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Archivos de la categoría ‘ANARCOCAPILALISMO’

ESTADOS UNIDOS: Lobbys reparten dinero a manos llenas

In AGORISMO, ANARCOCAPILALISMO, Crisis económica, Expoliación del Estado, LIBERALISMO, LIBERTAD, LIBERTARIANISMO, LIBERTARISMO, Liberalismo libertario, Noticias Economicas, POLITICA, Prensa, TIRANIA, UNIÓN HISPANO AMERICANA on Febrero 7, 2009 at 1:58 am

Por Abid Aslam

WASHINGTON, 10 abr (IPS) – El viejo chiste según el cual Estados Unidos tiene la mejor democracia que el dinero puede comprar se confirmó dramáticamente este jueves, cuando una organización no gubernamental informó sobre la influencia del poder económico en la política de este país.

Por cada día que el Congreso legislativo estuvo en sesión el año pasado, los cabilderos gastaron, en promedio, 17 millones de dólares para ganar el favor de legisladores y otros funcionarios, sostuvo el Centro para una Política Sensible (Center for Responsive Politics, CRP). 

Empresas, sindicatos, gobiernos extranjeros y otros grupos de presión (“lobbies”, en inglés) invirtieron el año pasado la suma sin precedentes de 2.790 millones de dólares –7,7 por ciento más que en 2006– para influir sobre las decisiones políticas. 

“Cuando nuestra economía está al borde de la recesión, la industria del ‘lobby’ se encuentra en expansión”, dijo la directora ejecutiva del CRP, Sheila Krumholz. 

“Los grupos de presión son resistentes a la recesión. En algunos aspectos, incluso, buscan más (favores) del gobierno cuando la economía se desacelera”, agregó. 

Pero es difícil “cuantificar cuánto obtienen los cabilderos como retorno de sus inversiones. Generalmente, el dinero gastado es relativamente poco comparado con las ganancias que sus clientes obtienen”, señaló el portavoz del CRP, Massie Ritsch. 

En el caso de los contratos gubernamentales, “los retornos son astronómicos. Se ganan licitaciones por valores multimillonarios a cambio de unos 100.000 dólares invertidos en el ‘lobby’”, agregó. 

El sector de la salud fue el que más dinero dedicó en 2007: 444,7 millones de dólares, señaló el CRP. 

Las instituciones financieras, de seguros e inmobiliarias se ubicaron en segundo lugar, con un desembolso de 418,7 millones de dólares, mientras que los laboratorios medicinales pagaron a los cabilderos 227 millones de dólares. 

El CRP destacó que la industria farmacéutica invirtió en este concepto 1.300 millones de dólares en la última década, lo cual la coloca al tope de la estadística. 

Las empresas de seguros, en 2007, gastaron 138 millones de dólares, seguidas por las compañías de electricidad (112,7 millones) y las de computación e Internet (110,6 millones). El sector bursátil y la banca de inversión repartieron 87,3 millones, 40 por ciento más que en 2006. 

Entre las empresas u organizaciones individuales, la Cámara de Comercio de Estados Unidos figura al tope de la lista. Aunque la suma de dinero dedicado al cabildeo cayó 27 por ciento en 2007, tras alcanzar un récord en 2006, la organización y sus entidades miembro gastaron 52,8 millones de dólares, según el estudio. 

Entre las 20 empresas más generosas figuran General Electric (23,6 millones de dólares), General Motors, el gigante petrolero Exxon Mobil, AT&T y las fabricantes de armas Northrop Grumman y Lockheed Martin. 

El estudio del CRP señaló que el aumento del gasto en cabildeo durante 2007 está en línea con el incremento que ha venido registrando desde fines de los años 90, en torno a ocho por ciento anual. 

Entre las organizaciones que se dedican al cabildeo, Patton Boggs fue la que obtuvo mayores ganancias por quinto año consecutivo: 41,9 millones de dólares, 20 por ciento más que en 2006. 

Entre sus clientes más redituables figuran corredores de bolsa, productores de alimentos para mascotas y laboratorios como Bristol-Myers Squibb y Roche. (FIN/2008)

http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=88058

 

¿Es viable el anarcocapitalismo?

In ANARCOCAPILALISMO, ANARQUISMO, Ciudadanos, ECONOMIA, LIBERALISMO, LIBERTAD, LIBERTAD INDIVIDUAL DE LAS PERSONAS, LIBERTARIANISMO, Politica Nacional, SAGUNTO - MORVEDRE, UNIÓN HISPANO AMERICANA on Enero 17, 2009 at 2:42 am

¿Es viable el anarcocapitalismo?

Por Albert Esplugas Boter

Conferencia pronunciada en la Universidad de Verano del Instituto Juan de Mariana (Tenerife, 28-30 de septiembre de 2006) y publicado en La Ilustración Liberal.

Podríamos decir que todos los liberales compartimos la célebre máxima de Jefferson: “El mejor Gobierno es el que menos gobierna”. En esta línea, defendemos el mercado y la libertad del individuo frente a la intervención del Estado, apostamos por la desregulación y la privatización en ámbitos como el de la energía, la sanidad, la educación, las pensiones, la banca o la emisión de moneda y profesamos una general aversión hacia los impuestos y los delitos sin víctima. Algunos, no obstante, llevan la máxima de Jefferson hasta sus últimas consecuencia y sostienen que el mejor Gobierno es el que no gobierna en absoluto: abogan por la desregulación y privatización de todos los servicios y espacios públicos y por la abolición de todos los impuestos. Esta corriente recibe el nombre de anarcocapitalismo o anarquismo de mercado y, a diferencia del minarquismo, que patrocina un Estado mínimo, postula que el Estado es ilegítimo y abiertamente contraproducente incluso en los ámbitos en que se le tiene por imprescindible.

El Estado Mínimo: agresivo, ineficiente… ¿y utópico?

Desde un punto de vista ético, el liberalismo puede reducirse al principio de no agresión: es ilegítimo iniciar la fuerza contra terceros, atentar contra la integridad física y la propiedad de los demás. El Estado Mínimo, en tanto carga tributos (confisca la propiedad ajena) e impone barreras de entrada en el ámbito de los servicios de gendarmería (emplea la coacción para impedir que otros puedan ofrecer servicios de seguridad, defensa y justicia), inicia la fuerza necesariamente, luego está en contradicción con ese principio.

El Estado monopoliza el uso de la fuerza en un territorio dado. Un monopolio no tiene incentivos para mejorar la calidad de sus servicios ni para reducir los precios, pues no tiene competidores. Si sólo yo puedo ofrecer servicios de limpieza, no esperen que les cobre poco ni que vaya a limpiarles la casa con esmero. ¿Por qué iba hacerlo? Yo tengo el monopolio de la limpieza, por lo que ustedes no pueden acudir a nadie más.

En el caso del monopolio público de la fuerza los pagos son obligatorios (impuestos), por lo que, además de no tener incentivos para ofrecer un servicio de calidad, el Estado puede cargar el precio que quiera a los beneficiarios en forma de confiscación. Por otro lado, la imposibilidad del cálculo económico en un escenario carente de precios de mercado es tan aplicable al ámbito de la seguridad o al de la justicia como al de la sanidad o al de las telecomunicaciones. En los sectores nacionalizados por el Estado no surgen precios de mercado, y los burócratas proceden a tientas: ¿cuánto dinero hay que destinar al capítulo de seguridad y justicia? ¿El 5% del presupuesto? ¿Por qué no el 15? ¿Por qué no todo? ¿Cómo estima el Estado cuán prioritaria es la seguridad y la justicia para los individuos sin precios de mercado? ¿En qué medida los recursos destinados a dichas ramas productivas no estarían mejor empleados en otro lugar? ¿Cómo sabe qué proyectos hay que financiar y cuál es la forma más eficiente de gestionarlos?

Pero hay una cuestión más fundamental: ¿es el Estado Mínimo una propuesta realista? ¿Por qué la carga de la prueba recae en el anarcocapitalismo, y no en el minarquismo? De poco sirve argüir que las sociedades sin Estado son una anomalía histórica, pues ningún Estado mínimo ha permanecido mínimo por mucho tiempo. En este sentido, vale la pena preguntarse si un monopolio de la fuerza, una vez establecido, puede llegar a limitarse; o si, por el contrario, su estructura de incentivos lleva a políticos y grupos de interés a pujar incesantemente por prebendas, con lo que el Estado Mínimo tiende a degenerar en uno intervencionista.

La alternativa anarcocapitalista

¿Por qué es preferible la alternativa anarcocapitalista? Desde un punto de vista ético, un sistema de mercado puro, en el que no existen barreras de entrada y todos los productos y servicios son vendidos y comprados voluntariamente (incluidos los de seguridad y justicia), es un sistema que, per se, no implica el inicio de la fuerza contra inocentes. No hay impuestos, luego no se usurpa sistemáticamente la propiedad ajena, y no se impide por la fuerza que los individuos se organicen para dispensarse justicia y seguridad (formando empresas, asociaciones o lo que sea). Por otro lado, la provisión de justicia y seguridad ya no adolecería de los problemas de incentivos y cálculo económico que padece el monopolio público de la fuerza. Las agencias de protección (las empresas dedicadas a proteger a los individuos de las agresiones externas) tendrían incentivos para proveer el mejor servicio al menor precio posible y captar así más clientes. La emergencia de precios y el test de ganancias y pérdidas permitiría a estas agencias gestionar sus recursos del modo más eficiente posible.

También debemos considerar que si el Estado Mínimo es, en efecto, utópico, porque la estructura de incentivos que instituye lo empuja a expandirse, entonces la verdadera disyuntiva no se plantea entre el anarcocapitalismo y el Estado Mínimo, sino entre el anarcocapitalismo y el Estado del Bienestar.

Nos encontramos en un escenario anarcocapitalista. No hay impuestos y los servicios de gendarmería son dispensados libremente en el mercado, como cualquier otro bien. En este contexto, Miguel contrata los servicios de la agencia de protección A y Pedro, su vecino, los de la agencia de protección B. La agencia A se compromete por contrato a proteger a Miguel de las agresiones de otros individuos a cambio de una cuota anual, y la agencia B se compromete a proteger a Pedro de las agresiones de otros individuos a cambio, igualmente, de una cuota. Ahora supongamos que surge un conflicto entre ambos vecinos: Miguel acusa a Pedro de robarle sus joyas. ¿Qué sucedería? Una guerra entre las dos compañías, es la respuesta de algunos. Miguel acudirá a su agencia para que vaya a recuperar sus joyas y Pedro acudirá a la suya para que le proteja de Miguel y su agencia. De este modo, todos los conflictos entre clientes de distintas agencias se resolverán a tiros, y el anarcocapitalismo derivará en anarquía hobbesiana.

Pero ¿por qué asumir que las empresas resolverán de forma violenta todos los conflictos que surjan entre sus clientes? Las guerras son costosas, y las empresas buscan maximizar sus beneficios, no sus costes. ¿Les conviene resolver de forma violenta todos los conflictos con las demás agencias, o más bien llegar a un acuerdo y establecer mecanismos para resolver aquellos pacíficamente? Así, las agencias A y B podrían acordar que los conflictos entre sus clientes respectivos fueran resueltos por un tribunal determinado y comprometerse a acatar los veredictos. El conflicto entre Miguel y Pedro sería llevado a un tribunal privado. En caso de fallar en contra de Pedro, la agencia de Miguel lo detendría y le exigiría la devolución de las joyas y el pago de restitución sin que la agencia del primero hiciera nada para impedirlo.

Examinemos la problemática de los conflictos entre agencias desde otro ángulo. En la actualidad, cuando un peruano, protegido por el Estado peruano, acusa de un crimen a un ciudadano español, protegido por el Estado español, ¿se declara alguna guerra entre España y Perú? ¿Hay una imposibilidad práctica de resolver este conflicto de manera pacífica sin que intervenga una entidad decisoria superior, o más bien ambos estados tienen fuertes incentivos para no enzarzarse en guerras disputas de este tipo y articulan mecanismos cooperativos para evitarlas?

En cierto modo, los ciudadanos de los diferentes estados se encuentran, entre sí, en una situación de anarquía. No se requiere de ningún supraestado para evitar que surjan conflictos interestatales violentos cuando un ciudadano de un país comete un crimen contra uno de otro país. El hecho de que el Estado español sea más poderoso que el peruano no impide que ambos resuelvan la disputa pacíficamente y de mutuo acuerdo. Entonces, si los conflictos entre ciudadanos de distintos estados se resuelven regularmente de forma pacífica, sin necesidad de ningún Gobierno mundial, ¿por qué no iban las distintas agencias a resolver los conflictos entre sus clientes de forma pacífica, sin necesidad de que haya ningún Estado? Si el hecho de que haya en el mundo numerosos estados y unos sean más fuertes que otros no nos lleva a ninguna guerra continua de todos contra todos y no exige que haya un Gobierno mundial, ¿por qué tendría que ser distinto en el caso de las agencias de protección privadas?

Hay quien arguye que las agencias de protección batallarían entre sí porque protegerían a sus clientes a cualquier precio. ¿Por qué se asume esto? ¿Por qué las empresas no iban a estipular en sus contratos que la protección se extingue en caso de que su cliente sea declarado culpable por un tribunal reconocido?

En primer lugar, la agencia que protegiera a individuos tenidos por agresores perdería toda reputación en una sociedad libre y se convertiría en una suerte de agencia agresora. Los clientes no criminales tenderían a abandonarla, pues no querrían codearse con ladrones y asesinos. Y los clientes potenciales honrados también la rehuirían, por el mismo motivo. La marcha de clientes menguaría los ingresos de la empresa. En segundo lugar, en la medida en que la agencia protegiera a individuos considerados culpables por tribunales respetados se enfrentaría a las agencias de las víctimas de los agresores que auxilia. Si la agencia en cuestión no aceptara someterse al veredicto de ningún tribunal y sus clientes fueran juzgados culpables por uno socialmente respetado, los conflictos entre ésta y las demás se resolverían violentamente.

Téngase en cuenta que la agresora resolvería todos sus conflictos entre agencias de forma violenta, mientras que las demás sólo lo harían con los que incluyeran a aquélla. Como los enfrentamientos armados acarrean costes y las agencias no podrían externalizarlos (cargarlos sobre terceros, como hace el Estado vía impuestos), subirían las tarifas para sufragarlos. La que más elevaría las tarifas, obviamente, sería la que practicara una política más belicista: la que protegiera a los agresores. De nuevo, estaríamos ante un éxodo de clientes hacia las demás agencias (las que no protegen a criminales).

En definitiva, las agencias que protegieran a individuos sentenciados como criminales se expondrían al aumento de sus tarifas y a la pérdida de clientes, lo que las llevaría a la bancarrota (o a la derrota bélica). Los incentivos, pues, van en la otra dirección.

Un mundo sin garantías

Se alega que la gente tiene derecho a ser libre y que la protección frente a las agresiones debe estar garantizada. No basta con que la protección se provea en el mercado: es preciso un Estado que garantice a todos sus derechos.

En primer lugar, que yo tenga derecho a ser libre no significa que tal cosa deba serme garantizada por nadie, en el sentido de que otros tengan la obligación de proveerme de servicios de justicia y seguridad. Tengo derecho a que no me roben, pero no tengo derecho a robar otros para ello.

En segundo lugar, algunos creen que, por el hecho de que el Estado dice que garantiza algo o que se goza de determinados derechos, verdaderamente aquél los garantiza o los hace efectivos. ¿Tenemos la seguridad y la justicia garantizada por el mero hecho de que lo prescriba la Constitución y las leyes? A las personas agredidas a quienes la policía no atendió porque estaba efectuando redadas antidroga; a las víctimas que no reciben ni un céntimo en concepto de restitución porque el sistema no está orientado a la víctima; a los que ven cómo sus ofensores son liberados luego de cumplir una pena simbólica; a los que ya ni denuncian los delitos, ante la ineficacia de la justicia; a los que les toca esperar años para que su causa sea vista debido a la saturación de los tribunales públicos; a los que sufren abusos policiales o maltratos en las prisiones masificadas porque no se cuida la reputación en un entorno no competitivo… a todos estos individuos les importa bien poco lo que dicen la Constitución y las leyes. Para la gente que padece día a día la ineficacia del monopolio público de la seguridad y la justicia, la protección no está garantizada. Lo relevante, por tanto, no es si en una sociedad sin Estado se garantiza formalmente la protección adecuada a todos y cada uno de sus integrantes, sino qué sistema les ofrece en la práctica la mejor protección.

Colusión y Estado

¿Podría formarse una colusión entre las distintas agencias para someter a la ciudadanía? ¿Podrían las agencias de protección tornarse agresivas e instituir un Estado? Es posible, nadie niega que no lo sea. La pregunta es otra: ¿es probable que eso suceda?

Si una agencia ofreciera un mal servicio, o se volviera despótica de la noche a la mañana, sus clientes acudirían a la competencia y se quedaría sin fondos. Con el Estado, en cambio, esto no sucede: no podemos cambiar de proveedor si el Estado va a la guerra, sube los impuestos o dispensa un mal servicio. Además, los mismos incentivos que supuestamente promueven la creación de un cártel explotador son los mismos que lo hacen inestable y apuntan a su disolución, pues la empresa que se salga del cártel atraería a todos los clientes que no quieren ser explotados. Por otro lado, si las agencias están abocadas a fusionarse y formar un Estado, ¿por qué los distintos estados nacionales no se fusionan y forman un Gobierno mundial?

Resulta curioso que, ante la posibilidad de que las agencias se vuelvan agresivas y se fusionen, se defienda una institución, el Estado, que es agresivo per se. Es decir, temiendo la formación de un monopolio expoliador, algunos abogan por instituir… un monopolio expoliador.

Por último, y no porque sea menos importante, la resistencia de la población a ser sometida dificultaría la consolidación de tal monopolio expoliador. Una sociedad anarcocapitalista presupone una mayoría social hostil a las agresiones y a la formación de un Estado, y si las empresas decidieran convertirse en Estado estarían arriesgando las rentas provenientes de sus clientes por unas rentas futuras inciertas procedents de unos contribuyentes que a lo mejor opondrían resistencia y dispararían los costes. Eso, sin tener en cuenta las restricciones morales de los propios empresarios y empleados de las agencias de protección. ¿Es razonable pensar que las personas que un día están protegiendo a la ciudadanía pasarán el día siguiente a subyugarla y explotarla? En la actualidad, la policía y el ejército también podrían sublevarse y tomar el control de las instituciones, y sin embargo no lo hacen. ¿Por qué?

Anarcocapitalismo, asenso popular y derecho consuetudinario

Cualquier sistema requiere de un asenso popular suficiente para permanecer operativo. Ni un ápice de libertad tendríamos si la mayoría de la gente fuera de un comunismo ferviente. La democracia y el Estado de Bienestar existen porque la gente los tolera, activa o pasivamente.

El anarcocapitalismo no es ninguna excepción. Su viabilidad exige que una mayoría suficiente de la población lo acepte expresa o tácitamente. De este modo, puesto que la ley sería provista en el mercado, su contenido obedecería a lo que demandara la población. Si la población demandara leyes liberales, si en general los individuos demandaran leyes que les protegieran de las agresiones (asesinatos, robos, violaciones, fraude, etcétera), los tribunales a los que acudirían las agencias desarrollarían preceptos legales atendiendo a los principios liberales.

El resultado sería un sistema legal descentralizado, similar al de la common law, en el que jurados/jueces intentarían resolver las disputas guiados tanto por los principios abstractos de justicia como por los precedentes establecidos, y examinando de cerca el contexto factual y todas sus variables. La agencias de seguridad llevarían los casos de sus clientes a estos tribunales y ejecutarían sus veredictos.

La historia demuestra que el anarco-capitalismo…

La historia no puede, por definición, demostrar que algo que depende de la voluntad de los hombres no vaya a suceder en el futuro, precisamente porque la historia la conforman hechos históricos, pasados. La historia, a lo sumo, sólo puede decirnos que hasta el momento la anarquía no ha existido, y que ha habido siempre un Estado; pero no puede sentenciar que en el futuro seguirá siendo así. Al fin y al cabo, cuando no había ninguna democracia en el mundo los monárquicos también podrían haber acusado de utópicos a los demócratas diciéndoles que el sistema que defendían no era aplicable porque la historia apenas recogía ejemplos de democracia y se había encargado de cubrirla de polvo. Hoy, sin embargo, la democracia es el sistema de gobierno más extendido.

Sea como fuere, tampoco es cierto que no haya habido nunca sociedades sin Estado, o ejemplos de ley policéntrica o privada: ahí están la Irlanda celta, Islandia en la Edad Media, la common law inglesa en sus comienzos; el Derecho mercantil anglosajón; comunidades primitivas como los papúes en Nueva Guinea Occidental o el Salvaje Oeste norteamericano, que no fue tan salvaje gracias al surgimiento de mecanismos privados de resolución de conflictos.

En cualquier caso, si el anarcocapitalismo es teóricamente el sistema más deseable, ¿por qué no se ha impuesto por encima de los demás sistemas? En primer lugar, de esta pregunta parece desprenderse que la historia ha sido lo suficientemente larga como para que el anarcocapitalismo haya tenido su oportunidad de triunfar; pero, aunque creamos estar en la cúspide de la evolución, a lo mejor la historia de la Humanidad no ha hecho más que empezar. Por otro lado, podemos sugerir algunas hipótesis desde la sociología: quizás los individuos han tendido a extrapolar los esquemas familiares y tribales a la esfera política; o sus querencias cientistas y su incomprensión del proceso de mercado les han llevado tradicionalmente a proponer soluciones ingenieriles a problemas sociales; o algunos se han limitado a sustituir la deidad religiosa por la secular.

Al mismo tiempo, puede que sea difícil instaurar el Estado en primer término, pero una vez establecido quizás lo difícil sea desmantelarlo, debido a la estructura de incentivos que lleva a políticos y grupos de interés a controlarlo en beneficio propio. Por último, nada exime a los hombres de persistir continuamente en el error. No olvidemos que las buenas ideas a veces tardan en descubrirse, y una vez descubiertas a veces tardan en extenderse.

¿Es viable el anarcocapitalismo?

La viabilidad del anarcocapitalismo, como la de cualquier sistema político (ya sea el Estado del Bienestar o el totalitarismo cubano), requiere de la aceptación tácita o explícita de una masa crítica de la población. En este sentido, no se trata de si hoy el anarcocapitalismo es viable o no. En tanto la mayor parte de la población tenga interiorizadas ideas estatistas, es obvio que no. La cuestión es si el anarcocapitalismo es un orden social potencialmente viable, esto es, si puede ser viable. Y aun cuando su implantación sólo se conciba a largo plazo, eso no quiere decir que el anarcocapitalismo no nos sirva de guía a la hora de determinar cómo deberían ser las cosas y hacia dónde debemos avanzar.

http://www.liberalismo.org/articulo/409/13/viable/anarcocapitalismo/

Jueces por la partitocracia PP y PSOE, conchabados, acaban con la democracia

In ANARCOCAPILALISMO, ANARQUISMO, CACHONDEO POLITICO, Ciudadanos, Corrupcion, DEBATES, DEMOCRACIA, DERECHOS HUMANOS, ESPAÑA, Incompetencia, LIBERTAD, LIBERTAD INDIVIDUAL DE LAS PERSONAS, LIBERTARIANISMO, LIBERTARISMO, PARTIDOS POLITICOS, POLITICA, Politica Nacional, TIRANIA on Septiembre 24, 2008 at 1:10 am
PP y PSOE, conchabados, acaban con la democracia

Jueces por la partitocracia
Fernando Sanchéz Dragó
 
 

Cambio de régimen. El país –sus gentes– se cruza de brazos, desvía la mirada y sigue yendo a lo suyo mientras el sistema democrático se desmorona. Sólo unos cuantos periodistas y algún que otro contertulio patalean. Es lo de siempre: España no tiene pulso.

 

FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ

 

Cambio de régimen. El país –sus gentes– se cruza de brazos, desvía la mirada y sigue yendo a lo suyo mientras el sistema democrático se desmorona. Sólo unos cuantos periodistas y algún que otro contertulio patalean. Es lo de siempre: España no tiene pulso.
El otro día, cogiditos del brazo todos, los del gobierno, los de la oposición y los chicos del coro de la opereta nacionalista, se apuntilló el toro de la democracia. Andaba ésta herida de muerte desde el verano del 85, cuando los socialistas vincularon el poder judicial al legislativo, pero los del PP, aunque sólo fuera de boquilla y por guardar las formas, no avalaban la felonía ni estaban en ese ajo. Ahora ya lo están, metidos en él hasta el cuello. Son cómplices de los liberticidas en un delito de alta traición, pues traición y delito es convertir a los jueces en piezas del engranaje de la partitocracia.
Se veía venir, sabíamos todos que en septiembre pasaría eso, y lo sabíamos desde que Zapatero y Rajoy –don Juan y doña Inés– representaron en la Moncloa, sin esperar a noviembre, la escena del sofá, pero el dolor sólo duele cuando llega. Y ya ha llegado. A partir de ahora ni siquiera es necesario fingir. Los miembros del Consejo General del Poder Judicial son, simultáneamente, jueces y partes en todas las cuestiones que se sometan a su alto arbitrio. Nunca mejor dicho lo de partes, pues los nombran los partidos. Y, desde Roma, y en estricta aplicación de los principios de la más elemental lógica aristotélica, eso es, por definición, incompatible a rajatabla con la idea y la esencia de la Justicia.
¿Qué podemos hacer? 
Respondo: nada. Así de sencillo, así de triste. ¿Sustituir, en las próximas elecciones generales, a Zapatero por Rajoy, o por quien sea, y a los del PSOE por los del PP? ¡Pero si son iguales! ¿Votar a Rosa Díez, estemos o no de acuerdo con la totalidad de su programa? Servirá de poco. ¿Irnos a tomar unas cervecitas mientras los súbditos de la partitocracia acuden mansamente a las urnas? Quizá sea eso lo más digno.
Y una de dos, amigos: o lo que hay aquí no es una democracia, y en tal caso yo aún puedo llamarme demócrata, o sí lo es, y entonces…
Rellenen los puntos suspensivos. Dicho queda.
© El Mundo
http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=2721

Noam Chomsky: “El bilingüismo y el plurilingüismo son una realidad creciente”

In ANARCOCAPILALISMO, ANARQUISMO, Alicante, Ciudadanos, Comunidad Valenciana, DEMOCRACIA, ENLACES DE POLITICA, ESPAÑA, ETA, EUROPA, IDEOLOGIAS, LIBERALISMO, LIBERTAD, LIBERTAD INDIVIDUAL DE LAS PERSONAS, LIBERTARIANISMO, LIBERTARISMO, Lengua Valenciana, Lenguas, NIHILISMO, NOAN CHONSKI, NORTE AMERICA, Nacionalismo, PACIFISMO, POLITICA, PRENSA ESPAÑOLA, Pancatalanismo, Politica Internacional, Politica Nacional, Prensa, SOBRE EL NACIONALISMO, TERRA LLIURE, Valencia on Agosto 25, 2007 at 5:04 pm

Noam Chomsky: “El bilingüismo y el plurilingüismo son una realidad creciente”

El gramático dice que ni los científicos ni los políticos pueden decidir la frontera de las lenguas

FRANCESC ARROYO, Tarragona
“El bilingüismo y el plurilingüismo son hoy una realidad creciente”, afirmó ayer en Tarragona el lingüista norteamericano Noam Chomsky. En su opinión, las sociedades monolingües lo son a costa del “asesinato” de otras lenguas. Para el creador de la gramática generativa, la primera y la última palabra sobre cómo debe usarse o llamarse una lengua la tienen sus hablantes. Por consiguiente, ni científicos ni políticos tienen nada que decir acerca de las fronteras que delimitan a las lenguas. Chomsky habló así en la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona.

Noam Chomsky (P. Duran).

El lingüista, que participa en unas jornadas previas a su investidura, el viernes, como doctor honoris causa por esa universidad, explicó que el concepto de “lengua nacional” es relativamente nuevo y que lo habitual en el mundo no es el monolingüismo, sino la convivencia de dos o más lenguas. “Incluso en Estados Unidos, aparentemente monolingüe, voy por las calles y oigo con frecuencia a niños que hablan idiomas diferentes del inglés”, dijo.
Preguntado sobre si son los científicos del lenguaje o los políticos quienes debían determinar el nombre de la lengua que se habla en Valencia y su normativa, Chomsky fue contundente: ni los unos ni los otros tienen nada que decir al respecto. Pero menos que nadie, los científicos. Chomsky aseguró que es un asunto en el que sólo tiene que decidir la gente. Más aún, dijo, los criterios sobre las fronteras lingüísticas son difusos. De hecho, se podría decir que él y su mujer, ambos estadounidenses y criados a escasos kilómetros de distancia, hablan lenguas distintas, sin que ello fuera una barbaridad.
El profesor del Massachusetts Institut of Technology (MTI) hizo estas declaraciones por la tarde. Previamente, por la mañana había mantenido un animado coloquio sobre qué es el conocimiento, sus posibilidades y tipos, en el que participaron también el antropólogo Eudald Carbonell, el filósofo Manuel García Carpintero y el físico Jorge Wagensberg. El profesor norteamericano afirmó que le gustaría tener una imagen comprensible del mundo y añadió que eso es lo que intentó la ciencia moderna, desde Galileo hasta Newton. Pero al introducir éste en la física la noción de atracción a distancia, la consistencia del mundo se quiebra. Esto se convierte en un absurdo. Y hoy, añadió, ya no tratamos de tener una imagen del mundo que tenga sentido y nos conformamos con disponer de teorías comprensibles.
Fiel a su concepción de una realidad única de la que todo lo existente forma parte, Chomsky rechazó asumir que la mente sea de una naturaleza diferente a la del resto de los objetos físicos, como le había sugerido en su intervención García Carpintero. Éste atacó frontalmente el naturalismo metodológico de Chomsky, calificándolo “de carente de interés”, y le reclamó que asumiera esta afirmación y que optara por un naturalismo ontológico. En realidad, incluso aseguró que Chomsky, aunque no lo dice, asume que la mente es diferente al resto de los objetos físicos cuando en sus textos escribe que la conciencia o el libre albedrío son elementos misteriosos. Chomsky no aceptó el envite y reiteró que el estudio de la mente se halla hoy afectado de fuerte “irracionalidad”. El lingüista hizo una firme defensa de las “propiedades mentales” como una parte más del mundo. De un único mundo. “Igual vivimos en un universo múltiple”, dijo; “no lo creo, pero no es inconsistente”. Tras la defensa de la visión unitaria de lo existente, defendió también una visión unitaria del saber que da cuenta del mundo, aunque reconoció que no se puede garantizar la correspondencia entre imagen del mundo y realidad.
Eudald Carbonell, que está trabajando en Atapuerca, hizo una minuciosa descripción de las aportaciones que este yacimiento permite a la historia del hombre: su origen africano, su carácter predecesor del Neanderthal y del homo sapiens, su canibalismo y la evidencia de que tenía capacidad de lenguaje, usaba vestimentas y enterraba a sus muertos.
Jorge Wagensberg analizó los diferentes tipos de conocimiento, el científico, el artístico y el místico, para relacionarlos con la noción de progreso. En su opinión, en los dos primeros casos puede hablarse de “elementos progresivos” en el conocimiento; no así en lo referente a las verdades reveladas, que lo son de una vez y para siempre.
La lección magistral corrió a cargo del profesor de las Baleares Camilo Cela Conde, quien describió cómo los avances de la neurofisiología son perfectamente consistentes con las descripciones del lenguaje y de la mente hechas por Chomsky.

Carlos Slim Para algunos enemigo público número uno

In AMERICA LATINA, ANARCOCAPILALISMO, Hispanoamerica, Mejico, Politica Mejicana, UNIÓN HISPANO AMERICANA on Julio 23, 2007 at 12:24 am
Para algunos enemigo público número uno
Carlos Slim, un empresario mexicano muy particular
por Juan Ramón Jiménez*

Los medios de comunicación mexicanos Notimex y El Universal online, desde Miami, Florida, difundieron el sábado 23 de octubre de 2004 la siguiente noticia: El empresario mexicano Carlos Slim fue elegido por la revista de negocios Latin Trade como el «Empresario de la Década», mientras que el presidente de Colombia, Alvaro Uribe Vélez, fue designado «Líder del Año», ha anunciado hoy la publicación norteamericana. Veamos la historia del primero en este artículo.


  

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Carlos Slim Helú

Carlos Slim es un personaje muy cercano a Carlos Salinas de Gortari, quien jamás se podrá deslindar de la carga histórica de ser considerado un presta-nombres del hombrecito de Agualeguas que saqueó a la Nación como nadie más lo ha conseguido.

Carlos Slim Helú es hijo del comerciante Julián Slim Haddad y de la chihuahuense de origen libanés Linda Helú. Su familia venía de Jezzine, Líbano. Slim nació el 28 de enero de 1940 en la ciudad de México y terminó su carrera en la Facultad de Ingeniería de la UNAM.

El Clan original de negocios de Carlos Slim lo formaban bolsistas que hicieron su fortuna en el crack bursátil de 1987, como Ignacio Cobos casado con una de las hijas del ex-gobernador de Tabasco, Mario Trujillo, uno de los mas connotados leales al finado cacique político Carlos Hank González de ese estado, y sospechoso de haber sido el personaje que introdujo al narcotráfico en el sureste mexicano; el hijo de Ignacio Cobo, Mario Cobo Trujillo, es ahora Director del Programa de Justicia de Telmex; otro bolsista era Onésimo Cepeda, actual obispo católico de Ecatepec, sospechoso de ser un gran latifundista, especialmente en las estratégicas tierras de Atenco.

Otro amigo más de Slim era Roberto Hernández Ramírez,beneficiario salinista en la entrega de Banamex y luego fuerte competidor de Slim en el área de telecomunicaciones y acusado de eludir el pago de 4 mil millones de dólares en impuestos, en la venta de Banamex a Citibank en una abierto y descarado tráfico de influencias entre Francisco Gil Díaz, su ex-empleado en la telefónica Avantel y actual secretario de Hacienda, y el mismo presidente Vicente Fox.

Otro asiduo asistente al clan original de Slim era Ernesto Riveroll cuyo hijo Pablo Riveroll está involucrado con la correduría Merrill Lynch, en el negocio de los futuros del petróleo de PEMEX junto a Phibro de Citibank y a Enron-Carlyle del Clan Bush; otro miembro más del Clan Slim era su primo Alfredo Harp Helú también beneficiario de la re-privatización de Banamex.

El Imperio Slim: El Grupo CARSO (Car-de Carlos y So de su esposa Soumaya) se inicia en 1961, en 1966 funda Inbursa (Inversora Bursátil), en 1970 compra Jarritos de Sur y para 1976 compraba Galas de México que manufacturaba envolturas de cigarros, en 1981 se hace de Cigarrera La Moderna (CIGATAM, monopolista del mercado de cigarros) y en 1982-89 en pleno auge del Neoliberalismo consolida su poderío con Sanborns, Hulera (llantas) El Centenario, Reynolds Aluminio, Seguros de México, Porcelanite, Euzkadi, Fabricas de Papel Loreto y Peña Pobre, Minera Frisco, Nacional de Cobre, Bicicletas de México, en 1991 adquiere la joya de la corona de México, Telmex.

De tal manera, en 30 años Carlos Slim se convirtió en el hombre más rico de México y de América Latina con un activo estimado en 8 mil millones de dólares, las compras siguieron con la tienda de discos Mix-up, Sears, Denny’s, 3 por ciento de Apple Computers, en el 2000 se asocia con Bill Gates en el portal T1msn que maneja el correo electrónico más popular del mundo, Hotmail.

Adquiere Telcel, se encuentra actualmente tratando de comprar ICA y también en el negocio inmobiliario se empieza a adueñar del Centro Histórico de la Ciudad de México a través del Fideicomiso del Centro Histórico, que maneja Ana Lilia Cepeda (muy cercana sentimentalmente al regente Andrés Manuel López Obrador e hija del ex-gobernador de Coahuila, Román Cepeda, fundador de LALA, la empresa lechera que impunemente acaba con las milenarias pozas de Cuatrociénegas.

Sus empresas pagan mas de 5 mil millones de dólares de impuestos casi lo mismo que PEMEX, dan empleo directo a más de 200 mil personas, y aportan casi la mitad de PIB de México, calculado en 600 mil millones de dólares, y representan el 43% de las operaciones de la Bolsa Mexicana de Valores.

Sus empresas Telmex, Telecom-Carso, América Móvil, Sanborns, CARSO, Grupo Financiero Inbursa, influyen en mas del 30% de las variaciones del Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), lo que también genera prácticas monopólicas de tráfico y colusión de información confidencial, ya que siendo Slim de origen especulador, la hora de diferencia entre el cierre de Nueva York y México, y sabiendo como cerró Telmex en Wall Street es posible tener grandes utilidades en la BMV, por ello urge una reforma bursátil que impida esto y que iguale los horarios con Nueva York o bien que aplique impuestos en cascada en las utilidades generadas en la ultima hora de operaciones en la BMV. Este crecimiento increíble de utilidades es a ciencia y paciencia de la sociedad mexicana porque Slim no se ajusta en nada a la disposición constitucional que prohibe los monopolios.

Adam Smith, el padre de la Economía Moderna decía que «el enemigo mortal de la Libre Competencia era el Monopolio». Otro tema sería el fiscal, por ejemplo, el gran presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, aplicó los impuestos a la riqueza extrema en 1934, si en México, se aplicara a Slim el 30 por ciento que Colombia aplica a los ricos, tendríamos unos 2,500 millones de dólares de ingreso fiscal, suficiente para generar un millón de empleos directos, que detonarían el crecimiento económico de México.

También veríamos que el padre del Neoliberalismo Presidencial, Ronald Reagan aplicó la ley anti-monopolios a la poderosa empresa de telecomunicaciones ATT, y si en México queremos un Capitalismo Moderno y no un Capitalismo para los cuates, es necesario ya aplicar la ley constitucional a estos personajes cuya fortuna la han hecho con la adquisición a precios de ganga las empresas del Estado.

La experiencia de Telmex nos lleva a decir que es una falacia que cuando se privatizan las empresas del Estado bajan las tarifas. El minuto de uso telefónico en México es casi 10 veces mas caro que en Estados Unidos; la acción de Telmex valía en el momento de su privatización 2.03 dólares y ya para 1993 su precio internacional valía 56 dólares con lo cual Raúl Salinas de Gortari hizo gran parte de su fortuna de acuerdo a la Audiencia Publica en el Congreso de Estados Unidos en el Subcomité Permanente de Investigaciones del Senado, que dirigió el Senador Carl Levin el 9 de noviembre de 1999 y en donde la ejecutiva de Citibank, Amy Elliot (quien era mencionada como la ejecutiva de los restaurantes VIPs de México de los cuales recibía jugosas comisiones de hasta 60 mil dólares mensuales, ella era de ascendencia cubana, al igual que la última esposa de Salinas), mencionó que la Familia Salinas se benefició con la privatización de Telmex al especular con las acciones de esta empresa mediante la técnica conocida como «Green Shoe».

Esto sólo se pudo hacer mediante información privilegiada que está fuertemente penada en los mercados bursátiles de Estados Unidos. Un grupo de inversionistas privados que participaron con un 5 por ciento de la licitación salinista fueron encabezados por Moisés y Antonio Cosio Ariño, quienes más parecen «patiños» de Carlos Salinas ya que venían de Kimberly Clark, lugar en donde los Salinas siempre han contado con un operador, Claudio X González. Esos inversores pusieron en conjunto 50 millones de dólares y a la fecha sus activos superan los 1,000 millones de dólares ¡Qué negociazos se hacen con el dinero de la Nación!

Hay que recordar también que Telmex nació en 1936 como sociedad anónima y que fue nacionalizada por Luis Echeverría Álvarez el 8 de agosto de 1972. Telmex en esa época tenía utilidades anuales de 1 billón de pesos y cuando fue nacionalizada tenía casi 5 billones de pesos de utilidades brutas. Actualmente Telmex tiene casi 20 millones de líneas telefónicas en operación de las cuales casi 15 millones son alámbricas y el resto es telefonía celular además de casi un millón de líneas de acceso a Internet (Prodigy), donde deempeña también prácticas monopólicas, a cuyo amparo Telmex goza de considerable poder en el mercado, lo que lo hace dominante en servicios como el Internet y otros de valor agregado, como ejemplo, el Banco Mundial, cita a la firma Pyramid Research y a los investigadores Casanueva y Del Billar para respaldar sus afirmaciones, menciona el Internet de banda ancha o DSL.

«Telmex es proveedor de tecnología DSL para su filial de Internet, pero no para sus competidores en servicio de acceso a Internet; este rechazo a repartir provoca que la filial de Telmex en Internet monopolice este importante segmento del mercado».

Con respecto al servicio de telefonía local, donde Telmex tiene casi el total del mercado, la apertura a la competencia inició en México a principios de 1990 y muchos emprendedores estuvieron interesados en participar, indica el análisis.

«Sin embargo», agrega el Banco Mundial, «la competencia no se dio por varios años porque Telmex, el operador dominante, estaba engarzado en varias prácticas anticompetitivas».

Un dato interesante sería conocer el contenido del acta de divorcio de Carlos Salinas con Cecilia Occelli la cual se llevó a cabo en Sabinas, Coahuila, tierra de Rogelio Montemayor, entonces Gobernador y muy cercano a Salinas, en donde se mencionan las cantidades de acciones de Telmex, Samborns, AHMSA, etc. que se le dieron a la ex-mujer de Carlos Salinas, Cecilia Occelli, para otorgar el divorcio al innombrable.

Un abierto trafico de influencias se encuentra en Pedro Cerisola, secretario de Comunicaciones y Transportes, exfuncionario de alto nivel de Telmex, que está puesto ahí para proteger los intereses del Monopolista numero uno de México……hay que aplicarle ya el artículo 28 constitucional.

Finalmente habríamos que actualizar la denuncia que presentó Cuauhtémoc Cárdenas el 30 de noviembre de 1995, en donde hablaba del más escandaloso saqueo al patrimonio del pueblo de México y que significó una averiguación previa 1660/FESPLE/95 radicada en la mesa IX de la Fiscalía Especial de Servidores Públicos. Ahora el Clan Cárdenas anda muy de la mano con el Clan Slim, hay que observar que los daños a la Nación no prescriben, no importa lo que digan en su momento las autoridades correspondientes, sobre todo en estos casos considerados como genocidio económico.

 Juan Ramón Jiménez
El autor es economista, periodista, académico y candidato ciudadano al gobierno de Coahuila. Investigador del crimen organizado en México.
Los artículos de esta autora o autor


 

Contra la esclavitud del siglo XXI

In ANARCOCAPILALISMO, DEBATES, DEMOCRACIA, DERECHOS HUMANOS, ECONOMIA, ENLACES DE POLITICA, ESPAÑA, EUROPA, GLOBALIZACIÓN, IDEOLOGIAS, LIBERTAD, Nacionalismo, POLITICA, Politica Internacional, Prensa, TIRANIA on Junio 24, 2007 at 1:11 am

05/03/2007 – Jorge Valín

Contra la esclavitud del siglo XXI

Cuando empezó a aflorar el movimiento antiesclavista a finales del siglo XVIII muchos lo vieron como el principio del fin. Hubo dudas de todo tipo, desde económicas hasta morales pasando por las políticas o las referidas a la estabilidad del sistema. Se llegó a decir incluso que los esclavos tenían que compensar a sus amos por la productividad que no realizarían al dejar de trabajar gratis para ellos. Algunos creían que al ser unos “salvajes” sembrarían el caos entre ellos y eso desestabilizaría la sociedad. No sólo los esclavistas pensaban así, sino que incluso algunos esclavos también lo creían. Preferían vivir en la falsa seguridad de la tiranía que descubrir el huracán de la libertad y la capacidad de tomar decisiones por si mismo siendo siempre responsable de sus propios actos.

Todos estos miedos nos parecen absurdos ahora que ya conocemos la historia. Nos cuesta entender incluso cómo una enorme parte de la sociedad podía tener miedo al abolicionismo. La esclavitud en Europa fue abolida con la llegada del capitalismo y fue uno de los más grandes pasos hacia la libertad individual.

Ahora estamos en el siglo XXI y la esclavitud aún existe. Esclavitud es la posesión de un ser humano en manos de otra contra la voluntad del primero. Es la explotación del trabajo de una persona contra su voluntad y eso implica el robo también de su propiedad privada, esto es, de su producción. El esclavo no tiene opciones, sólo ha de trabajar para su amo, de no ser así, el amo tiene la capacidad de aplicar la fuerza, la violencia física contra el esclavo pudiéndolo incluso matar. El que trabaja de forma voluntaria jamás puede ser un esclavo, por más mal pagado o explotado que se considere. En el momento que podemos abandonar de forma libre y sin represalias nuestro trabajo, somos hombres libres no esclavos.

Todo y así, la esclavitud no sólo sigue existiendo, sino que es masiva y afecta a todos los sistemas occidentales. Sólo hay una organización que nos haga rendirle por medio de la fuerza nuestra producción y libertad contra nuestra voluntad: el estado.

A igual que ocurría en los siglos XVIII y XIX, la actual esclavitud del estado se mantiene por las mismas excusas: el esclavo (usted) no puede vivir en libertad porque es un ser antisocial, se rinde ante sus pasiones, o también, en libertad sólo haría que generar costes sociales que llevarían a la extinción de la humanidad. Posiblemente, de aquí a doscientos años nuestros descendientes vean estas excusas tan ridículas como nosotros vemos las de los esclavistas de siglos pasados. En ese momento futuro, es de desear que el hombre haya llegado a la cúspide de la civilización y por fin podrá desarrollar su potencial sin obstáculos ni extorsión.

El estado no ha de ser responsable de nuestras vidas ni actos. Cuando lo hace, sólo es para podernos expropiar por medio de la coacción nuestra propiedad privada y nuestro trabajo. Los impuestos, por ejemplo, no tienen ninguna justificación individual ni por lo tanto social, más bien al revés. Sólo sirven para mantener a una oligarquía: gobernantes, políticos, grupos de presión, sindicatos, patronales, monopolios… que en una sociedad libre sería minoritaria y menos parasitaría que en la actualidad.

Al rendir nuestra producción o dinero al estado tenemos, de hecho, un socio pasivo e impuesto que cada día, semana, mes, año y durante toda nuestra vida vamos a tener que alimentar sin que nos aporte nada en balance general, aunque sólo sea por la suma de todos los costes de transacción o la restricción a la diversidad de la estructura productiva y de precios que el estado impide. Pero lo que es más importante, con los impuestos cedemos nuestra producción realizada contra nuestra voluntad. A eso siempre se le ha llamado robo, no hay ningún contrato ni negociación posible, es “la bolsa o la vida”, y sólo bajo esta amenazada el esclavo paga. No es un acto humanitario, sino antisocial e incivilizado.

De igual forma, el estado abarca cada vez más el control en nuestras vidas. ¿Por qué necesita un permiso del gobierno para conducir, abrir una empresa, comprar un arma para defendernos o por qué la ley, ordenanzas municipales o los políticos en general le han de decir dónde aparcar su vehículo, cuándo regar las plantas o a qué hora o cómo ha de sacar la basura todo ello bajo la amenaza de multas? Rápidamente el esclavista y prohibicionista le responderán, al igual que decían en el S. XIX: “porque el hombre es un salvaje, necesita leyes que le coarten su libre albedrío, sino la sociedad sería un caos y todos desapareceríamos”.

La burda apología del esclavismo concibe que el hombre no son responsable de sus propios actos, y cómo solución nos plantea una contradicción: un grupo de hombres, oligarcas, que dirijan y manden sobre el resto. Si el hombre es salvaje por esencia ningún sentido tiene poner al mando a uno de su misma especie. No sólo eso, sino que además los incentivos son diferentes. El político, al ser un hombre con control supremo y sin nadie que le supervise –todo lo contrario que nosotros– toma decisiones que sólo apoyan su interés sin necesidad que a usted le puedan ser beneficiosas. Más bien al revés, como el político y el gobierno son los dueños monopolísticos de la fuerza y la ley pueden usarla en único beneficio de ellos mismos y los suyos. Si lee la prensa o mira las noticias encontrará tantos casos como quiera: corrupción por todas partes, leyes favorables a una sola empresa o grupo de presión, o leyes que sólo favorecen al propio gobierno como la actual Ley del Suelo que abarata las expropiaciones y puede impulsar la corrupción política aún más.

Los controles sociales pueden existir sin una represión continua del estado hacia todo, es más, la represión y derecho positivo en el que se basa el estado del bienestar no son la mejor forma de potenciar la responsabilidad individual. Curiosamente es a la inversa, fomentan el caos y el grado de inicialización del hombre. El continuo aumento de la delincuencia en España es debido a leyes que consideran al criminal una víctima, esto es, lo exoneran de sus actos. El alto grado de desempleo es debido a leyes que fomentan la irresponsabilidad individual como el subsidio de desempleo o leyes contra el despido, que además, se basan en la extorsión. Para garantizar una sociedad puramente responsable sólo hay un camino, avanzar hacia una libertad total donde todo sea responsabilidad privada e alguien. Fíjese por ejemplo, que las calles siempre están sucias, su “responsable” es el estado. Por el contrario, los grandes almacenes privados siempre están limpios. Sus dueños se encargan de que así sea sin que le cueste nada a la sociedad.

Los pensadores liberales y la entrada del capitalismo abolieron la esclavitud privada. Ahora que hemos consolidado este hito de la civilización vamos a tener que ir más allá y abolir la esclavitud del estado. La entrada de lo que conocemos como Globalización nos lo permite y corre de nuestro lado, es una potente arma para la descentralización estatal. La tecnología, con Internet por ejemplo, también nos permite difundir las ideas sin la censura del gobierno, al menos por el momento.

Es la obligación de cualquier hombre libre luchar contra la esclavitud, no importa que fuese en el siglo XVIII o en el XXI.

http://www.juandemariana.org/comentario/1156/

Instituto Juan de Mariana

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La naturaleza del hombre y del Estado

In ANARCOCAPILALISMO, Ciudadanos, DEMOCRACIA, ECONOMIA, GLOBALIZACIÓN, IDEOLOGIAS, LIBERTAD, TIRANIA on Junio 24, 2007 at 1:00 am

 

14/11/2005 – Albert Esplugas Boter

La naturaleza del hombre y del Estado

Algunos liberales minarquistas blanden la naturaleza del hombre como razón apodíctica contra la viabilidad de una sociedad sin Estado. Arguyen que el anarco-capitalismo a lo sumo sólo sería factible si todos los hombres fueran “buenos” o “pacíficos” por naturaleza, pero puesto que no lo son el Estado es necesario para controlarlos y contener así sus querencias agresivas. Los anarquistas de mercado son de este modo acusados de obviar la importancia de la naturaleza humana o furtivamente equiparados con los comunistas que ansían forjar un hombre nuevo que sea compatible con su particular idea del paraíso en la tierra.

Lo cierto es, no obstante, que los anarco-capitalistas no pasan por alto la naturaleza humana ni apuestan en absoluto por reformarla. Tales críticas, que atacan un mero hombre de paja, provienen de un conocimiento superficial de las tesis sostenidas por aquellos unido, en ocasiones, al afán por desacreditar una postura que se rechaza sin ulterior análisis, casi instintivamente, como si la cuestión fuera auto-evidente.

Como dijera Hayek en relación con el liberalismo clásico, se trata de “un sistema social que no depende para su funcionamiento de que encontremos hombres buenos que lo dirijan, o de que todos los hombres devengan más buenos de lo que son ahora, sino que toma al hombre en su variedad y complejidad dada”. El anarco-capitalismo, como el minarquismo en los ámbitos en los que demanda la no-intervención del Estado, no se adhiere a ninguna concepción específica de la naturaleza del hombre, sino que la asume como algo dado, sea cual sea ésta. Proclama que la libertad plena, una sociedad de relaciones voluntarias-contractuales, la ausencia de agresión institucionalizada, es deseable sea la naturaleza humana vil, benigna o cualquier combinación de ambas.

El motivo por el cual los detractores tildan de ingenua esta postura es porque de algún modo presumen que una sociedad sin Estado es una sociedad indefensa frente a las tendencias criminosas de numerosos individuos. Pero el anarco-capitalismo propugna una sociedad sin Estado, no una sociedad sin ley y orden. No propone que la ley, los tribunales, los jueces, la policía, las prisiones, el ejército… desaparezcan, sino que sean privatizados, que los servicios de justicia y gendarmería sean comprados y vendidos libremente en el mercado, de modo que cada cual pague por aquello que quiere y la protección de las personas y sus propiedades deje de responder a intereses políticos y pase a ajustarse a los deseos de los consumidores. El por qué el hecho de que haya gente con inclinaciones agresivas exige que haya una sola “agencia de protección” con jurisdicción sobre un territorio en lugar de múltiples agencias compitiendo entre ellas en ese mismo territorio es algo que los críticos deberían explicar, porque en absoluto resulta auto-evidente.

Los delincuentes son (ineficientemente) reprimidos por el Estado pero, ¿ quién reprime al Estado, el más sistemático de los agresores? Lo que erróneamente achacan al anarco-capitalismo es, pues, lo que sucede con el Estado: nadie aplaca sus tendencias agresivas. En un escenario anarco-capitalista, sin embargo, las empresas de protección/justicia no sólo perseguirían a los (auténticos) delincuentes de forma más eficiente, sino que además se chequearían mutuamente. Si una agencia ofreciera un mal servicio o se volviera despótica de la noche a la mañana los clientes acudirían a la competencia y aquélla se quedaría sin fondos. Pero no podemos cambiar de “proveedor” si el Estado sube los impuestos o dispensa un mal servicio.

El argumento de la naturaleza humana puede parcialmente extrapolarse a otro nivel: si el Estado es necesario porque hay elementos sociales agresivos, ¿es necesario un gobierno mundial por el hecho de que hay Estados nacionales abiertamente tiránicos? Hoy al menos los Estados se “chequean entre ellos” en cierta medida (la gente aún puede elegir con los pies emigrando) ¿Pero quién chequearía al gobierno mundial? Y si es mejor tener muchos Estados que uno solo, ¿por qué no es mejor que haya múltiples agencias de protección en un territorio en lugar de una?

Por otro lado, el Estado lo conforman hombres, ¿por qué iban a ser los gobernantes menos malvados que los gobernados? ¿Por qué el supuesto de que el hombre es malvado por naturaleza es una razón para centralizar el poder en lugar de dispersarlo? Los individuos no pueden escapar al Estado, pero sí pueden escapar a la empresa de seguridad que se torna agresiva acudiendo a la competencia. La idea, no obstante, de que una empresa de seguridad se vuelva agresiva se les antoja a algunos demasiado insoportable, y en respuesta abogan por una institución que ya es agresiva per se, el Estado. La naturaleza humana, dicen, llevaría a que varios grupos (individuos, mafias, agencias…) agredieran a los individuos pacíficos, así que para protegernos de estos grupos debemos apelar a un “grupo” que ya agrede a los individuos pacíficos sistemáticamente. Extraña lógica.

El Estado, como canal socialmente legitimado para ejercer la coerción, sirve, además, de parapeto a aquellos que por naturaleza buscan imponer sus valores a toda la sociedad. No es casualidad tampoco que tiendan a ser los individuos más innobles los que alcanzan posiciones de autoridad. La política atrae a los ávidos de poder y la competencia electoral, contrariamente a la del mercado, premia a los demagogos y a los que seducen con engaños a la ciudadanía. En un escenario anarco-capitalista nadie podría ampararse en el Estado para camuflar sus inclinaciones dominadoras, de modo que se desincentivaría la agresión sistematizada. Nadie agrediría a terceros y osaría decir que lo ha hecho por el bien común o para proteger de otras agresiones a las víctimas.

Como señala el anarco-capitalista David Friedman, “una utopía que sólo fuera viable en una sociedad de santos es una visión peligrosa; no hay suficientes santos”. En este sentido el anarco-capitalismo no requiere más santos que el Estado mínimo, acaso menos. Sea cual sea la naturaleza del hombre, ésta no constituye una objeción a un sistema de ley policéntrica. Un libre mercado de servicio de protección, y no un monopolio de la fuerza agresivo en sí mismo, debe ser la respuesta a las querencias violentas de un segmento de la población.

 

http://www.juandemariana.org/comentario/336

 Instituto Juan de Mariana.

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Principios de un orden social liberal Hayek en una lección

In ANARCOCAPILALISMO, DEBATES, DEMOCRACIA, ECONOMIA, HISTORIA, IDEOLOGIAS, PERSONAJES, POLITICA, Politica Internacional, TIRANIA on Junio 23, 2007 at 11:52 pm

 Reseña
Principios de un orden social liberal

F.A. Hayek
Unión Editorial, Madrid, 2002
130 páginas

Hayek en una lección

Por Gorka Etxebarría

Para muchos Hayek fue el ideólogo de la revolución conservadora de Reagan y Thachter. Para otros, un neoliberal extremo y para prácticamente todo el mundo, un desconocido.

Este austríaco que obtuvo el premio nobel de economía en el año 1974, aprendió economía de su maestro Ludwing von Mises y desde entonces comenzó a defender el liberalismo.

Con su Camino de servidumbre mostró cómo los colectivismos parten de unos mismos principios que tratan de anular los derechos individuales para sacrificarlos en el altar del colectivo y que conducen a la sociedad al caos y a la miseria.

Una de sus obras más importantes es Los Fundamentos de la libertad. Digamos que para aquellos que quieren empaparse de las ideas contenidas en dicho libro sin dedicar mucho tiempo a la lectura (alrededor de 500 páginas como todo buen libro que se precie), esta obra es primordial. Recoge lo más claro de Hayek y el Postcriptum a Los Fundamentos de la libertad.

Básicamente, Hayek subraya el hecho de que el conocimiento está disperso en la sociedad y que para dirigir una sociedad necesitaríamos ser dioses ya que la multitud de gustos, opiniones,…impedirían que los mandatos coactivos emanados de la autoridad central tuviesen éxito. Pero no sólo se queda ahí. Añade que ni el socialismo puede funcionar pero tampoco un Estado que interfiera en la formación libre o espontánea de las instituciones propias de nuestra civilización como el mercado, el lenguaje y muchas costumbres que se convierten en esenciales por perdurar en el tiempo al funcionar correctamente. La defensa del orden espontáneo siempre encuentra oposición en quienes, como denomina Hayek, son racionalistas constructivistas. En definitiva, que utilizan la razón para cuestiones que a ella misma la superan. Intentan reformar desde el mundo de las ideas sin tener en cuenta los múltiples factores que afectan a cada decisión o reforma. No pueden conocer las consecuencias imprevistas de cualquier decisión porque, al igual que no podemos conocer el futuro, al tratar con seres humanos no podemos prever cada movimiento que den. Podemos dar predicciones cualitativas (pattern predictions) pero no cuantitativas. No podremos saber cuánto aumentará el PIB si tal o cual reforma se lleva a cabo pero sí que aumentará, por ejemplo. Sin duda, Hayek creía que el siglo del socialismo (el siglo XX) había sido el siglo de la entronización de la razón y que por ello, había que defender un racionalismo falsable a lo Popper.

Una de las reglas que Hayek menciona con más denuedo a lo largo del libro, es la aplicación de reglas aplicables a todos por igual. Una vez más se refiere al RechStaat o Estado de derecho. Por ejemplo en aplicación de este principio, repudia el impuesto progresivo ya que infringe el principio de igualdad. Es en este campo en el que Hayek se muestra más original al apuntar los problemas que surgen de las legislaciones particulares emitidas por el Estado cuando escucha a los grupos de presión. Hayek confía en que con esas reglas, estas cuestiones sean menores pero desgraciadamente los casos se multiplican en nuestra sociedad.

En otra de las secciones del libro se rastrea la historia del pensamiento liberal hasta el inicio del declive tras la primera guerra mundial. Citando a Smith señala que su meritoria “contribución fue la idea de un orden que se autogenera y se construye espontáneamente si los individuos se someten al freno de leyes apropiadas”(p.61). A partir de la primera gran guerra se intenta “prolongar la prosperidad y asegurar el pleno empleo mediante la expansión de la base monetaria y el crédito” introduciendo la inflación (un impuesto oculto) a escala mundial. De ahí al paro masivo no hubo que esperar mucho como los propios Mises y Hayek advirtieron en la década de los veinte. Por otra parte, Hayek diferencia entre dos liberalismo: el de origen francés-racionalista y inglés o evolutivo. El primero acabará a juicio de Hayek por introducir el socialismo mientras que el inglés por su prudencia y valoración positiva de la tradición por defender la sociedad liberal (evidentemente esta cuestión es una de las más polémicas dentro del campo liberal y por ello no podemos detenernos aquí).

Quizá uno de los puntos más débiles del análisis hayekiano estriba en el número de servicios que pueden ser asumidos por el mercado. Hayek desconoce o elude los estudios de David Friedman o Murray Rothbard y recientemente, B.Benson en su formidable Justicia sin Estado (Unión editorial) donde se ponen de manifiesto las falacias que contiene la teoría de los bienes públicos.

Pese a estas críticas, el pensamiento de Hayek despierta el intelecto y las ganas de defender la libertad. Hayek es un gran pensador y esta es una de las mejores introducciones a su pensamiento junto con el ya clásico La Política de la libertad. Estudio del pensamiento político de Hayek de Paloma de la Nuez (Unión editorial).

http://www.liberalismo.org/articulo/142/19/