra privilegios, desmoraliza a la ciudadanía y anquilosa la vida de los partidos”.

Sus restos descansan en el Monumento a la Revolución, mismo que mandó construir sobre la vieja estructura erigida durante el porfiriato para edificar el Palacio Legislativo.

Su pensamiento político político-social se sintetizó en diez puntos:

I.- La miseria, la ignorancia, las enfermedades y los vicios esclavizan a los pueblos.

II.- A cada quien en relación a su trabajo; a todos según sus necesidades de pan, casa vestido, salud, cultura y dignidades.

III.- Obtener la máxima eficiencia, con el mínimo de esfuerzo y la más equitativa distribución de la riqueza.

IV.- Sin gran producción no hay amplio consumo, ni gran industria, ni economía poderosa, ni bienestar colectivo, ni nación soberana.

V.- Todo Estado moderno exige una técnica dirigida hacia la abundancia de bienes esenciales y de equipos eficientes de cultivo, de transformación, de comunicaciones, de cambio y de cultura.

VI.- Suprimir lo superfluo para que nadie carezca de lo necesario y se evite que los ricos se hagan más ricos y los pobres más pobres.

VII.- Contra la patria, nadie. Por la patria, todos.

VIII.- Todos somos servidores de las causas de la libertad, la democracia y el progreso.

IX.- Las reformas avanzadas son victorias de las fuerzas del bien sobre el mal en sus luchas por la redención de los oprimidos.

X.- Sólo la justicia social garantiza la paz y la felicidad humana.

Para muchos mexicanos Cárdenas fue el mejor presidente del siglo XX, pero también fue el fundador de una dinastía política que a partir de 1928, ha podido ocupar, entre diversos cargos de elección popular, el gobierno del estado de Michoacán en cuatro ocasiones, mediante sus miembros de tres generaciones.
Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride: Nacimiento 21 de mayo de 1895. Muerte 19 de octubre de 1970.

In AMERICA LATINA, CONFLICTOS ARMADOS, ENLACES DE POLITICA, NORTE AMERICA, PERSONAJES, Politica Internacional, Politica Nacional, UNIÓN HISPANO AMERICANA on Abril 15, 2007 at 4:23 pm
Cárdenas del Río Lázaro (1895-1970) PDF Imprimir E-Mail
cardenas

Hijo de don Dámaso Cárdenas Pinedo, de ocupación tendero, y de doña Felícitas del Río Amezcua, nació el 21 de mayo de 1895 en la calle de San Francisco, en el barrio de la Puentecita de Jiquilpan de Juárez, Michoacán. En su tierra natal cursó hasta el cuarto año de educación primaria, únicos estudios formales que realizó hasta los once años. En 1909 ingresó como “meritorio” en la mesa segunda de la Oficina de Rentas de Jiquilpan, donde empezó a desarrollar una caligrafía impecable. En 1911, con la muerte de su padre, asumió la responsabilidad de ser el jefe de su familia. Ese mismo año trabajó en la Secretaría de la Prefactura y después, laboró como tipógrafo en la imprenta “La Económica”, de don Donaciano Carreón, cuyas ideas liberales y revolucionarias influyeron en su formación política. Al estallar la revolución, Don Donaciano vendió a los trabajadores la imprenta, entre ellos al mismo Cárdenas, y se unió a los rebeldes.

En 1913, el joven Lázaro fue delatado a los federales huertistas por haber impreso un manifiesto revolucionario y ante la posibilidad de ser aprehendido, se enlistó en las fuerzas revolucionarias como capitán segundo encargado de la correspondencia (fundamentalmente gracias a su caligrafía) bajo las órdenes del general Guillermo García Aragón, que operaba en Michoacán. A partir de entonces desarrolló una intensa vida militar: con las fuerzas obregonistas presenció en Teoloyucan la rendición del Ejército Federal y combatió al zapatismo en 1914, mismo año en que luchó al lado de Lucio Blanco.

Después, se incorporó a las fuerzas del general José María Maytorena en Sonora, pero al llegar a Cananea y darse cuenta de que Maytorena se había unido a Villa, marchó a Agua Prieta para integrarse a las tropas del general Calles. Ambos iniciaron una entrañable amistad en la que Calles era maestro y líder político del joven Cárdenas. Calles llamaba a Cárdenas con el mote de “Chamaco”. Bajo su mando, Cárdenas actuó contra los indios yaquis sublevados; combatió en Nayarit, Jalisco y Michoacán a los rebeldes villistas de Inés Chávez García. Al triunfo de la revolución constitucionalista regresó a Michoacán, donde persiguió a bandidos que operaban en la región.

Durante el gobierno constitucional de Carranza, Cárdenas fue encargado de pacificar la Huasteca veracruzana, en la que las “guardias blancas”, al servicio de las compañías extranjeras petroleras, asolaban la región. En 1918, alcanzó el grado de coronel.

En 1920, desde la Huasteca, se adhirió al Plan de Agua Prieta, encabezado por los sonorenses Obregón, De la Huerta y Calles, en contra del presidente Carranza, quien pretendía imponer a Bonilla como su sucesor. Tras el asesinato de Carranza en Tlaxcalaltongo, Cárdenas hizo detener y enviar preso a México a Rodolfo Herrero, presunto responsable directo del crimen.

Al triunfo del movimiento de Agua Prieta, el presidente interino, Adolfo de la Huerta, ascendió a Cárdenas al grado de general brigadier. Comisionado en Michoacán, recibió el gobierno interino de su estado natal de manos de Pascual Ortiz Rubio, cargo que desempeñó algunos meses para entregarlo al general Francisco J. Mújica, que había resultado triunfador en las elecciones de septiembre de 1920. Después fue designado jefe militar en el Istmo de Tehuantepec.

En 1923, durante la revolución “de la huertista”, Cárdenas fue herido y hecho prisionero en el combate de Palo Verde. Al ver la gravedad de sus heridas, sus enemigos, los generales sublevados Rafael Buelna y Enrique Estrada (a quien salvaría Cárdenas la vida poco después), generosamente lo enviaron a Guadalajara para que fuera atendido y después liberado. De igual modo, se cuenta que en ese mismo año, Cárdenas dejó escapar al general Francisco J. Múgica, en lugar de asesinarlo como le había ordenado Obregón.

Después fue comandante de la zona militar de las Huastecas. En 1924 fue ascendido a general de brigada y al año siguiente, intervino en el arreglo de diversos problemas surgidos entre los sindicatos y las empresas petroleras extranjeras. Ahí constató los abusos de las compañías extranjeras contra los trabajadores mexicanos y el saqueo irresponsable que realizaban de los recursos petroleros nacionales. Cuando con motivo de la ley petrolera esas empresas acusaron al presidente Calles de “bolchevique” y coludidas con el embajador de Estados Unidos James R.Sheffield, lo amenazaron con una invasión norteamericana a México, Cárdenas recibió órdenes presidenciales de incendiar los pozos petroleros si cumplían sus amenazas.

El 1º de abril de 1928 fue nombrado general de división. Ese mismo año fue postulado como candidato al gobierno del estado de Michoacán y emprendió una intensa campaña pueblo por pueblo y rancho por rancho, a pesar de que era aspirante único al cargo. Ejerció el gobierno entre septiembre de 1928 y septiembre de 1932, con algunos periodos de licencia para desempeñar temporalmente otros cargos políticos.

Como gobernador, a cambio de dejar las armas, ofreció amnistía a los cristeros sublevados por la iglesia católica que pretendía impedir la aplicación de los artículos 3º, 27 y 123 de la Constitución, lo que debilitó la rebelión cristera en Michoacán.

Para obtener apoyo popular activo para las reformas sociales que se proponía realizar, se dedicó a escuchar al pueblo, en especial a los grupos más pobres; estimuló la formación de agrupaciones obreras y campesinas; unificó y reorganizó a las fuerzas políticas, e impulsó la creación de la Confederación Regional Michoacana, que agrupó a la mayoría de campesinos y obreros de la entidad; también promovió la organización de los maestros para que se convirtieran en los agentes de la transformación social.

Así inició el reparto agrario, a pesar de la resistencia del presidente Calles, de los hacendados y aun de los propios peones acasillados que temían romper su dependencia del patrón. Además, agilizó los trámites legales de dotación de tierras y estableció créditos agrarios de refacción; pugnó por la jornada laboral de ocho horas, el salario mínimo y la asistencia médica; estableció la obligación de crear escuelas en las haciendas y combatió el fanatismo religioso y el alcoholismo. Por estas acciones revolucionarias a favor de los de abajo, “su prestigio pasó de boca en boca, como un corrido popular”.

En 1929 estalló la rebelión “escobarista” y Cárdenas pidió permiso al Congreso local para incorporarse al ejército; se le dio el mando de una columna y cooperó en la pronta derrota de los sublevados. Recibió un millón de pesos para los gastos de la campaña y al término de ésta, reintegró setecientos mil pesos no utilizados y regresó a su cargo de gobernador.

El 15 de octubre de 1930, dejó la gubernatura de su estado para asumir la presidencia del Partido Nacional Revolucionario (PNR), y dirigir la campaña presidencial del ingeniero PascuaI Ortiz Rubio, quien al año siguiente, lo nombró secretario de Gobernación por poco más de un mes. En octubre de 1931 reanudó sus labores como gobernador de su estado hasta concluir su mandato.

El 25 de septiembre de 1932 contrajo matrimonio con Amalia Solórzano, pese a la plena desaprobación de los padres de la novia.

En enero del siguiente año, fue nombrado secretario de Guerra y Marina en el gobierno de Abelardo L. Rodríguez.

A finales de 1933, el PNR elaboró “un plan de gobierno que constituya un solemne compromiso ante la nación de desarrollar una política social, económica y administrativa, capaz de traducir en hechos los postulados que se proclamaron en los años de la lucha armada…”. El 6 de diciembre de ese año, el Plan Sexenal fue aprobado por la asamblea del PNR y Cárdenas rindió protesta como candidato presidencial del mismo partido.

El 8 de diciembre de 1933 inició en Querétaro una exhaustiva campaña que llegó a los lugares más apartados, nunca antes visitados por un candidato a la presidencia: “Yo soy quien debe ir a ellos, ya que ellos no pueden venir a mí”. Casi sin dormir recorrió miles de kilómetros escuchando a la gente para entender sus problemas y obtener apoyo para las reformas que se proponía realizar, ahora en el país.

Al celebrarse las elecciones el 4 de julio de 1934, Cárdenas emitió su voto personal a favor de Tomás Garrido Canabal. Los resultados electorales fueron de 2,225,000 votos para Cárdenas del PNR (98.19%); y para Antonio I. Villarreal de la Confederación Revolucionaria de Partidos Independientes, sólo el 1.07% de la votación. Cifras aun menores correspondieron a Adalberto Tejeda del Partido Socialista de las Izquierdas (0.70%) y a Hernán Laborde del Partido Comunista Mexicano (0.03%).

El gobierno de Cárdenas se inició en un ambiente internacional marcado por la depresión económica y la posibilidad de una nueva conflagración mundial. La depresión provocó, a nivel mundial, la intervención económica y social del Estado a favor del bienestar social de las masas empobrecidas por la crisis de 1929, intervención que coincidió con la ideología de la Revolución Mexicana de que el Estado debía ser un instrumento de progreso y de justicia social, con lo cual disminuyó la sospecha de que en México dominaba el “bolcheviquismo”; además, la contracción de los mercados internacionales, obligó a los países exportadores como el nuestro, a basar más su crecimiento económico en la expansión de su mercado interno. En segundo lugar, la inminencia de una nueva guerra mundial permitió mayor libertad de maniobra a los gobiernos nacionalistas que pretendían recuperar sus recursos naturales para sus naciones, pues alejaba la posibilidad de una respuesta armada de parte de las potencias afectadas, las cuales, en ese momento, estaban más ocupadas en prepararse para un esfuerzo bélico de dimensiones mundiales.  .

El 1° de diciembre de 1934, Cárdenas, vestido sencillamente (sin jacquet ni sombrero de copa, como era costumbre), asumió el cargo de presidente de la República, en su mensaje inicial señaló: “La revolución Mexicana ha seguido, desde su origen y a través de su historia, un anhelo de justicia social…Tengo presentes de una manera indeleble las impresiones que durante mi campaña electoral pude recoger: profundas desigualdades e inicuas injusticias a que están sometidas grandes masas de trabajadores y muy particularmente los núcleos indígenas…Nada puede justificar con más elocuencia la larga lucha de la Revolución Mexicana, como la existencia de regiones enteras en las que los hombres de México viven ajenos a toda civilización material y espiritual, hundidos en la ignorancia y la pobreza más absoluta, sometidos a una alimentación, a una indumentaria y a un alojamiento inferiores impropios de un país que, como el nuestro, tiene los recursos materiales suficientes para asegurar una civilización justa..

En lugar de vivir en el castillo de Chapultepec (que convirtió en museo), acondicionó el antiguo rancho de La Hormiga para convertirlo en la residencia presidencial de los “Los Pinos”. Abrió las puertas del Palacio Nacional a campesinos y obreros, e instaló un telégrafo para que cualquier ciudadano pudiera comunicarse con el presidente. Recorrió varias veces el país (más de 80 mil kilómetros): “Las jiras de gobierno tienden a despertar el espíritu cívico de las masas y crear la acción conjunta entre los núcleos sociales, autoridades municipales, locales y la Federación para satisfacer las necesidades seculares”. Usó la radio para informar de sus acciones; fue el primer presidente que leyó de pié y completo su informe de gobierno ante el Congreso de la Unión y el primero también que dio el “Grito” en Dolores, Guanajuato, el 15 de septiembre de 1940.

Al asumir Cárdenas la presidencia, el general Calles se había erigido en el “jefe máximo de la revolución”, tras el asesinato de Obregón y la creación del PNR; Calles contaba, además, con el apoyo del ejército, lo que le permitía ejercer gran influencia en la vida nacional, formar parte de los gabinetes presidenciales y ocupar cargos públicos a su antojo. Por consiguiente, Cárdenas tuvo que incluir en su primer gabinete a muchos personajes por “recomendación” de Calles.

Para poder contrarrestar esta influencia y poner en práctica el Plan Sexenal, se dedicó a fortalecer a las organizaciones de masas que podían respaldar las acciones nacionalistas y revolucionarias gubernamentales, como la Confederación General de Obreros y Campesinos de México, la Federación de Trabajadores del DDF, y los sindicatos de ferrocarrileros, petroleros, tranviarios, taxistas, alijadores, electricistas, mineros, choferes y similares. Su política sindical se dirigió a promover la organización de una central obrera única e impedir la formación de sindicatos blancos, a reafirmar el papel del Estado como árbitro regulador de la economía nacional y protector del proletariado, y a limitar los conflictos obrero-patronales a la capacidad económica de las empresas. “Estoy convencido (…) por mi experiencia como gobernador de Michoacán, que no basta la buena intención del mandatario (…) es indispensable el factor colectivo que representan los trabajadores”.

El apoyo que Cárdenas brindaba a los trabajadores permitió que se efectuaran múltiples paros y estallaran numerosas huelgas, lo cual no fue del agrado de los grupos empresariales que amenazaron con parar sus negocios, a lo que Cárdenas contestó que si estaban “fatigados de la lucha social” entregaran sus empresas al Gobierno o a los trabajadores.

También las huelgas alarmaron a Calles, quien el 11 de junio de 1935 declaró a la prensa: “hace seis meses que la Nación está sacudida por huelgas constantes, muchas de ellas enteramente injustificadas…vamos para atrás, para atrás, retrocediendo siempre…¿Y qué obtienen de estas ominosas agitaciones? Meses de holganza pagados, desaliento del capital, el daño grave de la comunidad”. A lo cual el presidente Cárdenas contestó: “El Ejecutivo Federal está dispuesto a obrar con toda decisión para que se cumpla el programa de la Revolución y las leyes que regulan el equilibrio de la producción, y decidido, asimismo, a llevar adelante el cumplimiento del Plan Sexenal, sin que le importe la alarma de los representantes del sector capitalista”. A continuación, solicitó y obtuvo la renuncia de todos los altos funcionarios de filiación callista. Ya antes, al prohibir los juegos de azar y clausurar las casas de juego existentes, como el Casino de la Selva en Cuernavaca y el Foreign Club en las afueras de la ciudad de México, había afectado los intereses de prominentes políticos callistas, pues esos establecimientos eran negocios de su propiedad.

En reacción a las medidas tomadas, Calles anunció su retiro de la política y viajó a los Estados Unidos, pero regresó inesperadamente al país. El conflicto creció: corrieron rumores de una conspiración callista contra Cárdenas; diputados y senadores callistas fueron desaforados para enfrentar cargos de rebeldía y sedición; gobernadores y jefes militares callistas fueron sustituidos; hubieron en las plazas de las principales ciudades multitudinarias manifestaciones anticallistas; el PNR expulsó de sus filas a Calles y a sus partidarios.

Al siguiente año, en febrero de 1936, se integró la Confederación de Trabajadores de México, CTM, como una central sindical única, “un frente nacional dentro de la lucha de clases, al servicio del proletariado mexicano”. Ante el avance de los sindicatos, en marzo siguiente, las Cámaras de Comercio criticaron que en el gobierno “no existe norma fija, ley en vigor, orientación definida y clara”, se quejaron de que se escuchaba más a los sindicatos que a los empresarios, y pidieron que este “estado de anormalidad y perturbación permanentes” fuera substituido por un “programa y una legislación de netos lineamientos”. El Presidente Cárdenas contestó: El concepto moderno de la función del Estado y la naturaleza misma de la legislación del trabajo, en amplitud universal requieren que los casos de duda sean resueltos en interés de la parte más débil. Otorgar tratamiento igual a dos partes desiguales, no es impartir justicia ni obrar con equidad. La legislación sobre el trabajo, como es sabido, tiene en todos los países un carácter tutelar respecto de los trabajadores, porque tiende a reforzar la debilidad de éstos frente a la fuerza de la clase patronal, para acercarse lo más posible a soluciones de justicia efectiva.

Finalmente, el 10 de abril de 1936, Cárdenas expulsó a Calles del país “por imperativo de salud pública”. Terminó así su maximato.

Para promover la reconciliación nacional, el 5 de febrero de 1937, Cárdenas promulgó una Ley de indulto para todos aquellos que tomaron parte en movimientos de rebelión contra el Gobierno, cancelándose por lo tanto, todos los procesos pendientes, lo que permitió el regreso de importantes militares y políticos exiliados.

Mediante un Manifiesto a la Nación, el 18 de diciembre de 1937, Cárdenas convocó a la formación del Partido Nacional de los Trabajadores y Soldados, que con hegemonía de las agrupaciones sociales, integraría al Ejército en un solo frente, permitiría que los distintos gremios y el sector femenino tuvieran acceso a los cargos de representación popular y de dirigencia del partido, y liberaría a la burocracia de su membresía y de sus cuotas obligatorias. El 30 de marzo de 1938, se creó el Partido de la Revolución Mexicana, PRM, para “llegar por la vía pacífica a la democracia social”, al cual se integraron un amplio espectro de reformistas y progresistas, así como comunistas, socialistas y liberales radicales.

Cárdenas promovió la unificación de todas las organizaciones campesinas: “Necesitamos que haya conciencia de clase en los elementos campesinos y ésta solo podrán demostrarla con su unificación. El gobierno desea facilitar esta organización para que pueda llevarse a cabo el programa que se ha trazado en beneficio de los campesinos del país y de la producción agrícola de la República”. La tarea le fue encomendada al PRM y el 28 de agosto de 1938 quedó constituida la Confederación Nacional Campesina, CNC, que integró ejidatarios, comuneros, solicitantes de tierra, asalariados y productores agrícolas.

Con la CNC y la CTM, el PRM pudo quedar organizado en los sectores campesino, obrero, militar y popular, que le dieron su carácter corporativo. La intención era vincular a las masas de trabajadores con el gobierno para que le sirvieran de respaldo y contrapeso frente a otros grupos nacionales y extranjeros.

La expulsión de Calles, la organización de campesinos y obreros, y la creación del PRM como partido único, permitieron a Cárdenas establecer un régimen político revolucionario caracterizado por un Estado fuerte y activo en todas las esferas políticas, económicas, sociales y culturales; una presidencia de la República como la institución predominante sobre grupos, caudillos y caciques, y que como “fiel de la balanza” decidía su sucesor; y un partido capaz de regular interna y pacíficamente la lucha por los puestos de elección y de movilizar pasivamente el apoyo popular a las medidas gubernamentales. Este régimen sustentaria la estabilidad política de México hasta el fin del siglo XX.

Así, Cárdenas pudo promulgar nuevas leyes y acciones para llevar a la práctica el contenido nacionalista y popular de la Constitución de 1917, representado en los artículos 3ª, 27 y 123.

Respecto a la educación, los diputados y senadores del PNR, en cumplimiento de los acuerdos de su convención, iniciaron la reforma al Artículo 3º Constitucional para implantar la educación socialista cuando ocupaba la presidencia de la República Abelardo L. Rodríguez. Cárdenas como presidente electo manifestó: “El mismo hecho de que el clero y sus aliados muestren inquietud y hagan oposición a la idea de la escuela socialista, es la mejor prueba de que satisface un ideal de la Revolución y de que debemos apoyarla vigorosamente”. Y así lo hizo para combatir el fanatismo, ya como presidente en funciones, a pesar de la oposición del clero que estimuló a los campesinos a agredir a los maestros, desorejándolos e inclusive matándolos como sucedió en San Felipe, Guanajuato. Además, fundó el Instituto Politécnico Nacional, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Escuela Nacional de Educación Física, el Consejo Técnico de Educación Agrícola, el Departamento de Asuntos Indígenas, y celebró el Primer Congreso Indigenista Interamericano.

En materia agraria, Cárdenas decretó un Código Agrario que facilitó la expropiación de latifundios y convirtió a los peones acasillados de las haciendas en sujetos de derechos agrarios, lo que restó fuerza a los latifundistas y al clero. Intensificó el reparto de tierras hasta llegar a una cifra de 18 millones de hectáreas entregadas a un millón de campesinos, a los que dotó de apoyos mediante la creación del Banco Nacional de Crédito Ejidal y el Banco Nacional de Crédito Rural. Hizo llegar la reforma agraria hasta zonas de alta productividad como la henequenera en Yucatán o la Laguna en Durango y Coahuila. “Por el hecho de solicitar ejidos, el campesino rompe su liga económica con el patrón, y en estas condiciones, el papel del ejido no es el de producir el complemento económico de un salario (…) sino que el ejido, por su extensión, calidad y sistema de explotación debe bastar para la liberación económica absoluta del trabajador, creando un nuevo sistema económico-agrícola, en un todo diferente al régimen anterior (…) para sustituir al régimen de los asalariados del campo y liquidar el capitalismo agrario de la República”. Así, prácticamente dio fin al latifundismo porfirista e hizo del ejido la principal unidad del desarrollo rural.

En el campo laboral, Cárdenas apoyó las causas de los trabajadores, en junio de 1937 nacionalizó los ferrocarriles y los puso bajo una administración obrera; además, muchas industrias se convirtieron en cooperativas. Luego de un largo conflicto obrero-patronal, ante la negativa de las compañías petroleras de acatar un laudo de la Suprema Corte de Justicia que favorecía a los trabajadores, decretó la expropiación de la industria petrolera –mayoritariamente en manos de empresas norteamericanas e inglesas- el 18 de marzo de 1938, “y para evitar en lo posible que México se pueda ver en el fututo con problemas provocados por intereses particulares extraños a las necesidades interiores del país, se pondrá en la consideración de vuestra soberanía que no vuelvan a darse concesiones del subsuelo en lo que se refiere al petróleo y que sea el Estado el que tenga el control absoluto de la explotación petrolífera”. Se recuperó así para la nación uno de sus recursos naturales más importantes, lo cual contó con un amplio respaldo popular y sustentaría el futuro desarrollo industrial del país.

Dos meses después de la expropiación petrolera el general Saturnino Cedillo se levantó en armas, pero combatido hasta con aviones, fue derrotado y muerto. Este fue el último levantamiento militar del siglo XX.

Por otra parte, Cárdenas promulgó el Estatuto Jurídico de los Trabajadores al Servicio del Estado, para atender la “necesidad de poner a salvo a los servidores del Estado de las contingencias electorales asegurándoles la estabilidad de sus cargos y sus ascensos, a base de eficiencia y honorabilidad”.
 
En materia internacional, su política fue progresista y democrática: en 1936 autorizó la venta de armas al gobierno de la República Española y a su derrota en 1939 por el franquismo apoyado por Hitler y Mussolini, recibió a miles de refugiados republicanos españoles; condenó ante la Liga de las Naciones la agresión fascista italiana a Etiopia; dio asilo a León Trotsky y a otros perseguidos políticos; reanudó relaciones con China y las inició con Rumania; y condenó la agresión soviética a Finlandia. Asimismo, el 2 de julio de 1937 fundó el Banco de Comercio Exterior.

En el campo de la cultura, el gobierno de Cárdenas promovió que el contenido nacionalista e indigenista permeara todas las expresiones artísticas, desde la novela y el muralismo, hasta el cine y la música.

En 1939, cuando el general Manuel Ávila Camacho fue nominado por la CTM (febrero 22) y por la CNC (24 de febrero) como precandidato a la presidencia de la República, comenzaron a surgir voces opuestas al PRM y al gobierno de Cárdenas: el general Francisco Coss convocó a formar un Partido Nacional de Salvación Pública, pues “el PRM surgido de un acuerdo presidencial, hace ineficaz y nula toda campaña electoral independiente”; la Unión Nacional de Ciudadanos Independientes planteó la supresión del PRM por antidemocrático; Joaquín Amaro condenó los rasgos comunistas y fascistas del gobierno, la falsa política obrerista, el despilfarro en las obras públicas, la dependencia del Poder Judicial y los líderes obreros demagogos; y el general Rafael Sánchez Tapia, aspirante independiente a la presidencia, acusó al PRM de resucitar los procedimientos podridos del PNR.

A mediados de ese año, el general Múgica, retiró su candidatura presidencial porque el PRM hacía imposible proseguir en la lucha y únicamente agotaría sus esfuerzos con resultados nulos.

En este contexto, el 1º de septiembre de 1939, Cárdenas señaló: Mi gobierno, al iniciar su administración, se encontró dentro de los términos contradictorios de un dilema ineludible constituyendo uno de sus extremos la subordinación de todo programa de mejoramiento social a la conservación de la riqueza organizada, solución preferida por las clases conservadoras que cerrando los ojos a la miseria y a las necesidades el pueblo han perseguido un interés lucrativo individualista. El otro extremo, exigiendo el cumplimiento del programa impuesto por la Revolución, consiste en dirigir la economía del país en el sentido de los intereses del mayor número de sus habitantes, reconociendo, para lograrlo, que se hacía necesario recurrir al auxilio de la técnica profesional y a a la organización solidaria de los trabajadores a fin de aprovechar debidamente nuestras riquezas intensificándolas en ventaja del país entero”.

Pocos días después, del 14 al 17 de septiembre de ese mismo año, en el Frontón México, se creó el Partido Acción Nacional, PAN, para enfrentar lo que los derechistas consideraron los excesos socializantes y colectivistas del gobierno de Cárdenas.

Pero las fuerzas de la oposición encontraron su mejor candidato en el general Juan Andrew Almazán del Partido Revolucionario de Unificación Nacional Independiente, quien declaró: la decisión es “si el futuro gobernante de México debe ser producto de vicios seculares o el resultado de una verdadera elección”. Además de su doctrina cristiana conservadora, Almazán ofreció protección estatal a los trabajadores, pero sin complicidad o encubrimiento de sus líderes; huelga, pero no como instrumento político; reglamentación de la cláusula de exclusión y desaparición del ejido; asimismo, demandó acceso a la radio para los candidatos de la oposición y alto al acarreo y al derroche en la campaña del PRM.

Las elecciones fueron violentas y muy controvertidas, pero se impuso Ávila Camacho con una mayoría aplastante de votos de más del 93%.

Al término de su periodo, Cárdenas declaró: “Me esforcé por servir a mi país y con mayor empeño al pueblo necesitado. Cancelé muchos privilegios y distribuí una buena parte de la riqueza que estaba en pocas manos”.

A partir de entonces dejó de participar en la política partidista: “Me negué y me he negado a participar en la política, pues en nuestro país debe liquidarse el continuismo; los expresidentes tenemos una responsabilidad simbólica; los expresidentes no tenemos derecho a organizarnos políticamente”.

Tras el ataque japonés a Pearl Harbor, Cárdenas fue nombrado comandante de la zona de defensa especial en el Pacífico mexicano. Al entrar México como contendiente en la Segunda Guerra Mundial, el 22 de mayo de 1942, el presidente Ávila Camacho lo nombró secretario de la Defensa Nacional, cargo que desempeñó hasta el 27 de agosto de 1945, una vez terminada la conflagración.

Después ocupó otros cargos públicos: vocal ejecutivo de la Comisión de la Cuenca del Tepalcatepec entre 1947 y 1960. En la década de los sesenta participó con diversas fuerzas de izquierda en la fundación de la Central Campesina Independiente CCI, y en el Movimiento de Liberación Nacional que defendía la autodeterminación de los pueblos frente al imperialismo norteamericano y apoyaba a la revolución cubana; este apoyó se manifestó por su asistencia a la celebración de uno de sus aniversarios en la Habana y en su intención de viajar a Cuba durante la invasión de Bahía de Cochinos, lo que le impidió un “error” de una compañía de aviación, aunque se rumoreó que fue el gobierno de López Mateos el que lo detuvo. También visitó a los presos políticos en la penitenciaria del Distrito Federal. No obstante apoyó la candidatura a la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz.

Asimismo, formó parte del Tribunal Internacional organizado por Bertrand Russel contra la intervención norteamericana en Vietnam. Al mismo tiempo, fue vocal ejecutivo de la Comisión del Río Balsas entre 1961 y 1970, cuando impulsó la creación de la gigantesca Siderúrgica Las Truchas en Michoacán, que hoy lleva su nombre, y de la cual fue presidente de su consejo de administración.

Su interés en la defensa de los campesinos siempre incomodó al Partido Acción Nacional y en general a la derecha mexicana, los que tildaban de hipócrita y acusaban de agitador al expresidente Cárdenas, quien respondía condenando que los ricos mandaran sus millones al extranjero, pues “con esos millones nuestro país resolvería sus problemas económicos y evitaría los créditos”…También reclamaba a los panistas su carácter de políticos empresarios, porque “no se puede ser dos cosas: servidor público y empresario, porque ello es especular con el pueblo”.

Enfermo de cáncer, murió en la ciudad de México el 19 de octubre de 1970. Poco antes de su muerte escribió un mensaje a los revolucionarios de México, con motivo del aniversario del inicio de la Revolución Mexicana: “Es necesario, a mi juicio, completar la no reelección en los cargos de elección popular con la efectividad del sufragio, pues la ausencia relativa de este postulado mina los saludables efectos del otro; además, debilita en su base el proceso democrático, propicia continuismos de grupo, engendra privilegios, desmoraliza a la ciudadanía y anquilosa la vida de los partidos”.

Sus restos descansan en el Monumento a la Revolución, mismo que mandó construir sobre la vieja estructura erigida durante el porfiriato para edificar el Palacio Legislativo.

Su pensamiento político político-social se sintetizó en diez puntos:

I.- La miseria, la ignorancia, las enfermedades y los vicios esclavizan a los pueblos.

II.- A cada quien en relación a su trabajo; a todos según sus necesidades de pan, casa vestido, salud, cultura y dignidades.

III.- Obtener la máxima eficiencia, con el mínimo de esfuerzo y la más equitativa distribución de la riqueza.

IV.- Sin gran producción no hay amplio consumo, ni gran industria, ni economía poderosa, ni bienestar colectivo, ni nación soberana.

V.- Todo Estado moderno exige una técnica dirigida hacia la abundancia de bienes esenciales y de equipos eficientes de cultivo, de transformación, de comunicaciones, de cambio y de cultura.

VI.- Suprimir lo superfluo para que nadie carezca de lo necesario y se evite que los ricos se hagan más ricos y los pobres más pobres.

VII.- Contra la patria, nadie. Por la patria, todos.

VIII.- Todos somos servidores de las causas de la libertad, la democracia y el progreso.

IX.- Las reformas avanzadas son victorias de las fuerzas del bien sobre el mal en sus luchas por la redención de los oprimidos.

X.- Sólo la justicia social garantiza la paz y la felicidad humana.

Para muchos mexicanos Cárdenas fue el mejor presidente del siglo XX, pero también fue el fundador de una dinastía política que a partir de 1928, ha podido ocupar, entre diversos cargos de elección popular, el gobierno del estado de Michoacán en cuatro ocasiones, mediante sus miembros de tres generaciones.
Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride: Nacimiento 21 de mayo de 1895. Muerte 19 de octubre de 1970.

In AMERICA LATINA, CONFLICTOS ARMADOS, ENLACES DE POLITICA, NORTE AMERICA, PERSONAJES, Politica Internacional, Politica Nacional, UNIÓN HISPANO AMERICANA on Abril 15, 2007 at 4:23 pm
Cárdenas del Río Lázaro (1895-1970) PDF Imprimir E-Mail
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Hijo de don Dámaso Cárdenas Pinedo, de ocupación tendero, y de doña Felícitas del Río Amezcua, nació el 21 de mayo de 1895 en la calle de San Francisco, en el barrio de la Puentecita de Jiquilpan de Juárez, Michoacán. En su tierra natal cursó hasta el cuarto año de educación primaria, únicos estudios formales que realizó hasta los once años. En 1909 ingresó como “meritorio” en la mesa segunda de la Oficina de Rentas de Jiquilpan, donde empezó a desarrollar una caligrafía impecable. En 1911, con la muerte de su padre, asumió la responsabilidad de ser el jefe de su familia. Ese mismo año trabajó en la Secretaría de la Prefactura y después, laboró como tipógrafo en la imprenta “La Económica”, de don Donaciano Carreón, cuyas ideas liberales y revolucionarias influyeron en su formación política. Al estallar la revolución, Don Donaciano vendió a los trabajadores la imprenta, entre ellos al mismo Cárdenas, y se unió a los rebeldes.

En 1913, el joven Lázaro fue delatado a los federales huertistas por haber impreso un manifiesto revolucionario y ante la posibilidad de ser aprehendido, se enlistó en las fuerzas revolucionarias como capitán segundo encargado de la correspondencia (fundamentalmente gracias a su caligrafía) bajo las órdenes del general Guillermo García Aragón, que operaba en Michoacán. A partir de entonces desarrolló una intensa vida militar: con las fuerzas obregonistas presenció en Teoloyucan la rendición del Ejército Federal y combatió al zapatismo en 1914, mismo año en que luchó al lado de Lucio Blanco.

Después, se incorporó a las fuerzas del general José María Maytorena en Sonora, pero al llegar a Cananea y darse cuenta de que Maytorena se había unido a Villa, marchó a Agua Prieta para integrarse a las tropas del general Calles. Ambos iniciaron una entrañable amistad en la que Calles era maestro y líder político del joven Cárdenas. Calles llamaba a Cárdenas con el mote de “Chamaco”. Bajo su mando, Cárdenas actuó contra los indios yaquis sublevados; combatió en Nayarit, Jalisco y Michoacán a los rebeldes villistas de Inés Chávez García. Al triunfo de la revolución constitucionalista regresó a Michoacán, donde persiguió a bandidos que operaban en la región.

Durante el gobierno constitucional de Carranza, Cárdenas fue encargado de pacificar la Huasteca veracruzana, en la que las “guardias blancas”, al servicio de las compañías extranjeras petroleras, asolaban la región. En 1918, alcanzó el grado de coronel.

En 1920, desde la Huasteca, se adhirió al Plan de Agua Prieta, encabezado por los sonorenses Obregón, De la Huerta y Calles, en contra del presidente Carranza, quien pretendía imponer a Bonilla como su sucesor. Tras el asesinato de Carranza en Tlaxcalaltongo, Cárdenas hizo detener y enviar preso a México a Rodolfo Herrero, presunto responsable directo del crimen.

Al triunfo del movimiento de Agua Prieta, el presidente interino, Adolfo de la Huerta, ascendió a Cárdenas al grado de general brigadier. Comisionado en Michoacán, recibió el gobierno interino de su estado natal de manos de Pascual Ortiz Rubio, cargo que desempeñó algunos meses para entregarlo al general Francisco J. Mújica, que había resultado triunfador en las elecciones de septiembre de 1920. Después fue designado jefe militar en el Istmo de Tehuantepec.

En 1923, durante la revolución “de la huertista”, Cárdenas fue herido y hecho prisionero en el combate de Palo Verde. Al ver la gravedad de sus heridas, sus enemigos, los generales sublevados Rafael Buelna y Enrique Estrada (a quien salvaría Cárdenas la vida poco después), generosamente lo enviaron a Guadalajara para que fuera atendido y después liberado. De igual modo, se cuenta que en ese mismo año, Cárdenas dejó escapar al general Francisco J. Múgica, en lugar de asesinarlo como le había ordenado Obregón.

Después fue comandante de la zona militar de las Huastecas. En 1924 fue ascendido a general de brigada y al año siguiente, intervino en el arreglo de diversos problemas surgidos entre los sindicatos y las empresas petroleras extranjeras. Ahí constató los abusos de las compañías extranjeras contra los trabajadores mexicanos y el saqueo irresponsable que realizaban de los recursos petroleros nacionales. Cuando con motivo de la ley petrolera esas empresas acusaron al presidente Calles de “bolchevique” y coludidas con el embajador de Estados Unidos James R.Sheffield, lo amenazaron con una invasión norteamericana a México, Cárdenas recibió órdenes presidenciales de incendiar los pozos petroleros si cumplían sus amenazas.

El 1º de abril de 1928 fue nombrado general de división. Ese mismo año fue postulado como candidato al gobierno del estado de Michoacán y emprendió una intensa campaña pueblo por pueblo y rancho por rancho, a pesar de que era aspirante único al cargo. Ejerció el gobierno entre septiembre de 1928 y septiembre de 1932, con algunos periodos de licencia para desempeñar temporalmente otros cargos políticos.

Como gobernador, a cambio de dejar las armas, ofreció amnistía a los cristeros sublevados por la iglesia católica que pretendía impedir la aplicación de los artículos 3º, 27 y 123 de la Constitución, lo que debilitó la rebelión cristera en Michoacán.

Para obtener apoyo popular activo para las reformas sociales que se proponía realizar, se dedicó a escuchar al pueblo, en especial a los grupos más pobres; estimuló la formación de agrupaciones obreras y campesinas; unificó y reorganizó a las fuerzas políticas, e impulsó la creación de la Confederación Regional Michoacana, que agrupó a la mayoría de campesinos y obreros de la entidad; también promovió la organización de los maestros para que se convirtieran en los agentes de la transformación social.

Así inició el reparto agrario, a pesar de la resistencia del presidente Calles, de los hacendados y aun de los propios peones acasillados que temían romper su dependencia del patrón. Además, agilizó los trámites legales de dotación de tierras y estableció créditos agrarios de refacción; pugnó por la jornada laboral de ocho horas, el salario mínimo y la asistencia médica; estableció la obligación de crear escuelas en las haciendas y combatió el fanatismo religioso y el alcoholismo. Por estas acciones revolucionarias a favor de los de abajo, “su prestigio pasó de boca en boca, como un corrido popular”.

En 1929 estalló la rebelión “escobarista” y Cárdenas pidió permiso al Congreso local para incorporarse al ejército; se le dio el mando de una columna y cooperó en la pronta derrota de los sublevados. Recibió un millón de pesos para los gastos de la campaña y al término de ésta, reintegró setecientos mil pesos no utilizados y regresó a su cargo de gobernador.

El 15 de octubre de 1930, dejó la gubernatura de su estado para asumir la presidencia del Partido Nacional Revolucionario (PNR), y dirigir la campaña presidencial del ingeniero PascuaI Ortiz Rubio, quien al año siguiente, lo nombró secretario de Gobernación por poco más de un mes. En octubre de 1931 reanudó sus labores como gobernador de su estado hasta concluir su mandato.

El 25 de septiembre de 1932 contrajo matrimonio con Amalia Solórzano, pese a la plena desaprobación de los padres de la novia.

En enero del siguiente año, fue nombrado secretario de Guerra y Marina en el gobierno de Abelardo L. Rodríguez.

A finales de 1933, el PNR elaboró “un plan de gobierno que constituya un solemne compromiso ante la nación de desarrollar una política social, económica y administrativa, capaz de traducir en hechos los postulados que se proclamaron en los años de la lucha armada…”. El 6 de diciembre de ese año, el Plan Sexenal fue aprobado por la asamblea del PNR y Cárdenas rindió protesta como candidato presidencial del mismo partido.

El 8 de diciembre de 1933 inició en Querétaro una exhaustiva campaña que llegó a los lugares más apartados, nunca antes visitados por un candidato a la presidencia: “Yo soy quien debe ir a ellos, ya que ellos no pueden venir a mí”. Casi sin dormir recorrió miles de kilómetros escuchando a la gente para entender sus problemas y obtener apoyo para las reformas que se proponía realizar, ahora en el país.

Al celebrarse las elecciones el 4 de julio de 1934, Cárdenas emitió su voto personal a favor de Tomás Garrido Canabal. Los resultados electorales fueron de 2,225,000 votos para Cárdenas del PNR (98.19%); y para Antonio I. Villarreal de la Confederación Revolucionaria de Partidos Independientes, sólo el 1.07% de la votación. Cifras aun menores correspondieron a Adalberto Tejeda del Partido Socialista de las Izquierdas (0.70%) y a Hernán Laborde del Partido Comunista Mexicano (0.03%).

El gobierno de Cárdenas se inició en un ambiente internacional marcado por la depresión económica y la posibilidad de una nueva conflagración mundial. La depresión provocó, a nivel mundial, la intervención económica y social del Estado a favor del bienestar social de las masas empobrecidas por la crisis de 1929, intervención que coincidió con la ideología de la Revolución Mexicana de que el Estado debía ser un instrumento de progreso y de justicia social, con lo cual disminuyó la sospecha de que en México dominaba el “bolcheviquismo”; además, la contracción de los mercados internacionales, obligó a los países exportadores como el nuestro, a basar más su crecimiento económico en la expansión de su mercado interno. En segundo lugar, la inminencia de una nueva guerra mundial permitió mayor libertad de maniobra a los gobiernos nacionalistas que pretendían recuperar sus recursos naturales para sus naciones, pues alejaba la posibilidad de una respuesta armada de parte de las potencias afectadas, las cuales, en ese momento, estaban más ocupadas en prepararse para un esfuerzo bélico de dimensiones mundiales.  .

El 1° de diciembre de 1934, Cárdenas, vestido sencillamente (sin jacquet ni sombrero de copa, como era costumbre), asumió el cargo de presidente de la República, en su mensaje inicial señaló: “La revolución Mexicana ha seguido, desde su origen y a través de su historia, un anhelo de justicia social…Tengo presentes de una manera indeleble las impresiones que durante mi campaña electoral pude recoger: profundas desigualdades e inicuas injusticias a que están sometidas grandes masas de trabajadores y muy particularmente los núcleos indígenas…Nada puede justificar con más elocuencia la larga lucha de la Revolución Mexicana, como la existencia de regiones enteras en las que los hombres de México viven ajenos a toda civilización material y espiritual, hundidos en la ignorancia y la pobreza más absoluta, sometidos a una alimentación, a una indumentaria y a un alojamiento inferiores impropios de un país que, como el nuestro, tiene los recursos materiales suficientes para asegurar una civilización justa..

En lugar de vivir en el castillo de Chapultepec (que convirtió en museo), acondicionó el antiguo rancho de La Hormiga para convertirlo en la residencia presidencial de los “Los Pinos”. Abrió las puertas del Palacio Nacional a campesinos y obreros, e instaló un telégrafo para que cualquier ciudadano pudiera comunicarse con el presidente. Recorrió varias veces el país (más de 80 mil kilómetros): “Las jiras de gobierno tienden a despertar el espíritu cívico de las masas y crear la acción conjunta entre los núcleos sociales, autoridades municipales, locales y la Federación para satisfacer las necesidades seculares”. Usó la radio para informar de sus acciones; fue el primer presidente que leyó de pié y completo su informe de gobierno ante el Congreso de la Unión y el primero también que dio el “Grito” en Dolores, Guanajuato, el 15 de septiembre de 1940.

Al asumir Cárdenas la presidencia, el general Calles se había erigido en el “jefe máximo de la revolución”, tras el asesinato de Obregón y la creación del PNR; Calles contaba, además, con el apoyo del ejército, lo que le permitía ejercer gran influencia en la vida nacional, formar parte de los gabinetes presidenciales y ocupar cargos públicos a su antojo. Por consiguiente, Cárdenas tuvo que incluir en su primer gabinete a muchos personajes por “recomendación” de Calles.

Para poder contrarrestar esta influencia y poner en práctica el Plan Sexenal, se dedicó a fortalecer a las organizaciones de masas que podían respaldar las acciones nacionalistas y revolucionarias gubernamentales, como la Confederación General de Obreros y Campesinos de México, la Federación de Trabajadores del DDF, y los sindicatos de ferrocarrileros, petroleros, tranviarios, taxistas, alijadores, electricistas, mineros, choferes y similares. Su política sindical se dirigió a promover la organización de una central obrera única e impedir la formación de sindicatos blancos, a reafirmar el papel del Estado como árbitro regulador de la economía nacional y protector del proletariado, y a limitar los conflictos obrero-patronales a la capacidad económica de las empresas. “Estoy convencido (…) por mi experiencia como gobernador de Michoacán, que no basta la buena intención del mandatario (…) es indispensable el factor colectivo que representan los trabajadores”.

El apoyo que Cárdenas brindaba a los trabajadores permitió que se efectuaran múltiples paros y estallaran numerosas huelgas, lo cual no fue del agrado de los grupos empresariales que amenazaron con parar sus negocios, a lo que Cárdenas contestó que si estaban “fatigados de la lucha social” entregaran sus empresas al Gobierno o a los trabajadores.

También las huelgas alarmaron a Calles, quien el 11 de junio de 1935 declaró a la prensa: “hace seis meses que la Nación está sacudida por huelgas constantes, muchas de ellas enteramente injustificadas…vamos para atrás, para atrás, retrocediendo siempre…¿Y qué obtienen de estas ominosas agitaciones? Meses de holganza pagados, desaliento del capital, el daño grave de la comunidad”. A lo cual el presidente Cárdenas contestó: “El Ejecutivo Federal está dispuesto a obrar con toda decisión para que se cumpla el programa de la Revolución y las leyes que regulan el equilibrio de la producción, y decidido, asimismo, a llevar adelante el cumplimiento del Plan Sexenal, sin que le importe la alarma de los representantes del sector capitalista”. A continuación, solicitó y obtuvo la renuncia de todos los altos funcionarios de filiación callista. Ya antes, al prohibir los juegos de azar y clausurar las casas de juego existentes, como el Casino de la Selva en Cuernavaca y el Foreign Club en las afueras de la ciudad de México, había afectado los intereses de prominentes políticos callistas, pues esos establecimientos eran negocios de su propiedad.

En reacción a las medidas tomadas, Calles anunció su retiro de la política y viajó a los Estados Unidos, pero regresó inesperadamente al país. El conflicto creció: corrieron rumores de una conspiración callista contra Cárdenas; diputados y senadores callistas fueron desaforados para enfrentar cargos de rebeldía y sedición; gobernadores y jefes militares callistas fueron sustituidos; hubieron en las plazas de las principales ciudades multitudinarias manifestaciones anticallistas; el PNR expulsó de sus filas a Calles y a sus partidarios.

Al siguiente año, en febrero de 1936, se integró la Confederación de Trabajadores de México, CTM, como una central sindical única, “un frente nacional dentro de la lucha de clases, al servicio del proletariado mexicano”. Ante el avance de los sindicatos, en marzo siguiente, las Cámaras de Comercio criticaron que en el gobierno “no existe norma fija, ley en vigor, orientación definida y clara”, se quejaron de que se escuchaba más a los sindicatos que a los empresarios, y pidieron que este “estado de anormalidad y perturbación permanentes” fuera substituido por un “programa y una legislación de netos lineamientos”. El Presidente Cárdenas contestó: El concepto moderno de la función del Estado y la naturaleza misma de la legislación del trabajo, en amplitud universal requieren que los casos de duda sean resueltos en interés de la parte más débil. Otorgar tratamiento igual a dos partes desiguales, no es impartir justicia ni obrar con equidad. La legislación sobre el trabajo, como es sabido, tiene en todos los países un carácter tutelar respecto de los trabajadores, porque tiende a reforzar la debilidad de éstos frente a la fuerza de la clase patronal, para acercarse lo más posible a soluciones de justicia efectiva.

Finalmente, el 10 de abril de 1936, Cárdenas expulsó a Calles del país “por imperativo de salud pública”. Terminó así su maximato.

Para promover la reconciliación nacional, el 5 de febrero de 1937, Cárdenas promulgó una Ley de indulto para todos aquellos que tomaron parte en movimientos de rebelión contra el Gobierno, cancelándose por lo tanto, todos los procesos pendientes, lo que permitió el regreso de importantes militares y políticos exiliados.

Mediante un Manifiesto a la Nación, el 18 de diciembre de 1937, Cárdenas convocó a la formación del Partido Nacional de los Trabajadores y Soldados, que con hegemonía de las agrupaciones sociales, integraría al Ejército en un solo frente, permitiría que los distintos gremios y el sector femenino tuvieran acceso a los cargos de representación popular y de dirigencia del partido, y liberaría a la burocracia de su membresía y de sus cuotas obligatorias. El 30 de marzo de 1938, se creó el Partido de la Revolución Mexicana, PRM, para “llegar por la vía pacífica a la democracia social”, al cual se integraron un amplio espectro de reformistas y progresistas, así como comunistas, socialistas y liberales radicales.

Cárdenas promovió la unificación de todas las organizaciones campesinas: “Necesitamos que haya conciencia de clase en los elementos campesinos y ésta solo podrán demostrarla con su unificación. El gobierno desea facilitar esta organización para que pueda llevarse a cabo el programa que se ha trazado en beneficio de los campesinos del país y de la producción agrícola de la República”. La tarea le fue encomendada al PRM y el 28 de agosto de 1938 quedó constituida la Confederación Nacional Campesina, CNC, que integró ejidatarios, comuneros, solicitantes de tierra, asalariados y productores agrícolas.

Con la CNC y la CTM, el PRM pudo quedar organizado en los sectores campesino, obrero, militar y popular, que le dieron su carácter corporativo. La intención era vincular a las masas de trabajadores con el gobierno para que le sirvieran de respaldo y contrapeso frente a otros grupos nacionales y extranjeros.

La expulsión de Calles, la organización de campesinos y obreros, y la creación del PRM como partido único, permitieron a Cárdenas establecer un régimen político revolucionario caracterizado por un Estado fuerte y activo en todas las esferas políticas, económicas, sociales y culturales; una presidencia de la República como la institución predominante sobre grupos, caudillos y caciques, y que como “fiel de la balanza” decidía su sucesor; y un partido capaz de regular interna y pacíficamente la lucha por los puestos de elección y de movilizar pasivamente el apoyo popular a las medidas gubernamentales. Este régimen sustentaria la estabilidad política de México hasta el fin del siglo XX.

Así, Cárdenas pudo promulgar nuevas leyes y acciones para llevar a la práctica el contenido nacionalista y popular de la Constitución de 1917, representado en los artículos 3ª, 27 y 123.

Respecto a la educación, los diputados y senadores del PNR, en cumplimiento de los acuerdos de su convención, iniciaron la reforma al Artículo 3º Constitucional para implantar la educación socialista cuando ocupaba la presidencia de la República Abelardo L. Rodríguez. Cárdenas como presidente electo manifestó: “El mismo hecho de que el clero y sus aliados muestren inquietud y hagan oposición a la idea de la escuela socialista, es la mejor prueba de que satisface un ideal de la Revolución y de que debemos apoyarla vigorosamente”. Y así lo hizo para combatir el fanatismo, ya como presidente en funciones, a pesar de la oposición del clero que estimuló a los campesinos a agredir a los maestros, desorejándolos e inclusive matándolos como sucedió en San Felipe, Guanajuato. Además, fundó el Instituto Politécnico Nacional, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Escuela Nacional de Educación Física, el Consejo Técnico de Educación Agrícola, el Departamento de Asuntos Indígenas, y celebró el Primer Congreso Indigenista Interamericano.

En materia agraria, Cárdenas decretó un Código Agrario que facilitó la expropiación de latifundios y convirtió a los peones acasillados de las haciendas en sujetos de derechos agrarios, lo que restó fuerza a los latifundistas y al clero. Intensificó el reparto de tierras hasta llegar a una cifra de 18 millones de hectáreas entregadas a un millón de campesinos, a los que dotó de apoyos mediante la creación del Banco Nacional de Crédito Ejidal y el Banco Nacional de Crédito Rural. Hizo llegar la reforma agraria hasta zonas de alta productividad como la henequenera en Yucatán o la Laguna en Durango y Coahuila. “Por el hecho de solicitar ejidos, el campesino rompe su liga económica con el patrón, y en estas condiciones, el papel del ejido no es el de producir el complemento económico de un salario (…) sino que el ejido, por su extensión, calidad y sistema de explotación debe bastar para la liberación económica absoluta del trabajador, creando un nuevo sistema económico-agrícola, en un todo diferente al régimen anterior (…) para sustituir al régimen de los asalariados del campo y liquidar el capitalismo agrario de la República”. Así, prácticamente dio fin al latifundismo porfirista e hizo del ejido la principal unidad del desarrollo rural.

En el campo laboral, Cárdenas apoyó las causas de los trabajadores, en junio de 1937 nacionalizó los ferrocarriles y los puso bajo una administración obrera; además, muchas industrias se convirtieron en cooperativas. Luego de un largo conflicto obrero-patronal, ante la negativa de las compañías petroleras de acatar un laudo de la Suprema Corte de Justicia que favorecía a los trabajadores, decretó la expropiación de la industria petrolera –mayoritariamente en manos de empresas norteamericanas e inglesas- el 18 de marzo de 1938, “y para evitar en lo posible que México se pueda ver en el fututo con problemas provocados por intereses particulares extraños a las necesidades interiores del país, se pondrá en la consideración de vuestra soberanía que no vuelvan a darse concesiones del subsuelo en lo que se refiere al petróleo y que sea el Estado el que tenga el control absoluto de la explotación petrolífera”. Se recuperó así para la nación uno de sus recursos naturales más importantes, lo cual contó con un amplio respaldo popular y sustentaría el futuro desarrollo industrial del país.

Dos meses después de la expropiación petrolera el general Saturnino Cedillo se levantó en armas, pero combatido hasta con aviones, fue derrotado y muerto. Este fue el último levantamiento militar del siglo XX.

Por otra parte, Cárdenas promulgó el Estatuto Jurídico de los Trabajadores al Servicio del Estado, para atender la “necesidad de poner a salvo a los servidores del Estado de las contingencias electorales asegurándoles la estabilidad de sus cargos y sus ascensos, a base de eficiencia y honorabilidad”.
 
En materia internacional, su política fue progresista y democrática: en 1936 autorizó la venta de armas al gobierno de la República Española y a su derrota en 1939 por el franquismo apoyado por Hitler y Mussolini, recibió a miles de refugiados republicanos españoles; condenó ante la Liga de las Naciones la agresión fascista italiana a Etiopia; dio asilo a León Trotsky y a otros perseguidos políticos; reanudó relaciones con China y las inició con Rumania; y condenó la agresión soviética a Finlandia. Asimismo, el 2 de julio de 1937 fundó el Banco de Comercio Exterior.

En el campo de la cultura, el gobierno de Cárdenas promovió que el contenido nacionalista e indigenista permeara todas las expresiones artísticas, desde la novela y el muralismo, hasta el cine y la música.

En 1939, cuando el general Manuel Ávila Camacho fue nominado por la CTM (febrero 22) y por la CNC (24 de febrero) como precandidato a la presidencia de la República, comenzaron a surgir voces opuestas al PRM y al gobierno de Cárdenas: el general Francisco Coss convocó a formar un Partido Nacional de Salvación Pública, pues “el PRM surgido de un acuerdo presidencial, hace ineficaz y nula toda campaña electoral independiente”; la Unión Nacional de Ciudadanos Independientes planteó la supresión del PRM por antidemocrático; Joaquín Amaro condenó los rasgos comunistas y fascistas del gobierno, la falsa política obrerista, el despilfarro en las obras públicas, la dependencia del Poder Judicial y los líderes obreros demagogos; y el general Rafael Sánchez Tapia, aspirante independiente a la presidencia, acusó al PRM de resucitar los procedimientos podridos del PNR.

A mediados de ese año, el general Múgica, retiró su candidatura presidencial porque el PRM hacía imposible proseguir en la lucha y únicamente agotaría sus esfuerzos con resultados nulos.

En este contexto, el 1º de septiembre de 1939, Cárdenas señaló: Mi gobierno, al iniciar su administración, se encontró dentro de los términos contradictorios de un dilema ineludible constituyendo uno de sus extremos la subordinación de todo programa de mejoramiento social a la conservación de la riqueza organizada, solución preferida por las clases conservadoras que cerrando los ojos a la miseria y a las necesidades el pueblo han perseguido un interés lucrativo individualista. El otro extremo, exigiendo el cumplimiento del programa impuesto por la Revolución, consiste en dirigir la economía del país en el sentido de los intereses del mayor número de sus habitantes, reconociendo, para lograrlo, que se hacía necesario recurrir al auxilio de la técnica profesional y a a la organización solidaria de los trabajadores a fin de aprovechar debidamente nuestras riquezas intensificándolas en ventaja del país entero”.

Pocos días después, del 14 al 17 de septiembre de ese mismo año, en el Frontón México, se creó el Partido Acción Nacional, PAN, para enfrentar lo que los derechistas consideraron los excesos socializantes y colectivistas del gobierno de Cárdenas.

Pero las fuerzas de la oposición encontraron su mejor candidato en el general Juan Andrew Almazán del Partido Revolucionario de Unificación Nacional Independiente, quien declaró: la decisión es “si el futuro gobernante de México debe ser producto de vicios seculares o el resultado de una verdadera elección”. Además de su doctrina cristiana conservadora, Almazán ofreció protección estatal a los trabajadores, pero sin complicidad o encubrimiento de sus líderes; huelga, pero no como instrumento político; reglamentación de la cláusula de exclusión y desaparición del ejido; asimismo, demandó acceso a la radio para los candidatos de la oposición y alto al acarreo y al derroche en la campaña del PRM.

Las elecciones fueron violentas y muy controvertidas, pero se impuso Ávila Camacho con una mayoría aplastante de votos de más del 93%.

Al término de su periodo, Cárdenas declaró: “Me esforcé por servir a mi país y con mayor empeño al pueblo necesitado. Cancelé muchos privilegios y distribuí una buena parte de la riqueza que estaba en pocas manos”.

A partir de entonces dejó de participar en la política partidista: “Me negué y me he negado a participar en la política, pues en nuestro país debe liquidarse el continuismo; los expresidentes tenemos una responsabilidad simbólica; los expresidentes no tenemos derecho a organizarnos políticamente”.

Tras el ataque japonés a Pearl Harbor, Cárdenas fue nombrado comandante de la zona de defensa especial en el Pacífico mexicano. Al entrar México como contendiente en la Segunda Guerra Mundial, el 22 de mayo de 1942, el presidente Ávila Camacho lo nombró secretario de la Defensa Nacional, cargo que desempeñó hasta el 27 de agosto de 1945, una vez terminada la conflagración.

Después ocupó otros cargos públicos: vocal ejecutivo de la Comisión de la Cuenca del Tepalcatepec entre 1947 y 1960. En la década de los sesenta participó con diversas fuerzas de izquierda en la fundación de la Central Campesina Independiente CCI, y en el Movimiento de Liberación Nacional que defendía la autodeterminación de los pueblos frente al imperialismo norteamericano y apoyaba a la revolución cubana; este apoyó se manifestó por su asistencia a la celebración de uno de sus aniversarios en la Habana y en su intención de viajar a Cuba durante la invasión de Bahía de Cochinos, lo que le impidió un “error” de una compañía de aviación, aunque se rumoreó que fue el gobierno de López Mateos el que lo detuvo. También visitó a los presos políticos en la penitenciaria del Distrito Federal. No obstante apoyó la candidatura a la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz.

Asimismo, formó parte del Tribunal Internacional organizado por Bertrand Russel contra la intervención norteamericana en Vietnam. Al mismo tiempo, fue vocal ejecutivo de la Comisión del Río Balsas entre 1961 y 1970, cuando impulsó la creación de la gigantesca Siderúrgica Las Truchas en Michoacán, que hoy lleva su nombre, y de la cual fue presidente de su consejo de administración.

Su interés en la defensa de los campesinos siempre incomodó al Partido Acción Nacional y en general a la derecha mexicana, los que tildaban de hipócrita y acusaban de agitador al expresidente Cárdenas, quien respondía condenando que los ricos mandaran sus millones al extranjero, pues “con esos millones nuestro país resolvería sus problemas económicos y evitaría los créditos”…También reclamaba a los panistas su carácter de políticos empresarios, porque “no se puede ser dos cosas: servidor público y empresario, porque ello es especular con el pueblo”.

Enfermo de cáncer, murió en la ciudad de México el 19 de octubre de 1970. Poco antes de su muerte escribió un mensaje a los revolucionarios de México, con motivo del aniversario del inicio de la Revolución Mexicana: “Es necesario, a mi juicio, completar la no reelección en los cargos de elección popular con la efectividad del sufragio, pues la ausencia relativa de este postulado mina los saludables efectos del otro; además, debilita en su base el proceso democrático, propicia continuismos de grupo, engendra privilegios, desmoraliza a la ciudadanía y anquilosa la vida de los partidos”.

Sus restos descansan en el Monumento a la Revolución, mismo que mandó construir sobre la vieja estructura erigida durante el porfiriato para edificar el Palacio Legislativo.

Su pensamiento político político-social se sintetizó en diez puntos:

I.- La miseria, la ignorancia, las enfermedades y los vicios esclavizan a los pueblos.

II.- A cada quien en relación a su trabajo; a todos según sus necesidades de pan, casa vestido, salud, cultura y dignidades.

III.- Obtener la máxima eficiencia, con el mínimo de esfuerzo y la más equitativa distribución de la riqueza.

IV.- Sin gran producción no hay amplio consumo, ni gran industria, ni economía poderosa, ni bienestar colectivo, ni nación soberana.

V.- Todo Estado moderno exige una técnica dirigida hacia la abundancia de bienes esenciales y de equipos eficientes de cultivo, de transformación, de comunicaciones, de cambio y de cultura.

VI.- Suprimir lo superfluo para que nadie carezca de lo necesario y se evite que los ricos se hagan más ricos y los pobres más pobres.

VII.- Contra la patria, nadie. Por la patria, todos.

VIII.- Todos somos servidores de las causas de la libertad, la democracia y el progreso.

IX.- Las reformas avanzadas son victorias de las fuerzas del bien sobre el mal en sus luchas por la redención de los oprimidos.

X.- Sólo la justicia social garantiza la paz y la felicidad humana.

Para muchos mexicanos Cárdenas fue el mejor presidente del siglo XX, pero también fue el fundador de una dinastía política que a partir de 1928, ha podido ocupar, entre diversos cargos de elección popular, el gobierno del estado de Michoacán en cuatro ocasiones, mediante sus miembros de tres generaciones.
Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride: Nacimiento 21 de mayo de 1895. Muerte 19 de octubre de 1970.

In AMERICA LATINA, CONFLICTOS ARMADOS, ENLACES DE POLITICA, NORTE AMERICA, PERSONAJES, Politica Internacional, Politica Nacional, UNIÓN HISPANO AMERICANA on Abril 15, 2007 at 4:23 pm
Cárdenas del Río Lázaro (1895-1970) PDF Imprimir E-Mail
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Hijo de don Dámaso Cárdenas Pinedo, de ocupación tendero, y de doña Felícitas del Río Amezcua, nació el 21 de mayo de 1895 en la calle de San Francisco, en el barrio de la Puentecita de Jiquilpan de Juárez, Michoacán. En su tierra natal cursó hasta el cuarto año de educación primaria, únicos estudios formales que realizó hasta los once años. En 1909 ingresó como “meritorio” en la mesa segunda de la Oficina de Rentas de Jiquilpan, donde empezó a desarrollar una caligrafía impecable. En 1911, con la muerte de su padre, asumió la responsabilidad de ser el jefe de su familia. Ese mismo año trabajó en la Secretaría de la Prefactura y después, laboró como tipógrafo en la imprenta “La Económica”, de don Donaciano Carreón, cuyas ideas liberales y revolucionarias influyeron en su formación política. Al estallar la revolución, Don Donaciano vendió a los trabajadores la imprenta, entre ellos al mismo Cárdenas, y se unió a los rebeldes.

En 1913, el joven Lázaro fue delatado a los federales huertistas por haber impreso un manifiesto revolucionario y ante la posibilidad de ser aprehendido, se enlistó en las fuerzas revolucionarias como capitán segundo encargado de la correspondencia (fundamentalmente gracias a su caligrafía) bajo las órdenes del general Guillermo García Aragón, que operaba en Michoacán. A partir de entonces desarrolló una intensa vida militar: con las fuerzas obregonistas presenció en Teoloyucan la rendición del Ejército Federal y combatió al zapatismo en 1914, mismo año en que luchó al lado de Lucio Blanco.

Después, se incorporó a las fuerzas del general José María Maytorena en Sonora, pero al llegar a Cananea y darse cuenta de que Maytorena se había unido a Villa, marchó a Agua Prieta para integrarse a las tropas del general Calles. Ambos iniciaron una entrañable amistad en la que Calles era maestro y líder político del joven Cárdenas. Calles llamaba a Cárdenas con el mote de “Chamaco”. Bajo su mando, Cárdenas actuó contra los indios yaquis sublevados; combatió en Nayarit, Jalisco y Michoacán a los rebeldes villistas de Inés Chávez García. Al triunfo de la revolución constitucionalista regresó a Michoacán, donde persiguió a bandidos que operaban en la región.

Durante el gobierno constitucional de Carranza, Cárdenas fue encargado de pacificar la Huasteca veracruzana, en la que las “guardias blancas”, al servicio de las compañías extranjeras petroleras, asolaban la región. En 1918, alcanzó el grado de coronel.

En 1920, desde la Huasteca, se adhirió al Plan de Agua Prieta, encabezado por los sonorenses Obregón, De la Huerta y Calles, en contra del presidente Carranza, quien pretendía imponer a Bonilla como su sucesor. Tras el asesinato de Carranza en Tlaxcalaltongo, Cárdenas hizo detener y enviar preso a México a Rodolfo Herrero, presunto responsable directo del crimen.

Al triunfo del movimiento de Agua Prieta, el presidente interino, Adolfo de la Huerta, ascendió a Cárdenas al grado de general brigadier. Comisionado en Michoacán, recibió el gobierno interino de su estado natal de manos de Pascual Ortiz Rubio, cargo que desempeñó algunos meses para entregarlo al general Francisco J. Mújica, que había resultado triunfador en las elecciones de septiembre de 1920. Después fue designado jefe militar en el Istmo de Tehuantepec.

En 1923, durante la revolución “de la huertista”, Cárdenas fue herido y hecho prisionero en el combate de Palo Verde. Al ver la gravedad de sus heridas, sus enemigos, los generales sublevados Rafael Buelna y Enrique Estrada (a quien salvaría Cárdenas la vida poco después), generosamente lo enviaron a Guadalajara para que fuera atendido y después liberado. De igual modo, se cuenta que en ese mismo año, Cárdenas dejó escapar al general Francisco J. Múgica, en lugar de asesinarlo como le había ordenado Obregón.

Después fue comandante de la zona militar de las Huastecas. En 1924 fue ascendido a general de brigada y al año siguiente, intervino en el arreglo de diversos problemas surgidos entre los sindicatos y las empresas petroleras extranjeras. Ahí constató los abusos de las compañías extranjeras contra los trabajadores mexicanos y el saqueo irresponsable que realizaban de los recursos petroleros nacionales. Cuando con motivo de la ley petrolera esas empresas acusaron al presidente Calles de “bolchevique” y coludidas con el embajador de Estados Unidos James R.Sheffield, lo amenazaron con una invasión norteamericana a México, Cárdenas recibió órdenes presidenciales de incendiar los pozos petroleros si cumplían sus amenazas.

El 1º de abril de 1928 fue nombrado general de división. Ese mismo año fue postulado como candidato al gobierno del estado de Michoacán y emprendió una intensa campaña pueblo por pueblo y rancho por rancho, a pesar de que era aspirante único al cargo. Ejerció el gobierno entre septiembre de 1928 y septiembre de 1932, con algunos periodos de licencia para desempeñar temporalmente otros cargos políticos.

Como gobernador, a cambio de dejar las armas, ofreció amnistía a los cristeros sublevados por la iglesia católica que pretendía impedir la aplicación de los artículos 3º, 27 y 123 de la Constitución, lo que debilitó la rebelión cristera en Michoacán.

Para obtener apoyo popular activo para las reformas sociales que se proponía realizar, se dedicó a escuchar al pueblo, en especial a los grupos más pobres; estimuló la formación de agrupaciones obreras y campesinas; unificó y reorganizó a las fuerzas políticas, e impulsó la creación de la Confederación Regional Michoacana, que agrupó a la mayoría de campesinos y obreros de la entidad; también promovió la organización de los maestros para que se convirtieran en los agentes de la transformación social.

Así inició el reparto agrario, a pesar de la resistencia del presidente Calles, de los hacendados y aun de los propios peones acasillados que temían romper su dependencia del patrón. Además, agilizó los trámites legales de dotación de tierras y estableció créditos agrarios de refacción; pugnó por la jornada laboral de ocho horas, el salario mínimo y la asistencia médica; estableció la obligación de crear escuelas en las haciendas y combatió el fanatismo religioso y el alcoholismo. Por estas acciones revolucionarias a favor de los de abajo, “su prestigio pasó de boca en boca, como un corrido popular”.

En 1929 estalló la rebelión “escobarista” y Cárdenas pidió permiso al Congreso local para incorporarse al ejército; se le dio el mando de una columna y cooperó en la pronta derrota de los sublevados. Recibió un millón de pesos para los gastos de la campaña y al término de ésta, reintegró setecientos mil pesos no utilizados y regresó a su cargo de gobernador.

El 15 de octubre de 1930, dejó la gubernatura de su estado para asumir la presidencia del Partido Nacional Revolucionario (PNR), y dirigir la campaña presidencial del ingeniero PascuaI Ortiz Rubio, quien al año siguiente, lo nombró secretario de Gobernación por poco más de un mes. En octubre de 1931 reanudó sus labores como gobernador de su estado hasta concluir su mandato.

El 25 de septiembre de 1932 contrajo matrimonio con Amalia Solórzano, pese a la plena desaprobación de los padres de la novia.

En enero del siguiente año, fue nombrado secretario de Guerra y Marina en el gobierno de Abelardo L. Rodríguez.

A finales de 1933, el PNR elaboró “un plan de gobierno que constituya un solemne compromiso ante la nación de desarrollar una política social, económica y administrativa, capaz de traducir en hechos los postulados que se proclamaron en los años de la lucha armada…”. El 6 de diciembre de ese año, el Plan Sexenal fue aprobado por la asamblea del PNR y Cárdenas rindió protesta como candidato presidencial del mismo partido.

El 8 de diciembre de 1933 inició en Querétaro una exhaustiva campaña que llegó a los lugares más apartados, nunca antes visitados por un candidato a la presidencia: “Yo soy quien debe ir a ellos, ya que ellos no pueden venir a mí”. Casi sin dormir recorrió miles de kilómetros escuchando a la gente para entender sus problemas y obtener apoyo para las reformas que se proponía realizar, ahora en el país.

Al celebrarse las elecciones el 4 de julio de 1934, Cárdenas emitió su voto personal a favor de Tomás Garrido Canabal. Los resultados electorales fueron de 2,225,000 votos para Cárdenas del PNR (98.19%); y para Antonio I. Villarreal de la Confederación Revolucionaria de Partidos Independientes, sólo el 1.07% de la votación. Cifras aun menores correspondieron a Adalberto Tejeda del Partido Socialista de las Izquierdas (0.70%) y a Hernán Laborde del Partido Comunista Mexicano (0.03%).

El gobierno de Cárdenas se inició en un ambiente internacional marcado por la depresión económica y la posibilidad de una nueva conflagración mundial. La depresión provocó, a nivel mundial, la intervención económica y social del Estado a favor del bienestar social de las masas empobrecidas por la crisis de 1929, intervención que coincidió con la ideología de la Revolución Mexicana de que el Estado debía ser un instrumento de progreso y de justicia social, con lo cual disminuyó la sospecha de que en México dominaba el “bolcheviquismo”; además, la contracción de los mercados internacionales, obligó a los países exportadores como el nuestro, a basar más su crecimiento económico en la expansión de su mercado interno. En segundo lugar, la inminencia de una nueva guerra mundial permitió mayor libertad de maniobra a los gobiernos nacionalistas que pretendían recuperar sus recursos naturales para sus naciones, pues alejaba la posibilidad de una respuesta armada de parte de las potencias afectadas, las cuales, en ese momento, estaban más ocupadas en prepararse para un esfuerzo bélico de dimensiones mundiales.  .

El 1° de diciembre de 1934, Cárdenas, vestido sencillamente (sin jacquet ni sombrero de copa, como era costumbre), asumió el cargo de presidente de la República, en su mensaje inicial señaló: “La revolución Mexicana ha seguido, desde su origen y a través de su historia, un anhelo de justicia social…Tengo presentes de una manera indeleble las impresiones que durante mi campaña electoral pude recoger: profundas desigualdades e inicuas injusticias a que están sometidas grandes masas de trabajadores y muy particularmente los núcleos indígenas…Nada puede justificar con más elocuencia la larga lucha de la Revolución Mexicana, como la existencia de regiones enteras en las que los hombres de México viven ajenos a toda civilización material y espiritual, hundidos en la ignorancia y la pobreza más absoluta, sometidos a una alimentación, a una indumentaria y a un alojamiento inferiores impropios de un país que, como el nuestro, tiene los recursos materiales suficientes para asegurar una civilización justa..

En lugar de vivir en el castillo de Chapultepec (que convirtió en museo), acondicionó el antiguo rancho de La Hormiga para convertirlo en la residencia presidencial de los “Los Pinos”. Abrió las puertas del Palacio Nacional a campesinos y obreros, e instaló un telégrafo para que cualquier ciudadano pudiera comunicarse con el presidente. Recorrió varias veces el país (más de 80 mil kilómetros): “Las jiras de gobierno tienden a despertar el espíritu cívico de las masas y crear la acción conjunta entre los núcleos sociales, autoridades municipales, locales y la Federación para satisfacer las necesidades seculares”. Usó la radio para informar de sus acciones; fue el primer presidente que leyó de pié y completo su informe de gobierno ante el Congreso de la Unión y el primero también que dio el “Grito” en Dolores, Guanajuato, el 15 de septiembre de 1940.

Al asumir Cárdenas la presidencia, el general Calles se había erigido en el “jefe máximo de la revolución”, tras el asesinato de Obregón y la creación del PNR; Calles contaba, además, con el apoyo del ejército, lo que le permitía ejercer gran influencia en la vida nacional, formar parte de los gabinetes presidenciales y ocupar cargos públicos a su antojo. Por consiguiente, Cárdenas tuvo que incluir en su primer gabinete a muchos personajes por “recomendación” de Calles.

Para poder contrarrestar esta influencia y poner en práctica el Plan Sexenal, se dedicó a fortalecer a las organizaciones de masas que podían respaldar las acciones nacionalistas y revolucionarias gubernamentales, como la Confederación General de Obreros y Campesinos de México, la Federación de Trabajadores del DDF, y los sindicatos de ferrocarrileros, petroleros, tranviarios, taxistas, alijadores, electricistas, mineros, choferes y similares. Su política sindical se dirigió a promover la organización de una central obrera única e impedir la formación de sindicatos blancos, a reafirmar el papel del Estado como árbitro regulador de la economía nacional y protector del proletariado, y a limitar los conflictos obrero-patronales a la capacidad económica de las empresas. “Estoy convencido (…) por mi experiencia como gobernador de Michoacán, que no basta la buena intención del mandatario (…) es indispensable el factor colectivo que representan los trabajadores”.

El apoyo que Cárdenas brindaba a los trabajadores permitió que se efectuaran múltiples paros y estallaran numerosas huelgas, lo cual no fue del agrado de los grupos empresariales que amenazaron con parar sus negocios, a lo que Cárdenas contestó que si estaban “fatigados de la lucha social” entregaran sus empresas al Gobierno o a los trabajadores.

También las huelgas alarmaron a Calles, quien el 11 de junio de 1935 declaró a la prensa: “hace seis meses que la Nación está sacudida por huelgas constantes, muchas de ellas enteramente injustificadas…vamos para atrás, para atrás, retrocediendo siempre…¿Y qué obtienen de estas ominosas agitaciones? Meses de holganza pagados, desaliento del capital, el daño grave de la comunidad”. A lo cual el presidente Cárdenas contestó: “El Ejecutivo Federal está dispuesto a obrar con toda decisión para que se cumpla el programa de la Revolución y las leyes que regulan el equilibrio de la producción, y decidido, asimismo, a llevar adelante el cumplimiento del Plan Sexenal, sin que le importe la alarma de los representantes del sector capitalista”. A continuación, solicitó y obtuvo la renuncia de todos los altos funcionarios de filiación callista. Ya antes, al prohibir los juegos de azar y clausurar las casas de juego existentes, como el Casino de la Selva en Cuernavaca y el Foreign Club en las afueras de la ciudad de México, había afectado los intereses de prominentes políticos callistas, pues esos establecimientos eran negocios de su propiedad.

En reacción a las medidas tomadas, Calles anunció su retiro de la política y viajó a los Estados Unidos, pero regresó inesperadamente al país. El conflicto creció: corrieron rumores de una conspiración callista contra Cárdenas; diputados y senadores callistas fueron desaforados para enfrentar cargos de rebeldía y sedición; gobernadores y jefes militares callistas fueron sustituidos; hubieron en las plazas de las principales ciudades multitudinarias manifestaciones anticallistas; el PNR expulsó de sus filas a Calles y a sus partidarios.

Al siguiente año, en febrero de 1936, se integró la Confederación de Trabajadores de México, CTM, como una central sindical única, “un frente nacional dentro de la lucha de clases, al servicio del proletariado mexicano”. Ante el avance de los sindicatos, en marzo siguiente, las Cámaras de Comercio criticaron que en el gobierno “no existe norma fija, ley en vigor, orientación definida y clara”, se quejaron de que se escuchaba más a los sindicatos que a los empresarios, y pidieron que este “estado de anormalidad y perturbación permanentes” fuera substituido por un “programa y una legislación de netos lineamientos”. El Presidente Cárdenas contestó: El concepto moderno de la función del Estado y la naturaleza misma de la legislación del trabajo, en amplitud universal requieren que los casos de duda sean resueltos en interés de la parte más débil. Otorgar tratamiento igual a dos partes desiguales, no es impartir justicia ni obrar con equidad. La legislación sobre el trabajo, como es sabido, tiene en todos los países un carácter tutelar respecto de los trabajadores, porque tiende a reforzar la debilidad de éstos frente a la fuerza de la clase patronal, para acercarse lo más posible a soluciones de justicia efectiva.

Finalmente, el 10 de abril de 1936, Cárdenas expulsó a Calles del país “por imperativo de salud pública”. Terminó así su maximato.

Para promover la reconciliación nacional, el 5 de febrero de 1937, Cárdenas promulgó una Ley de indulto para todos aquellos que tomaron parte en movimientos de rebelión contra el Gobierno, cancelándose por lo tanto, todos los procesos pendientes, lo que permitió el regreso de importantes militares y políticos exiliados.

Mediante un Manifiesto a la Nación, el 18 de diciembre de 1937, Cárdenas convocó a la formación del Partido Nacional de los Trabajadores y Soldados, que con hegemonía de las agrupaciones sociales, integraría al Ejército en un solo frente, permitiría que los distintos gremios y el sector femenino tuvieran acceso a los cargos de representación popular y de dirigencia del partido, y liberaría a la burocracia de su membresía y de sus cuotas obligatorias. El 30 de marzo de 1938, se creó el Partido de la Revolución Mexicana, PRM, para “llegar por la vía pacífica a la democracia social”, al cual se integraron un amplio espectro de reformistas y progresistas, así como comunistas, socialistas y liberales radicales.

Cárdenas promovió la unificación de todas las organizaciones campesinas: “Necesitamos que haya conciencia de clase en los elementos campesinos y ésta solo podrán demostrarla con su unificación. El gobierno desea facilitar esta organización para que pueda llevarse a cabo el programa que se ha trazado en beneficio de los campesinos del país y de la producción agrícola de la República”. La tarea le fue encomendada al PRM y el 28 de agosto de 1938 quedó constituida la Confederación Nacional Campesina, CNC, que integró ejidatarios, comuneros, solicitantes de tierra, asalariados y productores agrícolas.

Con la CNC y la CTM, el PRM pudo quedar organizado en los sectores campesino, obrero, militar y popular, que le dieron su carácter corporativo. La intención era vincular a las masas de trabajadores con el gobierno para que le sirvieran de respaldo y contrapeso frente a otros grupos nacionales y extranjeros.

La expulsión de Calles, la organización de campesinos y obreros, y la creación del PRM como partido único, permitieron a Cárdenas establecer un régimen político revolucionario caracterizado por un Estado fuerte y activo en todas las esferas políticas, económicas, sociales y culturales; una presidencia de la República como la institución predominante sobre grupos, caudillos y caciques, y que como “fiel de la balanza” decidía su sucesor; y un partido capaz de regular interna y pacíficamente la lucha por los puestos de elección y de movilizar pasivamente el apoyo popular a las medidas gubernamentales. Este régimen sustentaria la estabilidad política de México hasta el fin del siglo XX.

Así, Cárdenas pudo promulgar nuevas leyes y acciones para llevar a la práctica el contenido nacionalista y popular de la Constitución de 1917, representado en los artículos 3ª, 27 y 123.

Respecto a la educación, los diputados y senadores del PNR, en cumplimiento de los acuerdos de su convención, iniciaron la reforma al Artículo 3º Constitucional para implantar la educación socialista cuando ocupaba la presidencia de la República Abelardo L. Rodríguez. Cárdenas como presidente electo manifestó: “El mismo hecho de que el clero y sus aliados muestren inquietud y hagan oposición a la idea de la escuela socialista, es la mejor prueba de que satisface un ideal de la Revolución y de que debemos apoyarla vigorosamente”. Y así lo hizo para combatir el fanatismo, ya como presidente en funciones, a pesar de la oposición del clero que estimuló a los campesinos a agredir a los maestros, desorejándolos e inclusive matándolos como sucedió en San Felipe, Guanajuato. Además, fundó el Instituto Politécnico Nacional, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Escuela Nacional de Educación Física, el Consejo Técnico de Educación Agrícola, el Departamento de Asuntos Indígenas, y celebró el Primer Congreso Indigenista Interamericano.

En materia agraria, Cárdenas decretó un Código Agrario que facilitó la expropiación de latifundios y convirtió a los peones acasillados de las haciendas en sujetos de derechos agrarios, lo que restó fuerza a los latifundistas y al clero. Intensificó el reparto de tierras hasta llegar a una cifra de 18 millones de hectáreas entregadas a un millón de campesinos, a los que dotó de apoyos mediante la creación del Banco Nacional de Crédito Ejidal y el Banco Nacional de Crédito Rural. Hizo llegar la reforma agraria hasta zonas de alta productividad como la henequenera en Yucatán o la Laguna en Durango y Coahuila. “Por el hecho de solicitar ejidos, el campesino rompe su liga económica con el patrón, y en estas condiciones, el papel del ejido no es el de producir el complemento económico de un salario (…) sino que el ejido, por su extensión, calidad y sistema de explotación debe bastar para la liberación económica absoluta del trabajador, creando un nuevo sistema económico-agrícola, en un todo diferente al régimen anterior (…) para sustituir al régimen de los asalariados del campo y liquidar el capitalismo agrario de la República”. Así, prácticamente dio fin al latifundismo porfirista e hizo del ejido la principal unidad del desarrollo rural.

En el campo laboral, Cárdenas apoyó las causas de los trabajadores, en junio de 1937 nacionalizó los ferrocarriles y los puso bajo una administración obrera; además, muchas industrias se convirtieron en cooperativas. Luego de un largo conflicto obrero-patronal, ante la negativa de las compañías petroleras de acatar un laudo de la Suprema Corte de Justicia que favorecía a los trabajadores, decretó la expropiación de la industria petrolera –mayoritariamente en manos de empresas norteamericanas e inglesas- el 18 de marzo de 1938, “y para evitar en lo posible que México se pueda ver en el fututo con problemas provocados por intereses particulares extraños a las necesidades interiores del país, se pondrá en la consideración de vuestra soberanía que no vuelvan a darse concesiones del subsuelo en lo que se refiere al petróleo y que sea el Estado el que tenga el control absoluto de la explotación petrolífera”. Se recuperó así para la nación uno de sus recursos naturales más importantes, lo cual contó con un amplio respaldo popular y sustentaría el futuro desarrollo industrial del país.

Dos meses después de la expropiación petrolera el general Saturnino Cedillo se levantó en armas, pero combatido hasta con aviones, fue derrotado y muerto. Este fue el último levantamiento militar del siglo XX.

Por otra parte, Cárdenas promulgó el Estatuto Jurídico de los Trabajadores al Servicio del Estado, para atender la “necesidad de poner a salvo a los servidores del Estado de las contingencias electorales asegurándoles la estabilidad de sus cargos y sus ascensos, a base de eficiencia y honorabilidad”.
 
En materia internacional, su política fue progresista y democrática: en 1936 autorizó la venta de armas al gobierno de la República Española y a su derrota en 1939 por el franquismo apoyado por Hitler y Mussolini, recibió a miles de refugiados republicanos españoles; condenó ante la Liga de las Naciones la agresión fascista italiana a Etiopia; dio asilo a León Trotsky y a otros perseguidos políticos; reanudó relaciones con China y las inició con Rumania; y condenó la agresión soviética a Finlandia. Asimismo, el 2 de julio de 1937 fundó el Banco de Comercio Exterior.

En el campo de la cultura, el gobierno de Cárdenas promovió que el contenido nacionalista e indigenista permeara todas las expresiones artísticas, desde la novela y el muralismo, hasta el cine y la música.

En 1939, cuando el general Manuel Ávila Camacho fue nominado por la CTM (febrero 22) y por la CNC (24 de febrero) como precandidato a la presidencia de la República, comenzaron a surgir voces opuestas al PRM y al gobierno de Cárdenas: el general Francisco Coss convocó a formar un Partido Nacional de Salvación Pública, pues “el PRM surgido de un acuerdo presidencial, hace ineficaz y nula toda campaña electoral independiente”; la Unión Nacional de Ciudadanos Independientes planteó la supresión del PRM por antidemocrático; Joaquín Amaro condenó los rasgos comunistas y fascistas del gobierno, la falsa política obrerista, el despilfarro en las obras públicas, la dependencia del Poder Judicial y los líderes obreros demagogos; y el general Rafael Sánchez Tapia, aspirante independiente a la presidencia, acusó al PRM de resucitar los procedimientos podridos del PNR.

A mediados de ese año, el general Múgica, retiró su candidatura presidencial porque el PRM hacía imposible proseguir en la lucha y únicamente agotaría sus esfuerzos con resultados nulos.

En este contexto, el 1º de septiembre de 1939, Cárdenas señaló: Mi gobierno, al iniciar su administración, se encontró dentro de los términos contradictorios de un dilema ineludible constituyendo uno de sus extremos la subordinación de todo programa de mejoramiento social a la conservación de la riqueza organizada, solución preferida por las clases conservadoras que cerrando los ojos a la miseria y a las necesidades el pueblo han perseguido un interés lucrativo individualista. El otro extremo, exigiendo el cumplimiento del programa impuesto por la Revolución, consiste en dirigir la economía del país en el sentido de los intereses del mayor número de sus habitantes, reconociendo, para lograrlo, que se hacía necesario recurrir al auxilio de la técnica profesional y a a la organización solidaria de los trabajadores a fin de aprovechar debidamente nuestras riquezas intensificándolas en ventaja del país entero”.

Pocos días después, del 14 al 17 de septiembre de ese mismo año, en el Frontón México, se creó el Partido Acción Nacional, PAN, para enfrentar lo que los derechistas consideraron los excesos socializantes y colectivistas del gobierno de Cárdenas.

Pero las fuerzas de la oposición encontraron su mejor candidato en el general Juan Andrew Almazán del Partido Revolucionario de Unificación Nacional Independiente, quien declaró: la decisión es “si el futuro gobernante de México debe ser producto de vicios seculares o el resultado de una verdadera elección”. Además de su doctrina cristiana conservadora, Almazán ofreció protección estatal a los trabajadores, pero sin complicidad o encubrimiento de sus líderes; huelga, pero no como instrumento político; reglamentación de la cláusula de exclusión y desaparición del ejido; asimismo, demandó acceso a la radio para los candidatos de la oposición y alto al acarreo y al derroche en la campaña del PRM.

Las elecciones fueron violentas y muy controvertidas, pero se impuso Ávila Camacho con una mayoría aplastante de votos de más del 93%.

Al término de su periodo, Cárdenas declaró: “Me esforcé por servir a mi país y con mayor empeño al pueblo necesitado. Cancelé muchos privilegios y distribuí una buena parte de la riqueza que estaba en pocas manos”.

A partir de entonces dejó de participar en la política partidista: “Me negué y me he negado a participar en la política, pues en nuestro país debe liquidarse el continuismo; los expresidentes tenemos una responsabilidad simbólica; los expresidentes no tenemos derecho a organizarnos políticamente”.

Tras el ataque japonés a Pearl Harbor, Cárdenas fue nombrado comandante de la zona de defensa especial en el Pacífico mexicano. Al entrar México como contendiente en la Segunda Guerra Mundial, el 22 de mayo de 1942, el presidente Ávila Camacho lo nombró secretario de la Defensa Nacional, cargo que desempeñó hasta el 27 de agosto de 1945, una vez terminada la conflagración.

Después ocupó otros cargos públicos: vocal ejecutivo de la Comisión de la Cuenca del Tepalcatepec entre 1947 y 1960. En la década de los sesenta participó con diversas fuerzas de izquierda en la fundación de la Central Campesina Independiente CCI, y en el Movimiento de Liberación Nacional que defendía la autodeterminación de los pueblos frente al imperialismo norteamericano y apoyaba a la revolución cubana; este apoyó se manifestó por su asistencia a la celebración de uno de sus aniversarios en la Habana y en su intención de viajar a Cuba durante la invasión de Bahía de Cochinos, lo que le impidió un “error” de una compañía de aviación, aunque se rumoreó que fue el gobierno de López Mateos el que lo detuvo. También visitó a los presos políticos en la penitenciaria del Distrito Federal. No obstante apoyó la candidatura a la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz.

Asimismo, formó parte del Tribunal Internacional organizado por Bertrand Russel contra la intervención norteamericana en Vietnam. Al mismo tiempo, fue vocal ejecutivo de la Comisión del Río Balsas entre 1961 y 1970, cuando impulsó la creación de la gigantesca Siderúrgica Las Truchas en Michoacán, que hoy lleva su nombre, y de la cual fue presidente de su consejo de administración.

Su interés en la defensa de los campesinos siempre incomodó al Partido Acción Nacional y en general a la derecha mexicana, los que tildaban de hipócrita y acusaban de agitador al expresidente Cárdenas, quien respondía condenando que los ricos mandaran sus millones al extranjero, pues “con esos millones nuestro país resolvería sus problemas económicos y evitaría los créditos”…También reclamaba a los panistas su carácter de políticos empresarios, porque “no se puede ser dos cosas: servidor público y empresario, porque ello es especular con el pueblo”.

Enfermo de cáncer, murió en la ciudad de México el 19 de octubre de 1970. Poco antes de su muerte escribió un mensaje a los revolucionarios de México, con motivo del aniversario del inicio de la Revolución Mexicana: “Es necesario, a mi juicio, completar la no reelección en los cargos de elección popular con la efectividad del sufragio, pues la ausencia relativa de este postulado mina los saludables efectos del otro; además, debilita en su base el proceso democrático, propicia continuismos de grupo, engendra privilegios, desmoraliza a la ciudadanía y anquilosa la vida de los partidos”.

Sus restos descansan en el Monumento a la Revolución, mismo que mandó construir sobre la vieja estructura erigida durante el porfiriato para edificar el Palacio Legislativo.

Su pensamiento político político-social se sintetizó en diez puntos:

I.- La miseria, la ignorancia, las enfermedades y los vicios esclavizan a los pueblos.

II.- A cada quien en relación a su trabajo; a todos según sus necesidades de pan, casa vestido, salud, cultura y dignidades.

III.- Obtener la máxima eficiencia, con el mínimo de esfuerzo y la más equitativa distribución de la riqueza.

IV.- Sin gran producción no hay amplio consumo, ni gran industria, ni economía poderosa, ni bienestar colectivo, ni nación soberana.

V.- Todo Estado moderno exige una técnica dirigida hacia la abundancia de bienes esenciales y de equipos eficientes de cultivo, de transformación, de comunicaciones, de cambio y de cultura.

VI.- Suprimir lo superfluo para que nadie carezca de lo necesario y se evite que los ricos se hagan más ricos y los pobres más pobres.

VII.- Contra la patria, nadie. Por la patria, todos.

VIII.- Todos somos servidores de las causas de la libertad, la democracia y el progreso.

IX.- Las reformas avanzadas son victorias de las fuerzas del bien sobre el mal en sus luchas por la redención de los oprimidos.

X.- Sólo la justicia social garantiza la paz y la felicidad humana.

Para muchos mexicanos Cárdenas fue el mejor presidente del siglo XX, pero también fue el fundador de una dinastía política que a partir de 1928, ha podido ocupar, entre diversos cargos de elección popular, el gobierno del estado de Michoacán en cuatro ocasiones, mediante sus miembros de tres generaciones.
Doralicia Carmona: MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

Efeméride: Nacimiento 21 de mayo de 1895. Muerte 19 de octubre de 1970.

In AMERICA LATINA, CONFLICTOS ARMADOS, ENLACES DE POLITICA, NORTE AMERICA, PERSONAJES, Politica Internacional, Politica Nacional, UNIÓN HISPANO AMERICANA on Abril 15, 2007 at 4:23 pm
Cárdenas del Río Lázaro (1895-1970) PDF Imprimir E-Mail
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Hijo de don Dámaso Cárdenas Pinedo, de ocupación tendero, y de doña Felícitas del Río Amezcua, nació el 21 de mayo de 1895 en la calle de San Francisco, en el barrio de la Puentecita de Jiquilpan de Juárez, Michoacán. En su tierra natal cursó hasta el cuarto año de educación primaria, únicos estudios formales que realizó hasta los once años. En 1909 ingresó como “meritorio” en la mesa segunda de la Oficina de Rentas de Jiquilpan, donde empezó a desarrollar una caligrafía impecable. En 1911, con la muerte de su padre, asumió la responsabilidad de ser el jefe de su familia. Ese mismo año trabajó en la Secretaría de la Prefactura y después, laboró como tipógrafo en la imprenta “La Económica”, de don Donaciano Carreón, cuyas ideas liberales y revolucionarias influyeron en su formación política. Al estallar la revolución, Don Donaciano vendió a los trabajadores la imprenta, entre ellos al mismo Cárdenas, y se unió a los rebeldes.

En 1913, el joven Lázaro fue delatado a los federales huertistas por haber impreso un manifiesto revolucionario y ante la posibilidad de ser aprehendido, se enlistó en las fuerzas revolucionarias como capitán segundo encargado de la correspondencia (fundamentalmente gracias a su caligrafía) bajo las órdenes del general Guillermo García Aragón, que operaba en Michoacán. A partir de entonces desarrolló una intensa vida militar: con las fuerzas obregonistas presenció en Teoloyucan la rendición del Ejército Federal y combatió al zapatismo en 1914, mismo año en que luchó al lado de Lucio Blanco.

Después, se incorporó a las fuerzas del general José María Maytorena en Sonora, pero al llegar a Cananea y darse cuenta de que Maytorena se había unido a Villa, marchó a Agua Prieta para integrarse a las tropas del general Calles. Ambos iniciaron una entrañable amistad en la que Calles era maestro y líder político del joven Cárdenas. Calles llamaba a Cárdenas con el mote de “Chamaco”. Bajo su mando, Cárdenas actuó contra los indios yaquis sublevados; combatió en Nayarit, Jalisco y Michoacán a los rebeldes villistas de Inés Chávez García. Al triunfo de la revolución constitucionalista regresó a Michoacán, donde persiguió a bandidos que operaban en la región.

Durante el gobierno constitucional de Carranza, Cárdenas fue encargado de pacificar la Huasteca veracruzana, en la que las “guardias blancas”, al servicio de las compañías extranjeras petroleras, asolaban la región. En 1918, alcanzó el grado de coronel.

En 1920, desde la Huasteca, se adhirió al Plan de Agua Prieta, encabezado por los sonorenses Obregón, De la Huerta y Calles, en contra del presidente Carranza, quien pretendía imponer a Bonilla como su sucesor. Tras el asesinato de Carranza en Tlaxcalaltongo, Cárdenas hizo detener y enviar preso a México a Rodolfo Herrero, presunto responsable directo del crimen.

Al triunfo del movimiento de Agua Prieta, el presidente interino, Adolfo de la Huerta, ascendió a Cárdenas al grado de general brigadier. Comisionado en Michoacán, recibió el gobierno interino de su estado natal de manos de Pascual Ortiz Rubio, cargo que desempeñó algunos meses para entregarlo al general Francisco J. Mújica, que había resultado triunfador en las elecciones de septiembre de 1920. Después fue designado jefe militar en el Istmo de Tehuantepec.

En 1923, durante la revolución “de la huertista”, Cárdenas fue herido y hecho prisionero en el combate de Palo Verde. Al ver la gravedad de sus heridas, sus enemigos, los generales sublevados Rafael Buelna y Enrique Estrada (a quien salvaría Cárdenas la vida poco después), generosamente lo enviaron a Guadalajara para que fuera atendido y después liberado. De igual modo, se cuenta que en ese mismo año, Cárdenas dejó escapar al general Francisco J. Múgica, en lugar de asesinarlo como le había ordenado Obregón.

Después fue comandante de la zona militar de las Huastecas. En 1924 fue ascendido a general de brigada y al año siguiente, intervino en el arreglo de diversos problemas surgidos entre los sindicatos y las empresas petroleras extranjeras. Ahí constató los abusos de las compañías extranjeras contra los trabajadores mexicanos y el saqueo irresponsable que realizaban de los recursos petroleros nacionales. Cuando con motivo de la ley petrolera esas empresas acusaron al presidente Calles de “bolchevique” y coludidas con el embajador de Estados Unidos James R.Sheffield, lo amenazaron con una invasión norteamericana a México, Cárdenas recibió órdenes presidenciales de incendiar los pozos petroleros si cumplían sus amenazas.

El 1º de abril de 1928 fue nombrado general de división. Ese mismo año fue postulado como candidato al gobierno del estado de Michoacán y emprendió una intensa campaña pueblo por pueblo y rancho por rancho, a pesar de que era aspirante único al cargo. Ejerció el gobierno entre septiembre de 1928 y septiembre de 1932, con algunos periodos de licencia para desempeñar temporalmente otros cargos políticos.

Como gobernador, a cambio de dejar las armas, ofreció amnistía a los cristeros sublevados por la iglesia católica que pretendía impedir la aplicación de los artículos 3º, 27 y 123 de la Constitución, lo que debilitó la rebelión cristera en Michoacán.

Para obtener apoyo popular activo para las reformas sociales que se proponía realizar, se dedicó a escuchar al pueblo, en especial a los grupos más pobres; estimuló la formación de agrupaciones obreras y campesinas; unificó y reorganizó a las fuerzas políticas, e impulsó la creación de la Confederación Regional Michoacana, que agrupó a la mayoría de campesinos y obreros de la entidad; también promovió la organización de los maestros para que se convirtieran en los agentes de la transformación social.

Así inició el reparto agrario, a pesar de la resistencia del presidente Calles, de los hacendados y aun de los propios peones acasillados que temían romper su dependencia del patrón. Además, agilizó los trámites legales de dotación de tierras y estableció créditos agrarios de refacción; pugnó por la jornada laboral de ocho horas, el salario mínimo y la asistencia médica; estableció la obligación de crear escuelas en las haciendas y combatió el fanatismo religioso y el alcoholismo. Por estas acciones revolucionarias a favor de los de abajo, “su prestigio pasó de boca en boca, como un corrido popular”.

En 1929 estalló la rebelión “escobarista” y Cárdenas pidió permiso al Congreso local para incorporarse al ejército; se le dio el mando de una columna y cooperó en la pronta derrota de los sublevados. Recibió un millón de pesos para los gastos de la campaña y al término de ésta, reintegró setecientos mil pesos no utilizados y regresó a su cargo de gobernador.

El 15 de octubre de 1930, dejó la gubernatura de su estado para asumir la presidencia del Partido Nacional Revolucionario (PNR), y dirigir la campaña presidencial del ingeniero PascuaI Ortiz Rubio, quien al año siguiente, lo nombró secretario de Gobernación por poco más de un mes. En octubre de 1931 reanudó sus labores como gobernador de su estado hasta concluir su mandato.

El 25 de septiembre de 1932 contrajo matrimonio con Amalia Solórzano, pese a la plena desaprobación de los padres de la novia.

En enero del siguiente año, fue nombrado secretario de Guerra y Marina en el gobierno de Abelardo L. Rodríguez.

A finales de 1933, el PNR elaboró “un plan de gobierno que constituya un solemne compromiso ante la nación de desarrollar una política social, económica y administrativa, capaz de traducir en hechos los postulados que se proclamaron en los años de la lucha armada…”. El 6 de diciembre de ese año, el Plan Sexenal fue aprobado por la asamblea del PNR y Cárdenas rindió protesta como candidato presidencial del mismo partido.

El 8 de diciembre de 1933 inició en Querétaro una exhaustiva campaña que llegó a los lugares más apartados, nunca antes visitados por un candidato a la presidencia: “Yo soy quien debe ir a ellos, ya que ellos no pueden venir a mí”. Casi sin dormir recorrió miles de kilómetros escuchando a la gente para entender sus problemas y obtener apoyo para las reformas que se proponía realizar, ahora en el país.

Al celebrarse las elecciones el 4 de julio de 1934, Cárdenas emitió su voto personal a favor de Tomás Garrido Canabal. Los resultados electorales fueron de 2,225,000 votos para Cárdenas del PNR (98.19%); y para Antonio I. Villarreal de la Confederación Revolucionaria de Partidos Independientes, sólo el 1.07% de la votación. Cifras aun menores correspondieron a Adalberto Tejeda del Partido Socialista de las Izquierdas (0.70%) y a Hernán Laborde del Partido Comunista Mexicano (0.03%).

El gobierno de Cárdenas se inició en un ambiente internacional marcado por la depresión económica y la posibilidad de una nueva conflagración mundial. La depresión provocó, a nivel mundial, la intervención económica y social del Estado a favor del bienestar social de las masas empobrecidas por la crisis de 1929, intervención que coincidió con la ideología de la Revolución Mexicana de que el Estado debía ser un instrumento de progreso y de justicia social, con lo cual disminuyó la sospecha de que en México dominaba el “bolcheviquismo”; además, la contracción de los mercados internacionales, obligó a los países exportadores como el nuestro, a basar más su crecimiento económico en la expansión de su mercado interno. En segundo lugar, la inminencia de una nueva guerra mundial permitió mayor libertad de maniobra a los gobiernos nacionalistas que pretendían recuperar sus recursos naturales para sus naciones, pues alejaba la posibilidad de una respuesta armada de parte de las potencias afectadas, las cuales, en ese momento, estaban más ocupadas en prepararse para un esfuerzo bélico de dimensiones mundiales.  .

El 1° de diciembre de 1934, Cárdenas, vestido sencillamente (sin jacquet ni sombrero de copa, como era costumbre), asumió el cargo de presidente de la República, en su mensaje inicial señaló: “La revolución Mexicana ha seguido, desde su origen y a través de su historia, un anhelo de justicia social…Tengo presentes de una manera indeleble las impresiones que durante mi campaña electoral pude recoger: profundas desigualdades e inicuas injusticias a que están sometidas grandes masas de trabajadores y muy particularmente los núcleos indígenas…Nada puede justificar con más elocuencia la larga lucha de la Revolución Mexicana, como la existencia de regiones enteras en las que los hombres de México viven ajenos a toda civilización material y espiritual, hundidos en la ignorancia y la pobreza más absoluta, sometidos a una alimentación, a una indumentaria y a un alojamiento inferiores impropios de un país que, como el nuestro, tiene los recursos materiales suficientes para asegurar una civilización justa..

En lugar de vivir en el castillo de Chapultepec (que convirtió en museo), acondicionó el antiguo rancho de La Hormiga para convertirlo en la residencia presidencial de los “Los Pinos”. Abrió las puertas del Palacio Nacional a campesinos y obreros, e instaló un telégrafo para que cualquier ciudadano pudiera comunicarse con el presidente. Recorrió varias veces el país (más de 80 mil kilómetros): “Las jiras de gobierno tienden a despertar el espíritu cívico de las masas y crear la acción conjunta entre los núcleos sociales, autoridades municipales, locales y la Federación para satisfacer las necesidades seculares”. Usó la radio para informar de sus acciones; fue el primer presidente que leyó de pié y completo su informe de gobierno ante el Congreso de la Unión y el primero también que dio el “Grito” en Dolores, Guanajuato, el 15 de septiembre de 1940.

Al asumir Cárdenas la presidencia, el general Calles se había erigido en el “jefe máximo de la revolución”, tras el asesinato de Obregón y la creación del PNR; Calles contaba, además, con el apoyo del ejército, lo que le permitía ejercer gran influencia en la vida nacional, formar parte de los gabinetes presidenciales y ocupar cargos públicos a su antojo. Por consiguiente, Cárdenas tuvo que incluir en su primer gabinete a muchos personajes por “recomendación” de Calles.

Para poder contrarrestar esta influencia y poner en práctica el Plan Sexenal, se dedicó a fortalecer a las organizaciones de masas que podían respaldar las acciones nacionalistas y revolucionarias gubernamentales, como la Confederación General de Obreros y Campesinos de México, la Federación de Trabajadores del DDF, y los sindicatos de ferrocarrileros, petroleros, tranviarios, taxistas, alijadores, electricistas, mineros, choferes y similares. Su política sindical se dirigió a promover la organización de una central obrera única e impedir la formación de sindicatos blancos, a reafirmar el papel del Estado como árbitro regulador de la economía nacional y protector del proletariado, y a limitar los conflictos obrero-patronales a la capacidad económica de las empresas. “Estoy convencido (…) por mi experiencia como gobernador de Michoacán, que no basta la buena intención del mandatario (…) es indispensable el factor colectivo que representan los trabajadores”.

El apoyo que Cárdenas brindaba a los trabajadores permitió que se efectuaran múltiples paros y estallaran numerosas huelgas, lo cual no fue del agrado de los grupos empresariales que amenazaron con parar sus negocios, a lo que Cárdenas contestó que si estaban “fatigados de la lucha social” entregaran sus empresas al Gobierno o a los trabajadores.

También las huelgas alarmaron a Calles, quien el 11 de junio de 1935 declaró a la prensa: “hace seis meses que la Nación está sacudida por huelgas constantes, muchas de ellas enteramente injustificadas…vamos para atrás, para atrás, retrocediendo siempre…¿Y qué obtienen de estas ominosas agitaciones? Meses de holganza pagados, desaliento del capital, el daño grave de la comunidad”. A lo cual el presidente Cárdenas contestó: “El Ejecutivo Federal está dispuesto a obrar con toda decisión para que se cumpla el programa de la Revolución y las leyes que regulan el equilibrio de la producción, y decidido, asimismo, a llevar adelante el cumplimiento del Plan Sexenal, sin que le importe la alarma de los representantes del sector capitalista”. A continuación, solicitó y obtuvo la renuncia de todos los altos funcionarios de filiación callista. Ya antes, al prohibir los juegos de azar y clausurar las casas de juego existentes, como el Casino de la Selva en Cuernavaca y el Foreign Club en las afueras de la ciudad de México, había afectado los intereses de prominentes políticos callistas, pues esos establecimientos eran negocios de su propiedad.

En reacción a las medidas tomadas, Calles anunció su retiro de la política y viajó a los Estados Unidos, pero regresó inesperadamente al país. El conflicto creció: corrieron rumores de una conspiración callista contra Cárdenas; diputados y senadores callistas fueron desaforados para enfrentar cargos de rebeldía y sedición; gobernadores y jefes militares callistas fueron sustituidos; hubieron en las plazas de las principales ciudades multitudinarias manifestaciones anticallistas; el PNR expulsó de sus filas a Calles y a sus partidarios.

Al siguiente año, en febrero de 1936, se integró la Confederación de Trabajadores de México, CTM, como una central sindical única, “un frente nacional dentro de la lucha de clases, al servicio del proletariado